Reflexiones del compaƱero Fidel

Viernes, 06 de Marzo de 2009

Fidel Castro: Mi encuentro con Zelaya

Fidel Castro subraya que el mandatario hondureño "sufre profundamente los abusos del imperio". "A través de su pensamiento podía apreciarse su profunda aversión al sistema económico de Estados Unidos", reseña.


El líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, afirmó que el presidente de Honduras, José Manuel Zelaya, es sin duda un hombre bueno, con fuerte dosis de tradición e inteligencia asombrosa. En un artículo intitulado "Mi encuentro con Zelaya", divulgado la víspera por la publicación digital Cubadebate, Fidel Castro subraya que el mandatario hondureño "sufre profundamente los abusos del imperio".

"A través de su pensamiento podía apreciarse su profunda aversión al sistema económico de Estados Unidos", agrega. "Lo educaron en la religión cristiana, que constituye la base de sus sentimientos actuales. Como Hugo ChÔvez, encontró en las ideas de Cristo la fuente de inspiración que alimenta su concepción de la justicia; no pueden acusarlo de marxista o comunista", asegura.

Para Zelaya, cita Fidel Castro, “el sistema capitalista es la mĆ”s repugnante concepción de la justicia que pueda albergar el ser humano”.

Se transmite a continuación el texto íntegro:


Reflexiones del compaƱero Fidel: Mi encuentro con Zelaya

Algunos han preguntado en qué paró el encuentro con Zelaya que el Comandante mencionó en la reflexión de ayer miércoles 4 de marzo.

Lo vi. No me quedaba otra alternativa. InventƩ el tiempo.

Estoy obligado a decir el mƔximo en pocas palabras o no decir nada, y no siempre puedo.

Acabo de hablar, en síntesis apretadísima, sobre Juan Bosch, la expedición contra Trujillo, los dramÔticos episodios protagonizados por los revolucionarios dominicanos, quejÔndome de que la historia real no se ha escrito todavía.

Hoy temprano recibo otra carta de la periodista Daily SÔnchez Lemus, del Sistema Informativo de la Televisión Cubana, que quiere escribir la historia real de José Ramón Mejía del Castillo, Pichirilo. Me pide datos que el gran maestro del periodismo cubano Guillermo Cabrera Álvarez conoció por mí, relacionados con quien fuera entre los revolucionarios, uno de los mÔs audaces dominicanos en la lucha contra los invasores yankis.

Le escribirƩ a Daily contƔndole lo que conozco de Ʃl.

Para no extender demasiado esta reflexión, responderé telegrÔficamente lo que se pregunta sobre el encuentro con el Presidente de Honduras.

Es muy joven. “Solo 4 aƱos en toda mi vida puedo ser Presidente de Honduras. Pertenezco al Partido Liberal; mi paĆ­s es muy conservador, comenzando por el propio Partido en que milito”. Escribo sus palabras casi textualmente, tal como las percibĆ­. Cualquier error es responsabilidad Ćŗnicamente mĆ­a.

Eso no le ofrece al lƭder de un paƭs ni siquiera un segundo, en busca del Estado Eficiente, que cualquier sociedad necesita hoy mƔs que nunca, sentenciƩ.

Es sin duda un hombre bueno, con fuerte dosis de tradición e inteligencia asombrosa. Su voz en la tribuna es trueno, en la conversación personal, discreta y de acento familiar.

Su clase social desciende de los primeros españoles que poblaron el corazón de la antigua civilización Maya. Como en todos los demÔs territorios conquistados con sus caballos y espadas de acero, tomaron posesión de la tierra.

Las familias se trasmitieron las propiedades a lo largo de siglos. Cuando llegó la hora de la independencia en Iberoamérica, constituyeron las oligarquías, que fueron dueñas de los nuevos países independientes.

En Centroamérica el curso histórico estuvo determinado por el recién nacido imperialismo yanki, que intentó apoderarse directamente de sus territorios.

De la lucha por defender la soberanía surgieron extraordinarias figuras históricas.

Francisco MorazÔn, legendaria personalidad centroamericana, era de origen hondureño y fue elevado a la Presidencia de los estados de la región. Gobernó 10 años. Zelaya lo define como un hombre de pueblo, que no pudo estudiar en la universidad, pero dotado de una inteligencia excepcional, que simbolizó la lucha de sus pueblos.

Entre esos Estados estaba Costa Rica. Allí sin embargo fue traicionado por la mÔs rancia derecha que instrumentó un golpe de estado y asesinó a MorazÔn. Zelaya prometió enviarme libros que ilustran la historia de este singular héroe centroamericano.

Zelaya, como los demÔs de su clase social, realizó sus estudios en escuelas religiosas. Si a mí, en condiciones muy diferentes, me correspondieron los hermanos de La Salle y los Jesuitas, a él lo enviaron a los de la Orden de los Salesianos.

Procedente él de una familia de rancio abolengo, lo educaron en la religión cristiana, que constituye la base de sus sentimientos actuales. Como Hugo ChÔvez, encontró en las ideas de Cristo la fuente de inspiración que alimenta su concepción de la justicia; no pueden acusarlo de marxista o comunista.

Sin embargo, me cuenta: “Cuando viajĆ© a Cuba la primera vez, apenas iniciado mi periodo de gobierno, me trataron como el peor de los enemigos. No me perdonaban que le pidiera excusas a Cuba por haber sido Honduras paĆ­s de entrenamiento de invasores. El gobierno de Estados Unidos consideraba que yo debĆ­a ser destruido por esa conducta”.

Para Zelaya, “el sistema capitalista es la mĆ”s repugnante concepción de la justicia que pueda albergar el ser humano”.

Le preguntĆ© por la extensión de Honduras. “Alrededor de 112 mil kilómetros cuadrados” respondió. Cuba posee casi exactamente igual, comentĆ©.

¿De ellos cuĆ”ntos son de pinares? vuelvo a preguntarle. Hizo cĆ”lculos: “50 mil”, me dijo. ¿CuĆ”ntos pinos por hectĆ”rea? “mil pinos” ¿CuĆ”ntos metros cĆŗbicos por pino? “Uno y medio calculĆ”ndolo conservadoramente” Producen, por tanto, alrededor de 300 metros cĆŗbicos por hectĆ”rea. ¿CuĆ”nto pagan? “Doscientos pesos, mĆ”s o menos”, esto significa que ustedes recibirĆ­an apenas 300 millones de dólares por aƱo. No alcanzarĆ­a casi ni para cubrir los costos ¿Por quĆ© hay que exportar la materia prima en bruto? Ellos, a principios del siglo pasado, exportaban las casas en piezas, a precios elevados. Mi padre compró una de ellas en la que vivĆ­a la familia.

Zelaya es un hombre que sufre profundamente los abusos del imperio.

“Somos productores de cafĆ©. La cosecha crece aƱo por aƱo” ¿CuĆ”nto de ese cafĆ© ustedes industrializan? “Ni siquiera un 10%” respondió. “¡Ese es un verdadero abuso!” le dije, ellos cobran el cafĆ© tostado despuĆ©s, decenas de veces mĆ”s caro.”

En un momento de la conversación me contó que ellos subsidiaban su agricultura y vendían después los granos mÔs baratos, reduciendo los ingresos de los agricultores hondureños que perdían los mercados. Citó el ejemplo del maíz que los mayas usaban como su fundamental fuente de alimentación. Hoy ni siquiera el sector campesino podría vivir de ese cultivo.

A través de su pensamiento podía apreciarse su profunda aversión al sistema económico de Estados Unidos.

De repente recuerda con orgullo la cultura del pueblo maya. Me cuenta que los aƱos de aquella cultura eran mĆ”s exactos que los aƱos del cristianismo occidental. “El mundo actual utiliza el sistema decimal, los mayas poseĆ­an un sistema veintesimal, dos veces mĆ”s exacto”. Realmente, por primera vez en la vida habĆ­a escuchado ese detalle, la ventaja de utilizar dos mĆ”s cero en vez de uno mĆ”s cero. Me prometĆ­ a mi mismo informarme un poco mĆ”s sobre el tema.

En ese momento Zelaya expresó su entusiasmo por disponer Honduras de un lugar como CopĆ”n donde se conservan con mĆ”s pureza los restos de cultura maya, sus sĆ­mbolos de piedra, esculpidos con singular arte. En ese instante prevalecĆ­a en Ć©l su mentalidad de estadista, que piensa en tĆ©rminos económicos. “Medio millón de turistas visitan ya Honduras cada aƱo. Muchos norteamericanos vienen, interesados por esa cultura y la autenticidad de esas reliquias históricas”.

De repente, baja el tono de su voz y me confiesa: “lo malo es que los mayas no conocĆ­an los metales, vivĆ­an en la edad de piedra, por eso nos conquistaron” me dijo con tristeza.

Yo ignoraba que el 19 de julio de 1980, mientras hablaba a una multitud de nicaragüenses y centroamericanos en la plaza de Sandino, un joven hondureño de 17 años y futuro Presidente de Honduras estaba entre ellos.

AsĆ­ es el hombre con el cual me reunĆ­.

Fidel Castro Ruz

Marzo 5 de 2009

2 y 3 minutos p.m."


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