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Siete victorias prometidas y no conquistadas por el antichavismo

Desde aquella convocatoria realizada por los líderes del antichavismo hacia el centro de Caracas el 4 de abril, una agenda de objetivos tácticos ha sido trazada como imprescindible para lograr un objetivo estratégico: derrocar al chavismo del poder.

Trofeos de guerra y los costos políticos

Empezando el mes de junio ya se cumplen dos meses desde que el Departamento de Estado de EEUU y sus operadores locales (la MUD, o lo que queda de ella) intentan imponer a Venezuela una salida violenta y caótica al conflicto político, cancelando de facto cualquier espacio de diálogo o negociación política propuesto por el Gobierno.

Un saldo de más de 60 fallecidos entre sicariatos, barricadas, francotiradores y esferas metálicas disparadas por armas de fabricación casera, más de 1 mil comercios destruidos en varios estados del occidente venezolano, más de 50 mil millones de bolívares en pérdidas materiales, ciudades sitiadas por la violencia armada como los Altos Mirandinos, Barinas y Táchira, escenifican los trofeos de guerra que el antichavismo puede exhibir a dos meses de confrontación.

Sin embargo, son trofeos de veloz caducidad. Luego de ser llevados en la maleta para su exposición en el Parlamento Europeo, la OEA o el Congreso de Estados Unidos, a modo de rendición de cuentas, suelen pasar al olvido ante la memoria cortoplacista de las redes sociales y su abuso por parte de los dirigentes opositores.

De eso que llaman los analistas políticos del antichavismo, "elevar los costos de salida del Gobierno", a precio de muertes y caos inducido, más que dar cuenta de una brillante estrategia encubre un efecto búmeran importante: si esa violencia programada no se traduce en victorias tácticas los únicos costos políticos que aumentan son los de los líderes de la oposición. Caso Leopoldo López o Daniel Ceballos expresan la velocidad que puede agarrar ese búmeran.

Los sectores más radicales de la oposición venezolana no han podido traducir la violencia focalizada en las calles en victorias políticas, lo suficientemente sólidas para ser mostradas como factor de moralización y motivación a sus fanatizados seguidores.

Incluso la distancia entre el verbo y la realidad, de utilizar la promesa del inminente desenlace como mecanismo para distraer a sus seguidores de los objetivos no concretados, les juega peligrosamente en contra y aumenta los costos políticos de participar en elecciones o instancias de diálogo con el Gobierno, como en cualquier otro país del mundo políticos hacen oposición.

Objetivos no conquistados

1. Doblegar al Defensor del Pueblo. Los factores radicales de la MUD se plantearon como un objetivo táctico imprescindible la presión mediática y de calle hacia el Defensor del Pueblo, Tarek William Saab, con miras a forzarlo a que emitiera una calificación negativa de los magistrados del TSJ que posibilitara la apertura de un procedimiento de destitución desde la Asamblea Nacional (en situación de desacato), buscando cobrar venganza por las sentencias 155 y 156.

Todos los mecanismos fueron utilizados: recolección de firmas por redes sociales, convocatorias a marchas, presión mediática y tocar su entorno familiar utilizando a uno de sus hijos, esta última acción celebrada como una "victoria" por parte de los dirigentes de oposición. Aunque sea una obviedad vale la pena destacarla: hoy Tarek William Saab sigue siendo Defensor del Pueblo, el TSJ continúa en funciones constitucionales y la Asamblea Nacional en desacato.

2. Apoyo total de la OEA. La violencia callejera generada el 4 de abril tuvo como antecedente una reunión (ilegal) el día anterior del Consejo Permanente de la OEA, donde se le otorgó aval diplomático e impulso internacional a la agenda de golpe de Estado a través de una resolución que califica en Venezuela una ruptura del orden constitucional. Julio Borges se reunió con Luis Almagro los primeros días de mayo con el objetivo de continuar la agenda de presión a lo interno del organismo para conducirla hacia la aplicación de sanciones. Las cuatro reuniones de la OEA durante en los últimos dos meses concluyeron sin un consenso mayoritario para hacer del cerco diplomático contra Venezuela una política incuestionable y mayoritaria.

Destaca la reunión de consulta de cancilleres celebrada hace dos días (31 de mayo), suspendida ante la imposibilidad de Estados Unidos y sus aliados de dirigir al organismo hacia el desconocimiento del Estado venezolano. El llamado a la no intervención en los asuntos internos de Venezuela y al diálogo por países suramericanos y del Caribe fue factor clave para aplazar la reunión, donde quedaron malbaratados importantes cartuchos políticos y mediáticos y un intenso trabajo de lobby invertido en llevarla a cabo. Luego de dos meses de violencia y caos focalizado la influencia regional de Venezuela sigue limitando el asedio diplomático que busca agudizarse en su contra.

3. A falta de OEA, llevar el conflicto a la ONU. Por falta de mérito, por necesidad de recursos financieros o por la ineficacia política de la OEA, o en una combinación de todas, la oposición ha intentado internacionalizar el conflicto político para ganar par de pasos de ventaja sobre el Gobierno. El punto clímax fue el amague de que el "tema Venezuela" sería tratado como tema en el Consejo de Seguridad de la ONU, el pasado 17 de mayo, cuando en realidad nunca estuvo en agenda por más presiones que realizara Estados Unidos, según lo ratificado por el presidente del propio Consejo.

Aunado al último fiasco en la OEA el 31 de mayo, Venezuela ganó con el 95% de los votos de la Asamblea General de la ONU, el derecho a ejercer la presidencia del Comité de Desconolización, contra las presiones de Estados Unidos denunciadas por la canciller Delcy Rodríguez. Venezuela forma parte, además, del Consejo de Derechos Humanos de la ONU junto a 70 países.

4. Bloqueo financiero. Durante mediados de abril Julio Borges asumió por cuenta propia la estrategia de bloqueo financiero, enviando más de 12 cartas a grandes bancos internacionales para que se abstuvieran de dar financiamiento al país en un momento urgente, bajo la amenaza de no ser reconocidas sus inversiones en un próximo gobierno dirigido por ellos. La semana pasada grandes bancos globales como Goldman Sachs (EEUU) y Nomura (Japón) compraron bonos Pdvsa en una operación no directamente relacionada con el Gobierno venezolano por un monto superior a los 800 millones de dólares.

Ninguna de estas presiones encabezada por el presidente de la Asamblea Nacional tuvo efecto sobre agentes económicos del gran capital internacional, que sin pararse en sus opiniones y agendas particulares decidieron invertir en los bonos petroleros venezolanos. Esta derrota política en el frente financiero quedó manifestada no por el hecho en sí, sino por los virulentos ataques contra Goldman Sachs y Nomura, amenazándolos con investigaciones en el Congreso de Estados Unidos y con declarar inexistentes sus inversiones en un gobierno del antichavismo. Para ellos asfixiar financieramente a la población venezolana era un victoria política que no llegó.

5. Movilizar a los barrios. En distintas convocatorias la oposición venezolana ha colocado como puntos de salida barriadas populares de la Gran Caracas, en un intento desesperado por ampliar su base de apoyo más allá de las urbanizaciones de clase media y proyectar en la opinión pública que los sectores populares ya no apoyan al chavismo. Sin embargo, sus movilizaciones, barricadas y actos violentos siguen nutriéndose de la misma base social que desde el año 2002 adversa al Gobierno Bolivariano. En las pocas oportunidades en que han declarado a los barrios en supuesta resistencia (caso El Valle o San Martín cerca de El Guarataro) ha sido para legitimar y luego deslindarse de saqueos y guarimbas que generan rechazo de la comunidad por los daños ocasionados.

6. Elecciones generales. La agenda local e internacional de golpe de Estado pretende forzar a la institucionalidad venezolana a convocar unas "elecciones generales" que no están previstas en la Constitución, bajo el cálculo de que la oposición barrería al chavismo de todas las instancias de poder. Pero este objetivo no sólo no lo han logrado.

Ante la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente por parte del Jefe de Estado venezolano y la del CNE de las elecciones regionales, la oposición ha quedado entrampada entre dos decisiones que ostentan altos costos políticos: ir por la captura de espacios de poder (gobernaciones, consejos legislativos y diputados constituyentes) a riesgo de ser repudiados por sus fanatizados seguidores (que seguramente los tildarán de traidores y colaboracionistas) o no ir a los eventos electorales para complacerlos y pagar los costos del aislamiento político e institucional en el mediano y largo plazo, aunque su agenda (o la que le imponen desde afuera) no sea electoral.

7. Extras y comentario final. Otros objetivos de la agenda destituyente del antichavismo -como el canal humanitario, la liberación de los presos políticos y el respeto a la Asamblea Nacional- tampoco han sido cristalizados a dos meses de violencia política y confrontación callejera. A modo de balance, quizás el dato que mejor explica el no lugar político en el que se encuentra hoy la oposición, es aquello que exhiben como victorias actuales y próximas.

A falta de todo lo no conquistado, de una OEA enfilada, un Consejo de Seguridad discutiendo la situación y barrios en llamas, sólo queda el conformismo de las sanciones del Departamento del Tesoro contra el TSJ, los proyectos para ampliarlas desde el Congreso de Estados Unidos y la exigencia de Julio Borges para que el Parlamento Europeo las emule. Nada de esto implica mérito propio de la oposición más que como receptora (a falta de alguien más) de oxígeno político desde el extranjero.

Según los últimos sondeos de Hinterlaces en estos dos meses de confrontación, 89% de los venezolanos rechaza una intervención extranjera y 8 de cada 10 actos de terrorismo y/o vandalismo, dato que evidencia la imposibilidad de instalar un clima de violencia masivo que estremezca al país de punta a punta. Y a medida que avanza el tiempo y se acercan los eventos electorales fijados por el CNE, no sólo existe la peligrosa posibilidad de que el desgaste del frente ciudadano se traduzca en una escala mayor de violencia armada para recuperar la ofensiva, sino también que los costos políticos de asumir una decisión contraria a la confrontación, ante su propia base simpatizante, sean tan altos que no sobrevivan a la caída.


Por los datos y señales que va emitiendo la realidad actual, las declaraciones de los actores de poder internacional y el tono que marcan a lo interno los dirigentes opositores, está a la vista que el plan global contra Venezuela no es estrictamente electoral y también los tiene a ellos como fichas sustituibles.

Fuente: http://misionverdad.com/COLUMNISTAS/7-victorias-prometidas-y-no-conquistadas-por-el-antichavismo
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About Ricardo Abud (Chamosaurio)

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