El complejo camino hacia la supresión de los visados entre la UE y Rusia
Por: Andrei Fediashin,
RIA Novosti
Cuanto mƔs insiste Rusia en suprimir los visados de negocios con la UE (los turistas no tienen grandes problemas para entrar en Europa), menos claro estƔ si se cumplirƔn sus deseos.
TodavĆa ningĆŗn polĆtico de la UE ha arrojado luz alguna sobre esta complicada cuestión. En general, nadie estĆ” en contra, todos estĆ”n parcialmente a favor, pero con ciertos matices, y siempre para mĆ”s tarde.
La canciller alemana, Angela Merkel, que estuvo de visita en Lituania (6 de septiembre) y Letonia (7 de septiembre), ha anunciado que el asunto de los visados para los rusos puede "tener un desarrollo prolongado", pero solamente para los ciudadanos de Kaliningrado, no se sabe para cuÔndo, y, claro estÔ, el acceso al territorio alemÔn tendrÔ sus limitaciones. No aclaró mÔs cuestiones.
En este tema falta comprensión mutua. Por ejemplo, hace poco, el ministro ruso de Asuntos Exteriores Serguei Lavrov, en un encuentro con su homólogo polaco Radoslaw Sikorski en Varsovia (2 de septiembre), dijo que Rusia esperaba una respuesta rÔpida y positiva de Bruselas acerca de su proyecto de acuerdo sobre la supresión de visados, añadiendo que Polonia apoyaba el proyecto. Luego resultó que no era asà del todo.
De momento, Polonia estÔ a favor de la simplificación de las reglas para la concesión de visados a una parte de los vecinos de Kaliningrado. Varsovia y Vilnius ofrecen dos puertas a Europa para Kaliningrado: a 50 km, Polonia y a 30 km, Lituania. Con este "visado restringido", sólo los vecinos de Kaliningrado que vivan a 30 ó 50 kilómetros de la frontera, tendrÔn derecho a entrar en estos territorios vecinos a esta misma distancia mediante el uso de permisos especiales. En realidad esto no se parece mucho a un régimen sin visados, mÔs bien no se parece en nada.
Aunque Sikorski aprovecha de cada ocasión para subrayar que Polonia apoya la supresión de visados con Rusia, este "apoyo", como dijo un alto funcionario de la UE, no especifica nada en concreto. "Sikorski sabe muy bien que puede dar a Rusia todo tipo de promesas, pero que dentro de la UE hay una fuerte resistencia a este asunto".
Si analizamos detenidamente la postura de Polonia respecto a la entrada de Rusia en la zona de Schengen, veremos que tiene muchas condiciones y limitaciones contradictorias y que serĆ” casi imposible cumplirlas. Resulta que estamos viendo el mismo asunto desde dos puntos de vista, dos espacios, dos mundos polĆticos muy diferentes. Es una posición muy sutil, muy tĆpica de la diplomacia. El "apoyo" polaco serĆ” vĆ”lido sólo a condición de que la UE suprima simultĆ”neamente los visados tanto con Rusia como con Armenia, AzerbaiyĆ”n, Bielorrusia, Moldavia y Ucrania. Sikorski mismo afirma que de lo contrario "emitirĆamos una seƱal incorrecta" a los demĆ”s vecinos post-soviĆ©ticos de la UE. Resulta, pues, que hay que hacerlo una vez para todos. Hoy, los franceses, italianos, alemanes, daneses y belgas estĆ”n expulsando de la zona de Schengen a los gitanos y aprietan las tuercas en la polĆtica de inmigración. ParĆs protesta contra la admisión en la zona Schengen de Bulgaria y Rumania. No quiere ni oĆr hablar de abrir las puertas a los paĆses con problemas, con alta densidad de población y aspiraciones a entrar en Europa. SerĆa un contrasentido hacerlo.
AdemĆ”s, en Bruselas se admite a tĆtulo no oficial que la supresión de visados con Rusia es un tema muy importante en las negociaciones sobre la futura cooperación estratĆ©gica, sobre la seguridad energĆ©tica y la apertura de sus mercados, entre otros temas. Parece absurdo echar por la borda una carta de tanto valor que puede ser utilizada en la resolución de cuestiones importantes.
Rusia hizo hincapié en su deseo de suprimir los visados al entregar Serguei Lavrov a la UE el proyecto de acuerdo sobre la supresión de los mismos en la última cumbre Bruselas-Moscú en la ciudad rusa de Rostov del Don.
Pero, quizĆ”s, el momento no era el mĆ”s apropiado, ya que coincidió con una nueva ola de rechazo de inmigrantes por parte de Europa. AdemĆ”s, hoy en dĆa, la hostilidad hacia los inmigrantes de Europa del Este (que surgió despuĆ©s de la admisión en la UE de los ex-paĆses socialistas) es mayor que la intolerancia hacia los inmigrantes de las antiguas colonias.
Rusia suele ver sus relaciones con Europa de color de rosa y espera lo mismo de Europa. Pero en Bruselas consideran que Moscú estÔ exagerando sus logros en el campo legal (ley de readmisión, pasaportes biométricos, control de fronteras) y aún mÔs en el campo de lucha contra la criminalidad y la corrupción, el desarrollo económico, el respeto a los derechos humanos, la democracia, las libertades civiles, etc.

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