Celebrar que Trump perdió no que Biden ganó.


Por Ricardo Abud

Pareciera una cantinflada estar celebrando la derrota de Donald Trump, y no que haya ganado Joe Biden, sin entender la esencia de la oración. La contienda ha llegado a su fin “aparentemente” una vez más después de 4 años un demócrata se sentara a despachar desde la Casa Blanca, para muchos, la interpretación sería muy saludable para unos, para otros no.

Cada cuatro años el mundo se sumerge en unas elecciones de segundo grado, en una país que hace alarde de su democracia, nuestros conciudadanos venezolanos ADECOS y COPEYANOS harían una elección de ese tipo (Manual) una fiesta “democrática” de la cual saldrá ganador cualquiera en el proceso de rotación entre demócratas y republicanos sin mayores opciones y la trampa incorporada, más aun durante el juego antidemocrático de estados fieles y estados infieles donde el voto popular no cuenta.  Son ellos los que cuestionan un sistema electoral totalmente automatizado como lo es el venezolano, en el cual la aun esperamos que Ramos Allup presente las pruebas del algún fraude electoral.

Muchos han planteado un revisión profunda del sistema electoral antidemocrático de los Estados Unidos así como de la suma de las imperfección del sistema político norteamericano, la sociedad pide cambios radicales,  entre tanto algunos líderes describen como  excepcional  ese sistema, que a menudo definen  no solo como el más grandioso del mundo, sino como literalmente ordenado por Dios. Muchos de ellos (lideres así como el pueblo norteamericano) han pedido que se reconsideren las reglas sobre cómo votan los estadounidenses; cómo se cuentan (o no se cuentan) los votos; cómo se financian las elecciones; cómo se determinan los distritos electorales; cómo funciona el poder en el Senado, y cómo se nombran los jueces federales, criterios para nombrar a los magistrados de la Corte Suprema.

Hacer una revisión histórica exhaustiva del sistema electoral de los Estados Unidos nos llevara a entender el problema de segregación racial en la cual los la supremacía blanca ha de imponerse ante las minorías, claramente garantizado por los Colegios Electorales del país, ya que los mismos son los que determina los votos estatales para elegir al presidente, no el voto popular. Los políticos estadounidenses seguirán subvirtiendo el orden democrático en ese país, en menos cabo de las minorías.  

Con la llegada de Trump al poder  sus opiniones se convirtieron  en hechos. Sus prejuicios contra los inmigrantes, su actitud agresiva contra algunos países extranjeros y su falta de sensibilidad con los colectivos más vulnerables se trasladaron a la política americana. EE.UU. está profundamente dividido en términos de una sensación de conflicto racial profundo, es el renacimiento de la supremacía blanca lo que lega Trump, lo cual lo eleva a una categoría de riesgo político, para encubrir los verdaderos intereses que represento Donald Trump, a una minoría multimillonaria en la cual expuso a la población durante la pandemia producida por el Covid-19, en beneficio de su clase económica. Trump  y el Partido Republicano han satanizado y creado un conflicto inexistente entre grupos raciales, así es más difícil ver que la verdadera amenaza proviene de los muy ricos, lograron  que los trabajadores tuvieran miedo entre sí, así secuestraron la economía del país

Han sido los republicanos quienes utilizaron el discurso de Trump como estrategia, el racismo no lo invento Trump ya existía antes de su llegada al poder, estrategia que se ha mantenido por más de 50 años para confiscar los derechos civiles de la población. Con Trump en el poder la supremacía blanca cobro nuevo impulso, se cambió el código. Lo más lamentable es la negación propia de algunos grupos étnicos, sobre todo latinos que hacen vida en los Estados Unidos al no entender   el cometido del discurso y la distorsión del mismo a través de la difusión mediática de mensajes contrarios a la esencia conceptual del racismo como método de lucha. Es así como muchos latinos compraron el discurso y se llegó la estupidez consabida de advertir que con la perdida de las elecciones  y el advenimiento al  poder de Joe Biden EE.UU,  se convertiría en un país socialista. Trump como un estafador y delincuente de cuello blanco hizo creer que estaba en contra del racismo que el mismo revivido  usándolo en contra de aquellos a los cuales discriminaba por su condición de minoría, lo cual lo llevo a la obtención de votos de propios y extraños, ganar en el sur donde los republicanos, no escatiman para enaltecer el racismo y la supremacía blanca, el Partido Republicano obtiene cerca del 90% de su apoyo de los votantes blancos y el 98% de los funcionarios electos republicanos son blancos. Esto ocurre en un país donde los blancos son alrededor del 62% de la población. ¿Cambiará Joe Biden este cuadro desolador?

Es probable que sí, ya que es parte del plan de gobierno de Biden, durante su campaña se comprometió a desmontar el plan migratorio promovido por Donald Trump, ampliar el Obamacare y dar una repuesta contundente al racismo institucional promovido por Trump y los republicanos, debe unificar nuevamente al pueblo estadounidense, lo cual presupone recuperar el control del país, desmontar el ataque sistemático a las reformas promovidas por Obama.

Joe Biden ha prometido acabar con el desastre y el daño causado por la administración Trump mediante  un plan que ha llamado “Batalla por la Nación” el cual asegurara  los valores de EEUU como nación de inmigrantes. ¿Podrá Joe Biden lograrlo?

Hoy toda América Latina y el mundo,  comienza un proceso de reflexión de lo que podría esperarse de Joe Biden como presidente número 46 de los ESTADOS UNIDOS, son muchas las especulaciones, en lo particular considero que los cambios no serán sustanciales y en algunos casos se mantendrán las políticas adelantada desde la administración de Obama y se reforzaran.

 El equilibrio de la política exterior  Joe Biden no  tratará solo de ganarse la confianza de los amigos y la aprobación de los enemigos. Estará supeditada a  generar confianza internacional en la unidad de propósito de Estados Unidos, una tarea difícil para una nación que Trump deja totalmente dividida. A lo interno Biden no la tiene fácil, solo serán  cuatro años (su edad no le permitirá ir a un segundo periodo)  para enderezar lo destrozado por Trump, el odio inoculado en contra de la minorías y su irracional política exterior en contra de Rusia, China e Irán entre otros.  Es posible que Biden descubra que el orden mundial ya no se puede restablecer de la manera que él quiere. Después de algunas semanas en el cargo, el camino a la Casa Blanca podría parecer, en retrospectiva, la parte más fácil de su viaje como presidente,  para conducir al país más “democrático” del mundo.

NO HAY NADA MÁS EXCLUYENTE QUE SER POBRE

Nota 1: al momento de escribir este material, acabo de ver una entrevista que se le realizo William Barr Fiscal General, denunciando fraude en la elecciones, con los votos remitidos a través del correo, dicho esto por el hombre más importante de la justicia norteamericana deberá ser tomado en cuenta.

Nota 2: Joe Biden durante la campaña prometió aprobar un Estatus Temporal de  Protección a los migrantes venezolanos (TPS, por sus siglas en ingles) para los miles de venezolanos en Estados Unidos, algo que la administración Trump rehusó aprobar, a pesar de la ferra campaña realizada por miles de venezolanos a favor de Trump. De igual manera promete dar marcha atrás al enjuiciamiento de inmigrantes por infracciones menores, poner fin a las redadas en lugares de trabajo y ubicaciones “sensibles” como hospitales, escuelas o lugares de culto, y dirigir los esfuerzos de las autoridades “hacia las amenazas a la seguridad pública y la seguridad nacional”.

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About Ricardo Abud (Chamosaurio)

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