Bicentenario: ideales de la emancipación
Por: JosƩ Steinsleger
La Jornada
Aclaración al tĆtulo: donde no trataremos de las ideas emancipadoras que eclosionaron en 1810, sino de las que se cocinan hoy. Disparador de estos apuntes: la sĆntesis de Emir Sader, publicada dĆas atrĆ”s en varios medios de comunicación (Algunas tesis equivocadas sobre AmĆ©rica Latina y el mundo, La Jornada, 11/07/10).
ImplĆcitamente, el profesor brasileƱo nos recuerda que los acontecimientos sociales y polĆticos no se producen por generación espontĆ”nea. Suelen, claro estĆ”, ocurrir de manera repentina. Pero con seƱales anticipatorias que se incuban, maduran y eclosionan como resultado de la creación de condiciones que los hacen posibles.
Subrayemos: “…de la creación de condiciones que los hacen posibles”. En consecuencia, si esto es asĆ, los conceptos de autonomĆa, emancipación, independencia, revolución o socialismo no serĆan sinónimos, ni guardarĆan relaciones mecĆ”nicas.
El bicentenario nos encuentra en otra longitud histórica, aunque de similar sintonĆa: derechas (conservadores y anexos) que sostienen todo-estĆ”-bien-como-estĆ”, e izquierdas (liberales y anexos) que sostienen lo contrario. Del accionar derechista sabemos mucho. ¿Y del izquierdista?
A inicios de 1990, cuando el neoliberalismo alcanzó el clĆmax, se produjo un fenómeno curioso: izquierdas y derechas coincidieron en negarle a la polĆtica su razón de ser. Y, con desangelada premura, creyeron que la globalización conducirĆa a la desaparición de la forma Estado-nación.
Buena parte de las izquierdas sintieron que la globalización abrĆa las puertas a una suerte de nueva fraternidad proletaria, en tanto las derechas creyeron que el libre mercado afinarĆa las notas faltantes en las partituras de la armonĆa universal.
ProfecĆas fallidas. El nacionalismo agresivo vuelve por sus fueros en Estados Unidos, Gran BretaƱa, Israel y, en AmĆ©rica Latina, varios estados retoman los ideales de la anfictionĆa esbozados por Simón BolĆvar. Mientras Europa, la siempre tironeada Europa, asiste hoy con impotencia a una crisis que ha puesto en cuestión sus propios ideales de unidad.
¿Y MĆ©xico? Llevamos 30 aƱos analizando un proceso de involución, opuesto al evolutivo del periodo 1920-80: desmantelamiento de plantas productivas orientadas hacia el mercado interno, flexibilidad laboral, pĆ©rdida de conquistas sociales y derechos ciudadanos, desagrarización, migración hacia el norte y las grandes ciudades, y leyes que identifican protesta social con terrorismo.
¿Marchamos, indefectiblemente, hacia la total centrifugación del Estado y la entronización del poder mafioso subregional? ¿No queda, en la patria soterrada, ningĆŗn reservorio de fuerzas dispuestas a conjugar, dialĆ©cticamente, el potente acervo de reflexiones y experiencias atesoradas en 1810, 1857, 1910, 1968, 1988, 1994?
La metodologĆa de anĆ”lisis (y no el mĆ©todo) asfixia y paraliza a las izquierdas que se imaginan radicales. Abajo y a la izquierda. Ideales claros, sin duda. ¿Y la polĆtica? Algunas izquierdas esperan que todo surja de abajo, y otras que todo llegue de afuera. ¿Cómo hacer para que se emancipen de sĆ mismas?
Kant distinguĆa entre sensaciones y percepciones de un lado, y conceptos e intuiciones, por el otro. DecĆa que las intuiciones sin conceptos son ciegas, y los conceptos sin intuiciones son vacĆos. Para Kant, el concepto era el marco de la experiencia posible, y que si bien hay ciertas reglas (a descubrir) para ordenar la experiencia posible, la admisión de marcos conceptuales no equivale, necesariamente, a concebirlos como elementos a priori.
Los hombres y mujeres de la primera independencia no dieron luchas librescas. Los mĆ”s ilustrados abrevaron sus conocimientos en los libros, pero la guerra y la polĆtica encendieron sus luces. A cada cual segĆŗn su capacidad; a cada cual segĆŗn sus necesidades, dijo Carlos Marx en su CrĆtica al Programa de Gotha (1875). Pero ¿Marx o… Benito JuĆ”rez?
Exhumando la correspondencia del BenemĆ©rito, el escritor cubano Armando Hart DĆ”valos subrayó una frase interesante, fechada el 11 de enero de 1861 (o sea, catorce aƱos antes del Gotha): A cada cual, segĆŗn su capacidad, y a cada capacidad segĆŗn sus obras y su educación. AsĆ no habrĆa clases privilegiadas, ni preferencias injustas.
Las inquietudes de Sader han encarado las dificultades de unas izquierdas que parecen condenadas a ser buenas en asuntos de solidaridad (ideologĆa), denuncia (Ć©tica) y diagnóstico (pensamiento crĆtico), dejando mucho que desear en estrategia (polĆtica), reflexión (filosofĆa) y las propuestas viables para reorientar la feroz destrucción neoliberal en todas las dimensiones de nuestra realidad (economĆa, educación, cultura).
Menudea, en ciertos cĆrculos izquierdistas, un nuevo tipo de hipercriticidad que, so pretexto del derecho a la crĆtica, rechaza todo lo que hace un gobierno por considerarlo contaminado y sospechoso. Bueno, concedamos que en algunos paĆses (MĆ©xico, Colombia), la hipercriticidad es comprensible.
Tampoco eso es lo importante. ¿CuĆ”l serĆa, entonces, la carga de izquierda que una sociedad (cualquier sociedad) estĆ” dispuesta a tolerar?
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/07/14/index.php?section=opinion&article=021a1pol

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