La OCS. Una especie de ONU para la región de Asia Central
Por: Tatiana Sinitsyna*,
RIA Novosti.
Según estipula la Carta de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), el país que ejerce la presidencia ha de acoger la cumbre que reúne a sus miembros.
En junio del año pasado, la presidencia fue asumida por Uzbekistán, por lo que los líderes de los seis países miembros se reunirán entre el 10 y el 11 de junio en Tashkent.
Estos foros anuales de la OCS suelen atraer la atención de los medios de comunicación internacionales. El año pasado, a la cumbre de Ekaterimburgo (los Urales, Rusia) volaron más de 700 periodistas de todos los continentes que luego, cual laboriosas abejas, volvieron a sus colmenas con su rica miel informativa. Y lo importante no fueron sus valoraciones, sino el interés que mostraron por el evento en sí.
Un interés que, probablemente, tenga mucho que ver con el atractivo velo de secreto que rodea a la OCS. En Ekaterimburgo, por ejemplo, se pudieron escuchar las quejas de los periodistas extranjeros acreditados, incapaces de entender el sentido y los objetivos de esta organización insondable y extraña.
De hecho, en Occidente la opinión más común sobre la Organización de Cooperación de Shanghai es la de una alianza incomprensible y peligrosa. En términos parecidos, a los que añadió el calificativo de imponente, se expresó la catedrática parisina, Catherine Pujol, en la conferencia sobre la OCS, celebrada el año pasado.
El adjetivo de imponente es, desde luego, exacto, ya que la superficie de los miembros de la OCS ocupa las tres quintas partes del continente euroasiático (unos 30 millones de km2) y su población representa una cuarta parte del total mundial. El adjetivo de "peligroso" podría calificarse de injusto, ya que evidencia una escasa comprensión de los principios y valores de la OCS, así como una falta de información objetiva sobre esta organización.
Veamos, pues, qué representa esta organización que tantas pasiones ha despertado en la comunidad internacional. La Organización de Cooperación de Shanghai fue creada en esta ciudad china el 15 de junio de 2001 por los países del Asia Central empujados por la especial coyuntura política en esa región.
En aquellos momentos era necesario adoptar medidas conjuntas encaminadas a prevenir las manifestaciones de terrorismo y extremismo tanto en el interior como en las fronteras de los Estados de la zona recién advenidos a la independencia política. Primero se unió "el quinteto de Shanghai": Kazajstán, Kirguizistán, China, Rusia y Tayikistán. Un año después, tras la adhesión de Uzbekistán, la organización pasó a denominarse "Organización de Cooperación de Shanghai". En junio de 2002, los líderes de los países miembros firmaron en San Petersburgo el documento fundacional de la organización, la Carta de la OCS.
En 2006, la OCS anunció sus planes en la esfera de lucha contra el narcotráfico internacional, estimando que era una fuente de apoyo financiero al terrorismo y, en 2008, manifestó su determinación de participar enérgicamente en la solución del problema afgano. Al mismo tiempo, la Organización ha ido desarrollando la cooperación económica entre sus miembros. El objetivo a largo plazo consiste en crear zonas de libre comercio en el espacio de la OSC. Mientras que, a corto plazo, se procurará incentivar el intercambio comercial y las inversiones.
La sede de la OCS está situada en Pekín. Además de los seis Estados miembros, la organización tiene en su estructura a cuatro observadores: India, Irán, Mongolia y Paquistán, así como a dos países asociados, que son Bielorrusia y Sri Lanka. De esta forma, esta organización despliega sus actividades a lo largo de la mayor parte de la zona euroasiática.
Con la creación de la OCS surgió el concepto del "espíritu de Shanghai", que engloba el ambiente de consenso reinante y el código de conducta de sus miembros, basado en la comunicación, el respeto mutuo, la confianza recíproca y la tolerancia. Se promueve así un diálogo eficaz, un desarrollo conjunto y un intercambio de valores humanitarios.
La creación de esta organización fue interpretada automáticamente en Occidente como una especie de OTAN oriental. No obstante, la OCS no es un puño apretado y amenazador; al contrario, es una alianza de países unidos para poder afrontar mejor los retos contemporáneos. Además de ser una nueva herramienta que permite ofrecer soluciones a los problemas actuales derivados de un mundo multipolar.
La filosofía de la OCS se basa en los principios del Derecho Internacional y de la Carta de las Naciones Unidas. La OCS es una organización totalmente transparente y está orientada a una amplia cooperación internacional para quien esté interesado en ella. Tiene dos lenguas oficiales, el ruso y el chino, y dos órganos permanentes: el Secretariado, que está en Pekín, y el Comité Ejecutivo de la Oficina Regional Antiterrorista, en Tashkent.
En el ámbito económico, operan dos estructuras: el Consejo de Negocios y la Asociación Interbancaria de la OCS, con sus respectivas sedes en Moscú. Los miembros de la OCS están comprometidos, además, en la cooperación científico-técnica, cultural, educativa y humanitaria. Existen, por último, una estructura juvenil, un Club energético y, en otoño, arrancará el proyecto piloto de una Universidad de la OCS.
A primera vista, podría parecer que la composición de la OCS no es muy equilibrada, porque, junto a dos superpotencias como China y Rusia, en la organización hay cuatro pequeños nuevos Estados de Asia Central. Sin embargo, el antes mencionado espíritu de Shanghai hace que, en la toma de decisiones, no existan miembros más importantes que otros en razón a su peso político y económico. De este modo, a la hora de elaborar y adoptar decisiones, cuenta igual el punto de vista del pequeño Tayikistán que el de China, con sus más de mil millones de habitantes.
No deja de resultar curioso, por otro lado, el cambio operado en la prensa occidental en los últimos tiempos, del temor a la alabanza a la OCS. A la anteriormente citada, Catherin Pujol, seguramente le habrá sorprendido la opinión de otro francés, Richard Colas, colaborador habitual de la revista L'Essentiel des Relations Internationales. En abril de este año, la revista publicaba un artículo dedicado a la OCS en el que decía, entre otras cosas, que "se trata de una organización internacional madura, influyente y atractiva para muchos países". Según la revista, la OCS "busca establecer un nuevo orden económico y político, equilibrado y razonable, no sólo en Asia, sino en todo el mundo, garantizando así la seguridad en la región". Se trata de un punto de vista revolucionario, si lo comparamos con la valoración que de esta organización se hacía hace no demasiado tiempo.
Desde hace casi un año, la presidencia de la OCS está en manos de Uzbekistán, una de cuyas virtudes ha sido lograr abordar cuestiones concretas. Se puede decir que, a pesar de las discusiones más o menos encendidas, la caravana ha seguido el rumbo programado. Y así, en el curso de la visita del Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, a Uzbekistán, se firmó una declaración de colaboración entre los secretariados de la ONU y de la OCS, que ha enriquecido el activo de las relaciones internacionales del "sexteto de Shanghai". Algunos de los organismos especializados de las Naciones Unidas -como la Comisión Económica y Social para Asia y el Pacífico (CESPAP), la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) o el Centro Regional de las Naciones Unidas para la Diplomacia Preventiva en Asia Central- ya habían colaborado con la OCS. La declaración de Tashkent tiene, sin embargo, un significado especial, por cuanto supone la concreción jurídica de estas relaciones, lo cual viene a implicar el reforzamiento del diálogo entre ambas organizaciones. Precisamente en el curso de esta visita, los uzbecos mostraron al Secretario General de la ONU ese auténtico infierno sobre la tierra que es el Mar de Aral: su salvación es uno de los problemas de los que se ocupa la OCS. La ecología es, quizá, uno de los campos en los que la colaboración entre la OCS y la ONU podría dar buenos resultados.
La presidencia uzbeca también ha servido para definir una postura común sobre Afganistán. En Tashkent están convencidos de que ayudaría a finalizar el conflicto la formación de un grupo en formato 6+3, bajo la égida de las Naciones Unidas, en el que entrarían los seis países limítrofes de Afganistán, además de Rusia, EE.UU. y la OTAN. Mediante este órgano diplomático consultivo se podría llegar a acuerdos importantes para el propio Afganistán y para los países de su entorno. Uno de los problemas más importantes es el del narcotráfico, al que todavía no se ha logrado dar una solución adecuada. El papel de la OCS en este terreno, en opinión de los expertos, podría ser importante, mejorando el potencial de las organizaciones internacionales presentes en la región.
Entre las prioridades económicas de la OCS se encuentra el desarrollo de las infraestructuras de transporte. En este sentido, ha sido importante el que Uzbekistán prácticamente haya finalizado la reconstrucción de la vía de comunicación internacional E-40. De este modo, la Zona Económica e Industrial Libre de Navoy tiene muchas posibilidades de convertirse en un importante polo de desarrollo no sólo para Uzbekistán, sino para toda esta región.
El futuro desarrollo de la OCS depende en gran medida de cómo se vayan incorporando nuevos socios a sus estructuras. Y candidatos a la misma no faltan.
Como anticipo de la cumbre, el 22 de mayo pasado se reunieron en Tashkent los ministros de Asuntos Exteriores que aprobaron un proyecto de documento sobre el procedimiento de adhesión de nuevos miembros. Si la cumbre de junio aprueba el mecanismo propuesto, es muy posible que comience el proceso de ampliación; y entonces habrá que dejar de hablar de sexteto....
En la actualidad, la OCS es una potente organización intergubernamental, que se encuentra preparada para imbricarse sin problemas en la arquitectura política internacional. Es innegable que estamos ante una organización que crece y consolida sus posiciones. Pero siempre manteniendo los principios que la siguen haciendo atractiva: paridad, consenso, confianza mutua, colegialidad y respeto a los intereses de cada uno de sus miembros.
¿No son acaso estos los principios imprescindibles para que fructifique cualquier tipo de cooperación internacional?
*Tatiana Sinytsina es responsable del portal informativo "Info OCS".


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