La revolución del amor
A AndrƩs, Adrean y Areana, mis hijos que han
dejado de ser pequeƱos, y la sombra de
sus recuerdos no me permite verlos de
otra manera, mis pequeƱos y amados
transeĆŗntes de mi Ćŗnica verdad.
El cansancio golpeaba mis extraƱas, el sueƱo dominaba mi alma. La sombra de un abedul fue mi refugio en esa noche blanca cubierta de estrellas imberbes de luz fluorescentes. Todo el dĆa perdido en mĆ soledad, camino sin fin, las piernas no me respondĆan, mis pensamientos se extraviaban en el delirio del desesperado.
Kilómetros de largo recorrido en busca de una trinchera que abrazara mi sumisión al inhóspito deambular por tierras desconocidas. El camino maltrecho por su virginidad celestial y su arrogancia erudita, era la piedra que movĆa mi ira en la bĆŗsqueda del fin.
Dos dĆas con sus noches de pesares continuos embriagaban mi vida de miedos, la paz y la calma era el sinónimo de mi desasosiego.
Tierras cubiertas de poca vida se entrelazaban en mis pasos y mutilaban la ansiedad de seguir en procura del encuentro con la sanidad de mi corazón.
El recuerdo de la ciudad baƱaba mi espĆritu, no sabĆa por quĆ© estaba enlutado en la salvaje pasión de mi soledad.
La primera noche no pude conciliar el sueƱo, imĆ”genes bordeaban mis recuerdos y se inmutaban ante la transparencia de lo vivido. SoƱaba por minutos y sĆŗbitamente despertaba, malhumorado, sin reconocer la verdad que era evidente, estaba perdido, no habĆa norte visible.
La corriente del viento golpeaba mi cara y mi cuerpo, haciĆ©ndolo estremecer de frió, creĆa morir, se me apagaban las ganas de continuar.
Al amanecer, despuĆ©s de conciliar unas pocas horas de sueƱo, despertĆ© mĆ”s calmado y me dispuse a seguir la bĆŗsqueda del camino que me conducirĆa hacia mi fin. Sin brĆŗjulas, desorbitaba mi impaciencia, no tenĆa rumbo, la desesperación se apropiaba de mĆ.
Los pensamientos rechinaban en mi mente y me ayudaban a seguir. Del recuerdo próximo de mis hijos obtenĆa fuerzas para no desfallecer.
Las palabras no afloraban, sólo hablaba con Dios en silencio. Triste primer dĆa de mi vida perdido en el horizonte infinito.
Los recuerdos de mi juventud eran precisos, podĆa revivir casi de manera automĆ”tica, cada detalle, mĆ primera locura y encuentro con el amor era casi transparente.
PodĆa recordar, incluso, mis primeros dĆas en la escuela, el temor se apoderó de mĆ, no es bueno recordar tantos detalles en la desesperación, todo indicaba que expiraban mis fuerzas y se disipaba mi vida, lleguĆ© a ver un tĆŗnel con luces y llorĆ© incauto de nostalgia. TenĆa la certidumbre que morirĆa.
De pronto, empecé a eliminar mis recuerdos uno a uno, me prohibà recordar, y la vida vino a mà nuevamente, no paraba de caminar, mis pasos eran mÔs rÔpidos con la tarde, casi llegaba al refugio del amor, de la vida, fue sólo un espejismo.
Mi pubertad fue maravillosa y cubierta de mucho amor, atinĆ© a referirlo en mi primer monólogo con Dios, Ć©l guiaba mis pasos desorientados en la oscuridad de mi primera noche, fue mi compaƱĆa, fue mi amigo. Ćl no quiso que eliminara mis recuerdos en la noche, los traĆa a la conversación. De repente me dijo: “hĆ”blame del amor”. Me resistĆa, hablar del amor era recordar, yo sólo querĆa olvidar. Su insistencia me obligó a rebelarme, sólo querĆa descansar.
El segundo dĆa fue mĆ”s tormentoso que el primero, menos esperanza, mĆ”s ansiedad, menos vida, mĆ”s ilusión. No tenĆa fuerzas para dormir, el cansancio era total, temĆa dormir y no despertar. Dios acarició mi alma y, para no dormir, retomĆ© nuestro primer monólogo convertido en diĆ”logo y hablamos del amor.
El amor como la inmensidad del cielo infinito, como la expresión mĆ”s brutal de sentimientos. El amor surge como una necesidad de sentir tu presencia. La caricia intrĆnseca del amor de padre, de madre, de hijo o hija, del hermano, hermana, de los abuelos cómplices, de la mujer amada. Cuando ese sentimiento, el amor, desaparece de nuestras vidas, nos convertimos en asesinos autómatas de la verdad, atropellamos la razón con la prepotencia de nuestra maldad, nos transformamos en seres desquiciados abrazando la locura mĆ”s estruendosa de desigualdad social. Inferimos que nuestra alma posesa, es sólo para desdibujar nuestra autonomĆa infernal, el egoĆsmo se apodera de nuestras almas y nos hace soldados profanos de la infelicidad. No amar es ser esclavo de la intransigencia, es ser militante de la autodestrucción inmisericorde del mĆ”s bello y sagrado sentimiento que nos motiva a vivir.
Amar, mi Dios amado, es admirar la belleza hecha metÔfora y la representación sistemÔtica del verbo, el cual se traduce en un poema, en un canto a la esperanza.
Amor es la risa de un niño en la inocencia de sus travesuras, es expresión innata de una caricia materna o paterna. Amar es sentirse amado por la mujer deseada, el beso púdico, el orgasmo conjunto, la pasión noble y desinteresada, un sentimiento gratuito cargado de transigencia, de comprensión. Amar es respeto.
Dios, ante mis palabras, me miraba con compasividad solidaria, Ć©l sabĆa que mucho de lo conversado eran sólo palabras de un hombre desesperado que buscaba su perdón ante el inminente hecho de mi expiración. Las ganas de vivir eran pocas, el cansancio tomaba mi alma muy lentamente, el sufrimiento era total, no bastaba su presencia y su misericordia, era inevitable, la oscuridad era mayor a mis ganas de vivir.
Al tercer dĆa la frustración dominaba todo mi cuerpo, amaneció mĆ”s temprano, el dĆa se vislumbraba mĆ”s largo. El agua se perdĆa en el olvido, las alucinaciones tomaron por asalto los restos de mi poca existencia.
No podĆa incorporarme, entendĆ que todo era cuestión de horas. Entretanto reflexionaba acerca de todo el tiempo perdido y todo lo que habĆa dejado de amar, sabĆa lo que significaba esa palabra tan corta, pero mis miedos no permitĆan vivir lo que entendĆa tan bien.
Mis miedos se mezclaban, sabĆa quĆ© era el desamor, la entrega, temĆa amar nuevamente, mi egoĆsmo era mayor que mi capacidad de recapacitar, el juego era sólo producto de las aƱoranzas, mi defensa era la coraza que se habĆa formado en mi corazón, simplemente me negaba a ese sentimiento que una vez explotó mi alma. DueƱo del egoĆsmo, transitaba mi vida inmersa en el desierto de mi furia, de mis errores, la voluptuosidad del sufrimiento habĆa opacado mis virtudes, morĆa lleno de infelicidad, golpeado por la traición, ¡pobre de mi alma en su triste ocaso!
La fĆ”bula de mis sentimientos estaba ceƱida a mi compasión, creyente y lleno de estruendosas e insanas pasiones, me protegĆa de la maldad, no habĆa posibilidad de amar, las pĆ©rdidas pasadas me creaban resistencia tĆ”cita a desproteger mi virtud de amar.
Guarnecido a la sombra de nadie, esperaba en la lentitud de mis razonamientos la llegada del fin terrenal, prisionero de mĆ mismo, de mi insanidad.
El coito de mi demencia y mi fragilidad se unieron para vituperar mi incapacidad de amar. El dĆa se hizo noche, deseaba no pensar, no recordar, sólo querĆa absorber los pocos destellos de luz que la luna me brindaba. Con el correr de la noche, la lenidad de la lluvia arropaba mi ser, me negaba a mojar mis labios de agua, la inanición se adueñó de mi razón. PedĆ a Dios cargara con mi alma, lleno de amor susurro en mis oĆdos: “no es tu hora, no es tu dĆa, no es tu aƱo, vivirĆ”s”. Sus palabras retumbaron cual eco en mi conciencia y un suspiro de esperanza tocó una puerta ya cerrada en mi corazón desquebrajando la coraza interpuesta entre el amor y el desamor.
Al cuarto dĆa los rayos de luz emitidos por el sol lubricaron en mĆ la esperanza, lentamente pude incorporarme, dĆ algunos pasos, y en la lejanĆa observĆ© la belleza y al aroma pardo de los pĆ©talos de las flores, mĆ”s adelante la sublimidad del cauce de un rió majestuoso me indicó el camino a seguir, fueron pocos los pasos hacia lo cierto, estaba encaminado y dispuesto a llegar al fin del encuentro, comenzaba para mĆ la revolución del amor.
Amar es la capacidad que tenemos todos de ver la vida con respeto, la posibilidad que nos brinda los lĆmites entre lo bueno y lo malo, la razón que nos motiva a seguir viviendo ¡nunca dejen de amar! QuiĆ©n nunca ha escrito un poema nunca ha conocido la bellaza del amor y el desamor. Amar es el trĆ”nsito hacia la felicidad. El desamor no es mĆ”s que el amor en trĆ”nsito y el proceso de evaluación.
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