El recuerdo del Holocausto es un regalo para la propaganda israelĂ
Por: Gideon Levy
Haaretz
Traducido para RebeliĂłn por Carlos Sanchis y revisado por Caty R.
Los peces gordos de Israel atacaron al amanecer en un amplio frente. El presidente en Alemania, el Primer Ministro con un sĂ©quito gigante en Polonia, el ministro de Exteriores en HungrĂa, su viceministro en Eslovaquia, el ministro de Cultura en Francia, el ministro de InformaciĂłn en las Naciones Unidas e incluso Ayoob Kara, diputado del Likud en la Knesset y miembro de la comunidad drusa, en Italia.
Todos ellos estuvieron por ahĂ fuera para hacer floridos discursos sobre el Holocausto.
El miĂ©rcoles fue el DĂa Internacional en Recuerdo del Holocausto, y un dispositivo israelĂ de relaciones pĂşblicas se desplegĂł como no se ha visto en años. El cronometraje del inusual esfuerzo –nunca hubo tantos ministros desplegados por el globo– no es casual: Cuando el mundo dice Goldstone, nosotros decimos Holocausto, como si tratáramos de desdibujar la impronta. Cuando el mundo dice ocupaciĂłn, nosotros decimos Irán, como si quisiĂ©ramos que se olvidaran.
No va a ayudar mucho. El DĂa Internacional en Recuerdo del Holocausto ha pasado, los discursos pronto se olvidarán y la deprimente realidad de cada dĂa permanecerá. Israel no va emerger pareciendo bueno, ni siquiera tras la campaña de relaciones pĂşblicas.
En la vĂspera de su partida, el Primer Ministro, BenjamĂn Netanyahu hablĂł en el Yad Vashem. "Hay mal en el mundo," dijo. "El mal se debe arrancar de raĂz al principio". Alguna gente está "tratando de negar la verdad." Excelsas palabras, dichas por la misma persona que sĂłlo un dĂa antes, no necesariamente en el mismo tono, pronuncio palabras muy diferentes, palabras de verdadero mal, mal que deberĂa erradicarse desde el principio, mal que Israel está tratando de ocultar.
Netanyahu hablĂł de una nueva “polĂtica de migraciĂłn”, que es mala hasta los tuĂ©tanos. MalĂ©volamente, pone juntos trabajadores inmigrantes y refugiados miserables –señalando que todos ellos ponen en peligro a Israel, bajan nuestros salarios, dañan nuestra seguridad, nos van a convertir en un paĂs tercermundista y traen drogas. Apoya fervorosamente a nuestro racista ministro del Interior, Eli Yishai, quien ha hablado de los migrantes como propagadores de enfermedades como la hepatitis, la tuberculosis, el sida y Dios sabe quĂ© más.
NingĂşn discurso del Holocausto borrará esas palabras de incitaciĂłn y denigraciĂłn contra los migrantes. NingĂşn discurso de recuerdo eliminará de raĂz la xenofobia que ha fomentado su jefe en Israel, no sĂłlo en la extrema derecha, sino en Europa y en todo el gobierno.
Tenemos un Primer Ministro que habla del mal pero que está construyendo una verja para impedir que los refugiados de guerra llamen a las puertas de Israel. Un Primer Ministro que habla del mal pero que comparte el crimen del bloqueo de Gaza, ahora en su cuarto año, dejando a 1,5 millones de personas en ignominiosas condiciones. Un Primer Ministro en cuyo paĂs los colonos perpetran pogromos contra palestinos inocentes bajo el lema "etiqueta de precio," que tambiĂ©n tiene horrorosas connotaciones histĂłricas, pero contra los que el Estado no hace virtualmente nada.
Éste es el Primer Ministro de un Estado que arresta a cientos de manifestantes de izquierda que protestan contra las injusticias de la ocupaciĂłn y de la Guerra en Gaza, mientras otorga perdones masivos a los derechistas que se manifestaron contra la desconexiĂłn. En su discurso de ayer, la equiparaciĂłn de Netanyahu de la Alemania nazi con el fundamentalista Irán no fue más que propaganda barata. Hablar de "degradar el Holocausto." Irán no es Alemania, Ahmedinejad no es Hitler y equipararlos no es menos falaz que igualar a los soldados israelĂes con los nazis.
El Holocausto no se debe olvidar y no hay necesidad de compararlo con nada. Israel debe participar en los esfuerzos por mantener su recuerdo vivo, pero al hacerlo debe mostrarse con las manos limpias, limpias del mal de sus propios hechos. Y ello no debe levantar sospechas de que está usando cinĂcamente la memoria del Holocausto para obliterar y desdibujar otras cosas. Lamentablemente, no es el caso.
QuĂ© hermoso habrĂa sido si en este DĂa Internacional de recuerdo, Israel se hubiera tomado el tiempo de examinarse a sĂ mismo, mirar hacia dentro y preguntarse, por ejemplo, cĂłmo es que el antisemitismo ha asomado la cabeza en el mundo precisamente el año pasado, el año despuĂ©s de que nosotros arrojáramos bombas de fĂłsforo blanco sobre Gaza. QuĂ© hermoso habrĂa sido si en este DĂa Internacional en recuerdo del Holocausto, Netanyahu hubiera declarado una nueva polĂtica para integrar a los refugiados en vez de la expulsiĂłn, o que hubiera levantado el bloqueo de Gaza.
Un millar de discursos contra el antisemitismo no van a extinguir las llamas encendidas por la OperaciĂłn Plomo Fundido que amenazan no sĂłlo a Israel sino a todo el mundo judĂo. Mientras Gaza estĂ© bajo bloqueo e Israel se hunda en su xenofobia institucionalizada, los discursos del Holocausto permanecerán vacĂos. Mientras el mal estĂ© incontrolado aquĂ, en casa, tampoco el mundo va a ser capaz de aceptar nuestros sermones a otros, incluso si se los merecen.
Fuente: http://www.haaretz.com/hasen/spages/1145670.html
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