Silencios milenarios y rodillas sensibles

Silencios milenarios y rodillas sensibles
Michel Balivo y J. Kalvellido
(Revolución = Cambio de alma)





Nacemos humanos, ¿quién puede dudarlo? No somos lechugas ni naranjas, ranas ni perros. Guau guau. ¿Alguien tiene dudas? Por eso heredamos una historia, una acumulación de hechos y conocimientos, una economía y una cultura que se acelera y revoluciona. Disponemos como seres humanos sobre todo de una creciente libertad de elección.

Pero no se puede confundir el amor innato a la libertad de todo ser humano, con su ejercicio de libertad en relación y entre circunstancias. Porque depende justamente de esa acumulación y aceleración histórica y social de experiencias y conocimientos, en la cual han participado y aportado todos los pueblos, culturas y razas.

A medida que ganamos en tales experiencias y conocimientos concebimos y construimos cada vez imágenes más ricas de lo que es ser humano, así como modelos complejos del mundo. Dentro de tales construcciones que cada generación hereda de las anteriores, es que vivimos y ejercemos la libertad de elección entre opciones de vida que hemos ido ganando.

Creo que no hace falta observar mucho al mundo, para reconocer que lo hemos convertido en un espacio financiero donde todo es negociable. Nada de eso es azaroso, no lo han hecho dioses ni demonios ni es casualidad. Si lo fuese no tendríamos ninguna posibilidad de reconocerlo y cambiarlo, estaría fuera de nuestras posibilidades y capacidades.

Por ignorantes de ello que seamos, este espacio financiero, esta mesa de negocios, esta bolsa bursátil de valores en que hemos convertido al mundo, no puede ser sino el resultado de nuestras elecciones, decisiones, intenciones. Si metes el dedo en un terminal de corriente eléctrica sentirás su impacto, lo sepas anticipadamente o no. Ayayayay!

De hecho es metiendo el dedo donde no debemos como aprendemos a no hacerlo. Pero si no lo hubiésemos hecho, no hubiésemos aprendido y podido todo lo que ahora sabemos y podemos. Tal vez quepa entonces decir que si no hubiésemos violentado nuestra humanidad no estaríamos hoy en capacidad de reconocer, de ser concientes de que la solidaridad, la compasión por el otro, son parte irrenunciable de nuestra naturaleza esencial.

Eso no quiere decir como es evidente, que no podemos sentir, pensar y actuar en contra de lo que somos, porque es haciéndolo como hemos construido este mundo, esta sociedad. Sin embargo, el hacerlo tiene el precio de deshumanizarnos, de ser habitados por el temor, de vender la libertad y esclavizarnos, sin importar cuanto dinero tengamos.

Y en las condiciones de creciente aceleración de la miseria social y deterioro del ecosistema en que hoy nos toca vivir, creo que podemos comenzar a reconocer que huir de la pobreza y el sufrimiento mental que nuestros modelos sociales le imponen a la gran mayoría, no nos conducirá nunca a la riqueza, la seguridad ni mucho menos a la libertad, la felicidad.

Si los modelos sociales concebidos y construidos ejerciendo y experimentando esa libertad de elección ganada, nos han conducido a envilecernos, a vender nuestra libertad y compasión por el otro para asegurarnos un triste plato de comida, creo que ha de quedarnos claro, que solo reconociendo tales modelos sociales y corrigiéndolos podremos recuperar nuestra humanidad que ha degenerado.

Desde este enfoque no es tan difícil darse cuenta que tras el escenario de las declaraciones, como por ejemplo las de los presidentes Uribe y Sarkozy respecto al intercambio de rehenes del gobierno con la guerrilla colombiana, o del conflicto entre el rey, y los presidentes Zapatero y Chávez, hay toda una trama de intereses que es la que impone su lógica.

Mediante complejos mecanismos abstractos la periferia de pueblos del tercer mundo, es la que financia la economía centralizada de las superpotencias. De ese modo los gobiernos han dejado de ser administradores de la cosa pública para convertirse en centros de negocios.

Los recursos de todo tipo fluyen hacia la meca bursátil y son administrados a su antojo y conveniencia. Hoy, “nos compran todo” con billetes verdes sin ningún respaldo. Nosotros mismos mantenemos su artificial valor al negociar todas nuestras materias primas y depositar nuestras reservas internacionales en sus monedas y bancos.

Para que luego nos las presten el FMI y el BM según sus condiciones y a tasas exorbitantes, hipotecando nuestras economías y renunciando a todo posible desarrollo, creando una deuda eterna e impagable. Es así como financiamos sus formas de vida e inclusive sus guerras. Guerras que por otra parte no tienen otro objetivo que impedir que rompamos esas reglas.

Si pretendemos nacionalizar nuestros recursos o venderlos en otras monedas, comienza la guerra. Porque todo es negocio y mantenimiento de los privilegios. ¿Cual es el problema de hacer la guerra si nosotros mismos, los pueblos, financiamos nuestra esclavitud y muerte?
Hay mil modos de lograr que las trasnacionales se enriquezcan con ello, transfiriendo todos los costos y quedándose con todas las ganancias. Empezando por la privatización de los servicios públicos y siguiendo con impuestos a su propio pueblo. Termino de leer un informe que con la invasión a Irak y Afganistán las filiales de la Halliburton ganaron 25 mil millones en el 2006 frente a los once mil millones de dólares del 2004. ¿Es o no negocio?

¿Para qué sujetarnos al engorroso proceso de trabajar y producir, si mediante sofisticados artilugios podemos ser los administradores de lo que producen los demás y mantener ese estatus por la fuerza de las armas y las modernas herramientas de formación de personalidades y opiniones? ¿No era ese mismo y simple sistema el que utilizaban e imponían los señores feudales a sus vasallos?

Y no está demás repetir que nada de esto es casual, sino premeditado y provocado en todos sus detalles hasta donde sabemos y podemos hacerlo claro está. Porque es obvio que no es premeditada la revolución cubana ni la venezolana, ni toda la ola libertaria que renace en el continente y se va contagiando al mundo, a los pueblos.

Cuando miramos todo este modelo de economía global abarcándolo, me da la impresión de un oasis que se reduce más y más, mientras lo que una vez fue una exuberante y generosa Madre Naturaleza se desertiza. Pero le agregaría que ese oasis es virtual, rodeados de muros, en colmenas de cemento con aire acondicionado o calefacción central, rodeado por creciente miseria y violencia. Miseria y violencia que están tanto en el alma como fuera, en el mundo.

Con la reforma constitucional venezolana los consejos, comunas, ciudades comunales, van a tener el poder de organizar su espacio o geometría, de administrar su tiempo, de hacer o escribir su propia historia. Con eso estamos diciendo que el espacio y el tiempo son relativos, acelerables a su debido tiempo de acumulación. Si no lo fuesen, no habría revolución posible.

Así pues la fuerza, la energía para acelerar y revolucionar esos procesos surge en el momento propicio, exacto, en medio de procesos cíclicos de humanización y deshumanización. Entonces los pueblos despiertan y al ritmo de ese excedente energético brotan nuevas ideas, visiones y canciones.

Pero sobre todo brota la solidaridad y compasión por el otro, inherente al ser humano, al mismo tiempo que mueren las formas de alienación del modelo anterior. Esa es una transición entre formas que exige la fuerza y la fe en la vida, en lo nuevo, que solo en estos momentos especiales la historia entrega o libera de su vientre.

¿Puede acaso prosperar acorde al conocimiento del ecosistema hoy disponible, es concebible una cultura y economía ignorante e irresponsable de su entorno natural y humano, que no retroalimenta todo aquello que extrae o de lo cual se apropia, que no conoce el ritmo a que todo ello es reciclable, que no utiliza su conocimiento y ganancia para mejorar las condiciones de su entorno, sino que lo depreda y contamina?

Quien ignora estas premisas tan simples y evidentes, pretendiendo seguir con un tropismo a todas vistas insostenible, se condena a si mismo y a su entorno, en la medida de la influencia de sus decisiones, por la simple e ineludible lógica de la fuerza de los hechos, a la creciente miseria y sufrimiento camino de la muerte.

Los discursos no son lo mismo que los hechos. Los hechos imponen a los cuerpos y la siquis colectiva una dirección de dolor y sufrimiento creciente o decreciente. Todos estamos sometidos a modelos de organización social, política y económica que nos imponen esas direcciones alternativas. No se trata por tanto de un tema de éxito o fracaso personal.

Inútil es ganar dinero y prestigio trepando la pirámide social al costo de explotar irresponsablemente a los demás y a tu entorno. Porque de todos modos alimentas un tropismo, compartes la misma dirección de acumular dolor, violencia y sufrimiento, de enfermar y matar tu siquis, cuerpo y entorno.

No tienen el mismo origen los hechos de violencia que suceden en Francia que los que suceden en Venezuela. Sin embargo ambos sirven para dejar en claro nuestras alternativas a futuro. Si no abrimos y ampliamos vías de participación protagónica creciente, la democracia representativa ya no está en capacidad de canalizar las crecientes tensiones que genera la dialéctica histórica social.

Por lo cual solo cabe esperar explosiones violentas de las clases más desprotegidas y masacres cual respuesta de las instituciones. Si como en Venezuela se abren esos canales institucionales inclusivos y participativos cual dirección igualitaria, entonces nos toca enfrentar las reacciones inhumanas de los intereses que se sienten afectados por la aprobación de la reforma constitucional.

Este tropismo no repara en los medios a utilizar para proteger sus privilegios. La cúpula religiosa invita a rezar en la madrugada pero cuando llegan los fieles los incita a la violencia y la muerte. En los liceos incitan a los niños a salir a manifestar sin siquiera leerles los artículos de la reforma.
Venezolanos apoyados por la extrema derecha internacional piden al parlamento europeo una declaración en contra de la reforma por referendo popular de su propio pueblo, tratándola de golpe de estado antidemocrático. El presidente Uribe nos acusa de planes imperialistas. CNN, incitando al magnicidio, saca al aire por 7 segundos una foto del presidente Chávez donde se lee, ¿quién lo mató?

La CIA desarrolla un detallado plan a ejecutar paso a paso, día a día, contrata y paga elevados sueldos a mercenarios para ejecutar tales planes, generar violencia y engañar incautos. Todas las muertes posibles, sin importar en que bando fuesen, serían la fresa que coronaría su pastel de morboso e insensible placer. Todo ello porque no tienen el menor respaldo popular ni posibilidad electoral. No tienen el menor reparo en pervertir los más elevados principios de vida que siempre nos han guiado.

En este paisaje confuso y pleno de transformismos de hábitos y creencias, donde lo que era aparentemente imposible está ahora a la orden del día, donde lo que parecía firme e inamovible piso hoy se conmueve y tiembla sacudido por los intereses inmediatos que siempre han vivido bajos las creencias e ideologías, el avance de los principios revolucionarios va dejando en evidencia que es lo que mueve realmente las conductas.

Hoy en día los científicos “descubren” que tras las conductas animales, pudiera haber un cerebro colectivo, en general guiado por la mejor, la más inteligente, eficiente forma de satisfacer necesidades y conservar su especie. No es tan difícil de comprender si notas como cada función, órgano, miembro y hasta cada célula de cualquier cuerpo se ajustan a una voluntad central, sin lo cual no serían ningún cuerpo, no tendrían unidad, integridad.

Los humanos no somos nada diferente, no es que necesitemos ejercitar “la habilidad de trabajar como equipo”, porque no somos robots. Sino que somos un ecosistema, un ser orgánico, colectivo. No es que tengamos un cerebro colectivo, sino modelos organizativos sociales que al ejercitarlos nos afectan a todos inevitablemente del mismo modo, e ideas-fuerza que direccionan nuestras conductas colectivas, desarrollando personalidades y cuerpos como herramientas de expresión, de transformación del mundo al cual las aplicamos.

Tampoco somos diferentes en cuanto a que la satisfacción de las necesidades y la supervivencia de la especie guíen nuestras conductas colectivas. En lo que si podemos ser y estamos siendo diferentes, una larga historia y un presente revolucionario da testimonio de ello, es en la capacidad de guiar nuestras conductas por principios que den dirección permanente de crecimiento colectivo, en lugar de conductas guiadas por la inmediatez de las necesidades que traicionan y postergan una y otra vez nuestros más elevados anhelos e ideales.

Es desde esas referencias que se están produciendo crecientes diferenciaciones dentro de la humanidad. Algunos lo llaman polarizaciones y buscan culpables para tales diferenciaciones. Yo preguntaría, ¿no es sensato salirse de una estampida cuando corre ciegamente hacia el abismo? ¿O es señal de creciente inteligencia ser solidario con el suicidio colectivo?

Yo creo que nuestros científicos están todavía sumamente desconcertados en lo que a ciencias humanas se refiere, no comprenden aún la simple relación entre extensión e intensidad, entre cantidad y calidad. No comprenden que la información acumulada por milenios hasta revolucionarse, manejada hoy con conocimiento e intencionada hacia la generación de temor, altera la siquis, enferma y mata los cuerpos como ya queda en evidencia.

No comprenden que lo mismo que creó, desarrolló gradualmente en milenios la personalidad, la red social, puede también por una recreación intensificada, repetida hora tras hora y realimentada poderosamente vía visual y auditiva, contaminarla, desintegrarla y destruirla aceleradamente.

No comprenden que tal recreación de impulsos que llamamos “informativos” no quedan suspendidos en la intimidad, sino que estimulan y pueden fijar intensos estados de temor y conflicto que se conductualizan en las relaciones de todos los días, haciéndonos sentir que caminamos hacia el apocalíptico fin.

Por lo tanto es ya hora de reconocer tales efectos, legislarlos cual crimen de lesa humanidad y penarlos en todos los códigos de justicia. En todo caso el domingo decidiremos si luego de centurias de fascismo, EEUU se ha vuelto de repente generoso como para invertir millones de dólares en lacayos y mercenarios, para evitar la reforma constitucional como un golpe de estado por referendo a la democracia.

O si simplemente está tan asustado que reacciona desesperadamente, porque realmente vamos camino de desmoronar su artificial construcción enemiga de la vida. En la batalla del domingo, cada revolucionario en su trinchera, veremos si las fuerzas de la vida, de la sinceridad, de la solidaridad, pueden desarticular o no las fuerzas regresivas. Este domingo veremos que es lo que nace y que lo que muere.

Tal vez no sea apropiado que yo como humanista bolivariano activo y convencido sea quien lo diga, pero alguien tiene que decirlo, y como nacido en Uruguay que soy, me arrogo las palabras de José Gervasio Artigas, “con la verdad no ofendo ni temo”.

De no ser por la actitud generosa, digna, valiente e irreducible de Venezuela, no estarían ahora jugando las corporaciones estatales y privadas, por una parte a flexibilizarse y por otro a reprimir con mayor violencia aún. Todas estas conductas acomodaticias dejan en evidencia lo que realmente maneja las leyes del mercado. La inmediatez de los sistemas de intereses.

Sin esta dirección firme, digna e irreductible, no estarían hoy a la vista las conductas acomodaticias de todo un modelo que nos educó por siglos y milenios, donde los principios declamados solo fueron un disfraz para el temor y su deseo de seguridad.

Del mismo modo que se ponen en evidencia los sistemas de tensión que todo modelo de organización social genera, a lo cual llamamos dialéctica histórica social, que a su debido momento han de canalizarse de un modo u otro. Del mismo modo que las conductas ponen tarde o temprano en claro aquello que las mueve realmente.

Igualmente en su exacto momento se ponen en movimiento las fuerzas que propician un nuevo paso evolutivo, que canalizan esos sistemas de tensión concibiendo un nuevo modelo social. No importan las aparentes derrotas situacionales y localizadas porque el nuevo paso es esencialmente humano y por ello universal, con raíces en la siquis profunda y atemporal.

Aquí pues no se trata de inmediateces, sino de sintonía con el pasado o con el futuro, con lo que muere y es inevitablemente desplazado, o con lo que nace y se abre camino, ha de crecer como todo lo viviente.

He aquí la neta diferencia entre una sicología mecanicista como la que hemos desarrollado, y el caer en cuenta que propicia un nuevo pensamiento radical, el de la organicidad de lo viviente que genera, sustenta y autorregula todo nacimiento, renacimiento y crecimiento del ecosistema vital.
Aunque en este momento no nos resulte evidente dada nuestra educación lineal, mecanicista, en esta coyuntura histórica social, la mentira y la violencia, sin importar como y cuanto lo intenten, caerán por su propio peso. Por el camino de la toma de conciencia, del abismo entre lo falso y lo real, serán ellas mismas las que generen las vías hacia la verdad y la paz.

Hay una simple lógica emocional, anímica, practicable y comprobable, de que las cosas crecen cuando las usas y compartes, no cuando te las pretendes apropiar y conservar. Ríe, cultiva la alegría y la solidaridad aquí y ahora, y las sentirás crecer día a día pudiendo disfrutarlas, tanto en tu alma como en tu entorno. Poniendo así en evidencia la falsa lógica de explotar y acumular, que no es hija sino del temor y solo al temor puede realimentar y hacer crecer.

Ha llegado la hora de ir más allá de los discursos, se terminó la etapa de disfrazarse con las palabras y hechos de Jesús el Nazareno para realizar los más oscuros designios e intereses personales. Es hora de decidir y llevar a la práctica si podemos verdaderamente o no sembrar, cultivar y cosechar nuestro huerto y jardín, o si somos simples y pasivas víctimas, marionetas de los acontecimientos.

Esa es la voz y el verbo silenciado por miles de años, que hoy comienza a elevar su tono y pretende ser inútilmente acallada por los supremáticos. Esas son las rodillas que se han vuelto sensibles poniéndose de pie para no arrodillarse sino por amor, jamás ya por temor.
¡Patria, socialismo o muerte! ¡Humanidad o barbarie! ¡Igualdad, igualdad, igualdad! No hay ya otra alternativa. ¡Venceremos!

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About Ricardo Abud (Chamosaurio)

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