El nuevo globalismo estadounidense
Por: Dmitri Kósirev,
RIA Novosti
EEUU anunció su incorporación a la Alianza de Civilizaciones de la ONU. Washington hizo esta declaración en la antesala del Foro anual de esta organización, celebrado en Río de Janeiro los pasados 28 y 29 de mayo.
Hoy por hoy, para los estadounidenses es un acontecimiento secundario, y más en comparación con el desastre ecológico provocado por el vertido de petróleo en el golfo de México. Para la comunidad internacional, la adhesión de EEUU a una alianza más tampoco tiene especial relevancia.
Sin embargo, ese tipo de cosas, en apariencia poco importantes, son las más interesantes, pero sólo se aprecian en su justa medida al mirar hacia atrás con perspectiva. Esos nuevos procesos que inicialmente pasan desapercibidos, tan sutiles, frecuentemente resultan claves en el futuro.
La Alianza de Civilizaciones es un palmario ejemplo de esta teoría. Es curioso que EEUU haya ignorado a esta organización durante tantos años y ahora, de repente, haya cambiado de opinión. Recordemos que hace un año, durante el II Foro de esta organización celebrado en Estambul, el presidente Barack Obama estuvo de visita oficial en esta ciudad.
Todos esperaban que el inquilino de la Casa Blanca visitara la conferencia, pronunciara un discurso o asistiera a alguna recepción, pero no lo hizo. Washington, entonces no prestaba ninguna atención a la Alianza debido, en gran medida, a los prejuicios heredados de la administración de George W. Bush. Ahora soplan otros vientos...
Durante el próximo julio se celebrará el Foro Regional de ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) para la seguridad (ARF) en Hanoi, Vietnam. Cuando George W. Bush ocupaba el sillón presidencial, EEUU menospreciaba este foro anual de los ministros de Asuntos Exteriores de los países de Asia-Pacífico y la ex secretaria de Estado, Condoleezza Rice, tampoco asistía a este evento. Sin embargo, la actual jefa de la diplomacia, Hillary Clinton, participa en la Cumbre para mover los hilos de la política estadounidense. Es evidente que se han producido cambios notables, de forma y de contenido.
La Alianza de Civilizaciones no necesita la incorporación formal de EEUU, porque personal estadounidense ya trabaja allí y seguirá trabajando. El Foro celebrado en Rio de Janeiro, como el anterior celebrado en Estambul o la Cumbre de APEC (Cooperación Económica Asia-Pacífico) convocada anualmente en otoño, no tienen nada que ver con trabajo sino más bien parecen fiestas, reuniones para las relaciones personales de gente que no cesa de comunicarse vía Internet durante todo el año.
Esta Alianza es una unión internacional de personas y organizaciones que se enfrentan diariamente con las profundas contradicciones entre naciones, religiones y grupos sociales que coexisten en las megalópolis. Además de Barack Obama y el ingreso formal de EEUU en la Alianza, esta organización abarca a otros estadounidenses, por ejemplo, a los herederos de Walt Disney que aspiran a vender sus dibujos animados a los chinos, árabes, indios, etc. ¿Es posible ofrecer los mismos dibujos animados a todos o es necesario tomar en consideración las peculiaridades de cada comunidad? ¿Y qué hay que hacer en el caso de que estas comunidades convivan en las mismas ciudades y en los mismos entornos?
Hay que analizar las razones por las cuales la diplomacia estadounidense experimentaba antipatía hacia la Alianza y hacia la ARF. Las malas lenguas dicen que todas las organizaciones creadas sin la participación de EEUU no son aceptadas de buen grado por los estadounidenses. Su peculiar mentalidad les dice que si ellos no las crearon, entonces fueron creadas contra ellos. Esta dialéctica ya pertenece al pasado, al menos así asegura el actual gabinete de EEUU y el propio Barack Obama.
Este podría ser un primer paso hacia una nueva era de globalismo estadounidense. En el pasado, antes del mandato de Obama, ya tuvimos otro periodo de globalismo en el que no había en el mundo una nación más involucrada en los asuntos mundiales que EEUU. Esta fue la base de la ideología que alcanzó su apogeo durante la presidencia de George W. Bush y que consistía en la promoción de la democracia y los derechos humanos en todo el mundo.
En otras palabras, en la difusión del modo de vida y valores de EEUU aplicando la fuerza, si era necesario. Y toda esta actividad de carácter globalista tiene, además de su vertiente gubernamental, una vertiente humana que se articula en una infraestructura especial, esa que se ocupa de los derechos humanos.
Hoy por hoy, esta red humanitaria (Al Qaeda, en idioma árabe) tiene muchas quejas frente a Barack Obama, aunque no se atreve a expresarlas abiertamente. Kenneth Roth, el director ejecutivo de la organización internacional de derechos humanos Human Rights Watch, dijo en uno de los últimos números de la revista estadounidense Foreign Affairs que aplaude la protesta del nuevo presidente de EEUU contra las torturas y las condenas a prisión, sin causa ni proceso judicial, de los sospechosos de actos terroristas.
Sin embargo, "no merece ningún elogio el que, durante la presidencia de Obama, los gobiernos dictatoriales de todo el mundo se hayan dedicado a frenar el proceso de imposición de las normas internacionales de derechos humanos gracias a la creciente influencia de los gobiernos autoritarios de China y Rusia".
Esto es un claro ejemplo del antiguo globalismo, cuando no son los dirigentes de los EEUU, sino Kenneth Roth y sus colegas los que hacen posible mantener vivos todos los viejos estereotipos y no les da vergüenza utilizar la palabra imponer, sin molestarse en utilizar promocionar o proponer, al hacer referencia a estas normas.
En cuanto al nuevo globalismo estadounidense, nadie sabe cómo es, porque todavía no existe. Y no existe, porque el mundo está sufriendo cambios drásticos y muy rápidos. La nueva filosofía de Obama podría basarse en la idea de una nueva cooperación internacional, pero todo es muy nebuloso de momento.
La creciente influencia de las economías emergentes como China, Rusia, la India y Brasil ya no es una novedad. Asimismo, se han animado Turquía y Portugal que, en esencia, son locomotoras de esta Alianza de Civilizaciones. ¿Adónde nos lleva todo esto?
La globalización es un proceso en el que no sólo participan los Estados y los gobiernos, sino también los grandes grupos sociales que se comunican e interrelacionan. La situación más compleja a la que nos enfrentamos y se enfrenta la Alianza es cuando las grandes ciudades se convierten en algo parecido a Nueva York. Sitios densamente poblados por múltiples razas y etnias con costumbres y valores distintos.
El tema central de la agenda del Foro en Río de Janeiro podría resumirse en la siguiente pregunta: ¿qué política cabe aplicar para que centenares de miles de inmigrantes impulsen el desarrollo y no provoquen conflictos?
Obama ya ha dicho que es imposible exportar la democracia. Pero ¿qué es lo que se puede exportar o importar en nuestro extraño mundo? La respuesta a esta pregunta no depende del deseo de un líder mundial sino de su instinto, de su capacidad de observar lo que pasa y lo que necesita nuestro mundo. Por esto es tan importante seguir con atención los cambios en la conducta de EEUU con respecto a organizaciones como la Alianza de Civilizaciones.


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