Por: Miguel Jorge
O cómo un radar destruido en Oriente Próximo puede terminar alterando el equilibrio nuclear en la península coreana.
Lo contamos hace unos días. Hay infraestructuras militares tan escasas y sofisticadas que en todo el planeta apenas existen un puñado de ellas. Algunas están diseñadas para detectar misiles a distancias gigantescas y cuestan una fortuna, otras se instalan en países aliados a miles de kilómetros de donde se fabrican. Cuando varias de esas piezas desaparecen del tablero al mismo tiempo, la seguridad de regiones enteras puede empezar a depender de movimientos que ocurren en la otra punta del mundo.
Una guerra que se come los escudos del planeta. La ofensiva contra Irán ha desencadenado un efecto dominó estratégico que va mucho más allá de Oriente Próximo. Tras los ataques iraníes contra infraestructuras críticas estadounidenses, Washington se encontró con un problema inesperado: varios de sus sistemas de alerta y seguimiento más sofisticados (esos radares únicos capaces de detectar y coordinar la defensa contra misiles balísticos) quedaron dañados o destruidos, reduciendo drásticamente la capacidad de vigilancia.
De los ocho radares más avanzados de ese tipo que posee Estados Unidos, cuatro quedaron fuera de juego. Eso significa que otro golpe similar podría dejar a Washington prácticamente ciego frente a nuevas oleadas de misiles o drones. Ante ese riesgo, la prioridad pasó a ser proteger las bases estadounidenses desplegadas en el Golfo y el Levante. El resultado ha sido una decisión que revela hasta qué punto la guerra contra Irán está tensando la arquitectura global de defensa: Estados Unidos ha comenzado a retirar sistemas antimisiles de Asia para reforzar su escudo en Oriente Próximo.
El plan B. La solución adoptada por el Pentágono ha sido mover piezas desde uno de los tableros más sensibles del planeta: la península coreana. Durante años, el sistema THAAD desplegado en Corea del Sur fue presentado como la pieza clave para interceptar misiles norcoreanos antes de que alcanzaran Seúl o las bases estadounidenses. Aquella decisión provocó protestas locales y tensiones con China y Rusia debido al potente radar asociado al sistema.
Ahora, casi una década después, partes de ese escudo están siendo desmontadas y cargadas en aviones de transporte rumbo a Oriente Próximo. Y no solo eso, porque el traslado no se limita al THAAD. También se estudia mover baterías Patriot y otros activos defensivos hacia bases estadounidenses en Arabia Saudí o Emiratos Árabes Unidos para protegerlas de posibles represalias iraníes con drones y misiles. Para Seúl, la escena resulta extremadamente inquietante: defensas diseñadas para detener ataques del Norte se están enviando a miles de kilómetros de distancia para sostener una guerra en otro continente.
Kim y el ejemplo iraní. La guerra en Irán también ha reabierto en Pyongyang un debate estratégico más amplio. Kim Jong Un y su círculo más cercano están analizando cada fase de la operación estadounidense: desde la capacidad para localizar líderes enemigos hasta la rapidez con la que Washington puede pasar de la diplomacia a la acción militar.
En ese sentido, posiblemente el recuerdo del fracaso de la cumbre de Hanoi en 2019 sigue pesando en ese cálculo. En aquel momento, Kim creyó que un acuerdo con Trump estaba cerca y regresó a casa sin nada. Desde entonces, Corea del Norte ha reforzado su asociación con Rusia, enviando munición y tropas para la guerra en Ucrania a cambio de combustible, alimentos y posiblemente tecnología militar. Sin embargo, la falta de intervención directa de Moscú o Pekín en defensa de Irán ha demostrado que incluso los aliados estratégicos tienen límites cuando estalla una crisis real.
Un mundo con frentes mezclándose. Si se quiere también, el resultado de todo esto es algo así como una paradoja estratégica, porque una guerra en Oriente Próximo está reconfigurando el equilibrio militar en Asia oriental. Mientras Washington traslada interceptores y radares hacia el Golfo para cubrir el vacío dejado por los ataques iraníes, Corea del Norte acelera su modernización militar y China observa cada movimiento desde el espacio con una constelación de más de mil satélites de inteligencia.
Para los analistas militares, la gran incógnita es cuánto tiempo puede Estados Unidos sostener simultáneamente varios frentes sin hacer mella en su red global de defensa. Porque si algo ha dejado claro esta crisis es que el planeta ya no funciona por conflictos aislados: un radar destruido en Oriente Próximo puede terminar alterando el equilibrio nuclear en la mismísima península coreana.
Fuente: https://www.xataka.com/magnet/eeuu-ha-activado-plan-b-iran-tumbe-todos-sus-radares-desarmar-a-corea-sur-frente-al-nuevo-juguete-nuclear-norte




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