Revolución complaciente


Viernes, 16 de Enero de 2009
Revolución complaciente
(MƔs que tolerantes, pendejos)
Por: Ricardo Abud

Tuve la oportunidad de realizar estudios de pre-grado y post-grado en la URSS, fueron dƭas gloriosos donde la fraternidad y la camarerƭa reinaban entre todos los estudiantes de diferentes continentes que hicimos vida en los aƱos 70-80 en esas latitudes, con algunas excepciones.

Recuerdo que los estudiantes mÔs difíciles eran los del continente africano, rara vez podíamos los latinos dirimir con ellos sin que en ocasiones nos tildaran de racistas. La universidad los apoyaba y les daba toda clase de garantías, los latinos, por ser estudiantes con algún nivel de preparación política, siempre terminÔbamos decepcionados ante la impunidad, los africanos eran intocables. El chantaje pasó a ser una modalidad entre estos compañeros estudiantes del continente africano hasta que un día, un venezolano, cansado de tanto atropello, reaccionó y le propinó una golpiza muy merecida a uno de ellos. Demostramos la culpabilidad del estudiante africano y con ello comenzó el fin de la impunidad.

¿Por quĆ© rememoro este pasaje de mi juventud? Hoy el proceso y proyecto polĆ­tico bolivariano es preso del chantaje, al cual se cede sin ningĆŗn tipo de reparo, ante la oposición. Con mucho asombro leĆ­a en la prensa (posteriormente lo publiquĆ© en Chamosaurio.com y Chamosaurio.org) el despido de mĆ”s de siete mil compaƱeros de la AlcaldĆ­a Mayor, de inmediato recordĆ© lo que la oposición llamó la Lista de Tascón, la cual muchos compaƱeros mal utilizaron y descontextualizando su carĆ”cter. Estos siete mil compaƱeros hoy se encuentran en la calle peleando por sus derechos. Sólo se perdieron pocos espacios, y ya la oposición comienza a desatar una cacerĆ­a de brujas y como es obvio, no hay información por los canales pro-yanquis. No mencionarĆ© la cantidad de infocentros que se han clausurado bajo el esquema del gobierno fascista que impera en el estado TĆ”chira, ni la cantidad de agresiones que viven los compaƱeros cubanos que laboran en la Misión Barrio Adentro. No quiero imaginarme por un momento lo que nos tocarĆ” vivir si perdemos la enmienda. Pero me pregunto: ¿cuĆ”ntos de estos compaƱeros que despidió el Alcalde Mayor se quedaron en sus casas el dĆ­a de las elecciones? El comodĆ­smo y el triunfalismo le estĆ” pasando factura, mejor dicho, la FALTA DE CONCIENCIA con que actuaron el dĆ­a de las elecciones.

Siempre he creído que todos tenemos el sagrado derecho constitucional al trabajo, pero debo reconocer que mezclar trabajo y activismo partidista no es bueno. Hoy sin asombro escucho, veo, percibo, que gran parte de la estructura de la administración pública sigue tomada por la oposición, desde donde cometen toda clase de violaciones a los derechos que nos consagra la Constitución. Jefes que a voz populi declaran su animadversión en contra del Gobierno y reprimen, sin reparo, a todo aquel que es afecto a la línea política de la Revolución bolivariana, los despiden, los marginan, muy a pesar de los niveles de preparación que puedan tener estos compañeros. Sabotean la gestión pública, no comulgan con los programas macro que emanan del alto Gobierno y hacen fracasar los buenos proyectos que el Ejecutivo pretende implantar para contribuir al desarrollo del país.

La administración pĆŗblica sigue dosificada de perversidad implacable, los sindicatos, al servicio de sus propios intereses, de ahĆ­ que las Misiones han sido la salida perfecta para impulsar al Estado venezolano. Nadie, pero nadie, quiere impulsar la reingenierĆ­a de la administración pĆŗblica, adecentando y sincerando su funcionamiento. La impunidad es la reina en la estructura administrativa perversa que “blindaron” en la Cuarta repĆŗblica. En ocasiones he escuchado y sentido a muchos compaƱeros que se quejan de los maltratos que reciben en sus puestos de trabajo, estos compaƱeros, revolucionarios en algunos casos, juegan al papel de opositores. Triste reflexión.

¿Hasta cuĆ”ndo seguiremos llevando carajazos? Es increĆ­ble la disposición que tienen los opositores a la Revolución bolivariana de reventarnos hasta vernos sangrar y nosotros como pendejos, seguimos jugando el juego democrĆ”tico que ellos mismos nos han impuesto. Nuestra vida revolucionaria la centramos en defendernos de los ataques, en complacerlos en todas sus malacrianzas, enfrascarnos en que entiendan que la Revolución es democrĆ”tica, mientras ellos desatan su furia fascista y antidemocrĆ”tica. Somos testigos de planes de saboteo, desestabilización, guarimbas, de guerras sucias y todavĆ­a no hay un solo detenido, es mĆ”s, protegemos a una desarmada clase de estudiantes burgueses para que jodan tranquilamente, todo en nombre de la democracia, mientras que en la Cuarta repĆŗblica la democracia que defienden estos degenerados, nos masacraban tan pronto salĆ­amos de nuestras instituciones educativas a marchar o protestar por la falta de dotación de nuestros laboratorios. La vaina es irónica.

Hoy la oposición es quien nos chantajea, y como rebaño de estúpidos, cedemos y cedemos a sus malacrianzas, la impunidad es la mejor arma que hoy manejan estos degenerados de la oposición. Han entendido que muchos que gobiernan son pusilÔnimes antes las vandÔlicas acciones que genera la oposición.

Estoy convencido de que si no tomamos acciones contundentes ante esta oposición irracional, podemos perder mÔs espacios, creo que llegó la hora de actuar como el Alcalde Mayor, como el gobernador de Miranda, como el gobernador del TÔchira, y deslastrarnos de todo aquello que represente oposición, como ellos han hecho con todo lo que representa Revolución. Debemos dejar de ser los pendejos tolerantes, no podemos seguir poniendo la otra mejilla para que nos golpeen.

Es hora de reaccionar de una vez y por todas, desenmascarar y desterrar a todos aquellos que desde adentro siguen atentando en contra de la Revolución bolivariana, replegar por la fuerza todo intento por desestabilizar al país, encarcelar a todo aquel que atente en contra de la institucionalidad democrÔtica de nuestro proyecto político. Hay que mirar muy de cerca el carÔcter fascista que hoy se vive en los espacios que ellos detentan y entender que esto sólo podría ser el preÔmbulo de una guerra civil. No podemos perder la consulta de la enmienda, de perderse, la destrucción serÔ inevitable. Es hora de frenar a los difíciles y someterlos por la fuerza como pretendió hacerlo con la Revolución el ex Fiscal de la República, Ramón Escobar Salom.

Si queremos construir una sociedad mƔs humana, justa, donde prevalezca la justicia social, debemos exterminar todo rastro de fascismo, de lo contrario, estamos condenados al fracaso.

¡Basta de chantaje, y de impunidad!

NO HAY NADA MƁS EXCLUYENTE QUE SER POBRE.

Patria, Socialismo o Muerte…
Venceremos

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