El Desarrollo Agrario en la Revolución Bolivariana
Por: William GudiƱo Peralta
En el mundo de la producción agroalimentaria se habla, generalmente, del desarrollo agrĆcola. Mal comienzo para un asunto de vital importancia. No se debe hablar de desarrollo agrĆcola porque no se incluye al sujeto, al productor, al campesino, al trabajador del campo, al medianero. El desarrollo agrario incluye al protagonista fundamental del proceso productivo, a sus relaciones sociales, polĆticas, culturales, económicas y ambientales. Sin embargo, no se incluye a Ć©ste solo mencionĆ”ndolo, o en rebuscadas frases que bautizan como socialista a cuanto se hace, desde aquel dichoso dĆa que el presidente declaró, con total legitimidad, el carĆ”cter antiimperialista y socialista del Proyecto Nacional Simón BolĆvar y de la Revolución Bolivariana en Venezuela.
Las visiones productivistas, promovidas por el capital, sus instituciones y su academia, nos impiden avanzar con certeza en la construcción de una propuesta real para conducir al paĆs por la senda de la transición al socialismo, con posibilidades de Ć©xito y de no retorno. Estas nos enfrentan con los mecanismos metabólicos del capital.
Se han promovido planes que no abordan la realidad en forma integral y coherente. Una cosa es una prueba piloto y otra cosa es la aplicación masiva de una determinada polĆtica. De las Zonas Especiales pasamos a los Saraos y SaraĆtos. Luego a los Fundos Estructurados, despuĆ©s a los Fundos Zamoranos. De allĆ pasamos a los NĆŗcleos Endógenos, Cooperativas, Graneros, Galpones, etc, etc, etc. ¡En menos de una dĆ©cada! Antes de evaluar una polĆtica pĆŗblica decidida e implementada, para tomar medidas de ajuste o corrección, se implementa otra.
Ahora inauguramos plantas de leche clandestinas como la de Elorza. ¡Claro que lo son! Los productores y las comunidades aledaƱas no han participado y no participan, no han sido abordados, convencidos, incorporados. ¡Y, cuando no arriman la leche a estas plantas los llaman saboteadores!
En una empresa agroindustrial que presuma de llamarse socialista o de promover la economĆa socialista deben participar los productores y campesinos, bajo la figura de la propiedad social o mixta con el Estado, deben priorizarse las necesidades ciudadanas y no las exigencias del mercado, suprimirse en lo posible la división social del trabajo y las relaciones capitalistas de intercambio. En sĆntesis, debe construir “modos de vida” solidarios que atiendan especialmente la progresiva disminución de la odiosa diferencia entre la ciudad, donde la mayorĆa consume los alimentos y cuenta con servicios bĆ”sicos, y el campo, donde unos pocos producen pero carecen de todo. No debemos, como dice el amigo y camarada AndrĆ©s Avellaneda, promover empresas con la misma visión de la empresa capitalista con “hierro chavista”, expresión que alude a la “marca en caliente” que se le practica al ganado para su identificación.
Si en las empresas lĆ”cteas que hoy se construyen con el apoyo de la revolución aliada IranĆ, la relación con los productores de leche y su participación se limita a comprarle la materia prima, ¿Se diferencia Ć©sto en algo de lo que hace la NestlĆ© o cualquier empresa transnacional o nacional del ramo? Si CafĆ© Venezuela y otras empresas promovidas se concretan en comprarle el cafĆ© a los productores, ¿Que diferencia hay con lo que hace CafĆ© El Peñón, Madrid o Fama de AmĆ©rica? ¿No sigue quedĆ”ndose el campesino con la parte mĆ”s riesgosa, menos rentable y mĆ”s difĆcil de la producción del cafĆ©? MĆ”s aĆŗn en un paĆs de economĆa capitalista dependiente de la renta petrolera, que abandonó su producción agrĆcola y entregó su soberanĆa alimentaria, por imposición imperial y de sus lacayos nacionales de FedecĆ”maras y su camarilla adeco-copeyana puntofijista. Pero, en la versión que tengo de algunos compaƱeros productores y de otro que estuvo por allĆ cerca, una dosis mĆ”s letal de esta medicina se les suministró a los productores de cacao en la empresa que se construyó para procesar este rubro en la “Ruta del Chocolate”. En todo caso, ¡pregunten en Barlovento, en Elorza y a los caficultores que resisten en las montaƱas por donde anduvo Argimiro Gabaldón! ¡Que molleja!, dirĆa un maracucho. ¡Una guarĆ”!, dirĆa un camarada larense o un paisano de la tierra de AlĆ.
Parafraseando a los panas de la Liga “El socialismo se conquista peleando” .
Por: William GudiƱo Peralta
En el mundo de la producción agroalimentaria se habla, generalmente, del desarrollo agrĆcola. Mal comienzo para un asunto de vital importancia. No se debe hablar de desarrollo agrĆcola porque no se incluye al sujeto, al productor, al campesino, al trabajador del campo, al medianero. El desarrollo agrario incluye al protagonista fundamental del proceso productivo, a sus relaciones sociales, polĆticas, culturales, económicas y ambientales. Sin embargo, no se incluye a Ć©ste solo mencionĆ”ndolo, o en rebuscadas frases que bautizan como socialista a cuanto se hace, desde aquel dichoso dĆa que el presidente declaró, con total legitimidad, el carĆ”cter antiimperialista y socialista del Proyecto Nacional Simón BolĆvar y de la Revolución Bolivariana en Venezuela.
Las visiones productivistas, promovidas por el capital, sus instituciones y su academia, nos impiden avanzar con certeza en la construcción de una propuesta real para conducir al paĆs por la senda de la transición al socialismo, con posibilidades de Ć©xito y de no retorno. Estas nos enfrentan con los mecanismos metabólicos del capital.
Se han promovido planes que no abordan la realidad en forma integral y coherente. Una cosa es una prueba piloto y otra cosa es la aplicación masiva de una determinada polĆtica. De las Zonas Especiales pasamos a los Saraos y SaraĆtos. Luego a los Fundos Estructurados, despuĆ©s a los Fundos Zamoranos. De allĆ pasamos a los NĆŗcleos Endógenos, Cooperativas, Graneros, Galpones, etc, etc, etc. ¡En menos de una dĆ©cada! Antes de evaluar una polĆtica pĆŗblica decidida e implementada, para tomar medidas de ajuste o corrección, se implementa otra.
Ahora inauguramos plantas de leche clandestinas como la de Elorza. ¡Claro que lo son! Los productores y las comunidades aledaƱas no han participado y no participan, no han sido abordados, convencidos, incorporados. ¡Y, cuando no arriman la leche a estas plantas los llaman saboteadores!
En una empresa agroindustrial que presuma de llamarse socialista o de promover la economĆa socialista deben participar los productores y campesinos, bajo la figura de la propiedad social o mixta con el Estado, deben priorizarse las necesidades ciudadanas y no las exigencias del mercado, suprimirse en lo posible la división social del trabajo y las relaciones capitalistas de intercambio. En sĆntesis, debe construir “modos de vida” solidarios que atiendan especialmente la progresiva disminución de la odiosa diferencia entre la ciudad, donde la mayorĆa consume los alimentos y cuenta con servicios bĆ”sicos, y el campo, donde unos pocos producen pero carecen de todo. No debemos, como dice el amigo y camarada AndrĆ©s Avellaneda, promover empresas con la misma visión de la empresa capitalista con “hierro chavista”, expresión que alude a la “marca en caliente” que se le practica al ganado para su identificación.
Si en las empresas lĆ”cteas que hoy se construyen con el apoyo de la revolución aliada IranĆ, la relación con los productores de leche y su participación se limita a comprarle la materia prima, ¿Se diferencia Ć©sto en algo de lo que hace la NestlĆ© o cualquier empresa transnacional o nacional del ramo? Si CafĆ© Venezuela y otras empresas promovidas se concretan en comprarle el cafĆ© a los productores, ¿Que diferencia hay con lo que hace CafĆ© El Peñón, Madrid o Fama de AmĆ©rica? ¿No sigue quedĆ”ndose el campesino con la parte mĆ”s riesgosa, menos rentable y mĆ”s difĆcil de la producción del cafĆ©? MĆ”s aĆŗn en un paĆs de economĆa capitalista dependiente de la renta petrolera, que abandonó su producción agrĆcola y entregó su soberanĆa alimentaria, por imposición imperial y de sus lacayos nacionales de FedecĆ”maras y su camarilla adeco-copeyana puntofijista. Pero, en la versión que tengo de algunos compaƱeros productores y de otro que estuvo por allĆ cerca, una dosis mĆ”s letal de esta medicina se les suministró a los productores de cacao en la empresa que se construyó para procesar este rubro en la “Ruta del Chocolate”. En todo caso, ¡pregunten en Barlovento, en Elorza y a los caficultores que resisten en las montaƱas por donde anduvo Argimiro Gabaldón! ¡Que molleja!, dirĆa un maracucho. ¡Una guarĆ”!, dirĆa un camarada larense o un paisano de la tierra de AlĆ.
Parafraseando a los panas de la Liga “El socialismo se conquista peleando” .
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