Se trata de una cuestión de poder
Por: Mario forti


Se trata de una cuestión de poder. La convocatoria a la calle por ChĆ”vez nadie lo duda, la de los que lo representan en cargos pĆŗblicos y dentro del partido, no tienen la legitimidad del primer mandatario. Contradicción que ofrece material bastante para el debate de las ideas. ¿Por quĆ© perduran ilegĆ­timas ante el poder popular autoridades que estĆ”n amarradas al burocratismo y a la corrupción?
 Esta serĆ­a una muestra de las cuestiones que nos debemos hacer ante la situación del partido actualmente y frente a futuras elecciones internas.

Revisión de la estructura partidista para llegar a la meta revolucionaria de dignificar la dirección política del partido, y por ende del país. Una vez lograda la tan cacareada unidad de las bases con los cuadros medios, la conexión con las autoridades nacionales serÔ mÔs evidente y así el poder popular saldrÔ fortalecido realmente. A partir de aquí puede profundizarse en la esfera educativa, ética y políticamente; y a partir de las unidades bÔsicas de organización comunal.

Cada comisión de educación y formación de los consejos comunales deberĆ­a poder transformarse en una “escuela de cuadros” comunal. Y desde esta perspectiva, no habrĆ” espacio para la disidencia, la fragmentación y el divisionismo. Fortalecido el pueblo con las herramientas bĆ”sicas para la lucha revolucionaria el camino es fortalecerle. El autogobierno se genera desde una perspectiva horizontal de intercambio de saberes y aprendizajes, de tal forma que su resultado mĆ”s obvio se la globalización de la solidaridad.

Nuestro partido sin dejar de ser nacional no deja de estar inscrito en la dinƔmica de bloques de naciones que buscan una respuesta a la crisis que azota a todos y en todas partes. Pero no puede haber un internacionalismo consecuente, si en las bases existe una crisis de legitimidad de autoridades. De ahƭ que surjan las corrientes internas no siempre afluyendo al tronco central del partido.

No podemos hablar de unidad cuando dentro nuestro todavía estamos sometidos a cualquier tipo de incertidumbre. Debemos ser asertivos y afirmar nuestra voluntad política perfeccionando nuestra eficiencia en la resolución de los conflictos mÔs íntimos. Disuelta la dificultad de no sentirse dignamente representado el poder popular se lanza sobre las metas como un solo cuerpo con las autoridades locales, estadales y nacionales. UnificÔndose el criterio político porque se ha asimilado la doctrina que le sirve de conducción del proyecto colectivo revolucionario.

Mientras no podamos resolver los conflictos de poder dentro de nuestra propia parroquia ¿cómo podremos afirmar unidades nacionales? El cuerpo de batalla del partido en la Asamblea Nacional, en el Ejecutivo y en las autoridades del PSUV debe conformar una sola entidad que sigue la consigna del poder popular organizado. Relegitimado el poder del pueblo en el partido y sus autoridades locales, regionales y nacionales habrĆ” de oĆ­rse mĆ”s clara la voz del poder popular, sin menos cabo de que sea una falsa voz, con falsos intĆ©rpretes gasificando el proceso revolucionario.

La unidad orgÔnica que buscamos depende del grado de cohesión moral que prive en la mayoría de militantes. MÔs allÔ de la conflagración de partidos y corrientes políticas en el PSUV lo vital es la capacidad en poder articular las fuerzas de forma eficaz y eficiente a fin de obtener como resultado no sólo sincronización sino armonía del organismo en cuestión. Sólo así habrÔ fluidez en el movimiento y dinamismo en la acción, la idea fundamental habrÔ sido asimilada, los modelos que nacerÔn servirÔn para robustecer al poder popular y a la democracia directa que vaya dando a luz.

La unidad del poder popular es imprescindible si queremos ganar las próximas elecciones presidenciales, si queremos combatir con éxito la conspiración mundial contra de nuestros proyectos sociales. Y fundamental, lo es, para consolidar las bases éticas y políticas ratificadas desde Abril pasado en la materialización de los Estautos del partido. Que no quede en letra muerta depende de nosotros y de cómo nos articulamos para animar un organismo vivo despertando en conciencia moral y revolucionaria para los desafíos del próximo decenio. Hemos caminado durante tres años y debemos depurarnos y afirmarnos en las fuentes de vida que son las comunidades a fin de elevarnos dignos de participar y protagonizar los designios de la mayoría organizada.



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