El asesinato de Alí Jamenei: qué puede esperar EE.UU. e Israel


Por: Ricardo Abud

Un presentador de la televisión estatal iraní anunció entre lágrimas, a las 5 de la mañana hora local del domingo, el fallecimiento del ayatolá Alí Jamenei, quien llevaba 36 años en el poder. El gobierno iraní decretó 40 días de luto oficial. 

La Guardia Revolucionaria también confirmó su muerte con un comunicado desgarrado: "Hemos perdido a nuestro gran líder y lo lloramos. Su martirio en las manos de los más terribles terroristas es un símbolo de su virtud". E invitó a "todos los sectores de la sociedad a demostrar su unidad nacional y cohesión en la defensa nacional". 

La agencia Fars, afín a la Guardia Revolucionaria, confirmó además que la hija, el yerno, la nuera y los nietos de Jamenei también murieron en los ataques. Una familia entera eliminada en un solo golpe. Jamenei murió a los 86 años, en su despacho, mientras "cumplía con sus deberes" en el momento del ataque, según la televisión estatal, que subrayó que esto "demostró que él siempre estuvo al frente de sus responsabilidades". 

Lo que Trump y Netanyahu celebran como una victoria histórica, gran parte del mundo lo analiza con profunda preocupación: asesinar al líder supremo de un Estado soberano de 90 millones de habitantes abre un abismo de consecuencias impredecibles.

El primer error que pueden estar cometiendo EE.UU. e Israel es creer que la muerte de Jamenei derrumbará el régimen iraní. La historia y los hechos inmediatos sugieren todo lo contrario.

La Guardia Revolucionaria Iraní afirmó que se avecina un "castigo severo, decisivo y lamentable" por el asesinato de Jamenei, prometiendo "la operación ofensiva más intensa jamás vista" contra Israel y las bases estadounidenses en Oriente Medio. 

El presidente iraní Masud Pezeshkian advirtió que el asesinato "no quedará sin respuesta". Lejos de capitular, el régimen iraní está respondiendo con el lenguaje de los mártires, un recurso ideológico que en la cultura chiíta tiene un poder movilizador extraordinario. Jamenei no muere como un dictador huido: muere en su despacho, cumpliendo funciones. Eso, en la narrativa iraní, lo convierte en símbolo.

Revelan quiénes asumirán temporalmente el liderazgo en Irán, El presidente, el jefe del Poder Judicial y un jurista del Consejo de Guardianes serán las autoridades responsables por el período de transición tras la muerte del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí.

Trump indicó que la operación militar en curso busca derrocar al gobierno de Teherán y afirmó que continuarán "los intensos bombardeos durante toda la semana". Calificó este momento como "la mayor oportunidad que ha tenido jamás el pueblo iraní para recuperar su país". 

La apuesta de Trump es que la población iraní, hastiada de décadas de represión y sanciones, aprovechará el caos para levantarse y derrocar al régimen desde adentro. Es una apuesta que tiene precedentes históricos desastrosos:

En Irak en 2003, EE.UU. también creyó que derrocando a Saddam Hussein el pueblo construiría democracia. El resultado fue 20 años de guerra civil, el surgimiento del Estado Islámico y un Irak que hoy orbita más cerca de Irán que de Washington. En Libia en 2011, la eliminación de Gadafi dejó un estado fallido que aún no se ha recuperado. Afganistán en 2021 habla por sí solo.

El problema estructural es que "cambiar de régimen desde afuera, con bombas, rara vez produce el resultado esperado". La muerte de un líder en medio de un ataque extranjero tiende a unir a la población detrás del régimen, no a fracturarlo.

Irán ya lanzó ataques contra bases militares estadounidenses, contra Israel y contra objetivos en otros países de Medio Oriente, sacudiendo zonas densamente pobladas y afectando los viajes aéreos y los envíos de petróleo. 

El cierre del Estrecho de Ormuz sigue siendo la amenaza económica más poderosa. Pero más allá de eso, Irán tiene capacidad de activar frentes en múltiples países:

Los "hutíes en Yemen" siguen siendo una fuerza activa con misiles de largo alcance capaces de atacar Israel y barcos en el Mar Rojo. "Hezbolá en Líbano", aunque debilitado, no ha sido eliminado. Las "milicias chiítas en Irak" tienen bases y armamento suficiente para atacar tropas estadounidenses. Y en Siria la presencia iraní también podría activarse.

EE.UU. e Israel han decapitado al régimen, pero no han desarmado sus tentáculos. Y esos tentáculos ahora tienen un mártir que vengar.

Hay actores globales que están mirando este conflicto con enorme atención y que pueden intervenir de formas que cambian el tablero completamente.

China es el mayor comprador de petróleo iraní. El cierre de Ormuz la golpea directamente. Beijing tiene motivos propios para presionar por una resolución, pero también puede decidir aprovechar el caos para fortalecer su posición como potencia alternativa a EE.UU. en Oriente Medio, ofreciendo mediación o respaldo económico a Irán.

Rusia, enfrascada en Ucrania, observa cómo su aliado estratégico en Oriente Medio es atacado. No tiene capacidad inmediata de intervenir militarmente, pero puede proveer inteligencia, armas y respaldo diplomático a Irán en el Consejo de Seguridad de la ONU.

"El Sur Global", en su mayoría, ve este conflicto como un nuevo episodio del intervencionismo occidental. El asesinato del líder de un Estado soberano, por más cuestionable que fuera su gobierno, es visto por decenas de países como una violación del derecho internacional que sienta un precedente aterrador.

Trump puede celebrar la muerte de Jamenei. Pero los costos reales de esta operación apenas están comenzando:

Las "bases militares estadounidenses en el Golfo", Bahrein, Qatar, Kuwait, Emiratos, están bajo ataque iraní. Miles de soldados estadounidenses están en la línea de fuego en una guerra que el Congreso no autorizó formalmente.

"Israel", que bordea con países hostiles, enfrenta ahora una oleada de misiles sin un interlocutor con quien negociar un alto el fuego. La población civil israelí está en refugios.

El petróleo ya superó niveles de alerta en los mercados. Una crisis energética prolongada golpearía directamente a la economía estadounidense, justamente cuando Trump prometió bajar los precios.

Y quizás lo más importante: "EE.UU. no tiene un plan claro para el "día después ". Trump afirmó que hay "algunos buenos candidatos" para liderar Irán , pero no mencionó nombres ni mecanismos. Elegir desde Washington quién gobierna Teherán no es una opción que el pueblo iraní, ni la comunidad internacional, aceptará sin resistencia.

El asesinato del ayatolá Alí Jamenei es, sin duda, el acontecimiento geopolítico más impactante de lo que va del siglo XXI. EE.UU. e Israel lograron lo que parecía imposible: eliminar al líder supremo de la República Islámica de Irán.

Pero la historia enseña que matar a un líder no mata a una revolución, y mucho menos a un Estado de 90 millones de personas con una civilización de 2.500 años. Lo que viene ahora para Washington y Tel Aviv es posiblemente más complicado que el ataque en sí: deberán enfrentar represalias de una intensidad sin precedentes, gestionar un vacío de poder con consecuencias regionales imprevisibles, sostener una operación bélica sin apoyo internacional claro y, sobre todo, responder la pregunta que ningún estratega ha respondido todavía: "¿Qué viene después?"

La victoria puede estar convirtiéndose, muy rápidamente, en una trampa.

NO HAY NADA MÁS EXCLUYENTE QUE SER POBRE

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