Nos llenamos de agallas todos y todas… Nos llenamos de patria grande
Epsy Campbell Barr
Desde hace algunos meses, cuando en este pequeño paĂs, Costa Rica, celebrábamos todos la noticia de que el TLC irĂa a consulta popular a travĂ©s de un referĂ©ndum, fui de las que estaba totalmente convencida de que era un paso maravilloso que debĂamos de dar. SentĂ desde el primer momento que ganarĂamos pero, hoy me doy cuenta que no somos tradicionales ganadores de una contienda electoral. No lo entendĂa en ese momento, pero hoy entiendo la magnitud del nuestro gane. Ya nuestro paĂs no será más el mismo, creo que finalmente empezamos a construir la Costa Rica del siglo XXI. Pero para que nuestra patria sea justa y solidaria como aspiramos, será necesario que veamos la magnitud de lo que tenemos al frente, que reconozcamos nuestra fuerza y fundamentalmente que asumamos la realidad del paĂs en el que vivimos. Es necesario detenernos, mirar atrás, analizar, escuchar nuestra intuiciĂłn y construir la prĂłxima etapa. Reconozcamos entonces, que vivimos en un paĂs sin reglas institucionales, con gobernantes corruptos, sin divisiĂłn de poderes y sin equilibrios democráticos. Esa es la cancha de la Costa Rica de hoy, en la que nos toca jugar para cambiarla y construir una democracia nueva. Con esta realidad, las respuestas simples o apresuradas serán inevitablemente equivocadas…
En aquellos dĂas, cuatro meses atrás, hice un esfuerzo grande pero nunca logrĂ© ver al Presidente de la RepĂşblica reconociendo nuestro triunfo. Se lo dije a mis amigos y amigas, se lo dije a otros lĂderes polĂticos, no era posible que ganáramos desde esa tradicionalidad de sumar votos, porque el proceso era una vergĂĽenza. La cĂşpula gobernante y sus aliados, no solo lo tienen y tenĂan todo de su parte, incluida una flaca institucionalidad que les sirve a sus intereses, el miedo, el chantaje, la mentira, los medios de comunicaciĂłn, sino que tambiĂ©n, ya habĂa sido testigo un año y medio atrás, de su “capacidad” de “contar votos” para siempre ganar.
No obstante, como muchos y muchas, cuando vi como nuestra fuerza crecĂa, cĂłmo se sumaba gente, como trabajaba con las uñas, como se utilizaba el Internet, como se iba ganando terreno en las visitas casa por casa, como las organizaciones ponĂan todos sus recursos y todo su empeño, cĂłmo los polĂticos se hacĂan un lado y daban paso a los verdaderos actores del proceso, cĂłmo sacerdotes y pastores se comprometĂan, cĂłmo se olvidaban las banderas partidarias para tomar la bandera patria, como el corazĂłn sumaba, sumaba y sumaba, como se concentraron miles de miles de personas el domingo 30 de setiembre; tambiĂ©n fui parte del espejismo de quienes creĂamos que a pesar de su juego sucio serĂamos capaces de derrotarles en las urnas.
Una elecciĂłn con reglas no democráticas solo puede dar un resultado como el que tenemos al frente: No es democrático comprar votos. No es democrático chantajear alcaldes. No es democrático que una sola de las partes tenga dinero. No es democrático utilizar el miedo para obligar a la gente a votar. No es democrático violar la tregua electoral. No es democrático que los recursos pĂşblicos que son de todos se usen solo para una de las partes. No es democrática la parcializaciĂłn del árbitro electoral. No es democrático cambiar votos por ayudas sociales. No es democrático mentir, sabiendo que se miente. No es democrático que no exista verdadera libertad para emitir el voto, cuando empleados de una empresa son obligados a votar como su jefe so pena de ser despedidos. El producto de la no democracia no podĂa ser otro que ese resultado electoral.
Hice todo lo que debĂa de hacer desde mi responsabilidad polĂtica. ExigĂ al tribunal reglas claras. PedĂ explicaciones sobre el financiamiento pĂşblico y la beligerancia del presidente y el poder ejecutivo. ReaccionĂ© ante sus desacertadas decisiones en tiempo. DenunciĂ© pĂşblicamente de los atropellos y parcialidades del tribunal. Fui parte de quienes denunciamos ante la MisiĂłn de Observadores de la OEA y ante el mismo Secretario General la inequidad de la contienda. Incluso, con mis propios fondos me fui a Washington para dejar constancia de los atropellos del proceso y del cerco mediático del que fuimos vĂctimas. Obviamente la mejor respuesta que tuve de todas estas acciones fue el silencio.
Pero, hoy, a pesar de este resultado, estoy convencida que debimos jugar el juego hasta el final como lo hicimos… Sino, ¿como podrĂamos aprender para transformar esta odiosa realidad?
DormĂ el domingo 7 por la noche para amanecer lunes con tranquilidad, pues pensĂ© que lo importante era el dĂa despuĂ©s, ese dĂa despuĂ©s que es hoy y será mañana. Pero es verdad que no pude dormir los dĂas previos al referĂ©ndum. SentĂa algo horrible en el cuerpo, sentĂa algo espantoso en el ambiente, aunque estuve unos dĂas fuera del paĂs. El estĂłmago se me revolvĂa el sábado cuando con el mayor de los descaros violaban la tregua electoral en complicidad con todos los medios y los jueces electorales. Ese domingo 7 con el corazĂłn hecho un puño antes del resultado de la simple suma de votos reconocĂ para mi misma, no solo que las cartas se habĂan tirado sino que empezábamos otra etapa del juego: La decisiva!
Realmente debo de reconocer que tuve rabia, rabia con la gente que quiero y conozco, pero también con la que no conozco que fueron capaces de decir que un medicamento que ha envenado a muchos, como este TLC, a nosotros no solo nos quitará la enfermedad sino también nos dará salud. Cómo alguien que tiene información puede tomar un medicamento que solo los fabricantes dicen que es bueno pero que según los expertos en salud está matando gente en diferentes lugares del mundo?
CĂłmo era posible que profesionales de clase media, que tienen acceso a la informaciĂłn, que pueden leer informes hasta del Banco Mundial, de las Naciones Unidas, de la CEPAL, etc., no de Cháves o de Fidel, pudieran asegurar que este TLC es bueno para un paĂs en desarrollo como Costa Rica? CĂłmo era posible que esta gente que es lo que es, producto de un Estado Solidario costarricense, por puro egoĂsmo, ni siquiera fuese capaz de analizar los impactos en la CCSS o en nuestros productores, de acuerdo a lo que ya ha pasado en otros paĂses como MĂ©xico. Nunca entenderĂ© como profesionales, que probablemente aspiran a ser ricos, les valga un comino lo que le pasará a la mayorĂa solo para que un pequeño grupo tenga un servicio sofisticado de celular. Me rehĂşso a entender como estas personas de esta clase media, prefieren un monopolio transnacional como el de Carlos Slim y les parezca inmoral el monopolio del ICE del que la mayorĂa se beneficia.
Tuve hasta asco en estos dĂas, cuando algunos se burlaron de mi y de todos aquellos que hicimos lo posible por defender a quienes menos tienen… Tuve lástima de quienes entran a la iglesia, dan limosna y tambiĂ©n dan el diezmo que las autoridades de la iglesia gastan a su antojo, pero son incapaces de mirar a las vĂctimas de un sistema que ve a la gente como consumidores, y no como personas. Un sistema en el cual quien más puede consumir y comprar más persona es y los pobres que apenas sobreviven son simplemente menos humanos de los cuales talvĂ©s “será el reino de los cielos”.
Tuve mucha tristeza del odio que fueron capaces de difundir los promotores del CAFTA. Odio del que fuimos y seremos vĂctimas muchos, con gritos y hasta insultos en la calle o cuando tocamos puertas para entregar informaciĂłn toda cierta de los impactos del TLC.
Pero hoy despuĂ©s del camino recorrido, tengo esperanza. La esperanza que me dio la gente que trabajĂł de verdad. La esperanza de quienes no se dejaron amedrentar por el dinero y el miedo. La esperanza de la gente humilde que no se dejĂł engañar, ni permitiĂł que se le comparara por una regalĂa o por una ayuda social. La esperanza que se construye en las batallas que se ganan con las uñas del amor y del compromiso.
Porque en este largo camino, encontrĂ© por todo lado gente dispuesta a trabajar y trabajar no solo para si sino para los otros y las otras. Gentes que con un corazĂłn grande entienden que la sociedad es más que el carro que tienen, la finca, la casa, el trabajo, gente que construye patria con amor. Toda esa gente que creativamente inventĂł el broche, recorriĂł casa por casa, estudiĂł, militĂł, se sentĂł con otros y otras diferentes, se despojĂł de las banderas polĂticas, no esperĂł nada a cambio y fue capaz luchar contra Goliat sintiĂ©ndose un David sin miedo.
Nos llenamos de agallas todos y todas… Nos llenamos de patria grande. De una patria que no discrimina, de una patria que quiere que todos sus hijos e hijas vivan con dignidad. De una patria que quiere que de su tierra no solo brote la esperanza sino los alimentos que nos comemos todos los dĂas. De una patria que sabe que cuando alguien vive el dolor de la enfermedad, debe de tener la medicina la cama pero tambiĂ©n el amor y la solidaridad. Nos pusimos encima una coraza para recibir tantos golpes injustos, tantas mentiras, tantas dosis de miedo, para callar ante el insulto y ser capaces de poner al frente el argumento, la razĂłn pero principalmente nuestro corazĂłn.
Nos dimos cuenta que la valentĂa no solo la tiene el lĂder tradicional que da discursos y recibe aplausos, que la verdadera valentĂa, la tiene el pueblo guanacasteco que descalzo mira hoy como otros disfrutan de sus riquezas, pero que es capaz de sacar la cara para seguir luchando con dignidad para no seguir siendo los vĂctimas de este horrible sistema de concentraciĂłn y exclusiĂłn.
Nos dieron una lecciĂłn las mujeres que caminaron, trabajaron desde todos los lugares, en el campo y en la ciudad, en las calles, en el tribunal y en la corte, las que vistieron a sus hijos e hijas pequeñas con una camiseta que tenĂa un gran NO, que querĂa decir hasta aquĂ, ya no queremos más sus mentiras y sus falsas promesas.
Y me llenĂ© de alegrĂa con tanta gente joven que fue parte de esta gesta inmensa, que crearon, lucharon, inventaron, estudiaron, trabajaron, cantaron y soñaron con un paĂs más justo. JĂłvenes que no se cansaron y que tambiĂ©n fueron capaces de llorar al final el 7 para tener fuerzas el lunes 8 para seguir hacia delante sin desfallecer. Jennifer, con 24 años, dijo que no podĂamos aceptar este robo descarado y quedarnos tranquilos, nos exigiĂł que lucháramos ya no solo por el ICE o por el INS o por la CCSS sino tambiĂ©n por la dignidad nacional lastimada, cuando se compran los votos, cuando se actĂşa con el terror mediático, cuando se le obliga a la gente a votar como su jefe y entonces no existe más dignidad.
Estamos en la mitad del camino y ellos solo nos ganaron con votos que están llenos de miedo y de mentira. Votos de gente lastimada en su dignidad y en su libertad. Votos con precio. Votos de mucha gente que es vĂctima o fue victimizada.
No es el momento, ni tenemos tiempo para buscar culpables entre nosotros, de mirarnos y acusarnos de traidores, la historia colocará a cada quien en su justa dimensiĂłn. Trabajemos con quienes estĂ©n dispuestos a trabajar. No es el momento de pensar que es el gran lĂder que mesianicamente nos sacará del lugar de donde estamos. Es el momento de re-agrupar. Es el momento de fortalecer el colectivo, construir y trasladar en lenguaje sencillo nuestra propuesta de paĂs. Los y las lĂderes se decantarán en el camino. Cada quien debe de hacer lo que le toca y cuando le toca. Es momento de escuchar. Es momento de cuidar cada paso, como jugando ajedrez, tratando de prever los movimientos del otro. Es momento de trabajar con la intuiciĂłn que no se equivoca porque es la sĂntesis de la sabidurĂa. Es momento de mirarnos a los ojos y generar las confianzas necesarias para el desafĂo que tenemos al frente. La Costa Rica que queremos es posible si realmente estamos convencidos y convencidas hasta las entrañas que nosotros la podemos construir.
Por eso, estoy convencida, porque me lo dice el corazĂłn, que es posible la justicia, es posible la dignidad y es posible que en este pequeño paĂs en el que vivimos decidamos por nosotros mismos que queremos y cĂłmo lo queremos para que sin discriminaciĂłn alguna cada persona tenga el derecho de tener una vida de calidad.
Epsy Campbell Barr
Desde hace algunos meses, cuando en este pequeño paĂs, Costa Rica, celebrábamos todos la noticia de que el TLC irĂa a consulta popular a travĂ©s de un referĂ©ndum, fui de las que estaba totalmente convencida de que era un paso maravilloso que debĂamos de dar. SentĂ desde el primer momento que ganarĂamos pero, hoy me doy cuenta que no somos tradicionales ganadores de una contienda electoral. No lo entendĂa en ese momento, pero hoy entiendo la magnitud del nuestro gane. Ya nuestro paĂs no será más el mismo, creo que finalmente empezamos a construir la Costa Rica del siglo XXI. Pero para que nuestra patria sea justa y solidaria como aspiramos, será necesario que veamos la magnitud de lo que tenemos al frente, que reconozcamos nuestra fuerza y fundamentalmente que asumamos la realidad del paĂs en el que vivimos. Es necesario detenernos, mirar atrás, analizar, escuchar nuestra intuiciĂłn y construir la prĂłxima etapa. Reconozcamos entonces, que vivimos en un paĂs sin reglas institucionales, con gobernantes corruptos, sin divisiĂłn de poderes y sin equilibrios democráticos. Esa es la cancha de la Costa Rica de hoy, en la que nos toca jugar para cambiarla y construir una democracia nueva. Con esta realidad, las respuestas simples o apresuradas serán inevitablemente equivocadas…
En aquellos dĂas, cuatro meses atrás, hice un esfuerzo grande pero nunca logrĂ© ver al Presidente de la RepĂşblica reconociendo nuestro triunfo. Se lo dije a mis amigos y amigas, se lo dije a otros lĂderes polĂticos, no era posible que ganáramos desde esa tradicionalidad de sumar votos, porque el proceso era una vergĂĽenza. La cĂşpula gobernante y sus aliados, no solo lo tienen y tenĂan todo de su parte, incluida una flaca institucionalidad que les sirve a sus intereses, el miedo, el chantaje, la mentira, los medios de comunicaciĂłn, sino que tambiĂ©n, ya habĂa sido testigo un año y medio atrás, de su “capacidad” de “contar votos” para siempre ganar.
No obstante, como muchos y muchas, cuando vi como nuestra fuerza crecĂa, cĂłmo se sumaba gente, como trabajaba con las uñas, como se utilizaba el Internet, como se iba ganando terreno en las visitas casa por casa, como las organizaciones ponĂan todos sus recursos y todo su empeño, cĂłmo los polĂticos se hacĂan un lado y daban paso a los verdaderos actores del proceso, cĂłmo sacerdotes y pastores se comprometĂan, cĂłmo se olvidaban las banderas partidarias para tomar la bandera patria, como el corazĂłn sumaba, sumaba y sumaba, como se concentraron miles de miles de personas el domingo 30 de setiembre; tambiĂ©n fui parte del espejismo de quienes creĂamos que a pesar de su juego sucio serĂamos capaces de derrotarles en las urnas.
Una elecciĂłn con reglas no democráticas solo puede dar un resultado como el que tenemos al frente: No es democrático comprar votos. No es democrático chantajear alcaldes. No es democrático que una sola de las partes tenga dinero. No es democrático utilizar el miedo para obligar a la gente a votar. No es democrático violar la tregua electoral. No es democrático que los recursos pĂşblicos que son de todos se usen solo para una de las partes. No es democrática la parcializaciĂłn del árbitro electoral. No es democrático cambiar votos por ayudas sociales. No es democrático mentir, sabiendo que se miente. No es democrático que no exista verdadera libertad para emitir el voto, cuando empleados de una empresa son obligados a votar como su jefe so pena de ser despedidos. El producto de la no democracia no podĂa ser otro que ese resultado electoral.
Hice todo lo que debĂa de hacer desde mi responsabilidad polĂtica. ExigĂ al tribunal reglas claras. PedĂ explicaciones sobre el financiamiento pĂşblico y la beligerancia del presidente y el poder ejecutivo. ReaccionĂ© ante sus desacertadas decisiones en tiempo. DenunciĂ© pĂşblicamente de los atropellos y parcialidades del tribunal. Fui parte de quienes denunciamos ante la MisiĂłn de Observadores de la OEA y ante el mismo Secretario General la inequidad de la contienda. Incluso, con mis propios fondos me fui a Washington para dejar constancia de los atropellos del proceso y del cerco mediático del que fuimos vĂctimas. Obviamente la mejor respuesta que tuve de todas estas acciones fue el silencio.
Pero, hoy, a pesar de este resultado, estoy convencida que debimos jugar el juego hasta el final como lo hicimos… Sino, ¿como podrĂamos aprender para transformar esta odiosa realidad?
DormĂ el domingo 7 por la noche para amanecer lunes con tranquilidad, pues pensĂ© que lo importante era el dĂa despuĂ©s, ese dĂa despuĂ©s que es hoy y será mañana. Pero es verdad que no pude dormir los dĂas previos al referĂ©ndum. SentĂa algo horrible en el cuerpo, sentĂa algo espantoso en el ambiente, aunque estuve unos dĂas fuera del paĂs. El estĂłmago se me revolvĂa el sábado cuando con el mayor de los descaros violaban la tregua electoral en complicidad con todos los medios y los jueces electorales. Ese domingo 7 con el corazĂłn hecho un puño antes del resultado de la simple suma de votos reconocĂ para mi misma, no solo que las cartas se habĂan tirado sino que empezábamos otra etapa del juego: La decisiva!
Realmente debo de reconocer que tuve rabia, rabia con la gente que quiero y conozco, pero también con la que no conozco que fueron capaces de decir que un medicamento que ha envenado a muchos, como este TLC, a nosotros no solo nos quitará la enfermedad sino también nos dará salud. Cómo alguien que tiene información puede tomar un medicamento que solo los fabricantes dicen que es bueno pero que según los expertos en salud está matando gente en diferentes lugares del mundo?
CĂłmo era posible que profesionales de clase media, que tienen acceso a la informaciĂłn, que pueden leer informes hasta del Banco Mundial, de las Naciones Unidas, de la CEPAL, etc., no de Cháves o de Fidel, pudieran asegurar que este TLC es bueno para un paĂs en desarrollo como Costa Rica? CĂłmo era posible que esta gente que es lo que es, producto de un Estado Solidario costarricense, por puro egoĂsmo, ni siquiera fuese capaz de analizar los impactos en la CCSS o en nuestros productores, de acuerdo a lo que ya ha pasado en otros paĂses como MĂ©xico. Nunca entenderĂ© como profesionales, que probablemente aspiran a ser ricos, les valga un comino lo que le pasará a la mayorĂa solo para que un pequeño grupo tenga un servicio sofisticado de celular. Me rehĂşso a entender como estas personas de esta clase media, prefieren un monopolio transnacional como el de Carlos Slim y les parezca inmoral el monopolio del ICE del que la mayorĂa se beneficia.
Tuve hasta asco en estos dĂas, cuando algunos se burlaron de mi y de todos aquellos que hicimos lo posible por defender a quienes menos tienen… Tuve lástima de quienes entran a la iglesia, dan limosna y tambiĂ©n dan el diezmo que las autoridades de la iglesia gastan a su antojo, pero son incapaces de mirar a las vĂctimas de un sistema que ve a la gente como consumidores, y no como personas. Un sistema en el cual quien más puede consumir y comprar más persona es y los pobres que apenas sobreviven son simplemente menos humanos de los cuales talvĂ©s “será el reino de los cielos”.
Tuve mucha tristeza del odio que fueron capaces de difundir los promotores del CAFTA. Odio del que fuimos y seremos vĂctimas muchos, con gritos y hasta insultos en la calle o cuando tocamos puertas para entregar informaciĂłn toda cierta de los impactos del TLC.
Pero hoy despuĂ©s del camino recorrido, tengo esperanza. La esperanza que me dio la gente que trabajĂł de verdad. La esperanza de quienes no se dejaron amedrentar por el dinero y el miedo. La esperanza de la gente humilde que no se dejĂł engañar, ni permitiĂł que se le comparara por una regalĂa o por una ayuda social. La esperanza que se construye en las batallas que se ganan con las uñas del amor y del compromiso.
Porque en este largo camino, encontrĂ© por todo lado gente dispuesta a trabajar y trabajar no solo para si sino para los otros y las otras. Gentes que con un corazĂłn grande entienden que la sociedad es más que el carro que tienen, la finca, la casa, el trabajo, gente que construye patria con amor. Toda esa gente que creativamente inventĂł el broche, recorriĂł casa por casa, estudiĂł, militĂł, se sentĂł con otros y otras diferentes, se despojĂł de las banderas polĂticas, no esperĂł nada a cambio y fue capaz luchar contra Goliat sintiĂ©ndose un David sin miedo.
Nos llenamos de agallas todos y todas… Nos llenamos de patria grande. De una patria que no discrimina, de una patria que quiere que todos sus hijos e hijas vivan con dignidad. De una patria que quiere que de su tierra no solo brote la esperanza sino los alimentos que nos comemos todos los dĂas. De una patria que sabe que cuando alguien vive el dolor de la enfermedad, debe de tener la medicina la cama pero tambiĂ©n el amor y la solidaridad. Nos pusimos encima una coraza para recibir tantos golpes injustos, tantas mentiras, tantas dosis de miedo, para callar ante el insulto y ser capaces de poner al frente el argumento, la razĂłn pero principalmente nuestro corazĂłn.
Nos dimos cuenta que la valentĂa no solo la tiene el lĂder tradicional que da discursos y recibe aplausos, que la verdadera valentĂa, la tiene el pueblo guanacasteco que descalzo mira hoy como otros disfrutan de sus riquezas, pero que es capaz de sacar la cara para seguir luchando con dignidad para no seguir siendo los vĂctimas de este horrible sistema de concentraciĂłn y exclusiĂłn.
Nos dieron una lecciĂłn las mujeres que caminaron, trabajaron desde todos los lugares, en el campo y en la ciudad, en las calles, en el tribunal y en la corte, las que vistieron a sus hijos e hijas pequeñas con una camiseta que tenĂa un gran NO, que querĂa decir hasta aquĂ, ya no queremos más sus mentiras y sus falsas promesas.
Y me llenĂ© de alegrĂa con tanta gente joven que fue parte de esta gesta inmensa, que crearon, lucharon, inventaron, estudiaron, trabajaron, cantaron y soñaron con un paĂs más justo. JĂłvenes que no se cansaron y que tambiĂ©n fueron capaces de llorar al final el 7 para tener fuerzas el lunes 8 para seguir hacia delante sin desfallecer. Jennifer, con 24 años, dijo que no podĂamos aceptar este robo descarado y quedarnos tranquilos, nos exigiĂł que lucháramos ya no solo por el ICE o por el INS o por la CCSS sino tambiĂ©n por la dignidad nacional lastimada, cuando se compran los votos, cuando se actĂşa con el terror mediático, cuando se le obliga a la gente a votar como su jefe y entonces no existe más dignidad.
Estamos en la mitad del camino y ellos solo nos ganaron con votos que están llenos de miedo y de mentira. Votos de gente lastimada en su dignidad y en su libertad. Votos con precio. Votos de mucha gente que es vĂctima o fue victimizada.
No es el momento, ni tenemos tiempo para buscar culpables entre nosotros, de mirarnos y acusarnos de traidores, la historia colocará a cada quien en su justa dimensiĂłn. Trabajemos con quienes estĂ©n dispuestos a trabajar. No es el momento de pensar que es el gran lĂder que mesianicamente nos sacará del lugar de donde estamos. Es el momento de re-agrupar. Es el momento de fortalecer el colectivo, construir y trasladar en lenguaje sencillo nuestra propuesta de paĂs. Los y las lĂderes se decantarán en el camino. Cada quien debe de hacer lo que le toca y cuando le toca. Es momento de escuchar. Es momento de cuidar cada paso, como jugando ajedrez, tratando de prever los movimientos del otro. Es momento de trabajar con la intuiciĂłn que no se equivoca porque es la sĂntesis de la sabidurĂa. Es momento de mirarnos a los ojos y generar las confianzas necesarias para el desafĂo que tenemos al frente. La Costa Rica que queremos es posible si realmente estamos convencidos y convencidas hasta las entrañas que nosotros la podemos construir.
Por eso, estoy convencida, porque me lo dice el corazĂłn, que es posible la justicia, es posible la dignidad y es posible que en este pequeño paĂs en el que vivimos decidamos por nosotros mismos que queremos y cĂłmo lo queremos para que sin discriminaciĂłn alguna cada persona tenga el derecho de tener una vida de calidad.
0 Comentarios