Administración Bush está detrás de la agresión de Exxon Mobil contra Venezuela
El gobierno de Estados Unidos ha diseñado y ejecutado una nueva acción de ataque contra el pueblo venezolano y su decisión de obtener plena soberanía sobre sus recursos energéticos.
La República Bolivariana de Venezuela posee las reservas certificadas más grandes del mundo, calculadas en 316 mil millones de barriles de petróleo, y cuenta con un Gobierno que ha resuelto hacer efectiva la soberanía nacional en materia petrolera y gasífera.
La administración Bush -íntimamente ligada al mercado petrolero mundial- ya intentó, en dos ocasiones, desestabilizar a la Revolución Bolivariana y afectar al pueblo venezolano mediante la puesta en marcha de un esquema de sabotaje a su industria petrolera.
Las operaciones de sabotaje y desestabilización a Pdvsa realizadas por mandato de la administración Bush se realizaron durante el año 2002. La primera, que involucró la paralización de las actividades de Petróleos de Venezuela, condujo al breve golpe de Estado, perpetrado el 11 de abril de ese año e incluyó el secuestro del presidente Chávez y el intento de destitución de toda la Asamblea Nacional, la Fiscalía General de la República, el Tribunal Supremo de Justicia y la Defensoría del Pueblo.
La segunda operación comenzó en diciembre de ese mismo año y se materializó en el sabotaje a las labores de Pdvsa, durante un período de 63 días, con la intención de quebrar la voluntad popular y quebranta el orden Constitucional de Venezuela.
La nueva agresión de Bush se materializa en esta oportunidad con la puesta en escena de una campaña internacional orquestada en nombre de la transnacional estadounidense Exxon Mobil.
En respuesta a esta agresión, el ministro del poder popular para la Energía y Petróleo y presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez, afirmó hoy que se trata de la “típica transnacional que históricamente ha tratado de agredir a los países productores de petróleo e imponer sus puntos de vista respecto al manejo de los recursos naturales”, y recalco que tiene nexos directos con el actual gobierno estadounidense.
A decir de la internacionalista Lilliam Oviedo, la Exxon Mobil no sólo es “la compañía que más dinero aportó para la campaña electoral de George W. Bush y para las maniobras mediante las cuales fue colocado en la presidencia en enero de 2001, sino además una empresa de gran influencia en la toma de decisiones en materia de política exterior de Estados Unidos”.
La invasión a Irak
No es casual que Exxon Mobil ostente una ganancia mayor al Producto Interno Bruto de varios países del mundo.
De acuerdo con la opinión de numerosos analistas internacionales, entre ellos el cineasta estadounidense Michael Moore, la guerra e invasión desatada contra Irak por parte de Estados Unidos, nunca se basó en la supuesta existencia de armas de destrucción masiva, aunque esa fuera la excusa esgrimida cientos de veces por Bush y los funcionarios de su Gobierno.
Más bien, se fundamentaba en la necesidad de “controlar y explotar el petróleo iraquí utilizando su venta para pagar el coste del conflicto y la posterior ocupación, beneficiando a la industria petrolera aliada a través de adjudicaciones de explotación que permitieran a las empresas beneficiarias Exxon Mobil y Chevron Texaco -entre otras-, controlar el precio del crudo a nivel mundial”.
Estas afirmaciones, publicadas en el editorial de la revista digital Kalegorria se comprueban con las enormes ganancias históricas por ingresos petroleros que la empresa ha obtenido en los años recientes.
El clán petrolero
En Estados Unidos gobierna una élite de petroleros que encabeza el propio presidente Bush. Directivo y accionista de la empresa Arbusto Oil y Harken, sus relaciones con las grandes compañías energéticas mundiales son archiconocidas.
El vicepresidente de ese país, Dick Cheney, fue el director ejecutivo de la empresa de suministros petroleros Halliburton.
Altamente beneficiada por las contrataciones que ha recibido para la “reconstrucción” de Irak, esta empresa mantuvo relaciones salariales con Cheney a pesar de que éste ya era un alto funcionario del gobierno norteamericano.
Según denuncia el escritor John Byrne “el valor de las opciones accionarias del vicepresidente Dick Cheney en Halliburton pasó de 241 mil 498 dólares en 2004 a más de 8 millones de dólares en 2005, un aumento superior al 3 mil por ciento, que todavía podría crecer mucho más si Halliburton continúa obteniendo miles de millones de dólares en contratos del gobierno de EEUU sin licitación ni auditorías”.
La secretaria de estado Condoleeza Rice no se diferencia del resto de sus compañeros de Gobierno. Su paso por la transnacional norteamericana Chevron Texaco con el cargo de directora, hizo que hasta un enorme carguero de la compañía de 130 mil toneladas fuera bautizado con su nombre.
Son éstos los actores que intervienen con todo su poderío en el escenario de una ya pronunciada crisis energética mundial.
Artículo de opinión de Érika Ortega Sanoja / Agencia Bolivariana de Noticias (ABN)
El gobierno de Estados Unidos ha diseñado y ejecutado una nueva acción de ataque contra el pueblo venezolano y su decisión de obtener plena soberanía sobre sus recursos energéticos.
La República Bolivariana de Venezuela posee las reservas certificadas más grandes del mundo, calculadas en 316 mil millones de barriles de petróleo, y cuenta con un Gobierno que ha resuelto hacer efectiva la soberanía nacional en materia petrolera y gasífera.
La administración Bush -íntimamente ligada al mercado petrolero mundial- ya intentó, en dos ocasiones, desestabilizar a la Revolución Bolivariana y afectar al pueblo venezolano mediante la puesta en marcha de un esquema de sabotaje a su industria petrolera.
Las operaciones de sabotaje y desestabilización a Pdvsa realizadas por mandato de la administración Bush se realizaron durante el año 2002. La primera, que involucró la paralización de las actividades de Petróleos de Venezuela, condujo al breve golpe de Estado, perpetrado el 11 de abril de ese año e incluyó el secuestro del presidente Chávez y el intento de destitución de toda la Asamblea Nacional, la Fiscalía General de la República, el Tribunal Supremo de Justicia y la Defensoría del Pueblo.
La segunda operación comenzó en diciembre de ese mismo año y se materializó en el sabotaje a las labores de Pdvsa, durante un período de 63 días, con la intención de quebrar la voluntad popular y quebranta el orden Constitucional de Venezuela.
La nueva agresión de Bush se materializa en esta oportunidad con la puesta en escena de una campaña internacional orquestada en nombre de la transnacional estadounidense Exxon Mobil.
En respuesta a esta agresión, el ministro del poder popular para la Energía y Petróleo y presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez, afirmó hoy que se trata de la “típica transnacional que históricamente ha tratado de agredir a los países productores de petróleo e imponer sus puntos de vista respecto al manejo de los recursos naturales”, y recalco que tiene nexos directos con el actual gobierno estadounidense.
A decir de la internacionalista Lilliam Oviedo, la Exxon Mobil no sólo es “la compañía que más dinero aportó para la campaña electoral de George W. Bush y para las maniobras mediante las cuales fue colocado en la presidencia en enero de 2001, sino además una empresa de gran influencia en la toma de decisiones en materia de política exterior de Estados Unidos”.
La invasión a Irak
No es casual que Exxon Mobil ostente una ganancia mayor al Producto Interno Bruto de varios países del mundo.
De acuerdo con la opinión de numerosos analistas internacionales, entre ellos el cineasta estadounidense Michael Moore, la guerra e invasión desatada contra Irak por parte de Estados Unidos, nunca se basó en la supuesta existencia de armas de destrucción masiva, aunque esa fuera la excusa esgrimida cientos de veces por Bush y los funcionarios de su Gobierno.
Más bien, se fundamentaba en la necesidad de “controlar y explotar el petróleo iraquí utilizando su venta para pagar el coste del conflicto y la posterior ocupación, beneficiando a la industria petrolera aliada a través de adjudicaciones de explotación que permitieran a las empresas beneficiarias Exxon Mobil y Chevron Texaco -entre otras-, controlar el precio del crudo a nivel mundial”.
Estas afirmaciones, publicadas en el editorial de la revista digital Kalegorria se comprueban con las enormes ganancias históricas por ingresos petroleros que la empresa ha obtenido en los años recientes.
El clán petrolero
En Estados Unidos gobierna una élite de petroleros que encabeza el propio presidente Bush. Directivo y accionista de la empresa Arbusto Oil y Harken, sus relaciones con las grandes compañías energéticas mundiales son archiconocidas.
El vicepresidente de ese país, Dick Cheney, fue el director ejecutivo de la empresa de suministros petroleros Halliburton.
Altamente beneficiada por las contrataciones que ha recibido para la “reconstrucción” de Irak, esta empresa mantuvo relaciones salariales con Cheney a pesar de que éste ya era un alto funcionario del gobierno norteamericano.
Según denuncia el escritor John Byrne “el valor de las opciones accionarias del vicepresidente Dick Cheney en Halliburton pasó de 241 mil 498 dólares en 2004 a más de 8 millones de dólares en 2005, un aumento superior al 3 mil por ciento, que todavía podría crecer mucho más si Halliburton continúa obteniendo miles de millones de dólares en contratos del gobierno de EEUU sin licitación ni auditorías”.
La secretaria de estado Condoleeza Rice no se diferencia del resto de sus compañeros de Gobierno. Su paso por la transnacional norteamericana Chevron Texaco con el cargo de directora, hizo que hasta un enorme carguero de la compañía de 130 mil toneladas fuera bautizado con su nombre.
Son éstos los actores que intervienen con todo su poderío en el escenario de una ya pronunciada crisis energética mundial.
Artículo de opinión de Érika Ortega Sanoja / Agencia Bolivariana de Noticias (ABN)
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