Por: Ricardo Abud
Hay contradicciones que duelen, y hay otras que indignan. Lo que está ocurriendo con el Banco de Venezuela y su venta de dólares digitales pertenece a la segunda categoría, porque no se trata de un error, sino de una política deliberada que exhibe con descaro la doble moral del sistema.
Repasemos los hechos con calma, porque la claridad es la primera víctima de la confusión que conviene al poder. El Banco de Venezuela habilitó un mecanismo a través de su aplicación móvil mediante el cual personas naturales pueden comprar dólares digitales, montos que van desde 1 hasta 1.000 dólares por operación, acreditados directamente en cuentas de libre convertibilidad o en tarjetas de débito internacional.Hasta ahí, suena casi como una novedad positiva. El problema está en la tasa.
Mientras el Banco Central de Venezuela fija su tasa oficial, la misma tasa que el gobierno ha defendido como sagrada, intocable y única , el Banco de Venezuela ha estado liquidando esas divisas digitales a tasas superiores a las publicadas por el BCV, siendo la entidad que, según fuentes bancarias, ofrece los mejores montos disponibles en el sistema bancario nacional. En pocas palabras: el banco del Estado vende dólares más caros que la tasa oficial del propio Estado. Y nadie dice nada.
La pregunta que no puede callarse es simple: ¿por qué esto no es el "dólar criminal" que tanto asustaba a algunos personeros del gobierno?
Porque el contraste es brutal. El pasado 28 de mayo de 2025, el Ministerio Público detuvo al presunto administrador de un perfil en Instagram conocido como "Monitor Dólar", que publicaba el precio paralelo del dólar en Venezuela, superior a la cotización oficial. El fiscal lo acusó de buscar "desestabilizar" la economía. Las detenciones se multiplicaron hasta sumar al menos 25 personas arrestadas en diversas regiones del país, entre Caracas, Aragua, Barinas, Lara, Mérida, Miranda, Yaracuy y Zulia, acusados de inflar el precio del dólar y operar sin permisos. Hombres y mujeres comunes, algunos con apenas un teléfono y una cuenta en redes sociales, fueron imputados por delitos que incluían terrorismo y legitimación de capitales. Muy cuestionado por cierto que utilizaran las redes sociales para inflar el valor de la moneda,
Hoy, el Banco de Venezuela, institución del Estado venezolano, propiedad del gobierno, hace algo que, en esencia, se parece mucho a lo que le costó la libertad a esas personas: vender dólares a una tasa distinta a la del BCV. La diferencia es que en un caso lo hacía un ciudadano sin autorización estatal, y en el otro lo hace el propio Estado. Y esa diferencia, para el régimen, lo es todo. No es una cuestión de principios económicos. Es una cuestión de quién tiene el privilegio.
En Venezuela coexisten un dólar "oficial", regulado por el gobierno, y uno "paralelo". La brecha entre ambos comenzó a abrirse a mediados de 2024, cuando el BCV redujo sus intervenciones, coincidiendo con las elecciones, y se agravó con la decisión de Estados Unidos de revertir una flexibilización al embargo petrolero. En ese contexto de escasez real de divisas y creciente distorsión cambiaria, el gobierno respondió con arrestos, amenazas, con el cierre de plataformas de información.
Pero estas medidas no resolvieron la crisis. Sólo la esconde. Y cuando el propio Estado necesita captar bolívares de los ciudadanos a cambio de dólares digitales, a tasas que él mismo no reconoce como "oficiales", la mentira se vuelve insostenible. Lo que el gobierno llama estabilidad cambiaria no ha sido más que el control violento de la información sobre lo que el bolívar realmente vale. Claro el banco de Venezuela lo llama subasta.
Hasta el momento en que se conoció la noticia, más de 43.700 clientes del Banco de Venezuela habían adquirido divisas por este mecanismo, liquidándose digitalmente más de 9 millones de dólares. [Banca y Negocios](https://www.bancaynegocios.com/bdv-activo-servicio-de-venta-de-divisas-a-personas-naturales-por-montos-de-hasta-us1-000/) El negocio es real. El banco del Estado está captando bolívares del pueblo a tasas que él mismo no oficializa, y nadie es detenido, nadie es acusado de desestabilizar la economía, nadie aparece en el programa de VTV. El silencio cómplice es ensordecedor.
Lo que está pasando no es una reforma, ni una apertura, ni un avance hacia la normalización cambiaria. Es la privatización del privilegio dentro de un aparato estatal que mantiene las leyes para castigar a los de abajo y las ignora cuando conviene a los de arriba. El ciudadano que publicó el precio del dólar en Instagram fue terrorista. El banco estatal que lo vende por encima de la tasa oficial es un servicio moderno y conveniente.
La historia económica de Venezuela en los últimos veinte años podría resumirse en esta ecuación perversa: el Estado crea las distorsiones, criminaliza a quienes las navegan, y luego las explota él mismo en su propio beneficio. El bolívar ha sido devaluado, reconvertido y vuelto a devaluar. Los controles de cambio vinieron y se fueron. La hiperinflación devoró los ahorros de generaciones enteras. Y en cada uno de esos ciclos, sale jodido el pueblo.
Lo que el Banco de Venezuela está haciendo hoy con los dólares digitales no es una solución. Es el síntoma más reciente de un sistema diseñado para extraer riqueza de los que menos tienen, con el lenguaje de quienes dicen protegerlos. El pueblo venezolano no necesita que le expliquen más veces por qué el dólar paralelo es criminal cuando lo vende un ciudadano y patriótico cuando lo vende el Estado. Lo entiende perfectamente. Lo que no puede seguir tolerando es que nadie lo diga en voz alta. Hasta cuando tanta hipocresía.
NO HAY NADA MÁS EXCLUYENTE QUE SER POBRE


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