Yanukóvich atrapado entre la promesa de Europa y la realidad de Moscú

Yanukóvich atrapado entre la promesa de Europa y la realidad de Moscú
Por: Dmitri Bábich,
RIA Novosti

La prensa internacional comenta animadamente una de las declaraciones hechas por Víctor Yanukóvich durante su primera visita a Bruselas como nuevo presidente de Ucrania. Las relaciones entre Ucrania y la OTAN no van a cambiar, fue la frase en cuestión.


Puede que en breve comiencen a aparecer pronósticos sobre el futuro ingreso de Ucrania en la OTAN e incluso se reaviven voces a favor de su integración en la Unión Europea, máxime cuando el Parlamento Europeo ya adoptó una resolución en ese sentido el mismo día de la ceremonia de investidura de Víctor Yanukóvich.

Pero, en el fondo, el nuevo presidente ucraniano no dijo nada nuevo en Bruselas. La orientación hacia la OTAN ya fue anunciada como estrategia oficial cuando Leonid Kuchma ocupaba el sillón presidencial, aunque esta declaración no fue aprobada en referéndum general, sino solamente por el parlamento ucraniano que, como siempre, se encontraba en proceso de formación de todo tipo de estrambóticas coaliciones.

En aquel momento, la facción parlamentaria de Donetsk se inclinaba a confabularse con los que priorizaban el fomento de las relaciones con Occidente. Posteriormente, durante la época de la "revolución naranja", esta misma facción construyó toda su campaña política en torno a la oposición a la visita de los barcos de guerra de la OTAN al puerto naval de Sebastópol en Crimea.

Indudablemente, la flecha que marca el rumbo de la política ucraniana y que debería indicar ausencia de cambios, más bien parece una veleta, que se coloca en la dirección de los vientos políticos y que gira al capricho de estos.

Hay, sin embargo, determinados hechos que continúan inalterables al transcurrir del tiempo y a su vorágine de cambios. Por ejemplo, el emplazamiento de una base de la OTAN en Sebastópol. Se trata de una idea absurda y peligrosa, cuya puesta en práctica reportaría una serie de infinitos conflictos, malos entendidos y agravios. Tampoco tiene cabida en la estructura de la Alianza Atlántica la famosa oficina de diseño aeronáutico Antónov, que comenzó su andadura profesional para dar servicio de mantenimiento técnico a los planeadores en el Moscú de los años 30. Leonid Kravchuk, Leonid Kuchma y Víctor Yúschenko se vieron impotentes para cambiar la situación, y no hay motivos para pensar que Víctor Yanukóvich pueda aportar algo diferente.

La integración de Ucrania en la UE es un asunto todavía más complejo. Todos los anteriores gobiernos de Ucrania consideraban que esta incorporación era más importante que la integración en el espacio postsoviético, llegándose incluso a instituir un cargo ministerial para la integración europea, cuando se carece todavía de un ministro responsable del desarrollo del espacio económico común con Rusia y otros países de la CEI.

La política de Bruselas, primero y Moscú, después ha sido la tónica general de todos los presidentes de Ucrania con independencia del destino y la frecuencia de visitas de Estado. No hay que darle un especial significado simbólico a la visita de Yanukóvich a Bruselas, programada antes de su viaje a Moscú. Al tomar posesión del cargo en 2005, Víctor Yúschenko primero marchó a Moscú y, sin embargo, su política alcanzó unos tintes prooccidentales rayanos en el ridículo.

Los políticos ucranianos suelen enmascarar su preferencia por Occidente con la típica, pero tópica, retórica filorusa, abundando sobre la amistad y los intereses históricos comunes como pueblos hermanos. Pero Rusia conoce muy bien la realidad que subyace a estas declaraciones demagógicas y que le costó mucho dinero de sus arcas durante la presidencia de Kuchma. Y no sólo se trata del suministro de recursos energéticos por debajo del precio de mercado. Los políticos ucranianos sabotearon sistemáticamente una serie de importantes iniciativas para el desarrollo de la CEI, como la creación de un Espacio Económico Común y muchas otras. Desde Kiev, primeramente, se mandaban a Moscú señales positivas de integración, para luego dar largas y dinamitar todos los planes cumplimentados para la misma. Todo eran excusas, problemas e imprevistos, como, por ejemplo, las votaciones en el parlamento (la Rada Suprema), el sancta sanctórum de la soberanía ucraniana, y otras dificultades.

La incorporación real de Ucrania a la UE es un asunto a muy largo plazo. La experta sobre Ucrania Lidia Kósikova, colaboradora del Instituto de Economía (Academia de Ciencias de Rusia), cree que hasta la economía bielorrusa está en mejor posición para una integración hipotética en la UE que la ucraniana. Los analistas occidentales indiferentes al entusiasmo infundado de la época de la revolución naranja, confirman esta opinión.

A propósito sea dicho, Rusia nunca se ha pronunciado en contra de la integración de Ucrania en la UE. Más bien fue la Unión Europea la que manifestó algo parecido a los celos al exigir a Ucrania que saliera del Espacio Económico Común si pretendía integrarse en la Europa unida. A raíz de esto cabe mencionar que los funcionarios europeos nunca avalaron sus peticiones con dinero.

Ahora, esto parece haber cambiado un poco y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, ha ofrecido a Ucrania un préstamo de 500 millones de euro por buena conducta. Una gota en el océano del déficit presupuestario ucraniano que, para este año y de ser aprobado, ascenderá a unos 10.000 millones de dólares. La industria ucraniana se ha contraído un 21% en un año y los compromisos sociales prometidos por el gobierno en el ardor de la campaña electoral resultan irrealizables... Un drama.

Rusia es el único país que podría ayudar a Ucrania en esta situación. No estaría de más que nos fuéramos preparando para oír a Yanukóvich hablar de la amistad con Rusia, muy probablemente en términos más floridos que los utilizados ante una curia política y unos periodistas occidentales en Bruselas, que durante los últimos cinco años, lo han venido calificando con lindezas tales como lumpen, asesino, marioneta del Kremlin o secuestrador de votos.

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