Melor Sturua recuerda cumbres de líderes rusos y estadounidenses

Melor Sturua recuerda cumbres de líderes rusos y estadounidenses
Por: Voice of Russia


El periódico Moskovski Komsomolets publicó un artículo de Melor Sturua, uno de los periodistas rusos más notables, que basándose en las impresiones personales, en vísperas del encuentro Obama-Medvedev, recuerda lo peculiar de semejantes cumbres ruso-estadounidenses, comenzando por el encuentro de Jruschov con Kennedy.

El aspecto personal ha jugado siempre un papel primordial en el trato. Tales contactos han sido siempre un teatro de dos actores cuyas singularidades del carácter en mucho definían la trama del “espectáculo” e incluso su género.

En ocasiones, el drama, a veces, la comedia, pero en la mayoría de los casos la tragicomedia.

Por ejemplo, el mentado Jruschov, a diferencia de Stalin, no hipnotizaba al oponente sino que le gritaba en su afán de asustarle. En la cita Brezhnev-Nixon no hubo gritería, se dejaban oír los besos. A los ambos interlocutores, a pesar del gran poder que poseían, les atraían los valores pequeñoburgueses. Por eso no cambiaron riñas sino regalos. Nixon presentaba coches a Brezhnev y éste lanchas de hidroaletas a Nixon.

Las cumbres Gorbachov-Reagan estaban llenas de alto dramatismo. En Moscú Reagan, por primera vez, se vio compelido a renunciar a llamar a la URSS “imperio del mal”. E

n Reikiawik Gorbachov sugirió a Reagan la idea del desarme coético-nuclear total, pero los consejeros del presidente estadounidense, espantados, le obligaron a reconsiderar su presurosa decisión.

Tras la llegada de Boris Yeltsin al Kremlin las cumbres ruso-estadounidenses perdieron su equilibrio. El primer presidente ruso, por lo demás, compensaba con bastante éxito la pérdida de peso político con bromas cáusticas, comenzando a reírse atronadoramente de su propia broma.

El presidente Clinton lo miraba con franca admiración y también se reía muy alto. Ocho años de comunicación entre Putin y Bush es difícil llamar de otra manera que extraño. Cuanto mejor se ponían sus relaciones personales, tanto más empeoraban las interestatales.

La primera cumbre Putin-Bush enriqueció la historia con la famosa frase de Bush de que miró a los ojos de Putin y vio en ellos su alma.

Ahora, a primeros de julio, los principales papeles en la cumbre ruso-estadounidense estarán a cargo de nuevos actores del escenario político.

Es poco probable que Barack Obama intente ver el alma de Medvedev. Está planificada la discusión de problemas muy intrincados: la amenaza nuclear de Irán y de Corea del Norte, las bases de Washington en Polonia y Chequia, la regularización en Cercano Oriente, Afganistán, Georgia.

A ello se puede añadir la crisis, el crudo, la enmienda de Jakson-Vanick que restringe el comercio entre los dos países. Lo más probable es que la cumbre de Moscú esté llena de espinas, señala Moskovski Komsomolets y es poco probable que se pueda deshacerse de ellas “a dos plumazos”.

COMENTARIO AL ARTÍCULO DEL DÍA
El director del Centro de Seguridad Internacional del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales Alexey Arbatov considera que hay coincidencia única de peculiaridades psicológicas de los actuales presidentes de Rusia y de EEUU. Lo que, empero, no descarta problemas objetivos en Política y Economía.

En general, es un caso único en la historia de las relaciones ruso-estadounidenses en los últimos 250 años: los dos jefes de Estado congenian tanto por su edad, experiencia de vida, carrera, pareceres sobre el país y el mundo circundante. Los dos son francos, inteligentes, tienen instrucción jurídica, no les gravitan los estereotipos de la guerra fría.


De modo que en esto no habrá problemas. Pero tienen grandes problemas en sus propios países. En Rusia son fuertes las tendencias antinorteamericanas, en EEUU se dedica poca atención a Rusia y esta “poca atención” es generalmente de signo negativo. Los problemas internacionales no son de los más fáciles.

Hace poco la situación ha sido complicada por Corea del Norte y por Irán, no están concordados los intereses en el espacio postsoviético que Occidente no quiere dejar a Rusia como patrimonio ruso porque persigue allí sus propios intereses. En materia de desarme hay muchas interrogantes. Por eso, no hay que preocuparse de las cualidades personales de ambos.

Creo que, a diferencia de los tiempos anteriores, lo personal estará relegado a un segundo plano.






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