Por: Ricardo Abud
Introducción
El marxismo y su contexto histórico
El marxismo emerge en la Europa del siglo XIX como respuesta intelectual y política a las transformaciones radicales producidas por la Revolución Industrial. Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895) desarrollaron un sistema de pensamiento que articulaba filosofía, economía y política en una teoría coherente de la historia y la sociedad.
Sus fundamentos filosóficos descansan sobre tres pilares. El primero es la dialéctica hegeliana materializada: Marx tomó de Hegel la lógica del movimiento histórico mediante contradicciones, pero invirtió su idealismo. Para Marx, no son las ideas las que mueven la historia, sino las condiciones materiales de producción. El segundo es el materialismo histórico: la tesis de que cada época histórica se define por su modo de producción ,la combinación de fuerzas productivas y relaciones de producción, y que los cambios en esa base material determinan las transformaciones en la superestructura jurídica, política y cultural. El tercero es la teoría del valor-trabajo: el valor de las mercancías proviene del trabajo humano socialmente necesario para producirlas, y la plusvalía ,la diferencia entre el valor producido por el trabajador y el salario recibido, es la fuente de la ganancia capitalista y la base de la explotación.
Políticamente, el marxismo desemboca en la teoría de la lucha de clases como motor de la historia, la crítica al Estado como instrumento de dominación de clase, y la perspectiva de una transformación revolucionaria que conduzca, a través del socialismo, hacia una sociedad comunista sin clases, sin Estado y sin propiedad privada sobre los medios de producción.
El tecnofeudalismo y sus teóricos
El concepto de tecnofeudalismo es más reciente y menos sistemático, pero gana terreno acelerado en el pensamiento crítico contemporáneo. Sus principales exponentes incluyen al economista griego Yanis Varoufakis, quien en su obra Technofeualism: What Killed Capitalism (2023) sostiene que el capitalismo como sistema basado en mercados y producción de plusvalía ha sido desplazado por un nuevo orden donde las rentas digitales, no las ganancias industriales, constituyen la lógica dominante. También destaca Shoshana Zuboff, cuya obra The Age of Surveillance Capitalism (2019) describe cómo las corporaciones tecnológicas extraen datos del comportamiento humano como materia prima, los procesan mediante inteligencia artificial y los convierten en predicciones y herramientas de modificación conductual vendidas en mercados de futuros del comportamiento. Cédric Durand, en Technoféodalisme (2020), desarrolla una crítica estructural del poder de las plataformas como nueva forma de extracción de renta. Y Nick Srnicek, en Platform Capitalism (2017), analiza cómo las plataformas digitales han creado un modelo de negocio radicalmente distinto al capitalismo industrial.
La tesis central del tecnofeudalismo es la siguiente: las grandes corporaciones tecnológicas ,Google, Amazon, Meta, Apple, Microsoft, no compiten en mercados abiertos ni acumulan capital a través de la producción y venta de mercancías en el sentido clásico. En cambio, son dueñas de infraestructuras digitales ,plataformas, algoritmos, datos, sistemas operativos, nubes computacionales, sobre las cuales otros actores económicos deben operar, pagando tributo por ese acceso. Esta relación de dependencia se asemeja más a la estructura feudal de señores y vasallos que al libre mercado capitalista.
1. El concepto de propiedad y control económico
La propiedad privada en el capitalismo clásico
Para el capitalismo clásico, tal como lo analizaron Smith, Ricardo y el propio Marx, la propiedad privada sobre los medios de producción ,fábricas, maquinaria, tierra, capital financiero, es el eje organizador del sistema económico. Quien posee los medios de producción puede contratar trabajo, apropiarse del excedente producido y acumular capital. La competencia entre propietarios privados en mercados relativamente abiertos es el mecanismo que, según sus defensores, asigna eficientemente los recursos y genera crecimiento.
Marx vio en este sistema una forma históricamente específica de dominación: el capital no es una cosa sino una relación social. La propiedad privada no es un derecho natural sino una construcción histórica que permite la apropiación del trabajo ajeno.
La propiedad colectiva del marxismo
Frente a esto, el marxismo propone la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción y su sustitución por formas de propiedad colectiva o social. No se trata de eliminar la propiedad personal ,la casa donde uno vive, los objetos de uso cotidiano, sino de socializar los instrumentos con los que se produce la riqueza social. En la visión marxista, esto eliminaría la fuente de la explotación y permitiría organizar la producción en función de las necesidades humanas en lugar de la ganancia privada.
El control de datos, plataformas y ecosistemas digitales
En la economía digital del siglo XXI, la pregunta sobre quién controla los medios de producción se vuelve más compleja y, en cierto sentido, más perturbadora que en el capitalismo industrial.
Los medios de producción digitales son de naturaleza radicalmente distinta. No son simplemente máquinas que pueden ser nacionalizadas o colectivizadas. Son algoritmos, arquitecturas de datos, redes de usuarios con efectos de escala masiva, infraestructuras de nube computacional y sistemas de inteligencia artificial entrenados sobre datos agregados de miles de millones de personas. Amazon Web Services no solo es una empresa; es la infraestructura sobre la que opera una fracción significativa del comercio y los servicios digitales globales. Google no solo vende publicidad; controla el acceso a la información para la mayor parte de la humanidad conectada. Apple no solo fabrica dispositivos; es el portero de un ecosistema donde aplicaciones y servicios deben operar bajo sus condiciones.
Varoufakis introduce aquí la distinción crucial entre capital y renta: en el capitalismo clásico, el capitalista invierte capital en producción, asume riesgos de mercado y obtiene ganancias. En el tecnofeudalismo, el señor digital obtiene renta simplemente por poseer la infraestructura sobre la cual otros deben operar. Amazon cobra una comisión de entre el 15% y el 45% a los vendedores que utilizan su plataforma. Apple y Google retienen el 30% de los ingresos de las aplicaciones distribuidas en sus tiendas. Meta cobra a los anunciantes por acceder a la atención de sus usuarios. Esta renta no proviene de producir valor sino de controlar el acceso a un espacio económico.
La pregunta marxista ,¿quién controla los medios de producción?, sigue siendo pertinente, pero debe reformularse: en la era digital, los medios de producción más estratégicos son plataformas, datos e infraestructuras algorítmicas, y están concentrados en un puñado de corporaciones con un grado de monopolio sin precedentes históricos.
2. La lucha de clases en el siglo XXI
La clase obrera industrial de Marx
Marx describió con precisión el proletariado industrial del siglo XIX: trabajadores que, separados de cualquier medio de producción propio, deben vender su fuerza de trabajo a los capitalistas para subsistir. Su posición estructural dentro del proceso productivo ,concentrados en fábricas, organizados colectivamente por la propia lógica de la producción industrial, les confería, en la perspectiva marxista, tanto la capacidad como la necesidad histórica de transformar el sistema.
La transformación del trabajo en la economía digital
El trabajo en el siglo XXI ha sufrido una fragmentación y precarización que hace más difícil ,aunque no imposible, el análisis de clase. Emergen nuevas figuras laborales que no encajan perfectamente ni en el proletariado industrial ni en la pequeña burguesía clásica.
El trabajador de plataformas ,conductor de Uber, repartidor de Entregas a Domicilio, trabajador de TaskRabbit, es jurídicamente un "contratista independiente" pero funcionalmente un asalariado sin las protecciones del asalariado: sin seguridad social garantizada, sin sindicato, sin vacaciones pagadas, gestionado por algoritmos que fijan precios, asignan tareas y pueden desactivar su cuenta sin explicación. Es, en la terminología marxista actualizada, un proletario que ni siquiera tiene la ilusión de poseer sus medios de producción ,el auto, la bicicleta, sino que depende estructuralmente de la plataforma.
El creador de contenido que trabaja en YouTube, Instagram o TikTok ocupa una posición más ambigua. Produce valor ,contenido que genera atención y datos, pero no es empleado en la plataforma. Recibe una porción de los ingresos publicitarios, pero las reglas de monetización, los algoritmos de distribución y las políticas de contenido son determinadas unilateralmente por la corporación. Cuando las plataformas modifican sus algoritmos o políticas, la renta del creador puede colapsar de un día para otro. Su "independencia" es nominal; su dependencia estructural es real.
¿Sigue siendo válida la lucha de clases?
La respuesta más honesta es: sí, pero reformulada. Las categorías marxistas de clase no pueden aplicarse mecánicamente a la economía digital, pero el principio subyacente ,que la posición de los actores en relación con los medios de producción determina sus intereses, su poder y sus posibilidades, sigue siendo analíticamente fértil.
Lo que ha cambiado es la naturaleza de los medios de producción y la forma en que la dependencia se organiza. Ya no es sólo la fábrica; es la plataforma. Ya no es solo el salario; es la renta de acceso y los ingresos algorítmicamente mediados. Ya no es solo la plusvalía del trabajo físico; es la extracción de valor de la atención, los datos y el comportamiento.
Nick Srnicek y Alex Williams, en Inventing the Future (2015), argumentan que la izquierda necesita actualizar sus categorías de clase sin abandonar el análisis estructural del poder económico. La pregunta de quién se apropia del excedente social ,y a través de qué mecanismos, sigue siendo políticamente central.
3. Los nuevos señores feudales
La analogía feudal: sus alcances y límites
La comparación entre las grandes corporaciones tecnológicas y los señores feudales medievales es sugerente pero requiere precisión para no convertirse en metáfora vacía.
En el feudalismo clásico europeo, los señores poseían la tierra ,el medio de producción fundamental de la época agraria, y los campesinos debían cultivar a cambio de protección y acceso, cediendo una porción del producto al señor en forma de renta feudal. La relación no era de mercado libre sino de dependencia estructural y coerción extraeconómica. El campesino no podía simplemente "irse" a otra tierra; estaba vinculado al señor por una cadena de obligaciones económicas, jurídicas y simbólicas.
La analogía con el presente es esta: las plataformas digitales son la "tierra" del siglo XXI ,el espacio donde transcurre una parte creciente de la vida económica, social y política, y quienes quieren operar en ese espacio deben aceptar las condiciones del señor digital. Un restaurante que depende de Uber Eats para su clientela, una pequeña empresa que vende en Amazon, un periódico que necesita el tráfico de Google: todos son "vasallos" que pagan tributo y operan bajo reglas que no determinan.
El poder de las cinco grandes corporaciones
"Google/Alphabet" controla aproximadamente el 92% del mercado global de búsqueda, lo que significa que esencialmente determina qué información encuentra la humanidad conectada. Su sistema publicitario ,AdWords, AdSense, es el principal mecanismo de monetización de Internet. Sus sistemas operativos Android dominan el mercado de smartphones. Su poder sobre el flujo de información es de una magnitud sin precedente histórico.
"Amazon" comenzó como librería online y se convirtió en la infraestructura del comercio electrónico global. Amazon Web Services (AWS) proporciona la infraestructura de nube a una fracción enorme de Internet, incluyendo competidores directos. Su sistema de logística es un monopolio de facto en muchos mercados. Su capacidad para destruir competidores ,entrando en sus mercados con ventajas estructurales de datos y subsidios cruzados, ha sido documentada extensamente.
"Meta" posee Facebook, Instagram y WhatsApp ,tres de las principales plataformas de comunicación social del mundo, y controla la infraestructura de comunicación de miles de millones de personas. Su poder sobre la información, la atención y las relaciones sociales es inmenso y apenas regulado.
"Apple controla el sistema operativo iOS y la App Store, que es el único canal de distribución de software para sus dispositivos. Su ecosistema cerrado ,hardware, software, servicios, crea una dependencia que los economistas llaman "lock-in". Su poder para bloquear aplicaciones, imponer comisiones y determinar qué software puede ejecutarse en sus dispositivos es absoluto dentro de su ecosistema.
"Microsoft", controla el sistema operativo dominante en computadoras personales y corporativas, y a través de Azure es uno de los principales proveedores de infraestructura de nube. Su adquisición de GitHub ,el principal repositorio de código del mundo, y de LinkedIn le otorga control sobre infraestructuras críticas del trabajo y la producción de software.
Lo que hace a estas corporaciones cualitativamente distintas de los monopolios industriales del siglo XX ,Standard Oil, AT&T, IBM, es la naturaleza de los efectos de red y la acumulación de datos. Cuantos más usuarios tiene una plataforma, más valiosa se vuelve, lo que hace virtualmente imposible la entrada de competidores. Y cuantos más datos acumula, más sofisticados se vuelven sus algoritmos, creando una ventaja competitiva autorreinforçante.
Su influencia sobre los gobiernos se ejerce mediante cabildeo masivo, amenazas implícitas o explícitas de relocalización, contratación de ex funcionarios, financiamiento de think tanks y, en casos más directos, la provisión de infraestructuras críticas al Estado que crean dependencias difíciles de revertir.
4. Marx frente a la economía de los datos
El valor económico de los datos
Esta es quizás la sección más especulativa pero también más intelectualmente estimulante: ¿qué habría dicho Marx sobre los datos?
La teoría del valor-trabajo de Marx sostiene que el valor proviene del trabajo humano. Los datos son producidos, en su forma más básica, por la actividad de los usuarios: sus búsquedas, clics, compras, conversaciones, desplazamientos físicos. En este sentido, podría argumentarse que los usuarios son trabajadores no remunerados que producen la materia prima más valiosa de la economía digital.
Shoshana Zuboff articula esto con precisión: las corporaciones tecnológicas extraen "excedente de comportamiento" ,datos sobre las actividades de los usuarios que van más allá de lo necesario para proveer el servicio, y los procesan para producir "productos de predicción" vendidos en mercados de comportamiento. El usuario no es el cliente; es la materia prima.
Si seguimos la lógica marxista, podríamos construir una teoría de la plusvalía digital: el usuario invierte tiempo, atención y datos; la corporación los procesa mediante algoritmos (trabajo muerto cristalizado en código) y los convierte en productos de predicción y publicidad dirigida; la diferencia entre el valor producido por el usuario y lo que recibe a cambio ,servicios gratuitos, es una forma de plusvalía apropiada por la corporación.
Varoufakis va más lejos: sostiene que esta relación no es siquiera capitalista en el sentido marxista, porque no involucra la producción de mercancías para mercados competitivos, sino la extracción de renta sobre una plataforma que el usuario no puede abandonar fácilmente. Es renta feudal, no plusvalía capitalista.
El dato como mercancía
¿Es el dato personal una mercancía en el sentido marxista? Una mercancía, para Marx, tiene valor de uso y valor de cambio, y es producida para el intercambio. Los datos tienen claramente valor de uso ,permiten predecir comportamientos, personalizar servicios, optimizar publicidad, y son objeto de intercambio comercial masivo. Pero hay diferencias importantes: los datos no se agotan con el uso, pueden ser copiados sin costo marginal, y su producción es involuntaria en muchos casos.
Quizás más preciso sea decir que los datos son una nueva forma de materia prima que requiere una actualización de las categorías marxistas, no su abandono.
5. Inteligencia artificial, automatización y trabajo
El impacto sobre el empleo
La automatización no es nueva: fue la preocupación central de los luditas en el siglo XIX y de economistas como Keynes en el XX. Pero la inteligencia artificial representa una ruptura cualitativa: por primera vez, la automatización amenaza no solo el trabajo físico repetitivo sino también tareas cognitivas complejas.
Los estudios del Oxford Martin School (Frey y Osborne, 2013) estiman que el 47% de los empleos en Estados Unidos estaban "en riesgo" de automatización en las décadas siguientes. Estimaciones posteriores han moderado estas cifras, pero el consenso emergente es que la IA no eliminará el trabajo humano en su totalidad, sino que transformará radicalmente su estructura: eliminará categorías enteras de tareas de nivel medio, creará nuevas demandas en actividades difícilmente automatizables (cuidado, creatividad, gestión compleja, trabajo físico no estructurado) y redistribuye el trabajo disponible de maneras que no son neutrales desde el punto de vista distributivo.
La concentración de riqueza tecnológica
Aquí las tesis marxistas y tecnofeudales convergen con los datos empíricos. La automatización y la IA concentran sus beneficios en quienes poseen la tecnología ,las corporaciones tecnológicas y sus accionistas, mientras distribuyen sus costos entre los trabajadores desplazados. Los informes de Oxfam y del World Inequality Lab documentan consistentemente que la brecha de riqueza se ha ampliado en las economías más digitalizadas, y que la mayor parte de los gains de productividad tecnológica en las últimas décadas han ido al capital, no al trabajo.
Marx habría reconocido esto inmediatamente: es la tendencia histórica del capitalismo a sustituir trabajo vivo (pagado) por trabajo muerto (maquinaria), reduciendo el costo laboral y aumentando la composición orgánica del capital.
¿Fortalece la IA las tesis marxistas o tecnofeudales?
Ambas, con matices. Fortalece las marxistas en tanto confirma la tendencia hacia la concentración del capital y la subordinación del trabajo. Fortalece las tecnofeudales en tanto los beneficios de la IA no se distribuyen a través del mercado competitivo sino que se concentran en los propietarios de plataformas e infraestructuras con ventajas de escala insuperables.
6. Democracia, poder y vigilancia
El capitalismo de vigilancia
Zuboff acuñó el término "capitalismo de vigilancia" para describir un nuevo orden económico donde la experiencia humana es la materia prima gratuita para prácticas ocultas de extracción, producción y ventas. Este sistema opera, argumenta, fuera de la conciencia y el consentimiento de sus sujetos.
La vigilancia digital opera en múltiples dimensiones: comercial ,para personalizar publicidad y servicios,; política ,para identificar y gestionar disidencia, como documentan los casos de regímenes autoritarios que usan tecnología occidental,; y social ,mediante sistemas de crédito social como el desarrollado en China.
El control algorítmico
Lo que hace al control algorítmico cualitativamente nuevo respecto a formas históricas de control social es su invisibilidad y su pretensión de objetividad. Cuando un algoritmo de Facebook determina qué información ve un usuario, no hay un sensor visible: hay un proceso técnico que se presenta como neutral. Cuando un algoritmo de contratación filtra candidaturas laborales, produce sesgos sistémicos sin que nadie deba "decidir" discriminar.
Michel Foucault habría reconocido en esto una forma de biopoder y gubernamentalidad: el control no se ejerce primariamente mediante la prohibición y la sanción sino mediante la estructuración del entorno, la gestión de posibilidades, la modulación de deseos y comportamientos.
Censura privada e influencia política
El hecho de que la infraestructura de la esfera pública digital sea propiedad privada crea una paradoja democrática: las decisiones sobre qué discurso es permitido, qué información circula, qué voces son amplificadas son tomadas por corporaciones privadas sin accountability democrática. La expulsión de Twitter (ahora X) de figuras políticas, la supresión de ciertos contenidos en Facebook, el demotion algorítmico de medios independientes: estas son decisiones con enorme impacto político tomadas fuera de cualquier proceso democrático.
Esto representa una forma nueva de dominación social que ni Marx ni los teóricos liberales clásicos anticiparon plenamente: el control no de los medios de producción material sino de los medios de producción simbólica y comunicativa.
7. ¿Capitalismo avanzado o tecnofeudalismo?
Los que sostienen que el capitalismo continúa
Los economistas más ortodoxos ,desde el mainstream neoclásico hasta algunos marxistas, argumentan que el capitalismo sigue siendo el sistema dominante. Las grandes corporaciones tecnológicas siguen siendo empresas con accionistas que buscan maximizar ganancias en mercados (aunque oligopólicos). El trabajo asalariado, la acumulación de capital y la búsqueda de ganancia siguen siendo los principios organizadores. La novedad es de grado, no de naturaleza.
Los que sostienen que el capitalismo ha evolucionado
Una posición intermedia, sostenida por autores como Wolfgang Streeck o David Harvey, es que el capitalismo ha sufrido transformaciones significativas ,hacia formas más financiarización, monopolísticas y extractivas, sin dejar de ser capitalismo. El "capitalismo de plataformas" de Srnicek cae en esta categoría: las plataformas son una nueva forma de capital, no un sistema postcapitalista.
Los que sostienen que ha surgido algo nuevo
Varoufakis representa la posición más radical: el capitalismo, entendido como un sistema donde la ganancia proviene de la producción y venta de mercancías en mercados competitivos, ha sido desplazado por un sistema donde la renta sobre infraestructuras digitales es el mecanismo dominante. Esto es cualitativamente diferente: no hay mercado que discipline a Amazon o Google, no hay competencia que pueda erosionar su posición, y su poder no proviene de producir mejor sino de controlar el acceso.
Evaluación
La evidencia más sólida sugiere que estamos ante una transformación significativa del capitalismo que comparte rasgos con la descripción tecnofeudal, pero que no constituye un sistema completamente nuevo. Lo más preciso sería hablar de una fase del capitalismo caracterizada por monopolios de plataforma, extracción de renta digital, y concentración sin precedentes del poder económico y comunicativo. Si eso merece un nombre nuevo ,tecnofeudalismo, capitalismo de plataformas, capitalismo cognitivo, es en parte una cuestión semántica, pero en parte también una cuestión política: el nombre que usemos estructura las posibilidades que imaginamos.
8. Críticas al marxismo y al tecnofeudalismo
Críticas al marxismo
Las más serias son tanto históricas como teóricas.
El análisis de los regímenes que adoptaron el marxismo como ideología oficial durante el siglo XX revela un patrón común de centralización del poder político en un partido único, la restricción de libertades civiles y la implementación de sistemas de planificación centralizada en lugar de mecanismos de mercado. Si bien existe un debate intelectual sobre si estos sistemas representaron una aplicación fiel o una distorsión de la teoría original, diversos analistas coinciden en que elementos estructurales del proyecto, como el concepto de partido de vanguardia y la supresión de la propiedad privada, facilitaron la aparición de regímenes autoritarios, graves ineficiencias económicas y, en casos extremos, crisis humanitarias, sin entrar en detalles de las razones, provocadas desde el extranjero o por fallas estructurales del sistema..
En el ámbito teórico, los pilares del pensamiento marxista han sido objeto de un intenso escrutinio. La teoría del valor-trabajo, por ejemplo, ha sido cuestionada por las escuelas neoclásica y austriaca, que sostienen que el valor es un fenómeno subjetivo determinado por la utilidad marginal y las preferencias de los agentes, en lugar de una magnitud objetiva vinculada al trabajo. Asimismo, la teoría marxista de las crisis ha sido criticada por su limitada capacidad predictiva, mientras que el materialismo histórico ha sido señalado por un determinismo que a menudo subestima la influencia de la agencia humana, la cultura y la contingencia en el desarrollo social.
Ante las limitaciones del modelo clásico, pensadores como Ernesto Laclau, Chantal Mouffe y André Gorz propusieron una reformulación posmarxista. Este enfoque se aleja del economicismo y abandona la idea del proletariado industrial como único motor de la historia, optando en su lugar por una visión pluralista que reconoce la diversidad de demandas políticas y sujetos sociales.
En la actualidad, el debate se ha desplazado hacia el concepto de tecnofeudalismo. Esta crítica contemporánea sostiene que el capitalismo digital ha mutado hacia una estructura donde unas pocas plataformas tecnológicas concentran un poder desproporcionado. Al controlar las infraestructuras clave de la economía digital, estas empresas dejan de actuar bajo las reglas de la competencia de mercado para extraer rentas a través de mecanismos que recuerdan a la servidumbre feudal, alterando profundamente las dinámicas de acumulación y poder tradicionales.
La teoría tecnofeudal también enfrenta objeciones serias.
En primer lugar, la analogía feudal puede ser engañosa. El feudalismo era un sistema de coerción extraeconómica: el señor podía usar la violencia para retener a los campesinos. Las plataformas digitales operan, por ahora, mediante seducción y dependencia voluntaria. Un usuario puede técnicamente abandonar Amazon o Google, aunque el costo sea significativo.
En segundo lugar, las plataformas sí compiten entre sí y sí innovan, lo que las diferencia de los monopolios feudales estáticos. TikTok desafió el dominio de Meta en redes sociales. Shopify desafía el monopolio de Amazon en comercio electrónico. La competencia existe, aunque sea imperfecta.
En tercer lugar, algunos economistas liberales y socialdemócratas argumentan que el problema no es sistémico sino regulatorio: se necesitan mejores leyes antimonopolio, mayor protección de datos y más regulación de plataformas, pero el capitalismo regulado puede manejar estos desafíos. La Unión Europea y su Digital Markets Act representan este enfoque.
9. Escenarios futuros
Escenario 1: Consolidación tecnofeudal
En este escenario, las tendencias actuales continúan y se profundizan. Las cinco grandes corporaciones tecnológicas consolidan su control sobre la infraestructura digital global. La IA desarrollada sobre sus plataformas automatiza crecientes sectores del trabajo, concentrando los beneficios en los propietarios de capital tecnológico. Los Estados nacionales, debilitados fiscalmente y dependientes de infraestructuras privadas, pierden capacidad regulatoria real. La democracia se convierte en una forma cada vez más vacía, con decisiones fundamentales tomadas en consejos de administración privados.
Las consecuencias sociales incluirían una polarización extrema entre una pequeña élite tecnocrática propietaria de capital digital y una masa de trabajadores precarios o dependientes de transferencias sociales. La cohesión social se erosionaba, los populismos autoritarios ,que ofrecen identidades simples frente a la complejidad de la desposesión, ganarían terreno. El resultado podría ser un neofeudalismo estable pero profundamente antidemocrático.
Escenario 2: Regulación democrática del poder tecnológico
En este escenario, las democracias ,particularmente la Unión Europea, pero también Estados Unidos y coaliciones internacionales, logran implementar un marco regulatorio efectivo para las plataformas digitales. Esto incluiría la desconcentración antimonopolio de las grandes corporaciones tecnológicas, la portabilidad de datos y la interoperabilidad obligatoria entre plataformas, el reconocimiento de los derechos laborales de los trabajadores de plataformas, la regulación estricta de la IA con obligaciones de transparencia y no discriminación, y un régimen fiscal internacional que capture eficientemente la renta digital.
Este escenario no elimina el capitalismo, pero lo reforma significativamente. Es el escenario preferido por los socialdemócratas y los liberales progresistas. Su realismo depende de la voluntad política para enfrentar el poder de lobbying de las corporaciones tecnológicas y para construir coaliciones internacionales que superen el arbitraje regulatorio.
Escenario 3: Transformación poscapitalista
En este escenario, la combinación de crisis ecológica, automatización masiva y concentración extrema de la riqueza genera presiones sistémicas que no pueden ser manejadas dentro del marco capitalista. Emergen alternativas que combinan elementos del pensamiento marxista, el ecologismo político y el pensamiento tecno-progresista.
Esto podría incluir la socialización de las infraestructuras digitales ,plataformas gestionadas como bienes comunes o por el Estado,, la implementación de una renta básica universal financiada por la renta digital, la reducción radical del tiempo de trabajo remunerado, y nuevas formas de democracia económica y gobernanza de las tecnologías.
Los movimientos de código abierto, las cooperativas de plataformas y los proyectos de internet descentralizada prefiguran algunas de estas posibilidades. El ecosistema de software libre demuestra que es posible organizar la producción de bienes cognitivos sin la lógica capitalista tradicional. Pero escalar estas experiencias a nivel sistémico requiere transformaciones políticas profundas cuyas condiciones de posibilidad no están claras.
Conclusión
¿El tecnofeudalismo es una evolución del capitalismo o un sistema nuevo?
La evidencia disponible sugiere que es ambas cosas en grados distintos según el ángulo de análisis. Es una evolución del capitalismo en tanto sigue basado en la propiedad privada, la acumulación de capital y la explotación del trabajo. Pero contiene elementos cualitativamente nuevos ,la centralidad de la renta sobre las ganancias, el monopolio de plataforma sin precedente, el control de la infraestructura comunicativa y cognitiva, que justifican hablar de una nueva fase o mutación del sistema. Llamarlo simplemente "capitalismo" puede ocultar estas novedades; llamarlo "feudalismo" puede oscurecer las continuidades. Quizás la categoría más honesta sea "capitalismo monopolístico de plataformas en fase de transición hacia formas de dominación aún no consolidadas".
¿Siguen siendo relevantes las categorías marxistas para interpretar la economía digital?
Sí, con actualizaciones necesarias. La pregunta de quién controla los medios de producción, cómo se extrae el excedente social, cómo la ideología dominante legitima el orden existente, y cómo se organiza el poder de clase: todas estas preguntas mantienen su filo analítico en la economía digital. Lo que requiere actualización es el contenido concreto de estas categorías: los medios de producción son ahora también plataformas y datos; el excedente se extrae también como renta y como atención; la ideología dominante no habla solo del libre mercado sino del empoderamiento individual digital.
¿Quién posee realmente el poder en la era de los datos?
El poder en la era digital es múltiple y distribuido de manera compleja. Los propietarios de las grandes plataformas tecnológicas poseen un poder económico y sobre la información de una magnitud extraordinaria. Los Estados ,particularmente Estados Unidos y China, retienen un poder coercitivo y regulatorio que puede disciplinar incluso a las corporaciones más poderosas, aunque a menudo optan por no hacerlo. Y existen formas de poder difuso ,movimientos sociales, opinión pública, sabotaje tecnológico, que a veces logran imponer cambios significativos.
Lo que es claro es que la ciudadanía ordinaria tiene menos poder sobre las condiciones de su vida que en los mejores momentos del Estado de bienestar del siglo XX, y que las instituciones democráticas formales han perdido capacidad de control real sobre las fuerzas económicas y tecnológicas que moldean la vida social.
¿Qué modelo económico parece más probable para el futuro de la humanidad?
El escenario más probable en el horizonte de 20-30 años es un capitalismo de plataformas parcialmente regulado, con significativas diferencias regionales: un modelo más intervencionista en Europa, formas más autoritarias en China y Rusia, y un capitalismo de plataformas relativamente desregulado en Estados Unidos. La transformación poscapitalista es posible pero requiere crisis sistémicas y voluntades políticas que no se avizoran claramente.
Reflexión final
Hay una paradoja en el corazón de la civilización digital: las mismas tecnologías que podrían liberar a la humanidad del trabajo alienante, que podrían distribuir el conocimiento igualitariamente, que podrían permitir formas de coordinación y democracia sin precedentes, han sido apropiadas por un pequeño número de corporaciones y utilizadas para profundizar la desigualdad, intensificar la vigilancia y concentrar el poder.
Esta paradoja no es accidental; es estructural. La forma en que una tecnología se desarrolla y se distribuye depende de las relaciones de poder bajo las cuales emerge. Internet fue diseñada como red descentralizada y se convirtió en infraestructura de monopolios centralizados. La IA fue desarrollada con financiamiento público y conocimiento científico colectivo, y sus beneficios se acumulan en corporaciones privadas.
Marx tenía razón en lo fundamental: la pregunta sobre a quién sirve la tecnología no puede separarse de la pregunta sobre quién controla los medios de producción. Varoufakis tiene razón en señalar que las formas de ese control han cambiado de manera que requieren nuevas categorías conceptuales. Y ambos apuntan, desde lugares distintos, a la misma necesidad: la de repensar colectivamente, democráticamente, cómo las fuerzas productivas más poderosas que ha creado la humanidad pueden ponerse al servicio de la humanidad en su conjunto, y no de una nueva clase dominante ,digital, global, y más difícil de desafiar que cualquiera de sus predecesoras históricas.
La libertad en el siglo XXI no puede ser solo la libertad formal de votar cada cuatro años o de elegir entre cinco aplicaciones de delivery. Debe incluir la libertad de no ser vigilado sin consentimiento, de no ser manipulado algorítmicamente, de participar en las decisiones sobre las tecnologías que moldean la vida colectiva, y de apropiarse de los frutos de la productividad que el trabajo humano y la inteligencia colectiva han hecho posibles. Esa libertad más sustancial ,esa que Marx llamaba la superación de la alienación y que los demócratas radicales llaman autonomía colectiva, sigue siendo el horizonte no alcanzado de la modernidad. Que sea o no alcanzable depende, como siempre, no solo de las fuerzas estructurales de la historia, sino de la voluntad, la organización y la lucidez de quienes la habitan.
NO HAY NADA MÁS EXCLUYENTE QUE SER POBRE.

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