La nueva generación de paramilitares colombianos opera en cada lado de la frontera venezolana

La nueva generación de paramilitares colombianos opera en cada lado de la frontera venezolana
Por: Dan Feder, The Narco News Bulletin


El presidente Uribe tuvo su propio momento “misión cumplida” –al igual que su homólogo George Bush cuando en el 2003 ondeó sobre un portaaviones una pancarta con esta frase, refiriĆ©ndose a la supuesta eliminación de la insurgencia iraquĆ­–, cuando dijo triunfalmente a las Naciones Unidas que en Colombia “actualmente no hay paramilitarismo, sino guerrilleros y narcotraficantes”
Esta ha sido la política del gobierno colombiano para negar rotundamente que continúan existiendo escuadrones de la muerte pro-gubernamentales de extrema derecha. Del 2004 al 2006, este presidió la desmovilización gradual- bloque por bloque - del enorme ejército paramilitar conocido como Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), las cuales ha cometido los peores crímenes de lesa humanidad que hayan podido tener lugar en América, desde que terminó la Guerra Fría.

Pero un reportaje que apareció publicado esta semana en un periódico venezolano destacó el hecho de que no sólo en Colombia la pesadilla paramilitar no ha terminado, sino que ya ha cruzado el territorio de su vecino y forma parte de la polĆ­tica allĆ” tambiĆ©n. Los estados fronterizos del nordeste venezolano, tales como Zulia y TĆ”chira, se han convertido en importantes bases de operaciones para las llamadas “bandas emergentes”, entre las cuales, la mĆ”s famosa es la red conocida como las “Aguilas Negras”. Este grupo se encuentra conformado por paramilitares desmovilizados que han tomado las armas otra vez y han reclutado nuevos combatientes. AdemĆ”s, no tienen intención de abandonar su imperio polĆ­tico y criminal.
El 16 de diciembre, Panorama, el diario de la ciudad de Maracaibo (Zulia), citó “Un reporte confidencial, digno de total confianza para autoridades militares de Venezuela y Colombia”, en una nota donde se seƱala a Maracaibo como “la punta de lanza” de los paramilitares en el paĆ­s. AdemĆ”s habla de un lĆ­der de las “Aguilas Negras”, conocido bajo el alias de “Salomón”, quien heredó lo que quedó de la organización liderada por el temible jefe paramilitar Jorge 40 - comandante del Bloque Norte de las AUC-, responsable de incontables asesinatos y masacres de campesinos, indĆ­genas y otras vĆ­ctimas inocentes, a lo largo de la Costa AtlĆ”ntica colombiana.

Un resumen de inteligencia confirma que se tiene conocimiento de que: “La punta de lanza del paramilitarismo en Venezuela estĆ” en Maracaibo a cargo del ex policĆ­a y poderoso narcotraficante Miguel Villarreal Arcila, alias ‘El Salomón’, quien en ocasiones tambiĆ©n se hace llamar ‘Gabriel’ o ‘El Flaco’. El hombre actualmente es el dueƱo de la ruta del narcotrĆ”fico de Venezuela.
“Tenemos identificadas 25 rutas del narcotrĆ”fico que nacen en Colombia, atraviesan el vecino paĆ­s y dan a sus costas, de donde sale la cocaĆ­na al extranjero”.

Zulia, donde se concentra mucha de la riqueza petrolífera venezolana, es uno de los estados mÔs antichavistas, y su gobernador fue el candidato de oposición mÔs destacado en las últimas elecciones.

Una investigación anterior, publicada en una edición de agosto de Panorama, informó sobre la presencia de paramilitares en TÔchira:

Desde hace tres aƱos la presencia de paramilitares en la zona fronteriza del TĆ”chira es una realidad, al igual que la formación de grupos disidentes relativamente nuevos provenientes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). AsĆ­ nacieron “Las Ɓguilas Negras”.
Este grupo irregular, según el comandante de la Brigada 30 del Ejército Colombiano. General Paulino Coronado, ha ocupado los espacios que tenían el Bloque Norte de Santander y el Bloque Catatumbo, pero su accionar traspasó la frontera del estado de TÔchira.

Entraron a través de la ciudad fronteriza de Cúcuta, del departamento Norte de Santander, que queda a tan sólo una hora de la capital tachirense.

Su influencia ha marcado los índices delictivos del agitado estado venezolano, agobiado no sólo por la inseguridad personal, sino por delitos de mayor calibre como el plagio y la extorsión.

En el 2004, los paras y sus conexiones con ciertos miembros de la oposición venezolana encabezaron titulares en Venezuela y el mundo, cuando alrededor de 70 hombres colombianos fueron arrestados en las afueras de Caracas, acusados de ser paramilitares implicados en una conspiración de la derecha contra el gobierno de Hugo ChÔvez. Uno de los detenidos le dijo a la prensa que estaban siendo entrenados para atacar las bases de la Guardia Nacional venezolana. Y una redada que se llevó a cabo en Caracas el mes anterior, donde se encontró un arsenal de armas, evidenció que otro plan semejante podría haber estado fraguÔndose, nuevamente con paramilitares colombianos implicados, si bien esto no ha sido del todo comprobado.

Pero la violencia real ha tenido lugar cerca de la frontera, contra la población campesina de Venezuela. Desde el 2003 han aparecido repetidos informes sobre paramilitares colombianos contratados por terratenientes de los estados fronterizos de Zulia y TÔchira, para intimidar y asesinar activistas campesinos, quienes muchas veces forman parte del programa de reforma agraria que ChÔvez ha iniciado. El último incidente de carÔcter similar ocurrió en octubre, cuando dos familias campesinas fueron masacradas en TÔchira. En un comunicado del colectivo Tierra Nuestra se lee lo siguiente:

El pasado martes 02 de octubre, fueron asesinados por paramilitares colombianos, los campesinos Heriberto Peñalosa y Miguel Antonio Bastos, ambos miembros de la Cooperativa La Esperanza del TÔchira, quienes eran el Presidente y Coordinador de Educación respectivamente.
Los campesinos asesinados eran legĆ­timos ocupantes del Fundo “Rancho Rojo”, declarado ocioso por el INTI (Instituto Nacional de Tierras)… El pasado 16 de abril de 2007, el INTI, siguiendo procedimientos ajustados a derecho, entregaron el Fundo Rancho Rojo a los asociados de las cooperativas: “Los Tres Comandantes”, “La Esperanza”, “Futurama” y “Los PalmareƱos”; quienes desde la fecha hasta la actualidad ejecutaron actividades productivas en dichas tierras (ganaderĆ­a bovina, siembra de pastos, cultivo de leguminosas, etc.).

La esposa del campesino asesinado Heriberto Peña, denunció que el terrateniente IvÔn Roa, presunto dueño del Fundo y quien jamÔs demostró su titularidad sobre el mismo, amenazó de muerte en varias oportunidades a los ocupantes del Fundo y manifestó abiertamente sus lazos con los paramilitares colombianos, aliados del gobierno de Álvaro Uribe.

El gobierno colombiano insiste que los que estƔn siendo identificados como paramilitares no son mƔs que miembros de bandas de narcotraficantes, y que la era de las acciones armadas de ultra derecha llevadas a cabo por ejƩrcitos privados ilegales contra la izquierda, se han terminado en Colombia. Pero la continua oleada de informes como este sugiere que las motivaciones polƭticas forman parte importante de lo que hacen estos grupos, que ahora operan en ambos lados de la frontera.

Hay crecientes indicios tambiĆ©n adentro de Colombia de que las Ɓguilas Negras y grupos similares son mĆ”s que gĆ”ngsters y que se parecen mĆ”s a sus predecesores de las AUC de lo que a Uribe le gustarĆ­a reconocer. Este reportero estuvo durante una semana en la región del Catatumbo (Norte de Santander) en junio de este aƱo, y allĆ­ habĆ­a constantes rumores de que se estaban conformando pequeƱas cĆ©lulas de las Ɓguilas Negras, que ademĆ”s se estaban reuniendo con la PolicĆ­a y el EjĆ©rcito de la región. La Asociación Campesina del Catatumbo (ASCAMCAT) ha informado que soldados quienes hacen presencia en comunidades rurales han amenazado a residentes–diciĆ©ndoles que detrĆ”s del EjĆ©rcito estĆ”n esperando las Aguilas Negras para atacar a las comunidades organizadas–y que inclusive se han presentado como miembros de este grupo paramilitar. En Septiembre, ASCAMCAT informó:

El 20 de septiembre cuando hacían un recorrido por la vereda entraron a la zona, vestidos de la siguiente manera según informan los campesinos: pantalón camuflado, camiseta y pañoletas negras con insignias de "Águilas Negras". Se identificaron como pertenecientes a dicho grupo y robaron a su paso aves de corral de las comunidades.
No obstante, Las Ɓguilas Negras han sostenido combates con el EjƩrcito Colombiano en el Catatumbo y tambiƩn en otras regiones del paƭs. La dinƔmica de las relaciones entre las Ɓguilas Negras y el Estado colombiano es todavƭa mucho menos clara que los vƭnculos entre las AUC y los altos mandos del EjƩrcito.

El gobierno colombiano y el estadounidense han dirigido exitosamente, en general, la atención de los medios alrededor del fracaso de Venezuela para detener el narcotrÔfico en su territorio, el supuesto trÔfico de drogas llevado a cabo por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y la penetración de este grupo en territorio venezolano.

Pero las noticias que vienen desde Venezuela muestran que quienes han estado penetrando ese territorio realmente han sido los despiadados escuadrones narcoparamilitares de la muerte, algo que, segĆŗn Uribe, es cosa del pasado.


Fuente: http://www.narconews.com

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