Sabado, 17 de Enero de 2009
Algunas preguntas sobre la guerra y el control de información
Por: Javier Couso Permuy
Rebelión
Los militares estadounidenses aprendieron una lección bĆ”sica en Vietnam; la falta de control en la información periodĆstica independiente puede hacerte perder una guerra.
Muchas de las crónicas o fotografĆas que los corresponsales mandaban desde Vietnam a los medios estadounidenses mostrando la cruda realidad de la guerra, influyeron poderosamente en la creación de un vigoroso movimiento anti guerra.
La masacre de Mai Lai o las fotos de los efectos de los bombardeos con Napalm en el cuerpo de una niƱa vietnamita que corrĆa aterrada por una carretera, golpearon como un mazo la conciencia de la sociedad civil estadounidense.
Todos lo ejĆ©rcitos del mundo entendieron entonces que una opinión pĆŗblica contraria a una guerra acaba paralizĆ”ndola. A partir de este momento los militares debĆan planificar la información, de la misma manera que se planifican las operaciones militares.
Malvinas, PanamĆ”, Granada, son ejemplos claros de cómo se permitĆa el acceso a la información solo a los periodistas simpatizantes con la causa, tutelados la mayorĆa de las veces por censores militares (los llamados POW). Y de cómo no se dudó en cortar de cuajo cualquier fuga de información, como bien aprendimos los espaƱoles con el asesinato a manos de militares estadounidenses del reportero grĆ”fico Juantxo RodrĆguez, enviado del periódico El PaĆs para cubrir la invasión de PanamĆ”.
La guerra del Golfo, tras la invasión de Kuwait, es un ejemplo palmario de control de la información. Por primera vez en la historia informativa, ningĆŗn reportero grĆ”fico tuvo acceso al frente de batalla. El mando de la coalición militar suministraba las Ćŗnicas imĆ”genes disponibles que luego la CNN se encargaba de transmitir al mundo. Solo un grupo de periodistas elegidos fue autorizado a entrar en Kuwait, permaneciendo la mayorĆa de los corresponsales en los paĆses limĆtrofes. El resultado fue una perfecta campaƱa de propaganda, donde las Ćŗnicas imĆ”genes que estaba autorizado a ver el resto del mundo eran las de las cĆ”maras en blanco y negro de los misiles o las tĆ©rmicas de las propias tropas. No habĆa sangre. La guerra tenĆa el aspecto de un videojuego. Los misiles eran inteligentes. No habĆa vĆctimas.
La situación informativa cambió antes de la invasión de AfganistĆ”n por la aparición del fenómeno Al Jazeera, cadena qatarĆ que con unos medios tĆ©cnicos y humanos tan buenos como los de la omnipresente CNN, colocaba las cĆ”maras del lado Ć”rabe. El control de la información se habĆa roto.
En la invasión de AfganistĆ”n, a los periodistas se les impidió entrar a cubrir las operaciones militares, llegando a ser secuestrados en bases militares estadounidenses, como le pasó al periodista J. Crawley, del San Diego Union Tribune, retenido en la base afgana de Camp Rhino. Las Ćŗnicas informaciones sin controlar que llegaban de territorio afgano eran las que suministraba Al Jazeera. Dos misiles estadounidenses acabaron con la sede de la cadena en Kabul. HabĆa que recuperar el control de la información.
El panorama que se presentaba para la invasión de Iraq era complicado para el ejĆ©rcito de Estados Unidos, a la actividad de las cadenas Ć”rabes se sumaba la actitud de muchos medios europeos e iberoamericanos que no se plegaban a la autocensura patriótica de los periodistas estadounidenses y pretendĆan informar desde el corazón de Iraq.
El PentĆ”gono encargó el diseƱo de la campaƱa de información a Victoria Clark, que intentó empotrar la información integrando a todos los corresponsales dentro de las unidades militares. A pesar de convencer a 700 periodistas, otros cientos se negaron a integrarse en la maquinaria de propaganda estadounidense tratando de hacer su trabajo desde el interior del paĆs, luchando contra la censura del gobierno iraquĆ e intentando ver por sus propios ojos lo que ocurre en una guerra. El resultado fue que por fin tuvimos imĆ”genes de bombardeos a zonas civiles. En la guerra volvĆa a haber sangre y los civiles, como siempre, se llevaban la peor parte.
El 8 de abril de 2003 supuso un hito en la represión del periodismo de guerra, cuando el ejĆ©rcito estadounidense realizó una operación militar contra TODOS los lugares donde se alojaba la prensa independiente en Bagdad. En apenas dos horas, la misma unidad atacó Al Jazeera, Abu Dhabi TV y el Hotel Palestina, sede de la mayorĆa de los periodistas que se encontraban en Iraq. El resultado; tres muertos y una veintena de heridos.
Se trataba de reconducir la situación, acabar con las imĆ”genes en directo y dar un aviso a quien pretendĆa apartarse de la doctrina informativa del PentĆ”gono.
Por desgracia, el 8 de abril supuso el comienzo de una campaƱa sistemĆ”tica contra el periodismo independiente en Iraq que a dĆa de hoy supone la mayor matanza de periodistas desde 1854 cuando surge el primer enviado especial a la guerra de Crimea.
Son ya 328 los profesionales de los medios informativos asesinados en Iraq, 298 de ellos iraquĆes.
Israel, en la agresión a LĆbano de 2006, intentó realizar la misma jugada. Entre los primero objetivos de sus bombardeos estaban la Radio y Televisión libanesas, radios cristianas y la televisión Al Manar. A la vez que se lanzaban estos ataques contra la libertad de información, se intentaba crear una campaƱa psicológica de inseguridad para que los corresponsales extranjeros no acudiesen a LĆbano. Fue un fracaso total. La televisión Al Manar volvĆa a emitir en pocos minutos y resultó ser una fuente de información que llegó a desplegar equipos en las zonas de combate del sur del paĆs, desmintiendo muchas veces las informaciones que hablaban de la toma de varios pueblos por parte del ejĆ©rcito israelĆ. Por otro lado, los medios internacionales acudieron en masa al paĆs para tratar de realizar su labor informativa en medio de los salvajes bombardeos contra las infraestructuras y las zonas civiles libanesas. El mundo se estremeció de nuevo con la realidad de la guerra.
En la nueva agresión a Gaza, Israel controla el territorio de este enorme gueto donde se hacinan mÔs de un millón de seres humanos, y estÔ completamente decidido a impedir el ejercicio del periodismo libre e independiente.
Desde noviembre de 2008 prohĆbe la entrada de corresponsales en la franja de Gaza a pesar de una condena en contra de los tribunales israelĆes, y ya con la campaƱa terrestre en marcha, solo permite la labor de los periodistas en lugares decididos por ellos a kilómetros de distancia de los combates.
Las Ćŗnicas informaciones que nos llegan hoy del corazón de Gaza parten en la mayorĆa de los casos, otra vez, de los periodistas Ć”rabes que siguen jugĆ”ndose la vida para que sepamos lo que pasa en este lugar del mundo donde no se disfruta la paz.
Sirvan estas letras como homenaje a estos profesionales que se dejan la piel en defensa de la libertad de información y permĆtanme que realice unas preguntas a la mayorĆa de medios de comunicación occidentales y a la inmensa mayorĆa de las asociaciones de prensa:
-¿CuĆ”l es la razón para que no condenen todos los dĆas la mayor matanza de periodistas desde que existe el periodismo de guerra?
-¿Por quĆ© no acusan de liberticida o campeón de la censura y asesinato de periodistas al gobierno y ejercito de Estados Unidos, responsable Ćŗltimo de la invasión y ocupación de Iraq, como hacen con otros gobiernos mĆ”s pequeƱos?
-¿Por quĆ© no rellenan cientos de pĆ”ginas contra la censura militar israelĆ como he visto en otros casos, curiosamente tambiĆ©n de paĆses pequeƱos?
-¿Valen menos los periodistas Ć”rabes que los de nacionalidad estadounidense o israelĆ?
Su ausencia, su timorata condena, su complacencia, me hacen pensar que a ustedes les importan mÔs los intereses que defienden que una verdadera libertad de información.
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