Viernes, 03 de abril de 2009
Estado, regionalismo y corrupción
Por: Miguel Ćngel PĆ©rez Pirela
Rebelión
Tenemos malas noticias para todo aquel que piense que la injerencia del siglo XXI por parte de las grandes potencias se ejecutarĆ” sólo a travĆ©s de golpes de Estado militares o privatización de nuestras economĆas internas.
No serĆ” Ćŗnicamente asĆ. Dichos mĆ©todos se practicaron exitosamente en los aƱos 70, 80, y 90, y dieron como resultado procesos de injerencia tan eficaces que llegaron a someter a paĆses enteros a las armas militares ó a las armas económicas.
Hoy dĆa el proceso de injerencia elegido no es otro que el de la desestructuración, o mĆ”s aĆŗn, la destrucción de los Estados Nación latinoamericanos. Existen ejemplos mĆ”s vistosos que otros, como el de la pseudo nación Camba en Bolivia, cuya finalidad Ćŗltima era, nada mĆ”s y nada menos, la división del Estado boliviano en dos Estados Naciones.
Todo ello corresponde a una estrategia bien concebida, segĆŗn la cual si los ciudadanos eligen democrĆ”ticamente a lĆderes progresistas de izquierda como gobernantes de los respectivos Estados, pues acĆ”bese con los Estados.
Contrariamente a lo que suele pensarse, el enemigo a atacar en esta nueva metodologĆa de injerencia, no son los lĆderes en cuanto tales: ChĆ”vez, Evo, Correa, etc. No. El objetivo elegido es precisamente el Estado y su soberanĆa, que no es otra cosa que la mezcla de tres elementos: lĆder, fronteras y armas comunes.
La injerencia en este siglo XXI, en aras de la destrucción del Estado, va a minar justamente uno o varios de estos tres aspectos a la vez.
En lo que respecta al caso venezolano, diversos intentos de destrucción del Estado se han puesto en marcha en los Ćŗltimos aƱos. Los intentos golpistas y desestabilizadores de un “oposicionismo” irracional dan muestra de ello: golpe de Estado del 11 de abril de 2002 y paro petrolero de 2003.
Pero existe una estrategia soƱada que, a pesar de haber dado tĆmidos e infructĆferos pasos, sigue pendiente en la agenda desestabilizadora de la derecha. Nos referimos al movimiento separatista de las oligarquĆas del estado Zulia. Movimiento regionalista que ha encontrado una nueva excusa, o mĆ”s aĆŗn, mĆ”scara de oxĆgeno en el tan sonado caso de corrupción de quien fue gobernador del Zulia y actual alcalde de Maracaibo: Manuel Rosales.
Basta un somero monitoreo de las empresas privadas de comunicación masiva para darnos cuenta que, lo que debiera ser un juicio contra presuntos actos de corrupción de un ciudadano venezolano, no ha tardado en convertirse en una afrenta contra la identidad, autonomĆa y cultura misma de los zulianos. ImagĆnense ustedes. Y todo por el simple hecho de ser uno de los lĆderes polĆticos de la derecha el protagonista de las investigaciones de dichos casos de corrupción.
Cuando el dedo señala a la luna, los estúpidos miran el dedo.
En este caso, con una preocupante velocidad el “oposicionismo” no tardó en olvidarse del caso de corrupción, para centrar toda su artillerĆa pesada mediĆ”tica en la denuncia al Presidente ChĆ”vez como autor de una persecución polĆtica atroz, a las Fuerzas Armadas Bolivarianas como garantes y escudo de dicha persecución, y a las fronteras venezolanas como culpables del hecho que el estado Zulia no sea un territorio separado del Estado venezolano.
En pocas palabras, la apertura de un proceso judicial por corrupción, parece haber desencadenado una avalancha mediĆ”tica nacional e internacional, cuya Ćŗnica e innegable finalidad Ćŗltima es el ataque frontal a un lĆder elegido democrĆ”ticamente, a las armas comunes venezolanas y a las fronteras ya establecidas de lo que hoy llamamos Venezuela. Dicho de otro modo, al Estado venezolano.
El dedo es Rosales. La Luna nuestra Nación venezolana.
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