Carlos Baute y su miseria moral


 Por: Ricardo Abud

Hoy me rebajo a tu nivel, Carlos Baute, porque hay basura que no puede ignorarse: hay que nombrarla, señalarla y enterrarla con la contundencia que merece. Lo ocurrido en Madrid no fue un exabrupto, no fue un desliz, no fue el calor del momento. 

Fue la exhibición descarnada de lo que eres: un racista, un misógino y un cobarde intelectual que, incapaz de articular un argumento, escupe insultos contra una mujer en ejercicio del poder. Llamar "mona" a nuestra presidenta Delcy Rodríguez no es opinión política. Es odio disfrazado de micrófono.

Cuando una figura pública con alcance y visibilidad recurre a ese tipo de calificativos, no comete un error: toma una decisión. Una decisión cargada de desprecio racial, de misoginia estructural y de una pobreza intelectual que clama al cielo. Ese insulto tiene historia. Tiene sangre. Ha sido usado durante siglos para deshumanizar a personas, para reducirlas, para negarles dignidad. Usarlo contra una mujer en el ejercicio de sus funciones no es una "subida de tono", es perpetuar una violencia que tiene raíces en lo más oscuro de la historia humana. Y tú lo sabes. Por eso lo usaste. Cobarde. 

Lo más vergonzoso no es solo el insulto en sí, sino la podredumbre moral que revela. No hay debate posible contigo, Carlos Baute, porque tú mismo has demostrado que no tienes argumentos. Solo tienes bilis. Solo tienes rencor. Solo tienes el vocabulario de quien ha renunciado a pensar y se ha entregado, sin reservas, al odio como forma de vida. Tu cerebro no está cansado: está rendido. Rendido ante la mediocridad, ante el resentimiento, ante la incapacidad absoluta de sostener una postura con dignidad.

¿Hasta cuándo vamos a permitir que este tipo de violencia verbal se archive como "anécdota del directo"? Nada de lo que ocurrió fue trivial. Fue un ataque consciente, deliberado y cobarde, con alevosía y premeditación,  contra la dignidad de una mujer, de una institución y, por extensión, contra todas las mujeres que a lo largo de la historia han tenido que cargar con el peso de este tipo de calificativos degradantes. Permitir que esto pase sin respuesta es cómplice. El silencio aquí no es neutralidad: es permiso.

Tú no tienes derecho a escupir ese tipo de basura contra nadie, y mucho menos contra una figura femenina en posición de autoridad, nuestra presidente y tuya también si es que aun te consideras venezolano. No porque ella sea intocable, sino porque ningún ser humano merece ser reducido a un insulto racista. La crítica política tiene lugar. El debate tiene lugar. Pero esto no fue ni lo uno ni lo otro. Fue la reacción visceral de alguien que ve el poder en manos de una mujer que no tiene tu color de piel y no lo puede tolerar. Eso no es libertad de expresión. Eso es racismo con aplausos.

Quien no tiene argumentos, insulta. Quien carece de altura moral, ofende. Y quien pretende mantenerse vigente a través del escándalo, termina revelando exactamente lo que es: un individuo incapaz de sostenerse con dignidad, atrapado en su propia decadencia, aplaudido únicamente por quienes comparten su miseria. Si eso es lo que buscabas, Carlos Baute, lo lograste. Te has retratado de cuerpo entero.

Estamos en el siglo XXI. Se ha luchado demasiado, se ha pagado un precio demasiado alto, para seguir tolerando que personajes con plataforma reproduzcan este tipo de violencia con total impunidad. No se trata de censura. Se trata de un mínimo de decencia humana. La crítica política existe y debe existir, pero jamás puede cruzar la línea de la deshumanización. Y tú la cruzaste. La pisoteaste. Y encima sonreíste.

Lo ocurrido no es solo un agravio contra Delcy Rodríguez. Es una bofetada a cada mujer que ha tenido que enfrentarse a este tipo de lenguaje degradante. Es un retroceso. Es el eco nauseabundo de tiempos que deberíamos haber superado hace décadas. Y el hecho de que todavía haya quien te ría las gracias, quien minimice lo ocurrido, quien lo trate como "polémica pasajera", es exactamente el problema. La impunidad se alimenta del silencio cómplice.

El rechazo, por tanto, debe ser total. Sin matices. Sin atenuantes. Sin la condescendencia de llamar "error" a lo que fue una elección. Las palabras no son inocentes. Revelan. Y las tuyas, Carlos Baute, han revelado con una claridad brutal lo que hay detrás del personaje: racismo, misoginia y una mediocridad moral que no tiene cura.

Y que quede grabado a fuego: este tipo de conducta no será olvidada, no será minimizada y no será perdonada con el paso del tiempo. No hay disculpa pública que borre lo que dijiste, porque las palabras ya salieron y ya mostraron lo que ocultas. No hay reciclaje posible para quien ha demostrado abiertamente su desprecio por la dignidad humana. Que tu carrera, tu legado y tu nombre carguen para siempre con el peso de lo que hiciste. Que cada vez que alguien pronuncie tu nombre, recuerde que detrás del artista hay un hombre que eligió el insulto racista como arma. Ese es tu verdadero retrato. Ese es tu legado real. Y mereces cada gramo de ese peso.

La dignidad de las mujeres en el espacio político no se negocia. No depende de sus ideas. No depende de a quién representan. Es incondicional, o no es absolutamente nada. Y quienes no sean capaces de entender eso, que se aparten. Porque este siglo no tiene espacio para su clase de odio.

NO HAY NADA MÁS EXCLUYENTE QUE SER POBRE 

Nota: Mira quien es Delcy Rodriguez: Abogada (UCV): Graduada en la Universidad Central de Venezuela. Estudios en el extranjero: Vivió en Francia e Inglaterra, especializándose en derecho laboral y sindical, incluyendo estudios en la Universidad de París X Nanterre y Birkbeck College. Hoy presidente interino de Venezuela. ¿y tú qué eres?


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