Por Gustavo Veiga, Resumen Latinoamericano, 24 de agosto de 2026.
Dos caras de una misma moneda. Netanyahu y Ben-Gvir, un par de genocidas. El primero tiene pedido de captura internacional, el segundo extraƱamente no aunque es repudiado por la comunidad internacional.
En la teatralización de la crueldad obscena, de la manipulación de los peores significantes como la horca, el ultraderechista ministro de Seguridad de Israel, es el malvado que juega a ser el peor de todos. EstĆ” en lĆnea con otros monstruos como Trump y Netanyahu, aunque tambiĆ©n los hay entre empresarios de la IA como Peter Thiel o la jaurĆa de neofascistas que estĆ”n depredando el planeta.
No hay monstruos mejores ni peores que otros. Existen monstruos de apariencia humana que deberĆan ser condenados cada dĆa que pasa con mĆ”s Ć©nfasis. Este presente distópico requiere frenar la secuencia indetenible de crĆmenes que cometen. El mundo es hoy un semillero de monstruos con distintas trayectorias de poder. Los hay al frente de estados, de corporaciones, de monarquĆas. Fungen de ministros, tecnócratas, fabricantes de armas y seƱores feudales del algoritmo y la inteligencia artificial al servicio de los asesinatos masivos. Son propaladores de fake news, mercenarios mediĆ”ticos y todos se creen impunes mientras no caigan.
Cuando atacan y de inmediato se guarecen – los une la cobardĆa de su relato que estigmatiza a los mĆ”s dĆ©biles – suelen usar una coartada. La inventaron ahora, como en el macartismo de los aƱos ’50. Es la construcción de un otro, tan viejo como conocido: la extrema izquierda, o aĆŗn peor, el terrorista de extrema izquierda.
A ese calificativo lo combinaron con el de narco, y el resultado es narcoterrorista. Usan su dedo flamĆgero a discreción para estigmatizar primero, condenar despuĆ©s y matar sin dar explicaciones o justificar la acción como ocurre en Gaza, IrĆ”n, la frontera sur de Estados Unidos, la gran fosa comĆŗn del MediterrĆ”neo o las barriadas excluidas de LatinoamĆ©rica. Lo mismo da.
No importa si el sujeto a exterminar es palestino, persa, magrebĆ, latino, inmigrante, negro subsahariano, desesperado por hambre o blanco caucĆ”sico con ideas progresistas. Lo que se dice un comunista clĆ”sico en su versión reduccionista. La discriminación racial o religiosa es otro pretexto en su cruzada de la fe que les funciona.
En Occidente fueron elevados a una categorĆa satĆ”nica los clĆ©rigos iranĆes por su Estado teocrĆ”tico y porque rechazan la existencia de Israel, pero el rabino jefe de este paĆs, David Yosef, acaba de negar al pueblo palestino y afirmó que “no tiene derechos”. Agregó tambiĆ©n que Gaza y Cisjordania pertenecen a la comunidad que representa. Un discurso que alimenta la lista de monstruos adentro y afuera de Israel. Como el ministro de Seguridad del estado sionista, Itamar Ben-Gvir.
La lista de monstruos de renombre se amplió en los Ćŗltimos aƱos, en paralelo al declive del Occidente capitalista, la aceleración del desastre ecológico y lo que NaomĆ Klein llama en su Ćŗltimo ensayo de 2025 – que escribió en coautorĆa con Astra Taylor -, “El fascismo del fin de los tiempos”.
Los monstruos no tienen pudor en mostrarse tal cual son. Viven la era de la crueldad sin anestesia con naturalidad. Caben en un pĆ”rrafo de 1984, la novela distópica de Orwell, cuando describe el ritual de “los dos minutos de odio”. Un ejercicio diario de catequesis ideológica donde los miembros del Partido se reĆŗnen frente a una pantalla. La tarea consiste en gritar insultos contra Emmanuel Goldstein, el enemigo nĆŗmero uno del Estado, y terminar alabando al Gran Hermano.
Escribe el novelista inglĆ©s y voluntario internacionalista en la Guerra Civil EspaƱola, una experiencia que lo marcó para siempre: “Un Ć©xtasis horrendo de miedo y venganza, un deseo de matar, de torturar, de destrozar caras a martillazos, parecĆa recorrer a todo el grupo como una corriente elĆ©ctrica, convirtiendo a cualquiera, incluso contra su voluntad, en un lunĆ”tico que hacĆa muecas y gritaba”. Y se detiene en el perfil de uno de sus personajes anónimos de esa prĆ”ctica violenta: “La chica de cabello oscuro detrĆ”s de Winston habĆa empezado a gritar: ‘¡Cerdo! ¡Cerdo! ¡Cerdo!’. De repente, ella agarró un pesado diccionario de Neolengua y lo arrojó contra la pantalla. Le dio en la nariz a Goldstein y rebotó; la voz continuó inexorablemente”.
Los seres despiadados que hoy abundan en lugares de poder tampoco salieron del elenco de dos obras cumbre del neorrealismo italiano: Los monstruos (1963) y Los nuevos monstruos (1977), la primera dirigida en soledad por Dino Risi y la segunda por Ć©l, Ettore Scola y Mario Monicelli. Las pelĆculas retratan las vidas de personas corrientes que cultivan la hipocresĆa y todo tipo de inmoralidades que exhiben sin pudor, hasta de modo bizarro. Pero son monstruos citadinos, casi inofensivos, simpĆ”ticos, productos de una etapa de posguerra en la Italia que se habĆa liberado del yugo del fascismo y el nazismo que la ocupó.
Cuando la realidad supera a la ficción, ¿quiĆ©n podrĆa interpretar a Donald Trump que no fuera Ć©l mismo? ¿A sus magnates tecnológicos favoritos como Elon Musk, Peter Thiel, los hermanos Koch o Jeff Bezos, odiado en su primer mandato y amado en el segundo en una relación rebosante de pragmatismo? ¿QuĆ© actor podrĆa ponerse en la piel de un genocida como BenjamĆn Netanyahu, un dictador cool como Nayib Bukele – asĆ se autodefine – o el secretario de Estado de EE.UU, Marco Rubio, la materia gris detrĆ”s de la asfixia por hambre de millones de cubanos?
En la teatralización de la crueldad obscena, de la manipulación de los peores significantes, de un presente que sigue y seguirĆ” en carne viva para varias generaciones de palestinos, Ben-Gvir es el malvado que juega a ser el peor de todos. En la semana que pasó, dejó dos seƱales mĆ”s que pulieron su perfil como criminal de guerra. AndrĆ© Malraux en una novela histórica o Hannah Arendt en un ensayo filosófico podrĆan haberlo incluido en dos de sus libros mĆ”s cĆ©lebres que llevan el mismo tĆtulo: La condición humana. Ben-Gvir representa lo peor de ella.
Declaró el domingo 16 de agosto: “Creo que se deberĆan llevar a cabo asesinatos selectivos en Gaza” y explicó en quĆ© consistĆa su propuesta. Cada noche se deberĆa “eliminar” a treinta o cuarenta palestinos porque “ni siquiera son personas”. Dias mĆ”s tarde, se filmó en video recorriendo los patĆbulos con miradores que mandó construir para seguir en vivo y en directo las ejecuciones judiciales de palestinos que van a venir. Se lo permite el nuevo rĆ©gimen penal de Israel que impulsó y fue aprobado en la Knesset en marzo, por 62 votos a favor y 48 en contra.
Cualquier acto que el estado sionista considere terrorista serÔ pasible de la pena capital por ahorcamiento. Es indispensable un requisito: ser palestino. Una forma de ejecutar que hace del exhibicionismo un ritual deshumanizante y que según la ley del Parlamento israelà no alcanza a los colonos extremistas que ocupan de manera violenta y sistémica las tierras de Palestina en Cisjordania.
“PrometĆ aprobar la ley de pena de muerte para terroristas, y lo hicimos. Y ahora el corredor de la muerte y las instalaciones para la horca tambiĆ©n estĆ”n empezando a tomar forma”, dijo frente a la cĆ”mara el monstruo de lentes, panza prominente y desaliƱado que celebró sus 50 aƱos en mayo de 2026 con una torta que por decoración llevaba la imagen de una horca y la frase en hebreo: “A veces los sueƱos se hacen realidad”.

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