Ante la arrogancia capitalista: aplicación inflexible de la ley

Ante la arrogancia capitalista: aplicación inflexible de la ley
Por: Martƭn GuƩdez
Rebelión

Una revolución que tenga como objetivo transformar la sociedad para salvarla de su extinción a manos de la pandemia del capitalismo tiene necesariamente que enfrentar duras resistencias. En la medida en que se tomen medidas que afecten en esencia los modos de producción, distribución y consumo basados en la dispersión del esfuerzo, la irresponsabilidad social y la explotación del hombre por el hombre, estas resistencias serÔn mÔs duras, pero hay que vencerlas o conformarse con maquillajes reformistas que siempre culminarÔn en el fortalecimiento del viejo sistema.
El reformismo no es revolucionario sino una poderosa estrategia del sistema capitalista.

Transformar las relaciones de producción entre los seres humanos es tarea fundamental en virtud de que serÔn estas las que determinen la conciencia social. No puede construirse un modo de vida basado en la igualdad, la solidaridad social o el amor como motor de las relaciones humanas en tanto las condiciones materiales en las cuales se desenvuelve la vida ordinaria de las personas continúen basadas en el egoísmo, la ambición y la explotación. Menos aún, si ademÔs la superestructura de la que mana el condicionamiento de la conciencia (religión, sistema educativo, medios de comunicación, etc.) continúa respondiendo a los intereses del viejo sistema.

En la medida en que el enfrentamiento entre ambos sistemas se traslade a lo sustantivo las contradicciones se harĆ”n mĆ”s evidentes y la confrontación mĆ”s radical. El sistema capitalista se defiende con todas las armas de las que estĆ” provisto por el aparato jurĆ­dico del Estado burguĆ©s que se dio a sĆ­ mismo. La Revolución Bolivariana estĆ” jugando una partida con cartas marcadas por la burguesĆ­a. Todo el sistema responde a la preservación de la clase dominante que le dio origen. Una buena parte de los revolucionarios parecieran empeƱados en “derrotar” (comillas adrede) al capitalismo con sus mismas armas. El Ć”rbol no les permite ver el bosque o quizĆ”s lo ven demasiado bien. En estos momentos el enfrentamiento se ha ubicado en el Ć”mbito de dos bloques conformadores de la conciencia colectiva fundamentales: el sistema educativo y los medios de comunicación. Esa batalla la gana la Revolución o la gana el capitalismo y quien la gane habrĆ” ganado la guerra.

En cuanto al sistema educativo, la situación de postración de educadores y educandos ante los valores del sistema capitalista no es obra de la casualidad. Particularmente desde el mismo aƱo en que se declaró el neoliberalismo como pensamiento Ćŗnico para la humanidad por Ronald Reagan y la Sra. Thatcher (enero de 1981), se emprendió una tarea de demolición de la educación pĆŗblica, complementada con la sistemĆ”tica exclusión de los sectores populares de las Universidades Autónomas y Experimentales mĆ”s costosas y punteras por vĆ­a de las Pruebas de Aptitud AcadĆ©mica (PAA) y las Pruebas de Admisión Interna. En 20 aƱos la presencia de los sectores provenientes del sector pĆŗblico y –por supuesto- pertenecientes a los estratos mĆ”s humildes (D y E), fueron reducidos a 6% en la UCV y 0.86% en la Universidad Simón BolĆ­var, entretanto los bachilleres provenientes del sector educativo privado y socioeconómicos (A, B y C) plenaron estas casas de estudios con un 94 y un 99% respectivamente. El estudiantado proveniente de los sectores populares conformó eso que se conoció como “población flotante”, mĆ”s de un millón trescientos mil bachilleres pasaron a formar parte de esta población sin esperanza en menos de 20 aƱos.

¿Debe extraƱar a alguien que esos estudiantes de las universidades autónomas y experimentales “exquisitas” y privadas conformen hoy el Movimiento Estudiantil “manitas blancas”? Ahora bien, esto ocurre luego de 11 aƱos de gobierno revolucionario. ¿Puede tolerar y cohonestar un gobierno revolucionario el hecho de que con el dinero de todos se financien los estudios de estos muchachos que pueden perfectamente costearse sus estudios y que en un enorme porcentaje no irĆ”n al campo de trabajo a servir a su pueblo sino a satisfacer sus intereses individuales, tanto por formación (¿deformación?) como por origen de clase, mientras se le asignan cuotas de miseria a los estudiantes pobres (UBV, UNEFA), quienes sĆ­ irĆ”n al mundo del trabajo a servir a su pueblo? ¿Debe el pueblo costear la formación profesional de personas que formarĆ”n parte de las grandes transnacionales o se irĆ”n del paĆ­s a ofrecer sus servicios profesionales, en tanto que destina recursos marginales a la formación de los profesionales para la patria? Un estudiante de la “exquisita” Universidad Simón BolĆ­var le cuesta al pueblo unos 29.000 BsF por aƱo; uno de la UCV, alrededor de 24.000 Bs.F por aƱo, todo sin tomar en cuenta los abundantes ingresos propios de estas “magnas” universidades, como: alquiler del Aula Magna, Estadios, Cantinas, Zona Rental, Pruebas Internas, etc., en tanto que cada estudiante de la UBV recibe para su formación un aporte de unos 2.800 Bs. F por aƱo. La Universidad Bolivariana tiene cinco veces mĆ”s estudiantes que la UCV y treinta y cinco veces mĆ”s que la Simón BolĆ­var, mientras su presupuesto anual es cinco veces inferior al de la UCV.

Ese es el cascabel que hay que ponerle al gato. Se acerca de nuevo el proceso de admisión a las universidades. ¿PodrĆ”n este aƱo imponer el CNU y la OPSU los mecanismos aprobados para el ingreso basado en la vocación antes que en la prueba, o volverĆ”n estas universidades a hacer –como el aƱo pasado y el otro y el otro- lo que les de la gana?, ¿Se harĆ” un examen profundo a la distribución y ejecución de los presupuestos o continuarĆ” la “autonomĆ­a” siendo el refugio para toda clase de vagabunderĆ­a? ¿Se aplicarĆ” una polĆ­tica de valoración sobre los logros y la pertinencia a los enormes gastos en investigación de estas universidades reducidos en muchĆ­simos casos a vacaciones de lujo en el extranjero e “investigaciones” que para nada cumplen con lo exigido en el artĆ­culo 34 de la LOE? Ese cascabel hay que ponĆ©rselo a este gato o seguiremos en una batalla sin futuro que al final perderemos. La inversión en educación es cosa social, es de supremo interĆ©s social, debe responder entonces a dos premisas: a) al interĆ©s social y no al interĆ©s privado, y b) Debe ser consecuencia de un acto de soberanĆ­a popular (absoluta, imprescriptible e intransferible) y no de unas cĆŗpulas.

El otro gato sin cascabel es el de los medios de comunicación. Una emisora de radio, una televisora o un medio impreso es un medio de producción. El producto de esa unidad productiva lo determinarÔ siempre el propietario del medio. Quien decide qué, cuanto y cómo se produce calzado en una fÔbrica de zapatos es el dueño del medio de producción. Esta fÔbrica producirÔ zapatos o condones si estÔ en el interés de ganancia del dueño del medio. Esperar que un medio de comunicación de propiedad privada produzca bienes (información, educación, entretenimiento, etc.) distintos a lo intereses del dueño del medio es de una insufrible ingenuidad. Del mismo modo que la fÔbrica de zapatos producirÔ bienes de alto interés social, mediante la planificación de la producción, orientÔndola a las necesidades sociales y no a la ganancia pura y dura, si el medio de producción es de propiedad social. Un medio de comunicación de propiedad social producirÔ noticias, educación, cultura y entretenimiento para el bien, la paz y el progreso de la sociedad, respondiendo a los intereses del dueño (el pueblo) de ese medio. Todo lo demÔs es perdernos en un combate sin perspectiva de éxito y devastador.

¿De momento, quĆ© hacer? Aplicar la ley. Reivindicar el imprescindible don de la autoridad para un pueblo en Revolución (con mayĆŗscula), como lo seƱala el filósofo Ernst Bloch, es prioritario. HabrĆ­a bastado con aplicar la ley –y se estĆ” a tiempo porque lo delitos contra los derechos humanos son imprescriptibles- para que la mayorĆ­a de estos dueƱos de medios y un buen nĆŗmero de sus palangristas estuviesen presos, no fusilados como dice Noam Chomsky que pasarĆ­a en USA, porque en Venezuela no existe pena de muerte, pero sĆ­ bien presos. AplĆ­quese la Ley, sobran las pruebas (pĆŗblicas y notorias) de las transgresiones por estos personajes a los Códigos Penal (Art. 296-A y otros) y desde luego, a la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión. Este debe ser el paso previo. ¿Luego? ¡Socialismo!, propiedad social de los medios de producción como sustento imprescindible para la Conciencia del Deber Social. No se puede hacer arroz con pollo sin pollo.

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