INVASION DE ESTADO UNIDOS A PANAMA
A 21 AÑOS CONTINUA EL SILENCIO Y LA DESINFORMACION
Por: Stella Calloni
Entre las 23 horas del 19 de diciembre de 1989 y la madrugada del 20 comenzó la invasión militar de Estados Unidos en Panamá, cuando sus helicópteros y aviones silenciosos cruzaron la Avenida de los Mártires, que separaba a la ciudad capital de la Zona Colonial del Canal donde estaban las bases del estratégico Comando Sur del ejército estadounidense.
Como lo hicieran los nazis en Guernica probaron naves, equipos, uniformes y armas desconocidas, usando tropas especiales, mercenarios que habían estado en Vietnam. La potencia más grande del mundo atacó por tierra, aire y mar a una capital que tenía entonces menos de 600 mil habitantes, lo que correspondería a un barrio de Buenos Aires, y ejecutó un plan que había trazado sistemáticamente realizando maniobras ilegales en todo el país, para medir el tiempo que les costaría cada acción.
La invasión dejó unos siete mil muertos, desaparecidos, destruida la ciudad con pérdidas millonarias. Washington nombró presidente a Guillermo Endara de la oposición derechista panameña, un abogado que en su juventud había trabajado para las empresas de la DINA, policía política del dictador Augusto Pinochet. A Endara le tomaron juramento los militares del Comando en Sur en plena invasión a Panamá en sus propias oficinas. Todo un símbolo.
En esos momentos Washington comenzaría a probar lo más avanzado de su poder en medios de desinformación, y América Latina y el mundo sólo vieron líneas luminosas de trazadoras en las oscuridades, mientras la muerte, la desolación y el terror asolaban Panamá en plena navidad de 1989.
Las acciones no habían comenzado esa noche, se remontaban a los tiempos de la apropiación del país en 1903 para construir el canal interoceánico y además establecer en la Zona del Canal, dividiendo en dos el territorio, el Comando Sur estratégico de tan trágicas consecuencias para nuestros pueblos.
Allí Estados Unidos instruía a militares latinoamericanos en varias especialidades, Una de ellas era contrainsurgencia e “inteligencia” con todo lo que esto significaba. Por los cursos de terror de la Escuela de de la Américas, pasaron la mayoría de los que se transformarían en dictadores y torturadores en nuestro continente, salvo honrosas excepciones que no deben ser olvidadas.
Cuando la Escuela se cerró en 1983 y las autoridades panameñas, entre ellas el general Manuel Antonio Noriega, no cedieron a las demandas para sostenerla, comenzó ya la gran ofensiva. Noriega era entonces comandante de las nuevas Fuerzas de Defensa, que se crearon para reemplazar a la Guardia Nacional Panameña, instituida por los ocupantes estadounidense, en la cuál surgirían militares rebeldes como el general Omar Torrijos Herrera, cuya presencia cambió el panorama centroamericano, y quien murió en un accidente atribuido a la CIA en mayo de 1981.
En 1983 el presidente Ronald Reagan y sus equipos de halcones fundaron la National Endowment Foundation (NED), a la que se conoce como Fundación para la Democracia, dentro del llamado “Proyecto Democracia”, que sirvió incluso para el armado mafioso del Irán Gate.
La Ned como rama “social” de la CIA aparecía como una supuesta fundación privada para canalizar fondos y “financiar” “proyectos democráticos, desarrollar alianzas electorales” de oposición a los gobiernos que Washington considerara “insumisos”.
Esta creación tuvo una significación especial para actuar en un terreno abonado, como era el caso de Nicaragua y Panamá, dos países bajo bloqueo económico impuesto por Estados Unidos entonces.
En Nicaragua la actuación de la NED se activó en 1985 para formar la Unión Nacional Opositora(UNO), convertida después en Coordinadora Democrática y en 1987 en Panamá, constituyendo la Alianza Democrática Opositora Civilista(ADOC). Estas debían capitalizar el descontento y la desesperanza creados por el bloqueo y la asfixia económica y activar la desestabilización.
Para entender las consecuencias de estas acciones vale recordar que ADOC también llamada Cruzada Civilista(CC) se registró en Estados Unidos como “una organización exenta de impuestos fiscales federales” para realizar actividades políticas y de propaganda contra el gobierno de Panamá.
En el acta de inscripción de la CC (National Crusade of Panamá, Inc)figuraba como sede el 1730 “M” Stereet , suite 402, Washington DC.[1] La propuesta de Reagan en ese caso era “tomarse Panamá”.
La historia de lo realizado en ambos países en la más severa acción de injerencia que se recuerde en esos años, es el antecedente para todo lo que actuaría después la NED y la red de Fundaciones surgidas bajo control y financiamiento de la CIA, como sucede en estos tiempos en América Latina.
La Cruzada Civilista trabajó activamente en apoyo de la invasión a Panamá en 1989 y proveyó al presidente Endara.
Es básico recordar estos antecedentes hoy olvidados, ya que con el paso del tiempo el papel de la NED quedó en evidencia en diversos episodios de desestabilización y “golpes suaves” en la invasión silenciosa de Latinoamérica, una realidad en estos tiempos.
A pesar de una fuerte lucha popular y demandas, Panamá nunca pudo lograr que América Latina y otros países del mundo intervinieran para detener las maniobras que preanunciaban la invasión.
Las mentiras sobre Panamá fueron de tal magnitud que ni siquiera se sabía que Noriega, jefe de las Fuerzas de Defensa en creación, había sido nombrado por la Asamblea panameña, como Jefe de gobierno recién el día 16 de diciembre de 1989, como una forma de detener cualquier intento contra el país.
La invasión a Panamá, nunca tuvo que ver con “la necesidad” de EE.UU de “llevarse a Noriega”, el arggumento que utilizó para intentar justificar una invasión brutal de esta naturaleza. Fue un mensaje muy claro para América y el Mundo. Todas las armas en prueba en Panamá serían usada contra Irak en la llamada Guerra del Golfo.
Con la toma de Panamá se dio un mensaje a Nicaragua que tuvo elecciones en 1990. Los nicaragüenses votaron con el terror de la amenaza de una invasión inminente, cuando el país estaba en situaciones extremas bajo una feroz guerra sucia de Washington, que había convertido Honduras en un territorio de bases y rampa de intervención constante. Enlazando hechos, una de estas bases estadounidenses, la estratégica ubicada en Palmerola litoral hondureño, estuvo implicada en el golpe de Estado contra el presidente de Honduras Manuel Zelaya el 28 de junio de 2009.
También en este caso el mensaje fue para toda la región. Hubo muchos otros objetivos en esta invasión, imposibles de comentar en un espacio breve.
El entonces presidente de EE.UU George Bush (padre) mintió descaradamente a su país y al mundo, con argumentos totalmente falsos para invadir, como ha sido demostrado.
Aquella invasión marcaría a fuego el comienzo de los años 90, el mismo en que Washington dio pasos gigantes para transformar la Guerra de Baja Intensidad (GBI) en un esquema de contrainsurgencia no sólo referido a lo militar sino a lo político, económico, cultural sindical, educativo y especialmente en lo informativo. Fue 1990 el año de la imposición de los Diez Mandamientos del Consenso de Washington, que significó la invasión neoliberal de triste memoria en aquella década final del siglo XX
El neoliberalismo se sembró como antes habían sembrado dictaduras militares,
La verdadera historia de la invasión a Panamá sigue en las sombras. En el año 2009 el presidente panameño Ricardo Martinelli, que surgió como Endara de los nichos de la derecha colonialista, firmó acuerdos “urgentes” con la secretaria de estado Hillary Clinton, para instalar nuevas bases militares en Panamá. 21 años después de la invasión de 1989, nuevamente se le imponen a Panamá los lineamientos de principios del siglo XX.
Ahora no habrá una Zona del canal dividiendo al país sino bases en todas sus costas. Vale recordar que expertos estadounidenses han investigado y concluido, que nunca se lavó tanto dinero en ese país como después de la invasión de Estados Unidos a Panamá en 1989.
Se acaba de cumplir el 11 aniversario de esta invasión brutal a un país pequeño y América Latina continúa teniendo una deuda de solidaridad con el pueblo panameño, con las madres que siguen arrojando flores al mar cada año en memoria de sus muertos y desaparecidos. Faltan aún abrir las tumbas colectivas y alentar la difusión de los trabajos documentados sobre lo que nunca se dijo sobre esta invasión. Conocer ese entramado es también una cuestión de defensa para nuestros pueblos. Pero fundamentalmente un rescate de la memoria que le debemos a un pueblo heroico. Porque de su resistencia nunca se habló. Testigo de esos hechos nunca olvidaré los niños semidesnudos corriendo sobre el malecón engalanado para la navidad en ese diciembre de 1989, el terror que en horas había reemplazado los adelantados festejos. Hombre y mujeres muertos en las calles, sobre los cuáles pasaban los tanques. Hombres y niños sacados de las casas (entre 14 y 70 años y tirados en las calles con las manos atadas bajo el sol inclemente. Una virge y un niño dios junto al cadáver de un joven. Todos símbolos de un trágico momento latinoameircano que nadie debe olvidar, porque la impunidad, como hemos visto en este caso, abrió la puerta al regerso colonial.
A 21 AÑOS CONTINUA EL SILENCIO Y LA DESINFORMACION
Por: Stella Calloni
Entre las 23 horas del 19 de diciembre de 1989 y la madrugada del 20 comenzó la invasión militar de Estados Unidos en Panamá, cuando sus helicópteros y aviones silenciosos cruzaron la Avenida de los Mártires, que separaba a la ciudad capital de la Zona Colonial del Canal donde estaban las bases del estratégico Comando Sur del ejército estadounidense.
Como lo hicieran los nazis en Guernica probaron naves, equipos, uniformes y armas desconocidas, usando tropas especiales, mercenarios que habían estado en Vietnam. La potencia más grande del mundo atacó por tierra, aire y mar a una capital que tenía entonces menos de 600 mil habitantes, lo que correspondería a un barrio de Buenos Aires, y ejecutó un plan que había trazado sistemáticamente realizando maniobras ilegales en todo el país, para medir el tiempo que les costaría cada acción.
La invasión dejó unos siete mil muertos, desaparecidos, destruida la ciudad con pérdidas millonarias. Washington nombró presidente a Guillermo Endara de la oposición derechista panameña, un abogado que en su juventud había trabajado para las empresas de la DINA, policía política del dictador Augusto Pinochet. A Endara le tomaron juramento los militares del Comando en Sur en plena invasión a Panamá en sus propias oficinas. Todo un símbolo.
En esos momentos Washington comenzaría a probar lo más avanzado de su poder en medios de desinformación, y América Latina y el mundo sólo vieron líneas luminosas de trazadoras en las oscuridades, mientras la muerte, la desolación y el terror asolaban Panamá en plena navidad de 1989.
Las acciones no habían comenzado esa noche, se remontaban a los tiempos de la apropiación del país en 1903 para construir el canal interoceánico y además establecer en la Zona del Canal, dividiendo en dos el territorio, el Comando Sur estratégico de tan trágicas consecuencias para nuestros pueblos.
Allí Estados Unidos instruía a militares latinoamericanos en varias especialidades, Una de ellas era contrainsurgencia e “inteligencia” con todo lo que esto significaba. Por los cursos de terror de la Escuela de de la Américas, pasaron la mayoría de los que se transformarían en dictadores y torturadores en nuestro continente, salvo honrosas excepciones que no deben ser olvidadas.
Cuando la Escuela se cerró en 1983 y las autoridades panameñas, entre ellas el general Manuel Antonio Noriega, no cedieron a las demandas para sostenerla, comenzó ya la gran ofensiva. Noriega era entonces comandante de las nuevas Fuerzas de Defensa, que se crearon para reemplazar a la Guardia Nacional Panameña, instituida por los ocupantes estadounidense, en la cuál surgirían militares rebeldes como el general Omar Torrijos Herrera, cuya presencia cambió el panorama centroamericano, y quien murió en un accidente atribuido a la CIA en mayo de 1981.
En 1983 el presidente Ronald Reagan y sus equipos de halcones fundaron la National Endowment Foundation (NED), a la que se conoce como Fundación para la Democracia, dentro del llamado “Proyecto Democracia”, que sirvió incluso para el armado mafioso del Irán Gate.
La Ned como rama “social” de la CIA aparecía como una supuesta fundación privada para canalizar fondos y “financiar” “proyectos democráticos, desarrollar alianzas electorales” de oposición a los gobiernos que Washington considerara “insumisos”.
Esta creación tuvo una significación especial para actuar en un terreno abonado, como era el caso de Nicaragua y Panamá, dos países bajo bloqueo económico impuesto por Estados Unidos entonces.
En Nicaragua la actuación de la NED se activó en 1985 para formar la Unión Nacional Opositora(UNO), convertida después en Coordinadora Democrática y en 1987 en Panamá, constituyendo la Alianza Democrática Opositora Civilista(ADOC). Estas debían capitalizar el descontento y la desesperanza creados por el bloqueo y la asfixia económica y activar la desestabilización.
Para entender las consecuencias de estas acciones vale recordar que ADOC también llamada Cruzada Civilista(CC) se registró en Estados Unidos como “una organización exenta de impuestos fiscales federales” para realizar actividades políticas y de propaganda contra el gobierno de Panamá.
En el acta de inscripción de la CC (National Crusade of Panamá, Inc)figuraba como sede el 1730 “M” Stereet , suite 402, Washington DC.[1] La propuesta de Reagan en ese caso era “tomarse Panamá”.
La historia de lo realizado en ambos países en la más severa acción de injerencia que se recuerde en esos años, es el antecedente para todo lo que actuaría después la NED y la red de Fundaciones surgidas bajo control y financiamiento de la CIA, como sucede en estos tiempos en América Latina.
La Cruzada Civilista trabajó activamente en apoyo de la invasión a Panamá en 1989 y proveyó al presidente Endara.
Es básico recordar estos antecedentes hoy olvidados, ya que con el paso del tiempo el papel de la NED quedó en evidencia en diversos episodios de desestabilización y “golpes suaves” en la invasión silenciosa de Latinoamérica, una realidad en estos tiempos.
A pesar de una fuerte lucha popular y demandas, Panamá nunca pudo lograr que América Latina y otros países del mundo intervinieran para detener las maniobras que preanunciaban la invasión.
Las mentiras sobre Panamá fueron de tal magnitud que ni siquiera se sabía que Noriega, jefe de las Fuerzas de Defensa en creación, había sido nombrado por la Asamblea panameña, como Jefe de gobierno recién el día 16 de diciembre de 1989, como una forma de detener cualquier intento contra el país.
La invasión a Panamá, nunca tuvo que ver con “la necesidad” de EE.UU de “llevarse a Noriega”, el arggumento que utilizó para intentar justificar una invasión brutal de esta naturaleza. Fue un mensaje muy claro para América y el Mundo. Todas las armas en prueba en Panamá serían usada contra Irak en la llamada Guerra del Golfo.
Con la toma de Panamá se dio un mensaje a Nicaragua que tuvo elecciones en 1990. Los nicaragüenses votaron con el terror de la amenaza de una invasión inminente, cuando el país estaba en situaciones extremas bajo una feroz guerra sucia de Washington, que había convertido Honduras en un territorio de bases y rampa de intervención constante. Enlazando hechos, una de estas bases estadounidenses, la estratégica ubicada en Palmerola litoral hondureño, estuvo implicada en el golpe de Estado contra el presidente de Honduras Manuel Zelaya el 28 de junio de 2009.
También en este caso el mensaje fue para toda la región. Hubo muchos otros objetivos en esta invasión, imposibles de comentar en un espacio breve.
El entonces presidente de EE.UU George Bush (padre) mintió descaradamente a su país y al mundo, con argumentos totalmente falsos para invadir, como ha sido demostrado.
Aquella invasión marcaría a fuego el comienzo de los años 90, el mismo en que Washington dio pasos gigantes para transformar la Guerra de Baja Intensidad (GBI) en un esquema de contrainsurgencia no sólo referido a lo militar sino a lo político, económico, cultural sindical, educativo y especialmente en lo informativo. Fue 1990 el año de la imposición de los Diez Mandamientos del Consenso de Washington, que significó la invasión neoliberal de triste memoria en aquella década final del siglo XX
El neoliberalismo se sembró como antes habían sembrado dictaduras militares,
La verdadera historia de la invasión a Panamá sigue en las sombras. En el año 2009 el presidente panameño Ricardo Martinelli, que surgió como Endara de los nichos de la derecha colonialista, firmó acuerdos “urgentes” con la secretaria de estado Hillary Clinton, para instalar nuevas bases militares en Panamá. 21 años después de la invasión de 1989, nuevamente se le imponen a Panamá los lineamientos de principios del siglo XX.
Ahora no habrá una Zona del canal dividiendo al país sino bases en todas sus costas. Vale recordar que expertos estadounidenses han investigado y concluido, que nunca se lavó tanto dinero en ese país como después de la invasión de Estados Unidos a Panamá en 1989.
Se acaba de cumplir el 11 aniversario de esta invasión brutal a un país pequeño y América Latina continúa teniendo una deuda de solidaridad con el pueblo panameño, con las madres que siguen arrojando flores al mar cada año en memoria de sus muertos y desaparecidos. Faltan aún abrir las tumbas colectivas y alentar la difusión de los trabajos documentados sobre lo que nunca se dijo sobre esta invasión. Conocer ese entramado es también una cuestión de defensa para nuestros pueblos. Pero fundamentalmente un rescate de la memoria que le debemos a un pueblo heroico. Porque de su resistencia nunca se habló. Testigo de esos hechos nunca olvidaré los niños semidesnudos corriendo sobre el malecón engalanado para la navidad en ese diciembre de 1989, el terror que en horas había reemplazado los adelantados festejos. Hombre y mujeres muertos en las calles, sobre los cuáles pasaban los tanques. Hombres y niños sacados de las casas (entre 14 y 70 años y tirados en las calles con las manos atadas bajo el sol inclemente. Una virge y un niño dios junto al cadáver de un joven. Todos símbolos de un trágico momento latinoameircano que nadie debe olvidar, porque la impunidad, como hemos visto en este caso, abrió la puerta al regerso colonial.


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