CINCO PUNTAS, TRES R Y OTRO FRACASO
Ricardo Rosa-Brussin
Durante los día de asueto de Carnaval decidí empujarme hasta Cúcuta para y así alejarme un poco del gentío en las playas, además de conocer un poco más mi país. En el periplo de llegar hasta esa ciudad fronteriza y regresar a Caracas pasé por once estados de Venezuela, es decir medio país, y durante mi recorrido me traje una serie de impresiones un tanto preocupantes.
La primera es que la manera de gobernar y la mentalidad de los gobernadores y alcaldes sigue siendo exactamente la misma de siempre, las únicas obras de envergadura las esta realizando el gobierno central y el menudo, que es lo que al menos podrían estar haciendo estos “lideres” locales, es un desfile de desidia, inobservancia y mamarrachadas.
A pesar de encontrarme en medio de los “operativos de carnaval” de noche las autopistas estaban completamente desasistidas, no hay donde hacer sus necesidades, las bombas de gasolina se ubican a cada cien kilómetros y cerradas y la señalización, cuando la hay, es un letrerito que si estornudaste, no lo viste y seguiste de largo.
En cuanto a las carreteras la cosa se pone peor, cualquiera que quiera vender algo coloca un policía acostado en una carretera nacional y punto. No existe un control por parte de los gobernadores y alcaldes para normar donde y como se va a colocar uno de estos obstáculos sino que estos proliferan de todos los tamaños y colores a lo largo del camino retrasando el tráfico, y cuando no son cuatro policías que colocan unos conos y se echan a hablar pendejadas bajo un árbol sin pararle bola a nada de lo que por ahí transita. Solo por citar un ejemplo entre San Cristóbal y Barinas hay más de 200 policías acostados de los cuales en al menos 30 casi dejo el tren delantero, además de un sin fin de huecos y fallas de borde. Ya pasado San Cristóbal en la medida que uno se acerca a San Antonio las márgenes de la carretera están repletas de basura hasta que finalmente llegué al rostro de Venezuela ante la nación vecina, una verdadera vergüenza.
San Antonio es una aldea anarquizada en donde no existe un solo sitio para tomarse un café, donde para echar gasolina hay que hacer una cola como si estuvieran regalando monedas de oro y donde a pesar de la parafernaria de la Guardia Nacional no se siente alivio alguno. Apenas crucé el puente hacia Colombia parecía que estaba entrando a otro continente. Al llegar a Cúcuta las calles estaban impecables, mientras que de nuestro lado la gente estaba pasando la pea del otro lado los niños estaban en las escuelas, la gente trabajando, todos los motorizados llevan un chaleco con las placas de la moto grabadas en la espalda así como en el casco y el acompañante también. Por doquier se consiguen restaurantes, hoteles, fuentes de soda, librerías que ni en Valencia se consiguen y en fin una sensación de que existe autoridad y convivencia.
Ahora bien y con esto concreto, ¿por que ellos si y nosotros no, a pesar de que Colombia es un país en guerra y que no tiene los recursos energéticos que nosotros tenemos? Ya el presidente Chavez lo dijo, de las cinco puntas cuatro no ocurrieron. Es más agrego, de las tres R hay muy pocos indicios y si los gobernadores y alcaldes que supuestamente están con el proceso no cambian, cuestión que dudo a escasos siete meses de las elecciones regionales, el próximo revés lo tenemos de frente y este será el preámbulo para no obtener los triunfos en los referenda que se van a realizar para introducir los cambios necesarios que no se pudieron dar el pasado 2 de Diciembre.
Ricardo Rosa-Brussin
Ricardo Rosa-Brussin
Durante los día de asueto de Carnaval decidí empujarme hasta Cúcuta para y así alejarme un poco del gentío en las playas, además de conocer un poco más mi país. En el periplo de llegar hasta esa ciudad fronteriza y regresar a Caracas pasé por once estados de Venezuela, es decir medio país, y durante mi recorrido me traje una serie de impresiones un tanto preocupantes.
La primera es que la manera de gobernar y la mentalidad de los gobernadores y alcaldes sigue siendo exactamente la misma de siempre, las únicas obras de envergadura las esta realizando el gobierno central y el menudo, que es lo que al menos podrían estar haciendo estos “lideres” locales, es un desfile de desidia, inobservancia y mamarrachadas.
A pesar de encontrarme en medio de los “operativos de carnaval” de noche las autopistas estaban completamente desasistidas, no hay donde hacer sus necesidades, las bombas de gasolina se ubican a cada cien kilómetros y cerradas y la señalización, cuando la hay, es un letrerito que si estornudaste, no lo viste y seguiste de largo.
En cuanto a las carreteras la cosa se pone peor, cualquiera que quiera vender algo coloca un policía acostado en una carretera nacional y punto. No existe un control por parte de los gobernadores y alcaldes para normar donde y como se va a colocar uno de estos obstáculos sino que estos proliferan de todos los tamaños y colores a lo largo del camino retrasando el tráfico, y cuando no son cuatro policías que colocan unos conos y se echan a hablar pendejadas bajo un árbol sin pararle bola a nada de lo que por ahí transita. Solo por citar un ejemplo entre San Cristóbal y Barinas hay más de 200 policías acostados de los cuales en al menos 30 casi dejo el tren delantero, además de un sin fin de huecos y fallas de borde. Ya pasado San Cristóbal en la medida que uno se acerca a San Antonio las márgenes de la carretera están repletas de basura hasta que finalmente llegué al rostro de Venezuela ante la nación vecina, una verdadera vergüenza.
San Antonio es una aldea anarquizada en donde no existe un solo sitio para tomarse un café, donde para echar gasolina hay que hacer una cola como si estuvieran regalando monedas de oro y donde a pesar de la parafernaria de la Guardia Nacional no se siente alivio alguno. Apenas crucé el puente hacia Colombia parecía que estaba entrando a otro continente. Al llegar a Cúcuta las calles estaban impecables, mientras que de nuestro lado la gente estaba pasando la pea del otro lado los niños estaban en las escuelas, la gente trabajando, todos los motorizados llevan un chaleco con las placas de la moto grabadas en la espalda así como en el casco y el acompañante también. Por doquier se consiguen restaurantes, hoteles, fuentes de soda, librerías que ni en Valencia se consiguen y en fin una sensación de que existe autoridad y convivencia.
Ahora bien y con esto concreto, ¿por que ellos si y nosotros no, a pesar de que Colombia es un país en guerra y que no tiene los recursos energéticos que nosotros tenemos? Ya el presidente Chavez lo dijo, de las cinco puntas cuatro no ocurrieron. Es más agrego, de las tres R hay muy pocos indicios y si los gobernadores y alcaldes que supuestamente están con el proceso no cambian, cuestión que dudo a escasos siete meses de las elecciones regionales, el próximo revés lo tenemos de frente y este será el preámbulo para no obtener los triunfos en los referenda que se van a realizar para introducir los cambios necesarios que no se pudieron dar el pasado 2 de Diciembre.
Ricardo Rosa-Brussin

0 Comentarios