Venezuela y su papel en la reforma del Estado de los 90, tras la eclosión puntofijista


De “El Caracazo” al ascenso y consolidación de ChĆ”vez
Por: Juan Manuel Karg
Rebelión

1. Introducción

Este trabajo intenta problematizar el cambio en el mapa polĆ­tico venezolano a raĆ­z de la eclosión del bipartidismo en la dĆ©cada del 90. Se buscarĆ” no escindir esta esfera de la “económica”, desarrollĆ”ndose un anĆ”lisis cronológico para poder sistematizar las principales variables que aquĆ­ entran en juego: la aparición de nuevos actores, los cambios en la coyuntura a nivel internacional y nacional, y las diversas caracterizaciones al respecto.


Se trabajarĆ” en primer lugar con un pantallazo del denominado “Pacto de Punto Fijo” para luego pasar a estudiar el derrumbe del mismo y los motivos que influyeron en este suceso. ¿QuĆ© papel jugó aquĆ­ la reforma del Estado que se desplegó a lo largo y ancho de AmĆ©rica Latina? ¿Cómo intervinieron en Venezuela las recomendaciones de los organismos multilaterales de crĆ©dito y que repercusiones tuvo a nivel polĆ­tico-social? ¿CuĆ”l fue el rol del gobierno de Carlos AndrĆ©s PĆ©rez y que significó el Caracazo desde esta perspectiva?

Luego de esto intentaremos problematizar la relevancia que tiene la aparición de estos nuevos actores en el mapa polĆ­tico: ¿QuĆ© implicancias tiene, por caso, la rebelión cĆ­vico-militar de febrero de 1992 en el marco de la eclosión puntofijista? ¿Cómo entender la figura de ChĆ”vez en este perĆ­odo? ¿QuĆ© significa la emergencia de estos liderazgos en un contexto regional caracterizado por gobiernos neoliberales?.

Una vez enumerado esto y analizando los sucesivos gobiernos del propio ChĆ”vez, nos preguntaremos, ¿Representa Ć©ste el ideario de “neopopulismo” caracterĆ­stico de los 90 ó mĆ”s bien tiende a diferenciarse de experiencias como las de Fujimori o Menem? ¿Existe un proceso de “democracia delegativa” tal como caracterizan algunos autores? ¿Hay un reflejo “antipolĆ­tico” en la elección de ChĆ”vez? ¿Cómo entender la reforma constitucional de 1999 y su articulado sobre la “libertad económica” en un contexto regional signado por, en mayor o menor medida, privatizaciones sobre sectores claves de la economĆ­a?

Buscaremos discutir esta y otras categorĆ­as a lo largo del siguiente trabajo, con la premisa de tratar de llegar con la mayor exhaustividad posible a la actualidad venezolana, para asĆ­ poder tambiĆ©n preguntarnos:¿Cómo puede analizarse la reciente emergencia del PSUV en la arena polĆ­tica venezolana? ¿Es este un mero reflejo de las aspiraciones de ChĆ”vez o intenta ir, mediante su organización, mĆ”s allĆ” de las aspiraciones inmediatas de su lĆ­der?.

Avancemos, entonces, en bĆŗsqueda de la respuesta a estas cuestiones.




2. El puntofijismo como la representación mÔs cabal del bipartidismo venezolano clÔsico: una introducción

La intención de este apartado es sistematizar a grandes rasgos las caracterĆ­sticas principales del bipartidismo entre Acción DemocrĆ”tica (AD) y COPEI, a la luz de mostrar cómo lo que algunos autores han denominado el “espĆ­ritu 23 de enero” ha influido largamente en la vida polĆ­tica venezolana desde 1958 en adelante.

Para ser justos a nivel histórico, vale decir que ademĆ”s de Rómulo Betancourt (AD) y Rafael Caldera, el Pacto de Punto Fijo fue firmado tambiĆ©n por Jóvito Villalba (URD). Dicho pacto comprometĆ­a a los firmantes, tal como afirma GonzĆ”lez Fuentes, a “asegurar la estabilidad del rĆ©gimen naciente, manteniendo una estrategia cooperativa para resolver los problemas relacionados con la gobernabilidad, y respetando los resultados de los comicios, como base de la alternabilidad polĆ­tica”1. Es necesario aclarar, sin embargo, que mĆ”s allĆ” de la presencia de URD, dicho pacto se basaba mayoritariamente en la correlación de fuerzas entre AD-COPEI, sumando ademĆ”s a otros actores “extra-partidarios” -pero con notoria influencia- como ser el sector empresarial (a travĆ©s de Fedecamaras), la organización mayoritaria de los trabajadores (a travĆ©s de la CTV), las Fuerzas Armadas y la Iglesia.

Desde el punto de vista de JosĆ© Molina, de la Universidad del Zulia, entre 1958 y 1973 el sistema de partidos presenta “una alta inestabilidad electoral, lo que permite caracterizarlo como dĆ©bilmente institucionalizado”2. Al decir de Molina, es durante este periodo que surgen y desaparecen con rapidez nuevos grupos polĆ­ticos, aunque el principal eje de confrontación polĆ­tica sigue siendo entre AD-COPEI. El autor marca, ademĆ”s, un elevado nĆŗmero de volatilidad electoral, que tiene influencia en la “dĆ©bil institucionalización” que ve a lo largo de este periodo: con un promedio de 31% de volatilidad medida segĆŗn el Ć­ndice de Pedersen, Venezuela tendrĆ­a niveles similares a los paĆ­ses que Mainwaring y Scully (1995) califican como de bajo nivel de institucionalización en el sistema de partidos (Bolivia, Ecuador, PerĆŗ y Brasil, en el periodo que consideran).

El periodo que va de 1973 a 1993 es caracterizado por Molina como de un bipartidismo atenuado, en tanto la distancia ideológica entre las principales fuerzas polĆ­ticas (AD-COPEI) es poca, tendiendo a coincidir en el espacio de la centro-derecha. Es interesante destacar que, para el autor, la legitimidad de los partidos como tales “comienza a declinar progresivamente a partir del inicio de la crisis económica producida por la aguda reducción del ingreso petrolero a comienzos de los aƱos ochenta, la incapacidad de los gobiernos para atenuar sus efectos sobre la población, la insatisfacción creciente de esta y su cada vez mayor conciencia de la corrupción y el clientelismo”3.

Hacia 1993 se revela, al decir de Sonia Gonzalez Fuentes, una fase de dealingment a raĆ­z de la erosión de los vĆ­nculos partidistas: se da un menor impacto, segĆŗn el anĆ”lisis desplegado por la autora, en la identificación partidaria, ya que “aquellos que se identifican con AD y COPEI son mĆ”s susceptibles de traicionar a sus partidos”4. Esto se traduce, segĆŗn la autora, en que variables coyunturales tales como la evaluación personal de los candidatos, o la evaluación sobre el estado de la economĆ­a suplantan a los vĆ­nculos partidistas como factor de la decisión de voto. Veamos mĆ”s a fondo las variables socio-económicas de este perĆ­odo, para ver si estas influyen en el cambio del mapa polĆ­tico y de que forma lo hacen.




3. El segundo gobierno de Carlos AndrƩs PƩrez y su significado a nivel regional; las implicancias que tuvo en la polƭtica (y economƭa) venezolana

“No se trata, como hacen los neoliberales, de convertir a los pobres en mendigos con programas sociales compensatorios...¿QuĆ© es una polĆ­tica compensatoria? Un colchón frente a las polĆ­ticas de shock. Un colchón que se coloca en el suelo para cuando una persona le dĆ© con el bate de bĆ©isbol en la frente. Para que no se lastime estĆ” el colchón”

Hugo ChƔvez en el IMFC, Buenos Aires, 18 de agosto de 20035




El texto de M. Victoria Murillo llamado “Del populismo al neoliberalismo : sindicatos y reformas de mercado en AmĆ©rica Latina” resulta muy claro respecto a “El Gran Viraje” que el adeco Carlos AndrĆ©s Perez da una vez que llega a su segundo mandato. AllĆ­ Murillo seƱala que durante su primer periodo de gobierno en los aƱos ´70, Perez “habĆ­a extendido la intervención estatal, estableciendo salarios mĆ­nimos y hecho mĆ”s difĆ­ciles los despidos”6. De ahĆ­ que este haya sorprendido tanto a la oposición como a sus propios seguidores cuando hacia febrero de 1989, tras asumir el poder por segunda vez, anuncie una liberalización comercial regada de ajustes macroeconómicos y reformas estructurales del Estado.

Sin embargo, el caso venezolano muestra un contrapunto que Murillo expone respecto a la respuesta por parte de los aliados sindicales: mientras en Argentina y MĆ©xico las principales confederaciones de trabajadores (CGT y CTM, respectivamente) apoyaron los planes de reforma estructural, la Central de Trabajadores Venezolanos (CTV), controlada por AD, “respondió a este cambio de polĆ­tica organizando la primera huelga general de la historia de Venezuela, seguida por una serie de manifestaciones y otras huelgas que boicotearon muchas de las reformas de Perez en el sector social y laboral”7.

Resulta muy interesante el anĆ”lisis que la autora da a raĆ­z de esta convocatoria a una huelga general: al ver que tras los anuncios de Perez de reformas se produjeron disturbios urbanos que pusieron en evidencia una insatisfacción general por parte de la población, los dirigentes sindicales de AD convocaron a dicha huelga por temor a perder el control de la CTV en manos de aquellos partidos de la oposición que rechazaban abiertamente las reformas. Se produjo, entonces, una tensión entre la lealtad al partido y la supervivencia de los lideres, que “dividió a los dirigentes sindicales de AD entre aquellos provenientes de la CTV y que eran favorables a la huelga, y aquellos con cargos designados en el partido y que se oponĆ­an a la movilización”8.




3.a. El Caracazo como el despertar de un pueblo. ¿Reforma o recorte del Estado en AmĆ©rica Latina?

El 27 de Febrero de 1989 no fue un día mÔs en la vida de los venezolanos. Aquella mañana, tras conocerse un excesivo aumento del combustible y del transporte público -entre otras exigencias del FMI que enumeraremos mÔs adelante- hubo una instantÔnea rebelión que se plasmó en masivos saqueos en las principales ciudades del país9. Ante ello el gobierno decidió establecer el toque de queda y ordenó una brutal represión, lo que produjo mÔs de 500 muertos de aquellas mayorías pobres que habían irrumpido en escena.

Es preciso repasar el programa que el gobierno de Carlos Andrés Pérez firmó bajo el pretexto de obtener, por parte de los organismos multilaterales de crédito, 4.500 millones de dólares en los sucesivos tres años:

Determinación de la tasa de cambio en el mercado libre de divisas y realización de todas las transacciones con el exterior a la nueva tasa flotante.

Liberación de los precios de todos los productos a excepción de algunos alimentos de la canasta bÔsica alimentaria.

Anuncio del incremento gradual de las tarifas de servicios públicos como teléfono, agua potable, electricidad y gas doméstico.

Aumento inicial de las tarifas del transporte pĆŗblico en 30%.

Aumento anual en el mercado nacional durante tres años de los precios de productos derivados del petróleo, con un primer aumento promedio de 100% en el precio de la gasolina.

Creemos que estos cinco puntos reflejan a las claras el programa con el cual los organismos multilaterales de crĆ©dito vinieron a imponer condiciones a los paĆ­ses que nos encontramos bajo el sur del rĆ­o Bravo. Esto puede rastrearse sin tapujos y con una honestidad brutal en el informe del Banco Mundial titulado “AmĆ©rica Latina y el Caribe: Diez aƱos despuĆ©s de la crisis de la deuda”. AllĆ­ se habla de un nuevo modelo basado en la orientación hacia el mercado y de la generación de un nuevo consenso que implicarĆ­a, desde esta óptica, cuatro aspectos principales: estabilidad macroeconómica, apertura del comercio, menor participación del Estado a nivel económico y un “alivio” de la pobreza.

Sin embargo, luego de marcar los aspectos principales, el texto alega que “en algunos casos la reforma se ha efectuado con gran rapidez, mientras que en otros el proceso ha sido lento y, a veces, incluso vacilante (...) Los problemas polĆ­ticos que han experimentado recientemente Guatemala y Venezuela tambiĆ©n han intensificado hasta cierto punto la incertidumbre de estos procesos”10. Porque entendemos que fueron precisamente estos “problemas polĆ­ticos” los que han provocado ese despertar del pueblo venezolano es que traemos la palabra del sociólogo y politólogo argentino Atilio Borón; en su crĆ­tica a la concepción de “reforma del Estado” este es muy claro al decir que “bajo ese nombre se ocultó una polĆ­tica mucho mĆ”s pedestre: recorte brutal del presupuesto pĆŗblico, despido masivo de funcionarios del Estado, y dramĆ”tico recorte de los derechos laborales de los sobrevivientes. Vista en perspectiva histórica, a esto se ha reducido la tan mentada “racionalización” del sector pĆŗblico promovida por los gobiernos del G7, el FMI, el Banco Mundial, el BID y llevada a cabo por los gobiernos de la región”11. Analizaremos esto mĆ”s a fondo posteriormente.




3.b. La irrupción del MBR 200 y el “por ahora no pudimos” del 92. El papel de las FAN y el comienzo del fin del bipartidismo.

Creemos que el principal “problema polĆ­tico” al cual hacĆ­a referencia el informe del Banco Mundial que citĆ”bamos con anterioridad tiene que ver con lo sucedido el 4 de febrero de 1992. Esa madrugada explotó una rebelión cĆ­vico-militar comandada por el entonces coronel Hugo ChĆ”vez FrĆ­as y, segĆŗn este, “la protesta popular se desató cuando el pueblo se dio cuenta que un grupo de militares estaba junto a Ć©l. En ese momento el pueblo pasó de esa situación en ebullición reprimida a una etapa de expansión explosiva. Esa rebelión militar fue, creo, la mĆ”s grande de la historia venezolana”12.

La magnitud que ejemplifica ChÔvez en su alocución se condice mas con el peso cualitativo que cuantitativo del despliegue, teniendo en cuenta que se movilizaron sólo 6 mil hombres (es decir, el 10% de los efectivos), pero que pudieron producir combates simultÔneos en el Palacio de Miraflores, la Residencia Presidencial la Casona, y en otras ciudades como Valencia, Maracay y Maracaibo. La ausencia sin previo aviso de La Causa R, importante desprendimiento del PCV (Partido Comunista Venezolano) que venía trabajando los preparativos de la insurrección, significó un duro golpe para ChÔvez y los rebeldes, quienes decidieron rendir las armas rÔpidamente.

El destino de estos estaba sellado: la prisión. AllĆ­ el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200) se fortaleció notoriamente, a tal punto que, al decir del propio ChĆ”vez, “tanto Caldera como La Causa R trataron de capitalizar la Rebelión del 4 de febrero a su favor”13. Esto obedece a que, mientras en el Congreso Nacional todos los oradores de AD y COPEI censuraban los sucesos del 4 de febrero14, Caldera trataba de mostrarse crĆ­tico con el cuadro global de la situaci ón , viendo al movimiento militar como un deterioro del rĆ©gimen democrĆ”tico. A su vez La Causa R, olvidando su ausencia en los hechos, comenzaba a manejar la prisión de los insurrectos como un botĆ­n propio, haciendo lobby para que estos puedan candidatearse en las elecciones de diciembre de 1993.

Para ese entonces Carlos AndrĆ©s PĆ©rez habĆ­a salido eyectado de la presidencia acusado de corrupción, asumiendo fugazmente en su lugar Ramón VelĆ”squez. De ahĆ­ la importancia de la inminencia de unos comicios como los de fines de ese aƱo, en tanto el panorama electoral se mostraba muy abierto. La posición del MBR-200 al respecto fue la de plantear la abstención activa, que se resumĆ­a, tal como cuenta ChĆ”vez, en tres consignas: “no a los partidos, no a las elecciones, si a la propuesta alternativa de constituyente popular” 15 . MĆ”s allĆ” de la elevada abstención que se visualizó, Caldera –ex COPEI y candidato de Convergencia- resultó electo presidente, tras lo cual ChĆ”vez y los suyos salieron de prisión indultados.

El objetivo, una vez recuperada la libertad, fue el de recorrer el paĆ­s planteando la necesidad de la Constituyente, a tal punto que se dio una maduración de esta idea. Durante 1994 y 1995, el MBR-200 se propuso no dejar de ir a ninguna ciudad, pueblo, barrio, o campamento, lo que terminó provocando la conformación de coordinadoras locales y regionales. AdemĆ”s, segĆŗn el propio ChĆ”vez, “comenzaron a aparecer experiencias incipientes aun en aquellos tiempos. De ahĆ­ viene la idea de los comitĆ©s bolivarianos, de los comitĆ©s constituyentes. La idea es que fuesen instrumentos de organización del movimiento popular (...) nuestra estrategia habĆ­a sido bien estudiada. Y dentro de ella siempre estuvo presente la necesidad de buscar esos contactos con movimientos de izquierda en Venezuela” 16 .

Es importante, asimismo, analizar el panorama durante los aƱos 96 y 97 y las discusiones respecto a la temĆ”tica de la abstención. Alrededor de 100.000 consultas sobre la pertinencia o no de que ChĆ”vez fuera candidato se hicieron durante esos aƱos, logrando gran aceptación por el “Si”. Dentro del MBR 200 no dejaron de aflorar contradicciones en cuanto a la idea de presentarse a las elecciones venideras, aunque finalmente prim ó la postura de avanzar estratĆ©gicamente por el camino pacĆ­fico. ChĆ”vez fue claro al respecto, al afirmar que “las elecciones eran para nosotros la ventana tĆ”ctica dentro de la estrategia”17. Dicha estrategia, claro estĆ”, era la convocatoria a la Asamblea Constituyente.




4. La elección de 1998, la Nueva Constitución y la aparición de la idea de la democracia participativa.

“...en cuanto al concepto de esta democracia liberal, creo que pasó su tiempo y es un fenómeno que se presenta en unos paĆ­ses con unos picos mĆ”s altos que otros. Creo que es el fin, tambiĆ©n, de un paradigma, la democracia liberal y su Ć©poca”.

Hugo ChƔvez Frƭas, entrevista con Agustƭn Blanco MuƱoz, 1998.




La llegada al gobierno de Hugo ChĆ”vez FrĆ­as significó el primer golpe certero al neoliberalismo en su matriz “institucional” en AmĆ©rica Latina, justo en el momento de mayor auge del mismo en la región. Si bien puede tomarse a la revuelta antiglobalización de Seattle o, por caso, al levantamiento zapatista de 1994 en el sureste mexicano como referencias claras en la lucha frente a esa “larga noche”neoliberal, lo cierto es que sólo la elección de ChĆ”vez resultó una respuesta al mismo en el marco de la “democracia liberal” que el otrora coronel se imponĆ­a dejar atrĆ”s.

AsĆ­ fue que la propuesta que mĆ”s veces reiteró este en su campaƱa fue la necesidad de convocar a un proceso constituyente para, tal como gustaba expresar, “refundar el paĆ­s”. AquĆ­ se instalaba como eje nodal programĆ”tico el abandonar la idea de democracia liberal representativa para instalar, tal como afirma Lander, “un modelo polĆ­tico de democracia participativa que tuviese al pueblo como protagonista”18.

El referĆ©ndum consultivo sobre la necesidad o no de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente fue categórico: el 87,75% respaldó la propuesta de ChĆ”vez, obteniendo a la vez un elevado porcentaje de apoyo para sus candidatos a integrar dicha Asamblea Nacional, lo que le dio al gobierno la posibilidad de diseƱar “un modelo constitucional sin necesidad de mayores negociaciones con la minorĆ­a”19.

Sin embargo, y volviendo al intento de abandono de la idea de democracia liberal representativa, el nuevo modelo político que surge tras la reforma constitucional no reemplaza a esta sino que la complementa con otras diversas modalidades de participación. Es necesario, una vez analizado este limite, marcar la importancia y relevancia de los mecanismos de participación que si contempla el nuevo texto, en contraposición con la Constitución del 61, heredera del pacto puntofijista.

Así el articulo 62 de la Constitución del 99 plantea como obligación del Estado facilitar la generación de condiciones para que el pueblo pueda participar en la formación, ejecución y control de la gestión pública. El artículo 70, siguiendo dichos lineamientos, plantea una diversidad de formas de participación cuya enumeración considero relevante:

“Son medios de participación y protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanĆ­a, en lo polĆ­tico: la elección de cargos pĆŗblicos, el referendo, la consulta popular, la revocación de mandato, las iniciativas legislativa, constitucional y constituyente, el cabildo abierto y la asamblea de ciudadanos y ciudadanas cuyas decisiones serĆ”n de carĆ”cter vinculante, entre otros; y en lo social y económico: las instancias de atención ciudadana, la autogestión, la cogestión, las cooperativas en todas sus formas incluyendo las de carĆ”cter financiero, las cajas de ahorro, la empresa comunitaria, y demĆ”s formas asociativas guiadas por los valores de la mutua cooperación y la solidaridad”.

Una vez trazado esto se puede enumerar la importancia, en cuanto democratización, que surge de la posibilidad de establecer referéndums populares de carÔcter consultivo en todos los niveles de la organización política, merced el articulo Nº 71. A su vez, la posibilidad de revocatoria de mandatos de todos los cargos de elección popular que se desprende del articulo Nº 72 resulta de una importancia crucial en este aspecto, siendo un hecho inédito en una carta magna. El propio ChÔvez, en el año 2004, fue sometido a dicha elección de revocatoria de mandato, tras los intentos de desestabilización que la derecha le asestó, intento de golpe mediante y sabotaje petrolero, en 2002 y 2003. Las urnas lo dieron victorioso nuevamente, tal como sucedió en 14 de las 15 elecciones que disputó en los últimos 11 años.




4.a. La visiones posteriores a la Reforma Constitucional del 99. ¿El “retorno del lĆ­der” y el “hiperpresidencialismo”? ¿La des-institucionalización total del sistema de partidos?

Resulta interesante y hasta sugerente dar ahora lugar a las diversas interpretaciones sobre el primer periodo de ChĆ”vez al frente del Ejecutivo, si bien ya hemos ido marcando algunas cuestiones que considerĆ”bamos pertinentes esbozar de acuerdo a lo que fue la Reforma Constitucional. Alfredo Ramos JimĆ©nez, por caso, caracteriza este periodo como de un clivaje encarnado en la oposición “democracia de partidos/democracia plebiscitaria”. Una vez planteado esto, el autor alega que “la constitución sociológica de una democracia plebiscitaria marca para Venezuela la Ć©poca del ´retorno del lider´, fenómeno que ha caracterizado en la dĆ©cada de los 90 a una cuantas experiencias neopopulistas en varios paĆ­ses: el PerĆŗ de Fujimori, el Ecuador de Bucaram y mutatis mutandis, la Argentina de Menem”20.

Nos parece preciso marcar algunos limites respecto a esta formulación y algunas críticas al enfoque que propone el autor. No creemos que este periodo de ChÔvez al mando del Ejecutivo pueda ser equiparable a fenómenos como los de Fujimori o Carlos Menem por varias razones. En primer lugar creemos que la orientación ideológica dista de ser similar mÔs allÔ de intentar etiquetarlos bajo el mismo rótulo (neopopulismo, según el autor). Pero, mÔs allÔ de eso, consideramos que mediante la Constitución del año 1999 se introduce un articulado que termina privilegiando no una forma meramente plebiscitaria, como afirma despectivamente Ramos Jiménez, sino que apuesta verdaderamente a lograr una mayor participación popular, tal como hemos analizado en el apartado anterior.

Creemos tambiĆ©n que la creación de las misiones por parte del Ejecutivo en simultĆ”neo con la reforma muestra como se busca responder a los principales problemas sociales sin tener que esperar cambios administrativos de fondo. Esto es bueno remarcarlo para no terminar haciendo una “fetichización” de las instituciones cuando hay necesidades acuciantes en la población, a la vez de evitar un parate de las mismas por cuestiones burocrĆ”ticas a nivel estatal. De ahĆ­ que se busquen programas que brinden respuestas urgentes a necesidades como la alfabetización (Misión Robinson); el apoyo a los estudiantes secundarios (Misión Ribas), y a los universitarios (Misión Sucre); la atención mĆ©dica primaria (Misión Barrio Adentro); la generación de empleo (Misión Vuelvan Caras); o la entrega de tierras a los campesinos (Misión Zamora).

Nos preguntamos, entonces, ¿quĆ© tipo de “hiperpresidencialismo” es el que realiza un “by pass” de su estructura para darle nacimiento a misiones sociales –amplias y no focalizadas- que garanticen las necesidades bĆ”sicas de la población? ; ¿puede compararse el “neopopulismo” de Menem, que rifó las empresas estatales “a puertas cerradas, sin transparencia alguna y bajo generalizadas sospechas de corrupción”21, con la participación popular permanente que impulsó –e impulsa- el “neopopulista” de ChĆ”vez?.

Sonia GonzĆ”lez Fuentes plantea una concepción similar a la de Ramos JimĆ©nez, aunque va un poco mĆ”s allĆ” que Ć©ste. Al decir de la autora, “el empeoramiento de las condiciones económicas, y el aumento de la exclusión social conforman el caldo de cultivo para que el nuevo caudillo incursione en la polĆ­tica y sea legitimado por el colectivo descontento con los actores tradicionales (...) Calificadas como “democracias fachadas”, “democraduras o dictablandas” o “democracias delegativas”, estos regĆ­menes se caracterizan porque el gobernante asume poderes extraordinarios y gobierna por decreto, marginando a las instituciones democrĆ”ticas. El presidente es la encarnación de la nación, y se cree autorizado a gobernar como considere conveniente”22.

En este sentido se pueden retomar los planteos de Gabriela Ducatenzeiler y Philip Oxhorn en el texto “Democracia, autoritarismo y gobernabilidad en AmĆ©rica Latina”. Estos, parĆ”ndose en O´ Donnell y su tesis de la democracia delegativa en nuestra región, verifican una carencia de instituciones capaces de articular y representar intereses, con una debilidad en particular de los partidos polĆ­ticos. Para Ducatenzeiler y Oxhorn, “la actual e histórica debilidad de la democracia en AmĆ©rica Latina es el resultado del subdesarrollo de la sociedad civil y de las distorsiones creadas por la ausencia de instituciones fuertes que puedan mediar y regularizar las luchas de poder”23.

Sin embargo, luego de ello los autores plantean que intelectuales como O´ Donnell, Malloy y Torre, no hacen mención alguna al rol que juegan en un rĆ©gimen democrĆ”tico las constituciones y otras instituciones en la limitación de las prerrogativas del Ejecutivo. Desde este aspecto resulta mĆ”s interesante que nunca volver a retomar el anĆ”lisis que hemos desplegado de los principales puntos de la Constitución del 99.

Volvemos a preguntarnos, entonces: ¿QuĆ© otro paĆ­s de nuestra región plantea la posibilidad de revocatoria de mandato en todos sus cargos mediante la carta magna? ; ¿Es esto parte de un estilo “que combina la antipolĆ­tica y el neopopulismo”, tal como Rivas Leone expone despectivamente?; ¿O significa, acaso, un lĆ­mite infranqueable a la democracia delegativa, en tanto su premisa bĆ”sica es, segĆŗn Ducatenzeiler y Oxhorn, que el que ganó las elecciones pueda gobernar el paĆ­s como mejor le parezca?.




4.b. La “libertad económica” en la Constitución del 99, a la luz de lo acontecido en los Ćŗltimos aƱos. El papel de “lo polĆ­tico”.

El artĆ­culo 302 de la Constitución del aƱo 1999 resulta trascendental a la hora de repensar la polĆ­tica estatal respecto a la llamada “libertad económica” y los alcances de la misma. Es que, segĆŗn dicho artĆ­culo:

“El Estado se reserva, mediante la ley orgĆ”nica respectiva, y por razones de conveniencia nacional, la actividad petrolera y otras industrias, explotaciones, servicios y bienes de interĆ©s pĆŗblico y de carĆ”cter estratĆ©gico. El Estado promoverĆ” la manufactura nacional de materias primas provenientes de la explotación de los recursos naturales no renovables, con el fin de asimilar, crear e innovar tecnologĆ­as, generar empleo y crecimiento económico, y crear riqueza y bienestar para el pueblo”

La importancia del mismo reside a la luz de los hechos acontecidos en los Ćŗltimos aƱos, y tambiĆ©n en la coyuntura regional en la cual se introdujo este articulado. Podemos visualizar, en los Ćŗltimos aƱos, la nacionalización de sectores claves de la economĆ­a venezolana en la vĆ­a de lograr un “desarrollo autónomo” a nivel económico. De ahĆ­ que pueda diferenciarse, tal como lo hizo el prestigioso economista Eduardo Lucita del colectivo Economistas de Izquierda (EDI), en dos oleadas de nacionalizaciones durante los mandatos de ChĆ”vez 24 . Mientras que la primera oleada estuvo orientada al sector de servicios, telefonĆ­a, electricidad y comunicaciones, la segunda estĆ” centrada en sectores de la producción tales como la siderurgia (con el emblemĆ”tico caso de la acerĆ­a Sidor como punta de lanza), las cementeras (decisivas para el sostenimiento de un plan nacional de viviendas), y las usinas lĆ”cteas.

Esto contrasta claramente con la correcta denuncia de Lander de que “con la notoria excepción de la polĆ­tica petrolera, durante los primeros aƱos de gobierno no hay ni una propuesta integral de modelo de desarrollo ni una polĆ­tica económica que sea consistente con el radicalismo del discurso polĆ­tico”25. Creemos que, en consonancia a la radicalización del proceso se dio tambiĆ©n un cambio en cuanto a la orientación económica, tomando como eje nodal lo propuesto en la Reforma Constitucional del 99, pero orientĆ”ndolo de acuerdo a las necesidades bĆ”sicas de la población de allĆ­ en mĆ”s (y sobre todo, como decĆ­amos antes, en los Ćŗltimos aƱos).

Mabel Thwaites Rey es muy clara respecto a los alcances de la polĆ­tica neoliberal, que se contrapone indudablemente al articulado que hemos analizado anteriormente. De acuerdo a esta autora, dentro de la visión neoliberal “el radio de acción de lo polĆ­tico deberĆ­a limitarse a lo mĆ­nimo indispensable, dejando libres a las fuerzas de mercado para que organicen a la sociedad conforme a un óptimo social que resultarĆ”, precisamente, de ese libre juego”26.

Teniendo en cuenta la antitesis que respecto al paradigma neoliberal configura Venezuela desde 1998 a esta parte, nos resultan llamativas conclusiones como las de JosĆ© Antonio Rivas Leone. Para este autor el “neopopulismo” venezolano, del que tambiĆ©n hablaba Ramos JimĆ©nez, va de la mano de un pragmatismo desideologizado. De ahĆ­ que pueda decir que “la antipolĆ­tica y los outsiders representan el mesianismo, el neopopulismo, la democracia plebiscitaria, el autoritarismo e incluso la anarquĆ­a al prescindir de organizaciones estables, fuertes y disciplinadas, asĆ­ como tambiĆ©n no contar con programas polĆ­ticos, sociales y económicos. Por consiguiente, la alternativa viable para nuestras democracias, frente al avance de la antipolĆ­tica y otras tendencias, es precisamente el imperante ¨reforzamiento de la sociedad polĆ­tica¨ a travĆ©s de los partidos polĆ­ticos; por supuesto, dicha tarea implica su reinserción y redimensión como actores centrales de la lucha democrĆ”tica” 27.

¿No es, acaso, extraƱo caracterizar como “antipolĆ­ticos” a actores que se proponĆ­an –y se proponen hoy mĆ”s- ampliar el radio de acción de “lo polĆ­tico”? ; ¿Cómo entender desde la arena “antipolĆ­tica”, por ejemplo, la reciente conformación del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV)?. Suponiendo que le otorgamos –en primera instancia- el beneficio de la duda a Rivas Leone en cuanto al supuesto “pragmatismo” de ChĆ”vez a nivel partidario en sus primeros aƱos de gobierno28, no nos queda menos que descartar la tesis de lo “antipolĆ­tico” en cuanto a su bĆŗsqueda de una economĆ­a autónoma, abierta, participativa, en las antĆ­podas a las premisas bĆ”sicas del modelo neoliberal y a los mandatos de los organismos multilaterales de crĆ©dito.




5. El sistema de partidos venezolano a partir de la irrupción del PSUV. El “socialismo del siglo XXI” y sus implicancias teórico-polĆ­ticas.

“Cada dĆ­a estoy mĆ”s convencido…de que es necesario derribar el capitalismo. Sin embargo, el capitalismo no se puede terminar por sĆ­ mismo sino a travĆ©s del socialismo, un socialismo real con igualdad y justicia. TambiĆ©n estoy convencido de que es posible hacerlo desde la democracia, pero no desde la clase de democracia impuesta por Washington.
Tenemos que reinventar el socialismo. No puede ser la clase de socialismo que vimos en la Unión SoviĆ©tica, sino que se desarrollarĆ” cuando construyamos un nuevo sistema construido desde la cooperación y no desde la competición”.

Hugo ChƔvez, discurso en el Foro Social Mundial, Porto Alegre, Brasil. Enero de 2005



Este apartado intentarĆ” desmenuzar la “trayectoria partidista” de ChĆ”vez desde el Movimiento V RepĆŗblica a esta parte, haciendo hincapiĆ© en la conformación del PSUV como momento disruptivo de este proceso. El MVR nace en una coyuntura tĆ­pica bien determinada: las elecciones para la Asamblea Constituyente del aƱo 1999 y los procesos electorales del 2000. A pesar de los sucesivos triunfos, los problemas no tardaron en llegar, tal como el propio ChĆ”vez marca en la entrevista que le realizó Harnecker. Es que el haberse preparado para algo estrictamente tĆ”ctico mermó la estrategia, y “producto de esta situación, fuimos sintiendo que el MVR se fue burocratizando y alejando de las masas (...) Empezaron a surgir elementos preocupantes, por ejemplo, la gente se quejaba mucho en las regiones de que no habĆ­a dirigentes a la altura de las necesidades, de que habĆ­a muchas divisiones internas, rivalidades”29.

Para abril de 2001, entonces, ChĆ”vez anuncia el relanzamiento del MBR-200 en la necesidad de generar un movimiento de masas: este pasaba a ser entendido no como un partido (ni como un patrimonio de partido alguno) sino como el propio pueblo organizado defendiendo la revolución. AllĆ­ aparece por primera vez la idea de los CĆ­rculos Bolivarianos como nĆŗcleos bĆ”sicos del MBR-200, encontrĆ”ndose en ellos militantes del V RepĆŗblica, del PCV, del PPT, y, por sobre todas las cosas, gente sin partido. Este relanzamiento, sin embargo, no anuló la vida del propio MVR, aunque por la cabeza de ChĆ”vez siguió rondando la idea de efectivamente constituir un partido “que estĆ© a la altura del proceso”30. Es decir, un partido que, al decir del nacido en Barinas, “deberĆ­a comenzar a transformar el concepto y la praxis del gobierno”31

Es fundamental, en este sentido, situar el debate que se comenzó a generar a raĆ­z del concepto del “Socialismo del Siglo XXI”, esbozado como punta de lanza del discurso de ChĆ”vez en el estadio Gigantinho de Porto Alegre, en el marco del Foro Social Mundial de 2005. Es que, como bien dice JosĆ© Antonio HernĆ”ndez, “se puede acusar a ChĆ”vez de lo que sea, pero ademĆ”s de su valentĆ­a, ha mostrado una evolución polĆ­tica muy importante, sobre todo en un momento de arremetida a nivel mundial contra las ideas de genuino socialismo y comunismo a raĆ­z de la caĆ­da del rĆ©gimen totalitario estalinista en la Unión SoviĆ©tica. Este es un paso muy importante, que no le van a perdonar la burguesĆ­a ni el imperialismo”32.

La creación del PSUV, entonces, se da como un anhelo hacia finales de 2006, tras ganar el chavismo las elecciones presidenciales de diciembre de ese aƱo. Para ese entonces, ChĆ”vez llam ó a aquellas agrupaciones que lo respaldaban a dejar de lado los colores y las siglas, ya que “partido unido es lo que requiere la revolución, no una sopa de letras, con lo cual estarĆ­amos cayĆ©ndonos a mentiras y engaƱando al pueblo”33.

La primera prueba de fuego del mismo se dió con el intento de Reforma Constitucional de fines de 2007, lo que constituyó la primera (y única) derrota de ChÔvez del 98 a esta parte. Este articulado que perdió por escaso margen proponía no sólo una intervención estatal a nivel económico, sino que establecía por ley nuevas clasificaciones de propiedad ademÔs de la privada, como ser la pública, social, colectiva y mixta (articulo 115). Las cuestiones laborales también tenían preponderancia en los ejes nodales de la reforma: el articulo 87 llamaba a la creación de un fondo de seguro social para todos los venezolanos que sean empleados por sí mismos o que se encuentren en el sector informal. Este punto es de gran importancia por las magnitudes que el trabajo informal presenta en toda Venezuela (y en especial en Caracas y sus barrios humildes, abarrotados por carros donde gran parte de la población, en especial jóvenes, venden sus productos). AdemÔs, el articulo 90 abogaba la disminución de la semana laboral de 44 a 36 horas semanales, en lo que hubiera sido un hito a nivel internacional en las conquistas de los trabajadores.

MĆ”s allĆ” de la derrota puntual, que mereció diversas interpretaciones sobre el momento inadecuado 34 en el cual se formuló la idea de Reforma, el PSUV siguió su camino organizĆ”ndose en mĆ”s de 22 mil batallones a lo largo y a lo ancho del paĆ­s. De ahĆ­ que haya podido conseguir 17 gobernaciones en las elecciones regionales del aƱo 2008, recuperando el control de los estados de Aragua, Guaricó y Sucre. Asimismo, en enero de este aƱo el PSUV consiguió un amplio triunfo a raĆ­z de la enmienda constitucional para lograr que ChĆ”vez pueda postularse nuevamente a la presidencia. Es interesante la reflexión que al respecto tiene para hacer Modesto Guerrero, asesor de la embajada venezolana en Buenos Aires y promotor del propio PSUV, en cuanto a que la posible reelección de ChĆ”vez “no ahoga el desarrollo del poder popular, porque ese poder popular tiene una vida mĆ”s o menos propia, relacionada con Ć©l y otras mediaciones. Pero con dinĆ”mica bastante independiente. Es algo que se escapó porque el propio ChĆ”vez lo potenció al comienzo y ya es muy difĆ­cil cortarlo: Es una tendencia al poder popular que se manifestó en la abstención del voto chavista de diciembre de 2007 y en el voto castigo a gobernadores y alcaldes chavistas no queridos en noviembre de 2008 y dentro del PSUV a candidatos rechazados” 35 .

Desde este punto de vista sigue siendo difĆ­cil sostener la tesis de lo “ antipolĆ­tico ” que pregonan Rivas Leone y Ramos JimĆ©nez sobre un pueblo que precisamente es de los pocos que, a escala mundial, ha resignificado la idea de socialismo. Para el historiador argentino Miguel Mazzeo la actualidad venezolana nos permite reflexionar, por ejemplo, sobre el papel que debe jugar un gobierno popular: “¿Se le puede pedir a un gobierno popular que construya el hombre nuevo? ¿Se le puede pedir a un gobierno popular que construya el socialismo? Yo creo que no. Pero si se puede lograr que un gobierno popular no interfiera en dicho proceso” 36 . Es interesante como el gobierno pasa, desde este punto de vista, a un papel subsidiario en cuanto a la construcción de un proyecto emancipador del que el pueblo es el verdadero gestor. ¿Hay algo mĆ”s distante de la denominada “ democracia delegativa ” que esto?

Quisiera finalizar este apartado rebatiendo la idea de JosĆ© Molina acerca de que “los nuevos partidos, a pesar del apoyo popular que eventualmente han conseguido sus lideres emblemĆ”ticos, estĆ”n encontrando difĆ­cil su consolidación organizativa y la construcción de lealtades partidarias duraderas” 37 . Es primer tĆ©rmino esta caracterización sobre el sistema de partidos venezolano podrĆ­a desplegarse sobre otras latitudes de AmĆ©rica Latina en torno a la idea de un cambio en la representación polĆ­tica misma. Sin embargo, podrĆ­amos afirmar que la irrupción y consolidación del PSUV –que cuenta en actualmente con mĆ”s de 7.000.000 de miembros- constituye algo novedoso en el mapa polĆ­tico venezolano: es el primer partido que verdaderamente se afirma tras la caĆ­da de AD-COPEI, tanto a nivel organización interna como a la vista de los demĆ”s actores polĆ­ticos de la sociedad. La reciente conformación de las denominadas patrullas de trabajadores en reemplazo de los antiguos batallones demuestra precisamente que la organización se fortalece y que entiende a las formas organizativas como biodegradables 38 .




6. Algunas conclusiones a modo de cierre y reflexión.

En palabras de Modesto Guerrero “la mĆ”s importante conquista es que llegamos a diez aƱos. Rompe un promedio histórico. Hace dos aƱos hice el estudio de duración de todos los gobiernos de naturaleza similar al de ChĆ”vez que tuvo AmĆ©rica latina en el siglo XX. ¿Sabes el resultado que me dio? Que el promedio de duración de este tipo de gobiernos que rompe con el imperialismo no pasó de los 5 aƱos. Excepto Cuba, claro” 39 . Por supuesto que estos diez aƱos, tal como hemos visto a lo largo de este trabajo, no fueron algo lineal ni nada por el estilo. Significaron, por sobre todas las cosas, un intento cabal por superar el penoso legado del neoliberalismo, probablemente mĆ”s tibio en un principio y luego con un Ć­mpetu cada vez mayor.

El propio Guerrero nos habla de varias “revoluciones segmentadas” en estos aƱos, sobre todo en referencia a Ć”mbitos como el de la salud y el de la educación. Luego afirma que “desde 2003 hasta 2008 se construyeron mĆ”s puentes, metros, redes fluviales, casas, fĆ”bricas tradicionales y de punta tecnológica, escuelas, universidades, hospitales, mercados estatales, que en cualquier perĆ­odo anterior” 40 . Es que todas estas conquistas sociales van en contra de la mĆ”xima neoliberal que pregonaba un adecuamiento a los mandatos externos para, de esta forma, poder ingresar en el Primer Mundo.

De hecho la “teorĆ­a del derrame”, bandera de la “redistribución” neoliberal, cayó por su propio peso en AmĆ©rica Latina: si al inicio de este periodo en AmĆ©rica Latina el 1% mĆ”s rico obtenĆ­a un ingreso anual 237 veces superior al del 1% mĆ”s pobre, con la maduración del ajuste esta diferencia creció a 417 veces 41 . Incluso si quisiĆ©ramos tomar el Ćŗnico caso a nivel mundial de un paĆ­s que pudo pasar del subdesarrollo al desarrollo tendrĆ­amos que hablar de un sostenido fortalecimiento del mercado interno: tal es el caso de Corea del Sur, en contraposición a la clĆ”sica “receta” que nos trataron de imponer en los paĆ­ses latinoamericanos durante la etapa de la reforma del Estado.

Es que en AmĆ©rica Latina se dió, tal como claramente afirma Robert Castel, un aumento de la incertidumbre debido a la existencia de “franjas de la población ya convencidas de que han sido dejadas en la banquina, impotentes para cambiar su porvenir en un mundo cada vez mĆ”s cambiante” 42 . Es interesante contraponer esto que marca el autor con el proceso de inclusión social que vivió Venezuela en estos diez aƱos y que Guerrero despliega en las lĆ­neas anteriores.

Algunos analistas, como Thais Maingon, hablan sobre un discurso manipulador y populista de ChĆ”vez mientras que “sigue el aumento del desempleo, la inseguridad y el crecimiento de hogares en situación de pobreza” 43 . Esta información va en contra de la que brinda el Ejecutivo y es respaldada, entre otros organismos, por la CEPAL 44 . La reducción de la pobreza general de 48,1% en 1998 a un 33, 1% en 2008 45 significó que cuatro millones de venezolanos hayan abandonado la banquina a la que hacĆ­a referencia Castel. Significa, ademĆ”s, un duro golpe a las polĆ­ticas focalizadas que intentó promover el neoliberalismo y que trajeron como corolario un aumento de la brecha entre aquellos que mĆ”s y menos tienen, tal como Borón sintetizó en su critica a la “teorĆ­a del derrame”. Junto a este, pensamos que “una estrategia posneoliberal de salida de la crisis tiene que partir del reconocimiento de las insalvables limitaciones que caracterizan al desarrollo del capitalismo en la periferia” 46 . Ese es el desafĆ­o que precisamente se propone al poder repensar hacĆ­a adonde va el “socialismo del siglo XXI” y que implicancias tiene respecto al derrumbe de los socialismos “realmente existentes”.

Creemos haber demostrado que la idea de “democracia delegativa” y “antipolĆ­tica” distan mucho de lo que realmente sucede en Venezuela y que son simplificaciones que muchas veces se producen a raĆ­z de una falsa escisión entre la esfera económica y polĆ­tica. Este es un vicio que hemos tratado de evitar a lo largo de la exposición, por lo cual decidimos intercalar lo organizativo-partidario con los sucesos económicos, tanto locales como regionales.

Creemos, a su vez, que hemos podido demostrar que la caĆ­da del puntofijismo no representó en absoluto una crisis a nivel institucional como plantearon los voceros neoliberales y todos aquellos que temen la expresión continua de las clases subalternas (a las que Lander llamó irónicamente “clases peligrosas”) en la vida cotidiana de la sociedad venezolana. Afirmamos que constituyó una crisis de representación provocada por la irrupción en escena de aquellos que ya no querĆ­an mĆ”s ser representados sino partĆ­cipes de la vida polĆ­tica cotidiana.

Para finalizar, esperemos haber cumplido aquello que nos proponíamos en la introducción a este trabajo, abriendo el espacio para debates tan necesarios como impostergables en la coyuntura regional actual.

---


* Juan Manuel Karg es Politólogo de la Universidad Bicentenaria de Aragua, UBA.

BibliografĆ­a:

Abal Medina, Juan Manuel. “Elementos teóricos para el anĆ”lisis contemporĆ”neo de los partidos polĆ­ticos: Un reordenamiento del campo semĆ”ntico”, en “El asedio a la polĆ­tica” (Abal Medina- Cavarozzi, coompiladores).
Banco Mundial. “AmĆ©rica Latina y el Caribe: Diez aƱos despuĆ©s de la crisis de la deuda”, 1992.
Borón, Atilio. “Estado, Capitalismo y Democracia en AmĆ©rica Latina”, 2008.
Borón, Atilio. “Socialismo del Siglo XXI. ¿Hay vida despuĆ©s del neoliberalismo?”, Ediciones Luxemburg, 2008.
Castel, Roberto. “La inseguridad social, ¿QuĆ© es estar protegido?”, Ediciones Manantial.
ChĆ”vez FrĆ­as, Hugo. “Un hombre, un pueblo”, entrevista de Marta Harnecker, Editorial de Ciencias Sociales, Cuba
ChĆ”vez FrĆ­as, Hugo. “Mensaje anual ante la asamblea nacional”, 11 de enero de 2008.
Dieterich, Heinz. “Hugo ChĆ”vez, con BolĆ­var y el pueblo. Nace un nuevo proyecto latinoamericano”. Colección PolĆ­tica, Editorial 21, 1999.
Ducatenzeiler, Gabriela y Oxhorn, Philip. “Democracia, autoritarismo y gobernabilidad en AmĆ©rica Latina”
GonzĆ”lez Fuentes, Sonia. “Desconfianza polĆ­tica: el colapso del sistema de partidos en Venezuela”, Unidad de PolĆ­ticas Comparadas (CSIC, Madrid).
Guerrero, Modesto. “Nuestro mayor triunfo es haber sobrevivido 10 aƱos”, vĆ©ase online en: http://www.lineacapital.com.ar/?noticia=41247
Antonio HernĆ”ndez, JosĆ©. “No hay burguesĆ­a patriota”, entrevista de Juan Manuel Karg, Patricio Klimezuk y Carlos Gustavo López Pombo. Vease online en: http://www.dariovive.org/notas/mella2.htm
Lander, Edgardo. “Izquierda y populismo: alternativas al neoliberalismo en Venezuela”, VĆ©ase online en: http://catedras.fsoc.uba.ar/toer/articulos/txt-lander02.htm
Lucita, Eduardo. “La renacionalización de la acerĆ­a Sidor”, vĆ©ase online en http://www.dariovive.org/notas/lucita1.html
Maingon, Thais. “La sentencia del desastre”, en “El asedio a la polĆ­tica” (Abal Medina- Cavarozzi, coompiladores).
Mazzeo, Miguel. Presentación del libro “Venezuela, ¿la revolución por otros medios?”, textos para la militancia popular, varios autores.
Molina, JosĆ©. “El sistema de partidos venezolano: De la partidocracia al personalismo y la inestabilidad. La des-institucionalización y sus consecuencias”. Universidad del Zulia / Universidad de Michigan.
Murillo, Maria Victoria. “Del populismo al neoliberalismo: sindicatos y reformas de mercado en AmĆ©rica Latina”. En “Desarrollo Económico”, Vol. 40, NĀŗ 158 (julio-septiembre de 2000).
Ramos JimĆ©nez, Alfredo. “Partidos y sistemas de partidos en Venezuela”, en “El asedio a la polĆ­tica” (Abal Medina- Cavarozzi, coompiladores).
Rivas Leone, JosĆ© Antonio. “Transformaciones y crisis de los partidos polĆ­ticos. La nueva configuración del sistema de partidos en Venezuela”. Universidad de Los Andes, Instituto de Ciencias PolĆ­ticas y Sociales (ICPS), Barcelona, 2002.
Thwaites Rey, Mabel. “Tecnócratas vs. Punteros”, en “Entre tecnócratas globalizados y polĆ­ticos clientelistas. Derrotero del ajuste neoliberal en el Estado argentino”, Ediciones Prometeo, 2005.
Viciano Pastor, Roberto y Martinez Dalmau, Ruben. “Los problemas de una postura crĆ­tica frente a la reforma constitucional”, 2/12/2007. Vease online en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=59951
Notas:


1 GonzĆ”lez Fuentes, Sonia. “Desconfianza polĆ­tica: el colapso del sistema de partidos en Venezuela”, Unidad de PolĆ­ticas Comparadas (CSIC, Madrid).

2 Molina, JosĆ©. “El sistema de partidos venezolano: De la partidocracia al personalismo y la inestabilidad. La des-institucionalización y sus consecuencias”. Universidad del Zulia / Universidad de Michigan.

3 IbĆ­d.

4 IbĆ­d.

5 Al respecto ver “Venezuela Bolivariana. Integración latinoamericana y cooperativismo” Ediciones desde la gente, Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Buenos Aires, 2004.

6 Murillo, Maria Victoria. “Del populismo al neoliberalismo: sindicatos y reformas de mercado en AmĆ©rica Latina”. En “Desarrollo Económico”, Vol. 40, NĀŗ 158 (julio-septiembre de 2000).

7 IbĆ­d.

8 IbĆ­d.

9 Hay quienes han argumentado, y con razón, que el mote “Caracazo” simplifica la verdadera magnitud de los sucesos, ocultando la naturaleza generaliza y nacional de la rebelión.

10 Banco Mundial. “AmĆ©rica Latina y el Caribe: Diez aƱos despuĆ©s de la crisis de la deuda”, PĆ”g. 26, 1992.

11 Borón, Atilio. “Estado, Capitalismo y Democracia en AmĆ©rica Latina”, PĆ”g. 20, 2008.

12 ChĆ”vez FrĆ­as, Hugo. “Un hombre, un pueblo”, entrevista de Marta Harnecker, PĆ”g. 18. Editorial de Ciencias Sociales, Cuba

13 Ibƭd., PƔg. 20.

14 El colmo de ello fue la alocución de David Morales Bello, dirigente nacional de AD, quiĆ©n llegó a lanzar en el recinto la consigna “mueran los golpistas”.

15 Ibƭd. PƔg. 21.

16 Ibƭd. PƔg. 24

17 Ibƭd. PƔg. 25

18 Lander, Edgardo, “Izquierda y populismo: alternativas al neoliberalismo en Venezuela”

19 IbĆ­d.

20 Ramos JimĆ©nez, Alfredo. “Partidos y sistemas de partidos en Venezuela”, en “El asedio a la polĆ­tica”

21 Borón, Atilio. “Socialismo del Siglo XXI. ¿Hay vida despuĆ©s del neoliberalismo?”, PĆ”g. 56, Ediciones Luxemburg, 2008.

22 Ibƭd., PƔg. 22.

23 Ducatenzeiler, Gabriela y Oxhorn, Philip. “Democracia, autoritarismo y gobernabilidad en AmĆ©rica Latina”, PĆ”g. 36..

24 Eduardo Lucita, “La renacionalización de la acerĆ­a Sidor”, vĆ©ase online en http://www.dariovive.org/notas/lucita1.html

25 IbĆ­d.

26 Thwaites Rey, Mabel. “Tecnócratas vs. Punteros”, en “Entre tecnócratas globalizados y polĆ­ticos clientelistas. Derrotero del ajuste neoliberal en el Estado argentino”, PĆ”g. 104, Ediciones Prometeo, 2005.

27 Rivas Leone, JosĆ© Antonio. “Transformaciones y crisis de los partidos polĆ­ticos. La nueva configuración del sistema de partidos en Venezuela”, PĆ”g. 16, Universidad de Los Andes – Instituto de Ciencias PolĆ­ticas, Barcelona, 2002.

28 Esta idea de pragmatismo puede rebatirse velozmente con declaraciones de 1998 del propio ChĆ”vez. En una entrevista con Heinz Dieterich, y refiriĆ©ndose a la parte ideológica que lo diferenciaba del primer peronismo, ChĆ”vez alegaba que “el peronismo si tuvo un fuerte impulso popular, pero igual era otro tiempo, eran otras raĆ­ces y yo no estoy seguro de que Perón haya tenido un proyecto ideológico de fondo. Yo creo que hay una diferencia profunda, no en el hombre, no me quiero parar en el hombre. No estoy seguro de que Perón y su movimiento hayan organizado de verdad, de manera firme y sólida, un movimiento popular que hubiese estado ideologizado”. Ver Dieterich, Heinz. “Hugo ChĆ”vez, con BolĆ­var y el pueblo. Nace un nuevo proyecto latinoamericano”. PĆ”g. 141. Colección PolĆ­tica, Editorial 21, 1999.

29 Ibƭd., PƔg. 103.

30 Ibƭd., PƔg. 108.

31 Ibƭd., PƔg. 109.

32 Antonio HernĆ”ndez, JosĆ©. “No hay burguesĆ­a patriota”, entrevista de Juan Manuel Karg, Patricio Klimezuk y Carlos Gustavo López Pombo. Vease online en: http://www.dariovive.org/notas/mella2.htm

33 “ChĆ”vez destaca importancia de partido unido en Venezuela”, Jueves 18 de enero de 2007. Vease online en: http://psuv.blogspot.com/2007/01/chvez-destaca-importancia-de-partido.html

34 VĆ©ase al respecto: Roberto Viciano Pastor y RubĆ©n MartĆ­nez Dalmau , “Los problemas de una postura crĆ­tica frente a la reforma constitucional”, 2/12/2007.

35 Guerrero, Modesto. “Nuestro mayor triunfo es haber sobrevivido 10 aƱos”, vĆ©ase online en: http://www.lineacapital.com.ar/?noticia=41247

36 Miguel Mazzeo, presentación del libro “Venezuela, ¿la revolución por otros medios?”, textos para la militancia popular, varios autores.

37 IbĆ­d.

38 Es decir que si cumplen un tiempo determinado y no estÔn a la altura de los objetivos pre-determinados son reemplazadas para darle mayor dinamismo a la organización.

39 IbĆ­d.

40 IbĆ­d.

41 Al respecto ver Borón (2008)

42 Castel. Roberto. “La inseguridad social, ¿QuĆ© es estar protegido?”, PĆ”g. 67, Ediciones Manantial.

43 Maingon, Thais. “La sentencia del desastre”, en “El asedio a la polĆ­tica”, PĆ”g. 510.

44 Al respecto recomendamos la nota: http://www.rnv.gov.ve/noticias/?act=ST&f=4&t=90280

45 Ver ChĆ”vez FrĆ­as, Hugo. “Mensaje anual ante la asamblea nacional”, 11 de enero de 2008.

46 IbĆ­d.

Publicar un comentario

0 Comentarios