La telaraƱa neoconservadora en Estados Unidos

La telaraƱa neoconservadora en Estados Unidos
Por: Eliades Acosta
Resumen Latinoamericano

Resumen Latinoamericano dialogó con el intelectual cubano Elíades Acosta. El movimiento neoconservador, el poder sionista en Estados Unidos y el futuro de la potencia imperial fueron algunos de los temas tratados

Nacido en la dĆ©cada del 30 del siglo pasado, arropado y financiado por el poder estadounidense, el movimiento neoconservador mantiene intacta su fuerza dentro y fuera del paĆ­s, produciendo ideas a travĆ©s de tanques pensantes y definiendo la actual polĆ­tica de Estados Unidos. Con una trayectoria en la que lo imperante es sostener el sistema imperial, los neocon tuvieron su momento de mĆ”ximo esplendor durante las presidencias de Ronald Regan y George W. Bush, pero esto no quiere decir que hayan desaparecido. En esos perĆ­odos aplicaron a ultranza sus mĆ©todos, donde nunca faltan la “teorĆ­a del miedo” para contener y confundir a la sociedad estadounidense, sus favores extremos al complejo militar-industrial, y su respeto absoluto al poder sionista.
Resumen Latinoamericano entrevistó en La Habana a ElĆ­ades Acosta, intelectual y escritor que desde hace aƱos sigue la pista a este movimiento. Licenciado en FilosofĆ­a, ex director de la Biblioteca Nacional JosĆ© MartĆ­ de Cuba, Acosta logró armar una red de las polĆ­ticas, costumbres y decisiones que lleva adelante este polo de poder. En sus libros Los colores secretos del imperio, El Apocalipsis segĆŗn San George, Siglo XXI: intelectuales militantes e Imperialismo del siglo XXI: las guerras culturales, detalló los inicios del neoconservadurismo, cuando un grupo de intelectuales judĆ­os rompió con la Unión SoviĆ©tica y, apropiĆ”ndose de herramientas del marxismo, pasó a servir al sistema estadounidense en plena “Guerra FrĆ­a”.

El avance de la izquierda dentro de Estados Unidos, la gran crisis económica por la que atravesaba el paĆ­s en los aƱos 30 y la pĆ©rdida de fe en el sistema fueron algunos de los puntos que visualizó Acosta para dar una coyuntura al surgimiento de los neoconservadores. Sus declaraciones de salvaciones mesiĆ”nicas, el terror al siempre presente “agresor externo” y una supuesta nueva doctrina para que el capitalismo funcione, calaron en la sociedad estadounidense a travĆ©s del poder mediĆ”tico que solventa a los neocon. Para Acosta, el grupo inicial de los neoconservadores “surge espontĆ”neamente” y comparte las opiniones de que “la izquierda y el socialismo eran antiestadounidenses, que no necesariamente la crĆ­tica al capitalismo tenĆ­a que ser de izquierda, que el capitalismo no tenĆ­a rival como sistema polĆ­tico, económico y social mundial, que la alternativa socialista no era viable, mucho menos en las condiciones de Occidente y de Estados Unidos, y que los mĆ©todos utilizados por Stalin, y aquĆ­ tenĆ­an parte de razón, se alejaban mucho de los mĆ©todos democrĆ”ticos y lĆ­citos en la polĆ­tica internacional”.
El intelectual cubano tambiĆ©n seƱala que al ser detectados por el sistema, estos pensadores comenzaron a ser “muy Ćŗtiles y eficaces”, ademĆ”s de que “no hay nada que pueda desmoralizar mĆ”s que un converso, entonces usan ese bagaje cultural que traen, el discurso de izquierda, las categorĆ­as apropiadas del marxismo, el propio concepto de vanguardia polĆ­tica, y lo enfrentan, copian mĆ©todos de cohesión de grupos de izquierda, de disciplina partidaria, y los usan para contrarrestar las ideas de izquierda”.

Diferenciados de los liberales estadounidenses y de los propios conservadores tradicionales, el movimiento neocon “demostró ser mĆ”s eficaz”, razón por la cual “fue avanzando en la estimación del sistema y de las propias agencias de inteligencia”. Acosta recuerda que los neoconservadores pasaron a trabajar directamente con la CIA, ya que en esos tiempos en Estados Unidos la mayor central de inteligencia del mundo asumĆ­a directamente la función de ministerio de Cultura. “Este grupo es detectado y es promovido -enumera-, se le fabrican autoridades, se le da prestigio, se le hace ganar premios, se financia, se publican sus trabajos, se le promueve, se le dan tareas concretas. Esa fue la Ć©poca en que Irving Kristol fue vicedirector de la revista Encounter, que la CIA publicaba en Londres y era dirigida por Stephen Spender, un poeta de izquierda que estuvo en 1937 en el Congreso de Valencia contra el fascismo y que tambiĆ©n se habĆ­a pasado a la derecha”.
Para la dĆ©cada del 60, los neoconservadores seguĆ­an siendo minorĆ­a en el panorama de las ideas estadounidenses, “pero van preparando el camino, dentro de un programa de contrainteligencia domĆ©stica que se llamó Cointelpro, o Programa de Contrainteligencia dentro de los Estados Unidos, que usó tambiĆ©n herramientas de la Guerra FrĆ­a hacia el interior: desde asesinatos selectivos hasta manipulación, difamación, fabricar autoridades falsas, mentir, trucar, usar herramientas culturales en la lucha ideológica. Eso dio un resultado que fue liquidando todo el movimiento de las dĆ©cadas del sesenta y setenta donde estaban los Panteras Negras, las Brigadas Venceremos, los Macheteros puertorriqueƱos, los indios que luchaban por sus tierras, las feministas, el derecho de los homosexuales, de los negros con el movimiento de los derechos civiles, el movimiento pacifista, el rock. Todo aquello fue controlado y eso abrió el camino para que este grupo pasara a la primera escena. A travĆ©s de lobbies de presión y de tanques pensantes, logró preparar el camino para el triunfo de Regan, cuando ellos entran por primera vez en el gobierno”, relata Acosta.

El miedo como polĆ­tica suprema

El terror, la agresión exterior, la vida como continua desestabilización parecen las herramientas mĆ”s preciadas de los neoconservadores. El ejemplo mĆ”s radical fue luego del 11 de septiembre de 2001, cuando fueron derribadas las Torres Gemelas de Nueva York y atacado el PentĆ”gono. De forma automĆ”tica, el poder neoconservador dentro del gobierno de Bush aplicó a ultranza sus polĆ­ticas que terminaron en los “ataques preventivos” contra Iraq y AfganistĆ”n. Eran tiempos en que los neocons manejaban los hilos del poder a nivel mundial con total impunidad.

“En Estados Unidos hay una cultura del miedo ancestral, no es solo ahora –asevera el escritor cubano- Eso forma parte de cómo ve el mundo la burguesĆ­a, espantada frente a las revoluciones y los cambios violentos y dramĆ”ticos. Hay que recordar que el padre del conservadurismo moderno, Edmund Burke, formula esas ideas como respuesta a la Revolución Francesa. Espantado al ver que un pueblo se ha alzado contra sus monarcas, contra el clero y las clases dominantes, que las ha barrido de la faz de la tierra, entonces trata de vertebrar una teorĆ­a moderna de conservadurismo en la cual la paz, la seguridad del burguĆ©s, la intangibilidad del sistema, el carĆ”cter sacrosanto de la propiedad privada, la necesidad de jerarquĆ­as, de que las Ć©lites dominen y las masas acaten de buena fe, la necesidad de sometimiento, esa vida de apacibilidad burguesa e hipócrita donde nunca pasa nada pero es segura, donde nada cambia y mucho menos de forma violenta, esos puntos de vista conservadores son una respuesta a ese mundo que la burguesĆ­a veĆ­a llena de peligros cuando dejó de ser una clase revolucionaria y se convirtió en una clase reaccionaria”.

SegĆŗn Acosta, el miedo y el terror son recursos “sembrados en el ADN de la sociedad estadounidense, el miedo a lo de afuera, al forĆ”neo, el miedo al cambio, a la revolución, a perder un nivel de vida, a perder la apacibilidad burguesa que es el sueƱo americano”. Ante esta situación, desde el neoconservadurismo “saben que con ese combustible funcionan la maquinaria polĆ­tica y las relaciones pĆŗblicas en el interior de Estados Unidos, entonces viven agitando el miedo frente a peligros exteriores –indica-. En la Guerra FrĆ­a fue el comunismo, ahora es el terrorismo islĆ”mico, maƱana serĆ” el cambio climĆ”tico y luego la lucha por la tierra, pero siempre agitarĆ”n algo. Se han dado cuenta de que los peligros exteriores hacen que se una el sistema y que los dos partidos fundamentales cierren filas y se conviertan en un solo partido que es el de la burguesĆ­a y el capitalismo. Todas las participaciones de Estados Unidos en guerras imperialistas a finales del siglo XIX y el XX partieron de un ataque exterior, inesperado, traidor, que encontró a los Estados Unidos inerme, en la siesta, durmiendo tranquilos, confiados, que los estremeció y los obligó a entrar en guerras. Es el caso de la guerra de 1898 contra EspaƱa, la explosión del Maine en la bahĆ­a de La Habana; el hundimiento del Lusitania en la Primera Guerra Mundial que hizo que entraran en la guerra; el Pearl Harbor, ataque del 7 de diciembre del 41 contra la sĆ©ptima flota en Hawai; el incidente del golfo de TomkĆ­n en el 64 que hace la escalada contra Vietnam, la guerra de Vietnam propiamente dicha y el 11 de septiembre de 2001”.


Respondiendo a sus postulados y llevĆ”ndolos al extremo, los neocon viven exacerbando el terror del ciudadano estadounidense promedio para lograr sus fines polĆ­ticos concretos. Para lograrlo, no existen escrĆŗpulos por parte de este movimiento. “No estamos ante un problema sólo cultural sino de clase –analiza Acosta-. Lo importante son los intereses de la clase que representan y no le interesan el costo humano ni social que pueda tener esta polĆ­tica constante del miedo”. A travĆ©s de tanques pensantes (Rand Corporation, Heritage Fundation o American Enterprise Institute, son algunos de ellos), publicaciones y conferencias financiadas por cifras millonarias, el movimiento neoconservador siempre se expresó desde órganos como el Comity on Present Danger (ComitĆ© sobre el DaƱo Presente) que arengó a favor del triunfo de Regan, o el Proyect for the New American Century (Proyecto para el Nuevo Siglo Americano), utilizado para atacar a la administración Clinton y abrir paso a Bush hijo.

Para el intelectual cubano, el Ć©xito de estos mecanismos tienen como base la “cultura del miedo” estadounidense, razón por la cual “hay 200 millones de armas en manos de la población estadounidense porque viven con miedo”.


El sionismo como base neocon

En sus libros, Acosta sostiene que los cuatro pilares del movimiento neoconservador son las grandes corporaciones orientadas al mercado interno, de donde sale el dinero para la polĆ­tica, el complejo militar-industrial, las agencias de inteligencia y el sionismo. Este Ćŗltimo movimiento, que se encuentra encarnado en el Estado de Israel y en sus polĆ­ticas expansionistas contra los paĆ­ses de Oriente Nedio, se encuentra en los orĆ­genes del neoconservadurismo. El escritor recuerda que “hay quienes creen que el neoconservadurismo en general es una gran movida sionista para influir a travĆ©s de herramientas culturales dentro de los Estados Unidos. La verdad es que surgen en el gueto judĆ­o en Nueva York en los aƱos 30 y que sus principales promotores han sido de origen judĆ­o, lo cual no quiere decir que la crĆ­tica sea antijudĆ­a, sino que la crĆ­tica que se hace es antisionista. Lo que criticamos de ese movimiento no es la religión a la que pertenecen los pensadores. Marx era judĆ­o, por lo tanto no estamos hablando de judĆ­os buenos o malos, estamos hablando de sionistas que siempre son malos, porque son expansionistas, hegemónicos, pro capitalistas, imperialistas, despiadados y lo estĆ”n demostrando con la polĆ­tica sionista israelĆ­ en Oriente Medio”.

Como ejemplo del poder sionista no sólo entre neoconservadores, sino dentro de Estados Unidos, Acosta manifiesta que “AIPAC, el lobby israelĆ­ tan poderoso, estĆ” detrĆ”s y financia una buena parte de estas figuras, al extremo de que un crĆ­tico desde la derecha de los neoconservadores, como es Pat Buchanan, que es paleo-conservador, un conservador del parque jurĆ”sico, estĆ” en contra de los neoconservadores porque dice que es una jugada sionista. Como es racista y blanco, anglosajón y protestante, dice que no puede haber en el poder tantos judĆ­os que ademĆ”s son conversos, porque vienen de la izquierda, y que quieren ser mĆ”s conservadores que Ć©l que toda la vida lo fue. Dice que son leninistas disfrazados metidos como quinta columna dentro del movimiento neoconservador”.

Tanto con demócratas como con republicanos, el poder de Israel sigue intocable y fundamental a la hora de la toma de decisiones dentro de las administraciones estadounidenses. Acosta explica que una imagen de esta presión fue que Barack Obama “lo primero que hizo fue nombrar a un sionista como Rahm Emanuel como su jefe de gabinete”, por lo cual se “explica tambiĆ©n por quĆ© el Ć©nfasis del Proyecto para el Nuevo Siglo Americano en Oriente Medio y concretamente la necesidad de eliminar los rivales de Israel en la región, IrĆ”n e Iraq fundamentalmente, ademĆ”s de Siria, Libia y pacificar LĆ­bano, pero sobre todo IrĆ”n e Iraq. Eso explica por quĆ© hay esa ligazón tan estrecha entre sionismo y neoconservadores, ademĆ”s de que tienen una raĆ­z comĆŗn: la filosofĆ­a de Leo Strauss, que era un sionista y es el fundamento filosófico de las ideas de los neoconservadores”.

Con demócratas o republicanos: neoconservadores al poder

Dentro de las incoherencias del sistema de partidocracia estadounidense (que alardea de ser una democracia occidental intachable), tal vez la mÔs asombrosa es que desde siempre dos partidos políticos se alternan en el gobierno y las ideas fundamentales de ese sistema son intocables. Demócratas o republicanos encabezan invasiones militares, financian golpes de Estado (Honduras es el ejemplo mÔs reciente), reciben apoyo de grandes empresas multinacionales a las que después benefician y defienden a toda costa el publicitado American Way of Life, que por estos tiempos se encuentra en franca debacle.

Para Acosta, situar al movimiento neoconservador con el partido Republicano es erróneo, ya que ese grupo “no encaja en el esquema tradicional bipartidista de la polĆ­tica estadounidense. Estamos en presencia de una operación bipartidista”.

Los neocon “son especialistas en la distracción, sacan de foco el problema, dicen que no existe un movimiento de ese tipo, lo que hay es una percepción neoconservadora”, expresa el intelectual. El neoconservadurismo, a la hora de definirse, lo hace con elegancia y buscando desconcertar, por eso dicen ser liberales con los dientes muy largos o republicanos que hablan de derechos humanos.

“Siempre se definen con ese tipo de mezcla que a veces te desconcierta, una mezcla muy dialĆ©ctica, y tratan de definirse a travĆ©s del contrario –seƱala Acosta- En realidad lo que estĆ”n diciendo es que el neoconservadurismo es una apuesta por el sistema para funcionar allĆ­ donde lo tradicional de la polĆ­tica no funciona. Y por eso son una especie de parĆ”sitos que se aloja en el cuerpo polĆ­tico de la nación y mutan, reciclan y usan de uno y de otro. Tanto un lenguaje conservador para defender ideas liberales, como ropajes liberales para esencias conservadoras. Si se ve la lista de firmantes del Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, habĆ­a independientes, demócratas y republicanos, porque hay un ala dura del partido Demócrata. Hillary Clinton pertenece a esa ala dura y estĆ” muy cercana al partido Republicano y a las ideas neoconservadoras”.

Utilizando uno de los mecanismos que mĆ”s resultados les brinda, los neocon siempre buscan enemigos a quienes combatir. Acosta indica que frente a la ausencia de partidos u organizaciones de izquierda estadounidenses fuertes, el neoconservadurismo inventó “un enemigo falso que son los que llaman ellos los gatos gordos del Partido Demócrata. Es decir, las Ć©lites de poder de ese partido que consideran que no representan al pueblo y que son corruptos. Entonces dentro de esos enemigos falsos que han creado, o por lo menos enemigos de matices, estĆ”n los Clinton porque son la negación de la utopĆ­a neoconservadora: gente que viene del pueblo. El caso de Bill, un liberal que sintonizó con la gente y logró ocho aƱos de mandato, un hombre de una polĆ­tica de diĆ”logo mĆ”s que de fuerza o de confrontación, bien visto en general por el mundo. Esto por supuesto a ellos les afecta el esquema de dominación que tienen por lo que han hecho una campaƱa contra ellos terrible, hasta les llamaban Billary, la unión de Bill con Hillary. Billary era el enemigo, hasta que llegó Obama, que ahora es el enemigo mortal”.

Pero lo que parece tan tajante y sin matices, nunca es real con los neoconservadores. La situación mĆ”s cercana se produjo luego del triunfo de Obama. Con un discurso renovado, de esperanza y de cambio, el nuevo presidente estadounidense sigue aplicando polĆ­ticas que durante la administración Bush fueron moneda corriente, pero a su vez es atacado por el neoconservadurismo. Al respecto, Acosta aclara que las apreciaciones son diversas: hay quienes creen que Obama fue un cachetazo contra los neocon, aunque otros sostienen que el presidente demócrata “es una gran jugada del sistema” para “lograr lo mismo pero con el consentimiento del agredido”.

SegĆŗn el intelectual cubano, “la verdad estĆ” a medio camino entre todas estas partes. Obama es sin duda un rostro bonachón del sistema que ha logrado dar una tregua externa, y sobre todo interna, para lograr salvar el principio de autoridad del sistema. Obama es tambiĆ©n un fruto de grandes sectores fuera y dentro de los Estados Unidos que se oponen a Bush, a los neoconservadores y a las guerras. Y Obama es tambiĆ©n ese chivo expiatorio que los neoconservadores necesitaban y que por eso le permitieron la entrada siendo lo que ellos odian: un hombre humilde, de ideas avanzadas, negro, a favor del diĆ”logo y de la paz, siempre hablando de su discurso no de la realidad. Si se le elimina, se elimina de paso todo lo que significa y se vuelve a una etapa en la cual ya no hay alternativa ni esperanza porque la alternativa ha sido derrotada”.

Pero en medio de esta telaraƱa de la polĆ­tica interna imperialista, ¿quĆ© hacen ahora los neoconservadores, siempre Ć”vidos para los complots y desestabilizaciones? “Creo que ha habido un repliegue organizativo estando Bush aun en el poder –sostiene Acosta- Empezaron a salir del poder de manera suave, algunos mediante aparentes escĆ”ndalos, otros cansados, otros en desacuerdo aparente con Bush, y de esa manera el neoconservadurismo salvó de la debacle a sus cuadros esenciales, los puso a buen resguardo antes de rendirse. Y como es soberbio no se rindió, se fue con la frente alta”.

Al hombre que los llevó a la cĆŗspide mĆ”s alta del poder, los neocon no lo olvidaron, por eso mientras se encuentran recomponiendo fuerzas, a Bush “lo han mantenido en un perfil muy bajo”, todo lo contrario que al ex vicepresidente Dick Cheney, al que se le asignó desde el neoconservadurismo la “lucha contra la polĆ­tica antiterrorista de Obama”.

En esta nueva etapa, los neoconservadores no dejaron que los superasen y pusieron a funcionar organismos como “Kepp America Safe” (MantĆ©n a EEUU seguro), que lucha para que no cierren GuantĆ”namo y lo encabeza una hija de Cheney o el “Foreing Polity Iniciative”, que se dedica a la polĆ­tica exterior y es un clon del Proyecto para el Nuevo Siglo Americano. Acosta confirma que estos espacios “siguen usando el miedo como herramienta, exacerbando la necesidad de grandes presupuestos militares y de seguridad”, mientras que “Obama tampoco rompió radicalmente con la polĆ­tica anterior, mantuvo a Robert Gates que era el Secretario de Defensa de Bush y mantiene a un criminal de guerra fascista y neoconservador de pura cepa como John Dimitri Negroponte, que fue embajador en Iraq y embajador en Honduras, y es el jefe de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos. Por lo tanto estamos hablando de que mantiene a los personajes mĆ”s virulentos en grandes puestos decisivos, mantiene vigente la misma documentación estratĆ©gica, programĆ”tica del gobierno de Bush, por lo tanto la polĆ­tica opositora despiadada contra Obama tiene en cuenta tambiĆ©n que Obama estĆ” dejando hacer muchas cosas. Apoyó el golpe de Estado en Honduras. Apoyó la invasión de Gaza al no pronunciarse, todavĆ­a no era presidente pero ya era electo. Apoya a Israel, apoya ahora la nueva campaƱa contra Cuba, contra Venezuela. Estamos en presencia de mĆ”s de lo mismo”.

Articulando movimientos de calles y teorĆ­as e ideas surgidas de las academias o tanques pensantes, el movimiento neoconservador no dejó de exacerbar la tensión interna en Estados Unidos, reclamando mano dura o directamente sosteniendo que en el paĆ­s, luego de la aprobación de la reforma sanitaria, se podrĆ­a desatar una “guerra civil”.

Para Acosta, lo que se observa en la polĆ­tica interna de Estados Unidos es “el renacimiento de la confederación sureƱa, intransigente con respecto al Gobierno central, declarada en rebeldĆ­a, y que va a llegar hasta la rebelión si lo necesitan porque no tienen escrĆŗpulos. Porque esta crisis, que es el gran trasfondo de todo esto, la crisis económica galopante, la pĆ©rdida de liderazgo a nivel mundial, la debacle de su industria y comercio, el avance de China, el resurgir ruso, el avance del Bric (Brasil, India, China, Rusia), la pĆ©rdida de iniciativa polĆ­tica en Europa, ahora mismo repunta la izquierda en Francia, los avances de AmĆ©rica Latina con la izquierda, a eso le tienen pĆ”nico. Y se puede salir por la derecha. Puede haber un movimiento fascistoide estadounidense del cual los neoconservadores son el anuncio de lo que puede venir, y puede terminar en una dictadura posmoderna. ¿QuĆ© fue lo de Bush sino una dictadura fascista posmoderna? Sólo en un paĆ­s quemaron la biblioteca nacional, han acabado con la historia, con la cultura de Iraq y dejaron un millón de muertos y cuatro millones de huĆ©rfanos. Digan si eso no es mucho peor que lo que hizo Hitler en cualquier paĆ­s de Europa”.

Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/index.php?option=com_content&task=view&id=1832&Itemid=1〈=es

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