Contradicciones de nuestra revolución
Por: Juan Contreras y Oswaldo Flores (Coordinadota Simón BolĆvar)
En el escenario polĆtico nacional e internacional, esta latente una agresión sobre Venezuela, apoyada por la derecha apĆ”trida y sus padrinazgos en el extranjero para ejecutar sus planes golpistas, inspirados en el triste ejemplo de Honduras y los “siete puƱales en el corazón de AmĆ©rica”.
Es hora que muchos camaradas comprendan -sin gringolas globovizadas- que la propuesta de la Revolución Bolivariana no se sustenta en un acto emocional, trazado por las pasiones de un momento, de un gobierno o de un heroĆsmo protagónico circunstancial, sino a un profundo cambio de estructuras sociales a todos los niveles que este pueblo exige. Tampoco se trata de apegarse a la razón carismĆ”tica de un lĆder como Hugo ChĆ”vez, que tiene todos los mĆ©ritos, luchando e inventando a veces con errores para llevar adelante este proceso, sino de todo un nuevo modo de vida en el que la socialización de todos los sistemas de producción se ponen a la orden de la grandes mayorĆas para suplir necesidades y arribar a una estadio superior de vida social, que en su momento expreso Simón BolĆvar para identificar el objetivo: “la mayor suma de felicidad posible”. Queda entonces a la calma y a la meditación, moldear el detonante para una nueva historia, un nuevo perĆodo, nuevos retos.
Mientras el Comandante ChĆ”vez, en lo internacional hace enormes esfuerzos –con ciertos nada despreciables a pesar de la presión yanqui- haciendo lo humanamente posible, por consolidar la Patria Grande mediante un llamado constante a la unidad revolucionaria de nuestra AmĆ©rica Latina, como un escudo ante las amenazas imperiales del monstruo del norte; en lo interno, las patrullas del partido de la revolución venezolana no despliegan alas o no tienen tren de aterrizaje para la autodefensa. Las contradicciones en el seno de esta organización de la Revolución , continĆŗan evidenciando la poca madurez polĆtica y nivel de conciencia que hemos alcanzado en estos diez aƱos de construcción de la Patria Socialista. No obstante, entendemos o mĆ”s bien tratamos de justificar que estamos en una transición hacia el Socialismo y todo aquello de la crisis Gramsciana; pero creemos que, el tema de la organización del PSUV
es un tema Ć”lgido, trascendental y no debe ser tratado a la ligera, y en verdad va mĆ”s allĆ” de la teorĆa de la transición y de la tolerancia. Camarada Jorge: no permitas que se empaƱe lo que sin duda ha sido un loable intento de apuntalar la organización popular (PSUV) como una vĆa para la consolidación del proyecto revolucionario; sin embargo esta no puede emprenderse desde posiciones caudillescas que niegan por la vĆa del hecho la verdadera participación y allĆ pudiĆ©semos encontrar una de las causas de los reiterados fracasos en esa materia. El PSUV debe ser un partido de izquierda, del pueblo, no un Partido del Gobierno. Otra cuestión importante, la organización no puede planificarse desde el financiamiento, porque la respuesta lógica (acción-reacción) del pueblo serĆ” (como lo ha venido haciendo), si no me financian no me organizo. Es parte de lo que viene pasando tambiĆ©n con los Consejos Comunales, excelente idea y acertada ademĆ”s, pero que en la prĆ”ctica ha venido teniendo una limitante en relación a los que se espera y se necesita de estas instancias del Poder Popular.
Para enfrentar estas amenazas y evitar la debacle del proyecto revolucionario bolivariano se hace imperativo que los sectores populares verdaderamente revolucionarios retomen los ideales de transformación y de justicia social que los inspiraron, asumiendo una posición de auténtica insurgencia popular con la intención de que este hermoso proceso revolucionario se profundice y que de verdad, trascienda efectivamente al socialismo.
Sin embargo, observamos las ambiciones personales entre algunos personeros del chavismo y el sectarismo polĆtico partidario mĆ”s absoluto han privado por encima de la construcción del poder popular y del cambio estructural, sin admitir la existencia y los aportes de otras organizaciones sociales y partidistas, cediĆ©ndose mucho espacio e influencia a la “Cultura del yohĆsmo” capitalista y ambicioso, donde la mayorĆa se mueve por el interĆ©s personal. Esto Ćŗltimo, estĆ” creando un profundo abismo entre todos estos factores polĆticos y sociales del cambio estructural del poder popular y quienes los ven, como una grave amenaza para sus intereses particulares y grupales. Por ello mismo, es vital que se comiencen a generar los mecanismos de participación y de protagonismo que, a su vez, le darĆ”n sustentabilidad al poder popular como instrumento revolucionario directamente ejercido por el pueblo para alcanzar el cambio estructural, la liberación nacional y el bien comĆŗn en contrapartida al capitalismo y sus fórmulas polĆticas tradicionales, tan bien alabados por el imperialismo gringo.
En esta etapa y momento de la revolución le corresponde a los colectivos populares revolucionarios –especialmente, los del 23 de Enero, llĆ”mense como se llamen- a sacar esa carga histórica que les es tan propia como la piel o la sangre al cuerpo: luchadores revolucionarios irrenunciables; aunque ello los convierte en incómodos y poco manejables. Admitiendo que la impertinencia de ese carĆ”cter -aunque viene cargado de emoción revolucionaria pura- puede conducirlos a acciones estratĆ©gicamente no recomendables; aĆŗn asĆ, estos actos siempre estarĆ”n del lado de las luchas del pueblo y serĆ”n una piedra en el zapato para quienes acomodados al poder se han olvidado del pueblo. No tienen vocación de condón. Luchan por la revolución y lo harĆ”n hasta morir en el empeƱo de ser necesario.
Para que la lucha de estos colectivos pueda emprender algunos cambios fundamentales. Hace falta que Ć©stos colectivos vayan acompaƱados de esa reacción conciente del poder popular en contra de los esquemas dominantes del pasado, y comprendiendo decididamente que deben demolerse por completo las estructuras (polĆticas, económicas, sociales, militares y culturales) sobre las cuales se basa el predominio de las clases dominantes, en sintonĆa con el pueblo y la lucha revolucionaria signada por el objetivo estratĆ©gico y comĆŗn para el pueblo y su destino. La lucha debe ser congruente, efectivamente sabĆa y racionalmente eficiente para decidir, en los momentos mas difĆciles, el mejor escenario que posibilite las condiciones objetivas y subjetivas a la revolución bolivariana y permita la consolidación de la patria grande.
En este sentido, el combate de todos los revolucionarios tendrĆa que entablarse en tres niveles simultĆ”neos:
1) enfrentando las agresiones y las pretensiones del imperialismo yanqui y de sus aliados (especialmente del vecino paĆs) por interrumpir cualquier tentativa del pueblo por emanciparse realmente de su yugo e influencia;
2) resistiendo y derrotando los diferentes planes desestabilizadores orquestados por la oposición fascista, lacaya y pitiyanqui;
3) desenmascarando al sector de derecha que, proclamĆ”ndose chavista y revolucionaria, busca perpetuarse en el poder, manteniendo un fĆ©rreo control de gobernaciones, alcaldĆas y demĆ”s instancias de gobierno, sin permitir en ningĆŗn momento una participación efectiva del pueblo en la toma de decisiones y, muy especialmente, en las tareas que deben desembocar en la implantación del socialismo en todo rincón del paĆs.
El futuro del proyecto revolucionario bolivariano -considerĆ”ndose socialista y revolucionario, no obstante sus graves y notorias deficiencias y contradicciones- dependerĆ” en mucho de la movilización, de la organización y de la toma de conciencia de los sectores populares, mĆ”s que de la “buena voluntad” de quienes, por ahora, controlan el poder, regentados por paradigmas que no se ajustan a lo que serĆa verdaderamente el socialismo.
“La crĆtica debe hacerse a tiempo; no hay que dejarse llevar por la mala costumbre de criticar solo despuĆ©s de consumados los hechos”
Mao Tse Tung
yocatari@yahoo.es
juanc.02_@hotmail.com
0 Comentarios