Domingo, 28 de dicembre de 2008
En una carta a Piedad Córdoba animando a luchar por un canje humanitario
ABP
23 de Diciembre de 2008
Carta Abierta
Senadora Piedad Córdoba.
Asociación “Colombianos por la Paz”
Nuestro cĆ”lido saludo Bolivariano. Somos prisioneros de guerra confinados en la cĆ”rcel del rĆ©gimen narco-terrorista de Uribe VĆ©lez, por el “delito atroz” de luchar por “La Nueva Colombia, La Patria Grande y el Socialismo.
”Senadora, es usted sinónimo de dignidad, de pueblo, de soberanĆa. Y es ahĆ donde confluimos usted, bolĆvar, nosotros, personalidades e intelectuales, movimientos sociales, partidos polĆticos y millones de colombianos que hemos dicho basta ya de explotación, de corrupción, de entrega de la soberanĆa, de terrorismo de estado… Cada quien desde su escenario. El suyo, el parlamento, la universidad, la plaza pĆŗblica, foros nacionales e internacionales; y porquĆ© no, los medios de comunicación. Escenarios vedados al pueblo, y que usted con verraquera y grandeza de patria aprovecha para confrontar al rĆ©gimen fascista, llamando a subvertir y a levantarse contra el terrorismo de estado.
Usted y nosotros somos conscientes de la existencia de un conflicto social y armado, que tiene sus raĆces en las profundas desigualdades económicas y que las clases dominantes han tratado de resolver por la fuerza. Estamos de acuerdo en que la solución al conflicto es polĆtica, para poder asĆ, por medio del diĆ”logo fraterno y la Reconciliación Nacional construir la Patria que deseamos en paz y con justicia social, y no seguir transitando por el despeƱadero de la guerra civil.
En esta confrontación que ya alcanza 5 dĆ©cadas, se han sacrificado varias generaciones de jóvenes. El costo ha sido alto en miles de muertos, desaparecidos, exiliados, encarcelados, desplazados. Y ya, en la primera dĆ©cada del siglo XXI no podemos seguir siendo un pueblo de bĆ”rbaros llenos de anacronismos; es responsabilidad nuestra el construir un mejor futuro para las próximas generaciones y decir con Salvador Allende: “Se abrirĆ”n las alamedas por donde marcharĆ” el hombre nuevo.”
Consideramos que el elemento fundamental del diĆ”logo polĆtico conducente a la apertura y ampliación del espacio democrĆ”tico, lo constituye la liberación de los prisioneros de guerra mediante un acuerdo e intercambio humanitario.
Somos conscientes de que las condiciones de los retenidos en las selvas por nuestra organización no son las mejores, pues estĆ” siempre el imprevisto de un asalto, un bombardeo del ejĆ©rcito oficial o un irresponsable “cerco humanitario”; lo cual es duro para los llamados “polĆticos” expuestos tambiĆ©n a enfermedades tropicales y a vivir en un medio no tan cómodo como sus apartamentos y oficinas, desde las cuales decretaban la guerra y cargaban al pueblo con leyes onerosas. Diferente es la situación de policĆas y soldados profesionales, quienes conscientemente optaron por empuƱar las armas contra el pueblo, actuando como mercenarios de un sistema injusto. Ellos sabĆan del riesgo que corrĆan y fueron derrotados en el campo de batalla. Afortunadamente estĆ”n en manos de un ejĆ©rcito revolucionario con un profundo espĆritu humanista, que les ha dado un trato digno no obstante las condiciones adversas, asĆ por complacencia y amedrentamiento de sus jefes cuando sean liberados despotriquen contra la guerrilla.
Pero en el caso nuestro estamos en las entraƱas del monstruo, que utiliza la “justicia” como revancha y la cĆ”rcel como castigo para hacernos pagar el precio de levantarnos contra la ignominia. Ante la opinión pĆŗblica han hecho parecer como si el Ćŗnico drama dantesco fuera el de los retenidos por la guerrilla. Tinta, papel y babas han sobrado para investirlos de hĆ©roes y convertir su situación en un medio de propaganda negra contra la insurgencia, encubriendo de paso la criminalidad del gobierno, que aliado con el paramilitarismo ha anegado en sangre la geografĆa nacional.
Los medios de comunicación se obstinan en hacer creer al pueblo Colombiano que en el conflicto sólo existen vĆctimas de un sólo lado. Las vĆctimas del terrorismo de estado no existen en sus reportajes, ni es mencionadas nunca, por ejemplo, la situación de las mujeres y madres de familia que han decidido luchar por un futuro mejor para sus hijos y que en estos momentos se encuentran detenidas en las fosas de muerte que son las cĆ”rceles colombianas. Ellos tampoco ven ni muestran nunca los hijos de las guerrilleras farianas que se encuentran en manos del estado, niƱos que han nacido y crecido en cautiverio y que les toca llevar el estigma de la prisión desde su niƱez, sólo por causa de la condición digna que ostentan sus madres de ser verdaderas revolucionarias.
Toda la propaganda mediĆ”tica de la que se ocupan las cadenas noticiosas afectas al dictador, trasnochando analistas polĆticos del corte del “cerebro gris” de la “casa de Nari”, y politicastros del furibismo, son sólo una cara de la moneda, que oculta la situación de los presos polĆticos, prisioneros de guerra y presos de conciencia que ha producido la aplicación de la polĆtica de seguridad democrĆ”tica, basada en falsos positivos, detenciones masivas, y montajes de los organismos de seguridad del estado, infiltrados por el paramilitarismo y asociados a sapos y delatores que buscan beneficios económicos y jurĆdicos, amparados en el corrompido sistema de recompensas y la polĆtica de desmovilización y reinserción.A nosotros se nos da un trato diferencial. A los parapolĆticos y paramilitares se les conceden prebendas y comodidades; pabellones especiales con celular y computador, con visitas de hasta tres veces a la semana. Nosotros, por el contrario, somos aislados del entorno social y familiar, enviados a cĆ”rceles alejadas en la geografĆa nacional con temperaturas extremas, donde nuestras familias de bajos recursos económicos no pueden visitarnos.
Con regĆmenes especiales: visitas conyugales cada 45 dĆas por 40 minutos; visitas de sólo medio dĆa quincenales, hacen recordar las penas de destierro prohibidas por la constitución. Los pabellones de presos polĆticos, en una medida que atenta contra nuestra integridad personal, estĆ”n siendo eliminados, obligĆ”ndonos de esta manera a convivir con la delincuencia comĆŗn y los paramilitares, violando flagrantemente la Ley 65 de 1993 que habla de la selección y clasificación de la población reclusa. Somos vĆctimas de falsos positivos para ocultar la corrupción de la institución penitenciaria, haciendo montajes de fugas y supuestos complot para desestabilizar al sĆ”trapa y a sus palaciegos. Vemos por la T.V a carniceros como Rito Alejo del RĆo, a parapolĆticos o a jefes paramilitares conducidos por la guardia penitenciaria como si fueran sus guardaespaldas, mientras nosotros somos encadenados de pies y manos hasta para una revisión mĆ©dica. A nosotros se nos viola permanentemente el debido proceso, la presunción de inocencia y otros derechos de carĆ”cter constitucional; somos exhibidos como trofeo de guerra; se nos dificulta el acceso a los abogados con los traslados a diferentes cĆ”rceles; asĆ mismo, se nos vulnera el derecho de igualdad ante la ley negĆ”ndonos beneficios jurĆdicos y administrativos: cambio de fase, prisión domiciliaria, permiso de las 72 horas, casa por cĆ”rcel, etc. AlargĆ”ndonos el tiempo de encierro.Nos presionan para que traicionemos y reneguemos de nuestra organización, chantajeĆ”ndonos con hacer mĆ”s duras las condiciones de encierro y los regĆmenes carcelarios. Los verdaderos revolucionarios en Colombia estamos condenados en la prĆ”ctica a cadena perpetua, porque desde que la justicia se inventó los delitos conexos, la rebelión es sólo la Ʊapa de la condena. Mientras tanto, los genocidas de machete y motosierra que sin ningĆŗn rubor reconocen hasta 2.000 homicidios gracias al esperpento jurĆdico conocido como “Ley de Justicia y Paz”, pagan condenas de 8 aƱos salvĆ”ndose de la C.P.I por sus crĆmenes de lesa humanidad y legalizando de paso sus ingentes fortunas, fruto del narcotrĆ”fico, el robo al erario pĆŗblico, el saqueo, el desplazamiento y la usurpación de las tierras de los campesinos. Pero todas estas realidades, pan diario en las prisiones, son ocultadas e ignoradas. Los medios oficiales sólo registran las pantomimas y sainetes organizados por el estado, las marchas hĆ”bilmente manipuladas o los actos desde las prisiones promovidos por la ONG Holandesa “Manos por la Paz” que dirige Ludovine Sampolle, en donde se agrupa el muladar de traidores y arrepentidos a denigrar de las organizaciones revolucionarias, y cuyo Ćŗnico propósito es el de vender la tesis de que en las cĆ”rceles no hay presos polĆticos, ni prisioneros de guerra que quieran volver a sus puestos de combate. Senadora Piedad Córdoba y personalidades interesadas en el futuro de nuestro paĆs, por Ć©stas y muchas razones mĆ”s, los estamos invitando desde las mazmorras del rĆ©gimen a continuar y no desfallecer en la bĆŗsqueda del Intercambio Humanitario; a que junto con los estudiantes se materialice el Mandato Estudiantil por el Acuerdo Humanitario, y que con Hebe de Bonafini, Presidenta de las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina y la comunidad internacional, levantemos con fuerza la consigna para concientizar a nuestras familias, compaƱeros, amigos, colombianos y colombianas en general de que “!!No somos delincuentes, no somos terroristas… Somos Prisioneros de Guerra… Intercambio Humanitario Ya!!”
“PodrĆ”n atar nuestras manos, pero jamĆ”s nuestros sueƱos de Justicia y Libertad.”
Presos PolĆticos y Prisioneros de GuerraFARC-EP
CƔrceles de Colombia
Diciembre de 2008
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