Dignidad vs. Poder: Irán en el Ojo del Huracán


Por: Ricardo Abud 

Cuando Donald Trump declaró que los iraníes "son duros y quieren pelear", (https://chamosaurio.blogspot.com/2026/03/trump-sobre-iran-son-duros-y-quieren.html) utilizó el único vocabulario que conoce la política de fuerza: el de la amenaza, la coerción y la demostración muscular.

Sin embargo, lo que Trump interpreta como belicosidad es, desde una lectura honesta del contexto histórico y cultural, algo radicalmente distinto: es dignidad nacional forjada en siglos de resistencia, invasiones, humillaciones coloniales y traiciones diplomáticas.

Una de las mayores distorsiones del relato dominante es presentar el conflicto actual como si surgiera de la naturaleza "agresiva" del régimen iraní. La cronología honesta dice otra cosa.

Irán firmó el acuerdo nuclear JCPOA (Joint Comprehensive Plan of Action) en 2015, sometiéndose a una de las inspecciones más rigurosas de la historia de la no proliferación nuclear. En 2018, Estados Unidos ,no Irán, se retiró unilateralmente del acuerdo bajo la administración Trump, imponiendo sanciones devastadoras que golpearon directamente a la población civil iraní.

En enero de 2020, un dron estadounidense asesinó al General Qasem Soleimani en territorio iraquí, un acto que en cualquier otro contexto sería calificado sin ambigüedad como un acto de guerra. Irán respondió con contención relativa, precisamente porque no buscaba una guerra abierta.

Si a esto se suman décadas de operaciones encubiertas israelíes dentro de territorio iraní ,asesinatos de científicos nucleares, sabotajes, ataques de infraestructura, el cuadro que emerge no es el de un Irán agresor, sino el de un Estado que ha absorbido golpes repetidos mientras intentaba mantener canales diplomáticos abiertos.

Iniciar conversaciones nucleares en medio de operaciones militares activas no es negociación: es humillación calculada.

Trump usa la palabra "duros" como si fuera un insulto o una advertencia. Lo que no entiende ,y este es quizás su déficit más profundo, es que para Irán, resistir no es una postura táctica. Es una identidad.

La Revolución de 1979 no fue solo un cambio de régimen. Fue el rechazo explícito de una modernidad impuesta desde afuera, encarnada en el Sha Reza Pahlavi, quien era sostenido por Washington y Londres con fondos, armas e inteligencia. El pueblo iraní derrocó a ese orden no porque fuera irracional, sino porque entendió que la soberanía vale más que la prosperidad administrada por otros.

Ese núcleo de la identidad revolucionaria iraní ,que puede resumirse en la frase "ni Este ni Oeste", es lo que Trump confunde con dureza. No es dureza. Es la negativa a arrodillarse.

La dignidad, en política, es la capacidad de un pueblo de definir sus propios términos de existencia. Es lo opuesto a la obediencia comprada. Es lo que hace que un país prefiera sanciones, aislamiento y presión militar antes que renunciar a su derecho a existir en sus propios términos. Lamentablemente hay excepciones muy penosas. 

Irán opera en un entorno geopolítico extraordinariamente hostil que rara vez se menciona en el análisis occidental.

Tiene bases militares estadounidenses en prácticamente todos sus países vecinos: Iraq, Kuwait, Bahréin, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Afganistán ,hasta hace poco, y Turquía dentro de la OTAN. Israel posee capacidad nuclear no declarada, estimada en entre 80 y 400 ojivas, sin pertenecer al Tratado de No Proliferación Nuclear y sin inspecciones internacionales.

En ese contexto, la búsqueda iraní de capacidad disuasoria ,sea nuclear o convencional, no es la conducta de un Estado irracional. Es la respuesta lógica de un Estado que ha visto lo que le pasó a Iraq, a Libia y a Siria: países que lo desarmaron sus programas de armas o fueron debilitados hasta la fragmentación, precisamente porque no tenían disuasión suficiente.

La soberanía iraní no es retórica. Es una necesidad de supervivencia en un vecindario militarizado por potencias externas.

Es cierto que el gobierno iraní enfrenta disidencia interna significativa, especialmente entre las generaciones más jóvenes. El movimiento "Mujer, Vida, Libertad" demostró que hay tensiones reales y profundas dentro de la sociedad iraní.

Sin embargo, sería un error ,y una forma de condescendencia, concluir de eso que el apoyo a la Revolución es puro miedo o manipulación.

Existe en Irán una corriente genuina y profunda de identificación con el proyecto revolucionario, no necesariamente como aprobación de cada política del gobierno, sino como adhesión a una idea: la de que Irán tiene derecho a ser Irán, sin tutela exterior. Millones de iraníes que critican internamente al gobierno serían los primeros en resistir una invasión extranjera. Eso no es paradoja: es patriotismo, el mismo que existe en cualquier nación del mundo. 

Creer en sus líderes, en el contexto iraní, no significa obediencia ciega. Significa confiar en que existe una dirección que prioriza la integridad nacional sobre la rendición cómoda. Es una apuesta histórica que Occidente no tiene derecho a juzgar cuando su propia historia está llena de guerras de elección, golpes de Estado financiados y dobles estándares nucleares.

Ningún análisis honesto de esta situación puede ignorar la arquitectura de doble estándar que la sostiene.

Israel puede atacar instalaciones iraníes, asesinar a sus científicos, bombardear sus aliados en Siria y Gaza, y todo eso se llama "defensa". Irán responde con misiles tras un ataque en su embajada en Damasco, y eso se llama "agresión".

Estados Unidos puede tener miles de cabezas nucleares, retirarse de tratados internacionales, matar a un general extranjero con un dron y sancionar a un país hasta asfixiar a su población civil, y eso se llama "política exterior". Irán enriquece uranio dentro de su propio territorio y eso se llama "amenaza existencial".

Esta asimetría no es accidental. Es estructural. Sirve para mantener un orden en el que ciertos Estados tienen el derecho inherente de definir las reglas de seguridad regional, y otros deben simplemente obedecer.

Irán se niega a aceptar ese orden. Eso no es terrorismo. Es la misma lógica que llevó a cualquier nación a declarar su independencia a lo largo de la historia.

Trump puede movilizar el ejército más poderoso del mundo. Puede imponer sanciones que destruyen economías. Puede asesinar líderes con impunidad tecnológica. Lo que no puede hacer es comprar, bombardear o sancionar la dignidad de un pueblo.

La dignidad no es un recurso natural que se agota. Es un principio que se fortalece bajo presión. Cada sanción que empobrece a un iraní ordinario, cada científico asesinado en su camino al trabajo, cada negociación rota por un ataque militar, refuerza en la conciencia colectiva iraní la convicción de que la rendición nunca será opción.

Trump llama a eso "dureza". La historia tiene otro nombre para ello.

Se llama resistencia. Se llama dignidad. Se llama soberanía.

Y esas tres palabras, al final, pesan más que cualquier portaaviones.ç

NO HAY NADA MÁS EXCLUYENTE QUE SER POBRE 



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