RECONSTRUYENDO LA HISTORIA DEL SABOTAJE ELÉCTRICO EN VENEZUELA (INFORME ESPECIAL)

ACTORES DEL ATAQUE, LA CONTINGENCIA DURANTE EL BLACKOUT Y LA RESISTENCIA POPULAR.

Nota de la redacción: Entre el 7 y 10 de marzo de 2019, Venezuela, producto de un sabotaje focalizado en el cerebro informático de la principal central hidroeléctrica (El Guri, estado Bolívar), vivió la interrupción del servicio eléctrico más prolongada y extendida de su historia reciente. La brutalidad del ataque y sus impactos en la vida social del país, fue directamente proporcional a las agresiones que en la esfera económica, financiera y diplomática, atestigua el país de la mano de Estados Unidos y sus aliados desde hace varios años. Desde el inicio de un nuevo intento de cambio de régimen con la autoproclamación de Juan Guaidó el 23 de enero de este año, podría decirse que el sabotaje eléctrico representó la maniobra de fuerza más violenta y agresiva, pues alteró sensiblemente el funcionamiento normal de la sociedad venezolana en su conjunto y puso en evidencia que la guerra contra el país no discrimina entre afiliaciones ideológicas. Siendo así, el equipo editorial de Misión Verdad presenta una reconstrucción de esos momentos de oscuridad, en que la contingencia del país, las noticias falsas y la propaganda humanitaria, la interrupción y recuperación del servicio, los llamados a la violencia y la organización del pueblo y las familias, hicieron de cada hora en medio del apagón, una nueva batalla por la Paz y la convivencia, donde nuevamente ganó el chavismo contra las pretensiones de una guerra civil desde Washington. 

EL PREÁMBULO: AMENAZAS DE INTERVENCIÓN Y EL FRACASO DEL "PLAN GUAIDÓ"

La escalada de desestabilización contra Venezuela emprendida en esta nueva fase desde enero de este año, ha buscado empujar al país nuevamente a la guerra.

En medio de amenazas de intervención militar, el 23 de enero de este año, Estados Unidos y sus aliados reconocieron a Juan Guaidó como “presidente de la República”, pasando por encima de la Constitución venezolana y de los más de 6 millones de venezolanos que en las elecciones del 20 de mayo de 2018, le dieron la victoria a Nicolás Maduro.

En estos últimos dos meses se han profundizado todos los mecanismos de asfixia contra el país. Desde cuentas bancarias hasta activos de la República han sido congelados por parte del gobierno estadounidense. Sobresale entre estos casos, el bloqueo de 1.200 millones de dólares en oro propiedad de Venezuela en el Banco de Inglaterra y la confiscación de CITGO, filial de PDVSA en suelo estadounidense.




Se calcula en 30 mil millones de dólares el dinero venezolano que ha secuestrado Estados Unidos, que utiliza como excusa la "protección" de esos recursos para entregárselo al "gobierno" artificial de Juan Guaidó.

También se han acelerado los mecanismos de cerco diplomático y comunicacional, con el objetivo de aislar al país en espacios internacionales. Como en los trágicos casos de Libia y Siria, ambos países intervenidos por Estados Unidos, el uso de la diplomacia y la propaganda como armas de guerra, implican una mezcla explosiva y peligrosa.

Pero el plan ha sufrido varios fracasos. Uno de ellos tuvo lugar el 23 de febrero, día en que utilizando la farsa de la "ayuda humanitaria" intentaron generar un quiebre en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y así derrocar a Nicolás Maduro.

La parafernalia "humanitaria" con el concierto Aid Venezuela en Cúcuta y el supuesto carácter pacífico de la "bien intencionada ayuda", quedaron agotados a pocas horas con la violencia en los puentes internacionales y el intento de ingreso de grupos violentos, que pretendían emboscar al país por su frontera con Colombia.

La guerra irregular, mercenaria, adquirió así un matiz visible, innegable. No obstante, el país preservó la calma y la institucionalidad militar se mantuvo cohesionada e imperturbable, desgastando y derrotando la hoja de ruta de la desestabilización, la promoción del caos y la propagación de un conflicto interno.

Desde este punto, comenzó a ser mucho más notable el agotamiento que ha estado sufriendo la agenda de golpe de Estado contra Venezuela. El medio financiero estadounidense Bloomberg ha indicado que estando en Colombia, Juan Guaidó tenía previsto hacer una gira por capitales europeas pero funcionarios estadounidenses le ordenaron regresar a Venezuela “para aprovechar el impulso que aún le quedaba” y, de esa manera, “procurar su encarcelamiento” para que así detonaran nuevas reacciones de fuerza por parte de Estados Unidos. Sabían que jugaban una carrera contra el tiempo y necesitaban estimular la intervención militar.


Al mismo tiempo, señalaba el medio estadounidense, era visible el agotamiento del golpe. La presencia de Guaidó era cada vez más reducida en el ámbito interno de Venezuela y en el extranjero. El país no sucumbía en la violencia. Mientras que la integridad política de la institucionalidad venezolana se mantenía alineada al Presidente Maduro y la posibilidad del llamado "cese de la usurpación" se ha visto cada vez más lejana.

Entretanto en el Consejo de Seguridad de la ONU, Venezuela propinó serias derrotas a la agenda estadounidense mediante el doble veto ruso y chino contra un proyecto de resolución que pretendía profundizar la injerencia en el país.

Estos elementos describen una carrera contra el tiempo en la que Estados Unidos ve con cada día que pasa la incapacidad de llevar a cabo del golpe de Estado instantáneo por presión y desestabilización. Con acciones de guerra que intentan producir no sólo el derrocamiento de Maduro, también promueven la fractura de la sociedad venezolana para abrirle paso a la intervención.

Es por ello que en Venezuela, cada vez más están adquiriendo forma los elementos precisos de una guerra irregular en desarrollo y que intenta escalar a la fase bélica abierta.

En este contexto ha tenido el reciente ataque al sistema eléctrico nacional el 7 de marzo.

La agudización de la guerra contra Venezuela tendría consigo la variable del sabotaje a gran escala para producir un desgaste superior en los componentes de seguridad del país, que sería extensivo a la población mediante la degradación de sus condiciones de vida. Estos son elementos esenciales para continuar construyendo el expediente de la "crisis humanitaria" que posibilite la intervención militar.

En efecto, a una semana del ataque eléctrico, el Secretario de Estado, Mike Pompeo, aseveró que el gobierno de su país insistirá en el ingreso de "ayuda humanitaria", ahora incorporando el elemento del caos. Luego, con el sabotaje eléctrico, sabríamos a qué se refería Mike Pompeo.

ATAQUE AL SISTEMA ELÉCTRICO NACIONAL: DATOS CONCRETOS

Cerca de las 5 de la tarde del jueves 7 de marzo, se produjo una caída de los sistemas esenciales de suministro eléctrico en más de un 80% del territorio nacional. El apagón fue súbito y general.

El ministro de Energía Eléctrica, Luis Motta Domínguez, informó a la brevedad del evento que se trataba de un acto de sabotaje a la principal central hidroeléctrica venezolana en la Represa Guri, estado Bolívar. El presidente Maduro en su primera aparición ante el país informó que el ataque al sistema eléctrico nacional se produjo mediante tres modalidades.

La primera de ellas, mediante el hackeo del cerebro informático y los sistemas de control. Estos sistemas habrían sido invadidos por vía electrónica "dejando las pantallas de los computadores en negro", indicó el Presidente. Para el día lunes 11, también indicó que los ataques se realizaron desde las ciudades estadounidenses de Houston y Chicago, sosteniendo que el propio gobierno estadounidense era responsable del ciberataque.

La segunda modalidad de ataque fue mediante el uso de aparatos de pulso electromagnético. Dispositivos altamente sofisticados de guerra electrónica, que apuntaron a los sistemas de transmisión y la plataforma de controles para inhabilitarlos, cuestión que generaría una sobrecarga del sistema y su caída.

La tercera modalidad de ataque sería de tipo física y en directo a las plataformas intermedias de distribución eléctrica. Hubo cinco ataques a cuatro subestaciones, con poco tiempo de separación entre cada uno de estos eventos, justamente los días en que se intentaba levantar y estabilizar el suministro eléctrico.

En medio del ataque, la revista estadounidense Forbes publicó una nota de Kalev Leetaru, donde afirmó que era "muy realista" la afirmación de que el gobierno estadounidense efectivamente lanzó un ataque cibernético contra el sistema eléctrico venezolano.


Este columnista, especialista en temas de inteligencia artificial y Big Data, dijo textualmente que “La idea de que un Estado extranjero manipule la red eléctrica para forzar a un gobierno de transición es muy real”. Agregó que estas modalidades de ataque “son cada vez más discutidas en las comunidades de seguridad nacional (estadounidenses) como tácticas legítimas y legales para socavar a un Estado foráneo”.

Leetaru agregó que “dada la preocupación del gobierno de Estados Unidos con el gobierno de Venezuela, es probable que Washington ya tenga una presencia profunda dentro de la red nacional de infraestructura del país, lo que hace relativamente sencillo interferir en sus operaciones”.

La posición de este autor de Forbes es coherente con lo que ocurrió en el país. El sabotaje a gran escala viene a ser entonces un componente esencial de desgaste de las autoridades venezolanas y de la población en general.

Otra confirmación de que lo sucedido a principios de marzo no se trató simplemente de un apagón provocado por la falta de mantenimiento del sistema eléctrico y que, efectivamente detrás de la caída de todos los servicios de energía estaba un ataque a gran escala, llegó en voz de la portavoz del Ministerio de Exteriores de Rusia, María Zajárova, quien afirmó que el apagón fue organizado desde el extranjero por personas con conocimiento del sistema eléctrico nacional.

Citó fuentes con conocimiento de los sistemas técnicos, diciendo que la operación blackout fue realizada en una "acción compleja a distancia" contra el sistema de control de las principales centrales eléctricas, que cuentan con equipos fabricados en Canadá: "Todos los algoritmos de operación y puntos vulnerables de los equipos de esos sistemas fueron bien conocidos por el organizador directo de la agresión".

Zajárova dijo también que la responsabilidad por las consecuencias del apagón, incluyendo la muerte de personas a causa de la falta de electricidad en los hospitales, recae sobre quienes ordenaron el ataque.

PROFECÍAS, CELEBRACIÓN EN EEUU Y NOTICIAS FALSAS

Durante los días del ataque al sistema eléctrico venezolano las reacciones de júbilo no se hicieron esperar por parte de los principales funcionarios estadounidenses que han estado activos en la desestabilización de Venezuela: Mike Pompeo, Secretario de Estado; John Bolton, Asesor de Seguridad de la Casa Blanca y Marco Rubio, Senador Republicano por el estado de Florida.

Rubio hizo varias "profecías" del ataque, afirmando el miércoles 6 de marzo que en las próximas horas “la población venezolana sufriría una severa escasez de alimentos y gasolina”. Esto fue 48 horas antes del ataque.

Senador Marco Rubio visitó Cúcuta para capitalizar políticamente la llegada de la "ayuda humanitaria" (Foto: Referencia)


Al mediodía del 7 de marzo, durante una audiencia en el Subcomité de Relaciones Exteriores del Senado enfocada en Venezuela, el senador Marco Rubio alertó que el país iba "a entrar en un período de sufrimiento que ninguna nación ha confrontado en la historia moderna". Esto lo dijo cinco horas antes del sabotaje eléctrico que dejó a Venezuela sin el servicio, dejando ver que estaba informado de lo que ocurriría en la noche.

Incluso antes de que el ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez, informara ante los medios sobre los alcances del ataque al sistema eléctrico, Rubio afirmaba en su Twitter que "los generadores de respaldo han fallado", sin ocultar ni un segundo su emoción. La información privilegiada con la que contaba Rubio al instante del ataque, además de la profecía de horas antes, sugieren su vinculación al ataque eléctrico.

Los días viernes 8 y sábado 9, el Senador se dedicó a vitorear la circunstancia del apagón y fue uno de los promotores de la narrativa que indicaba que la caída del sistema eléctrico se debía a "inoperancia" del gobierno venezolano.

Al mismo tiempo Juan Guaidó, a quien también podemos considerar como funcionario estadounidense pero en suelo venezolano, afirmaba en su cuenta Twitter que "la luz volvería a Venezuela cuando cesara la usurpación", en un claro acto de extorsión contra la población venezolana que sufría los embates del ataque.

Marco Rubio y Juan Guaidó, claramente articulados en esa narrativa, lanzaron noticias falsas sobre supuestas muertes de recién nacidos en el Hospital Universitario de Maracaibo, estado Zulia y otros hospitales del sistema público nacional de salud. Al mismo tiempo diversas ONG, como Codevida, repetían con dirección al extranjero, diversas publicaciones y eventos sin confirmar sobre fallecimientos, caos y pérdida del orden público en el territorio nacional creando una imagen desproporcionada y manipulada de los eventos, sosteniendo la temática de la "crisis humanitaria".


ONG como Codevida y otras, respondiendo a las orientaciones de Marco Rubio, afirmaron que 80 neonatos habían muerto junto a más de 200 personas. Esta cifra fue desmentida por la presidenta del Colegio de Médicos del estado Zulia, Dianela Parra.


Mike Pompeo entre tanto, anunciaba en redes sociales que la situación de Venezuela era "sin medicinas, sin alimentos, ahora sin electricidad y próximamente, sin Maduro", aprovechándose del sabotaje eléctrico para escalar las presiones contra Maduro, en la misma línea de Eliott Abrams, quien dijo en una entrevista radial que el apagón era oportunidad para continuar con la política de cambio de régimen. 


Entretanto y en horas del apagón, John Bolton declaró que los militares venezolanos debían "aceptar la amnistía de Guaidó", para asestar un golpe de Estado contra el Presidente Maduro, intentando nuevamente resquebrajar la integridad de la FANB y promoviendo movimientos incontrolados en ese ente que por el contrario, se encontraba sumado a las labores de estabilización y resguardo del sistema eléctrico nacional.

Para efectos de los medios extranjeros y varios actores políticos alineados contra Venezuela, la situación del país en esos días de oscuridad, sirvió para la profundización del argumentario de la "crisis humanitaria" y el señalamiento del país "en caos". Componentes esenciales en su narrativa de intervención. Frente a la caída de la electricidad y de varios de los sistemas de comunicación nacionales, era evidente que la desinformación campeaba y muchos medios se dedicaron a desinformar y a difundir los señalamientos de los funcionarios estadounidenses.

LOS DÍAS CRÍTICOS DEL APAGÓN: RECAÍDAS Y RECOMPOSICIÓN DEL SISTEMA ELÉCTRICO

El apagón coincidió con la culminación de la jornada laboral para la mayoría de la población. El tráfico se vio afectado por la ausencia de semáforos operativos. En las ciudades con transporte subterráneo como Caracas, Los Teques, Valencia y Maracaibo, el transporte terrestre se sobrecargó con la población que no pudo utilizar este sistema. De manera similar, la inoperatividad del sistema ferroviario que comunica los Valles del Tuy con Caracas, colapsó las unidades terrestres.

El sistema telefónico se vio afectado y sólo quienes estaban al alcance de antenas repetidoras con sistema alterno de energía, podían comunicarse por celular. Muchas personas supieron, gracias a las emisoras de radio, que el apagón era de alcance nacional. Quienes contaban con transporte particular pudieron acudir a sus vehículos como fuente de energía para recargar celulares y escuchar la radio.

La información oficial sobre el sabotaje en la Central Hidroeléctrica en El Guri se solapó con una intensa campaña fatalista, especialmente en torno a los centros de salud, aún y cuando el Gobierno había activado desde la primera noche planes de contingencia en cuanto a seguridad, con las policías y la Guardia Nacional Bolivariana, así como con el sistema de salud, supervisando la activación y funcionamiento de las plantas eléctricas dispuestas para tal fin, y garantizando el suministro de agua mediante cisternas.

Para muchos, la primera noche fue de resguardo, expectativa y reserva. El viernes 8 comenzó la jornada con la confirmación de que el sabotaje había sido de gran alcance, se suspendieron las actividades académicas y laborales, las noticias de una recuperación paulatina y progresiva del servicio, empezando por los estados orientales del país, se comunicaban por vías oficiales y extra-oficiales; aún así, para muchos hubo una segunda noche a oscuras.

El sábado en la mañana, ya con una recuperación significativa del servicio, hubo un nuevo apagón generalizado. Más tarde se sabría que un nuevo ataque había sido realizado. A los inconvenientes de la falta de electricidad comenzarían a sumarse la imposibilidad de realizar actividades postergadas y que comenzaban a hacerse importantes y/o urgentes como el abastecimiento de gasolina, la compra de alimentos y el bombeo de agua potable.

El suministro de gasolina se vio afectado en la medida que las bombas tuvieran una planta eléctrica o no, el sistema bancario no funcionaba o mal-funcionaba afectando la actividad comercial; en Caracas, los comercios además se vieron afectados por no contar con el personal completo y por último, pero no menos importante, el suministro de agua potable para la mayoría de las zonas del país se vio afectado ante la imposibilidad de activar las bombas sin suministro eléctrico; sólo aquellas comunidades con abastecimiento de fuentes hídricas en cotas superiores pudieron seguir contando con el servicio.

Los operadores políticos de la oposición venezolana al mando del diputado Juan Guaidó, en lugar de asumir una actitud colaborativa y de apoyo a la comunidad para superar la crisis, aprovecharon la ocasión para magnificar la ansiedad y angustia e intentar encender la anarquía en las calles, alentando los conatos de violencia y saqueo que no llegaron a trascender más allá.

Al ciberataque contra el cerebro computarizado de Corpoelec en la hidroeléctrica del Guri y contra el cerebro de conducción en Caracas, le siguieron atentados tipificados por el presidente Maduro como operaciones electromagnéticas y simultáneamente, sabotajes a otras infraestructuras de respaldo que revirtieron los procesos de recuperación con el fin de elevar la apuesta por el colapso general e irreversible.

El presidente Nicolás Maduro, hizo especial énfasis en uno de los sabotajes directos de esta operación de tres fases: la explosión de subestaciones eléctricas en Baruta y El Hatillo, lo que provocó incendios en horas de la madrugada del lunes. Gran parte de Caracas sufrió nuevamente un corte de energía.

El ministro de Comunicaciones, Jorge Rodríguez, añadió al registro de instalaciones afectadas por ataques programados, el saboteo a la central termoeléctrica Tacoa ubicada en Vargas. Allí cortaron el gas que provee a la estación, provocando una explosión e impidiendo su funcionamiento como elemento de contingencia al blackout dentro de la capital.

En Venezuela funciona un sistema mixto de generación de energía: la hidroeléctrica que surte a la mayoría del país y la termoeléctrica. La capital, por tener concentrada buena parte de la población, se alimenta de las dos fuentes. Explicó Rodríguez que si el apagón sucedía por razones fortuitas "fácilmente la Gran Caracas hubiera podido alimentarse de Tacoa".

Otras explosiones de transformadores fueron reportadas en el interior del país, afectando sobre todo a la región occidental. En el Zulia, la explosión fue reportada el martes 12 en horas de la tarde, en el sector Las Cabillas del municipio Cabimas. Este estado además ha sufrido de acciones violentas, irregulares, que han afectado varios comercios. Igualmente en el municipio larense de Cabudare, la explosión de otra subestación ocurrió el día lunes 11, provocando mayores retrasos en la restitución de la energía en la zona.

LAS CONSECUENCIAS FÍSICAS DEL BLACKOUT Y LOS LLAMADOS A LA VIOLENCIA DE GUAIDÓ

Las consecuencias inmediatas luego de la caída de los sistemas y subsistemas eléctricos se vieron desplegadas de manera diversificada en el territorio nacional conforme el paso de las horas, generando situaciones serias de adversidad, incomodidad en la mayoría de los casos y resiliencia en muchos otros.

Diversos medios nacionales como El Universal y El Correo del Orinoco reseñaron en sus redes el colapso en la ciudad capital del tráfico vehicular, toda vez que la pérdida del fluido eléctrico ocurrió en hora pico. Resultaron detenidas las operaciones del Metro de Caracas y la población tuvo que trasladarse a pie o por otros medios para poder llegar a casa la noche del jueves 7.

La pérdida de la electricidad desembocó en el colapso de las plataformas y sistemas de pago electrónico, generando serias complicaciones para consumidores en todo el país en las horas siguientes al apagón. Esta caída sería extensiva en días posteriores, pues las plataformas bancarias vieron agotarse coyunturalmente sus servicios de autogeneración por generadores eléctricos al sobregirarse las horas de funcionamiento. Los puntos de venta colapsados, aunados a las deficiencias aún persistentes en el flujo de dinero en efectivo, complicaron durante los días viernes y sábado siguientes las compras esenciales entre la población.

También resultaron afectadas las ventas y manejo de bienes perecederos como las carnes y hortalizas. La Federación Nacional de Ganaderos reportó la pérdida de unos 2 millones de kilogramos de carne de res durante el apagón en mataderos y carnicerías. En los hogares, muchas familias optaron por hacer parrilladas y consumir lo antes posibles dichos alimentos.

En algunas ciudades con altas temperaturas las incomodidades fueron aún mayores, ciudades como Maracaibo, donde el uso de aires acondicionados es habitual, la adversidad fue superior a las de otras ciudades. El servicio de agua fue afectado en ciudades y poblados que dependen de bombas hidráulicas para su suministro. Una inmensa parte del territorio nacional.

También se produjo la caída de las plataformas de comunicación telefónica e internet en todo el país, de manera circunstancial e intermitente en algunas ciudades. Los servidores CANTV, ABA, Movilnet, Digitel y Movistar, que dependen de antenas transmisoras con baterías, vieron la caída progresiva de sus señales conforme se agotaba el poder de los acumuladores de sus antenas con el paso de las horas y los días. También resultaron afectadas las plataformas de servicios de cable, quedando exceptuadas de fallas las plataformas satelitales como DirecTv. Muchas familias y comercios con plantas eléctricas pudieron acceder a servicios de TV nacional y extranjera desde esas señales de satélite.

En muchas ciudades se reportó la caída de las señales radiofónicas y televisivas de señal abierta. Muchas emisoras no cuentan con plantas eléctricas y las que la tenían agotaron el combustible que las hacía funcionar. El blackout fue además de eléctrico, informativo, dado que muchas de las pocas emisoras al aire se dedicaron a colocar música violentando su obligación de mantener informada a la población sobre los eventos en desarrollo.

Las caídas en los sistemas de comunicación y en el espectro radioeléctrico sirvieron de caldo para que en varias regiones del país, especialmente en la región andina, campeara la incertidumbre y desinformación sobre lo que ocurría. Un insumo adicional a las variables de guerra irregular en proceso, los rumores, las falsas informaciones y las distorsiones sobre los eventos, permearon la sociedad llevando en muchos casos a parte de la población a reacciones de nerviosismo.

En el estado Zulia fue reportado el saqueo por parte de grupos violentos de depósitos de Empresas Polar: cerveza, refrescos y otras bebidas fueron robados. Juan Guaidó desde su cuenta en la red social Twitter, justificó los saqueos que se produjeron en algunos establecimientos indicando que “el hambre” guiaba esas acciones.


Muchas estaciones de servicio no cuentan con planta eléctrica para el surtido de combustible y ello contribuyó seriamente al colapso en el suministro. Se vieron colas por gasolina en lugares del país donde no eran habituales y se afectó seriamente la movilidad de la población. También el flujo de combustible fue destinado para alimentar plantas eléctricas. La profecía autocumplida de Marco Rubio del colapso de la gasolina y los alimentos entraría en vigor. No obstante la continuidad en el sistema de provisión de combustible por parte de PDVSA en sus plantas de distribución y camiones cisterna, atenuaron el impacto y el transporte de personas y alimentos se mantuvo a media máquina y continuando.

En algunas ciudades se reportaron barricadas y cierre violento de vías, al unísono de llamamientos a saquear y ejecutar actos violentos de Guaidó y otros rostros visibles de la oposición venezolana, quienes intentaron azuzar reacciones entre la población y llamando a sus acólitos a propagar el caos. Fue así como el componente violento, ampliamente rechazado por las grandes mayorías nacionales, apareció de manera circunstancial en diversos ejes urbanos como reproducción de violencia callejera, un telón de fondo y buena escenografía para la presentación del "país en caos" utilizado como insumo por los promotores de la intervención de Venezuela. Sin embargo, la violencia no prosperó como algunos lo esperaron. El apagón sirvió para que muchos se atrincheraran en sus casas.

Ya para el día domingo, las informaciones oficiales y el restablecimiento parcial e intermitente del suministro eléctrico en varias ciudades del interior del país, contribuyeron enormemente a la calma y a la resiliencia de una inmensa mayoría de la población, quienes gestionaron la coyuntura en sus familias mediante la entreayuda, la solidaridad y el resguardo.

Ya circulaban informaciones en varias plataformas celulares y en la TV sobre la recuperación del sistema eléctrico, la calma generalizada y la ausencia de elementos de desestabilización a gran escala que comprometieran la integridad nacional.

El día lunes el presidente Nicolás Maduro daba parte ante el país de las acciones de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en la contingencia, en el despliegue de sus dispositivos de seguridad y en la derrota declarada del golpe eléctrico. El Presidente instruyó al cuerpo castrense abastecer de combustible a las plantas de centros de salud en las zonas que aún se mantenían afectadas y subrayó el retorno progresivo de las plataformas de comunicación y demás servicios dependientes del sistema eléctrico.

Desde ese punto, Maduro dejó claro, por la vía del hecho, que era el Gobierno Bolivariano y no otro, el que contaba con el uso efectivo del poder y de la gestión para asumir las tareas de normalización de la cotidianidad. Una contrariedad enorme a la hoja de ruta planteada en los ataques, que preveían una fragmentación del país y un sufrimiento “enorme” de la población. Esos objetivos no se cumplieron. La desarticulación de los ataques, en tiempo “récord” dada la gravedad de los mismos, fue clave para dejar claro el sentido de seguridad estratégica integral que rige la gestión bolivariana.

El retorno de la normalidad en la mayoría del territorio nacional el día martes, apuntó a la normalización del sistema eléctrico y superación de las grandes vulnerabilidades. La reinstalación y puesta en arranque por vía manual del flujo eléctrico, rememoró la recuperación del cerebro de PDVSA en el año 2003 durante el sabotaje petrolero, esta vez, con mayor sentido de premura y con un mayor nivel de claridad sobre la particularidad y gravedad del evento.

La derrota al golpe eléctrico, dicha así por el Presidente Maduro, ha significado al día de hoy uno de los eventos más significativos en el rescate de la población en general, que ha sido víctima de un acto terrorista a gran escala con la intención de socavar la gobernabilidad, la estabilidad política y la cohesión social.

LA REACCIÓN DE LA GENTE: EL TRABAJO CONJUNTO ENTRE PUEBLO Y GOBIERNO

La magnitud del ataque eléctrico habría derivado en un colapso total del país, materializando el “Estado fallido” que el antichavismo internacional invoca para justificar la agresión militar directa, de no ser por la movilización inmediata del Gobierno para estabilizar la situación y el ánimo de los venezolanos para enfrentar los problemas, sobreponerse y construir soluciones creativas.

Los testimonios de solidaridad trascienden lo anecdótico. En todo el territorio, el consenso general fue de no dejarse vencer por la angustia y establecer planes familiares y sectoriales para abordar las necesidades más apremiantes. Si bien el chavismo ostenta la experiencia en organización popular y el espíritu de ella, en los días del apagón buena parte del opositor común que debía atender a los llamados de protestas violentas, no lo hicieron.

En grupos de vecinos, la gente resolvió el proceso de preparación de los alimentos, muchas veces a leña, porque la provisión de gas se agotó. Ubicaron zonas cercanas donde poder acceder a agua limpia para el aseo personal y del hogar. A disposición estuvieron los carros para realizar traslados de emergencia e igualmente los celulares y teléfonos fijos que contaban con señal, para comunicarse con familiares y mantenerse informados de los avances con respecto a los trabajos en el Complejo Guri.

Hay que destacar la labor previa de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). En algunos estados se continuó con la distribución de alimentos y del gas doméstico aun con la dificultad de las comunicaciones.

Los líderes CLAP poseen registros levantados sobre características específicas de su sector: cantidad de población, niños y ancianos, enfermos, alimentos, acceso a agua potable y gas de todos los miembros de cada grupo familiar. La misma sirvió como soporte para tener una mapa de los zonas más fuertes y las más precarias, permitiéndole a cada comunidad actuar en función de ello. De este modo, el Gobierno pudo coordinar con esta organización y aminorar los efectos perjudiciales.

Otros grupos organizados acompañaron al Estado en las tareas pequeñas para sostener la vitalidad de las personas más expuestas a daños. Un ejemplo fue lo que sucedió en el hospital JM de los Ríos, donde además de garantizarle la atención médica a los niños hospitalizados, fueron visitados por cultores y artistas, quienes efectivamente brindaron horas de calma en medio de la incertidumbre.

Igualmente la unión cívico militar estuvo presente en la ofensiva del chavismo. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, destacó el despliegue de los distintos órganos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana tanto para restablecer los servicios básicos como para proteger a la población venezolana.

Una imagen extraordinaria que dejó el panorama del saboteo eléctrico, fueron las noches, que lejos de intimidar a ciudadanos acostumbrados a estar encerrados en sus casas alumbradas con televisores y computadoras, sirvieron de adorno a las verbenas improvisadas donde los niños jugaban en la oscuridad mientras los adultos intercambiaban alternativas para proteger los alimentos, socializar la información sobre puntos de atención médica, locales comerciales y farmacéuticos operativos. Reuniones indispensables para espantar la desmoralización.

Cada historia particular revela un comportamiento de la sociedad que ha sido moldeado por los ensayos del chavismo en las prácticas de participación popular así como de los rasgos más elementales del instinto venezolano.

Fue esa parte del tejido social con un estilo de vida más modesto, la que dio el ejemplo de resistencia en medio del ataque más prolongado y masivo de la guerra continuada contra Venezuela. Un fuerte contraste con el saldo negativo que ha dejado la instauración del Dólar Today como modelo a emular. Las "soluciones" de ese sector de emprendedores fue privatizar servicios en horas críticas, las imágenes comenzaron a circular por las redes sociales: vendieron hielo, agua, velas y suministro de electricidad en moneda extranjera.

ESTABILIZACIÓN DEFINITIVA, CONTEO DE DAÑOS Y EL RETORNO DE LA NORMALIDAD

72 horas luego del atentado, la ciudad de Caracas había recuperado la energía en la mayoría de sus sectores y en las siguientes horas se añadieron los estados orientales, del centro y del sur. El eje occidental tuvo retrasos, extendiéndose la estabilización hasta 24 horas más en Táchira, Mérida, Trujillo, Zulia y Lara.

Cinco días después de los continuados golpes a las demás subestaciones y los saboteos paralelos al de la represa del Guri, impidiendo la estabilización del Sistema Eléctrico Nacional, todo el país había logrado volver a la normalidad.

La movilización de esfuerzos se concentró entonces en sostener una campaña de uso racional de los dispositivos eléctricos en las casas, para apoyar el proceso de recuperación nacional y de restituir el servicio de agua potable. Los sistemas Tuy I, II y III que abastecen a la ciudad de Caracas (con la mayor extensión poblacional) se reactivaron la madrugada del martes y el suministro se normalizó el miércoles.

En las redes se trató de viralizar la idea de que la gente no estaba recibiendo ninguna medida auxiliar mientras que esto sucedía, mostrando imágenes donde parecía que se abastecían del rio Guaire, un afluente que no está apto para el consumo. Un reporte hecho por el equipo de Catia TV demostró que tal cosa era falsa.

En realidad, se habilitaron cisternas para trasladar el servicio de agua potable a las comunidades, en el trabajo participaron las comunidades organizadas en consejos comunales. A lo interno, la gente tampoco quedó paralizada, coordinaron entre vecinos para acceder a fuentes de agua limpia y surtir a sus hogares a fuerza de baldes y carretillas.

Aunque el agotamiento de esos días se resentía en el cuerpo entero, los programas sociales retomaron su curso una vez que las comunicaciones estaban funcionando plenamente. La política de asistencia alimentaria de los CLAP fue blindado por órdenes del Presidente Nicolás Maduro, en función de bloquear los intentos de agudizar las heridas que quedaron del golpe eléctrico.

Los llamados a generar saqueos no tuvieron una recepción masiva. Al contrario, el lunes ya se había reactivado la distribución de las cajas CLAP.

A nivel de seguridad nacional, se activaron los dispositivos de inteligencia popular para desarticular a grupos de personas que, bajo la excusa de trasladar las culpas del sabotaje eléctrico al Gobierno Nacional, organizaron protestas violentas cerrando calles y dificultando aún más la compleja situación. Ante esto Freddy Bernal llamó a conformar comandos de contingencia en las parroquias para apagar estos intentos de alteración de orden público.

Por otro lado, las FANB anunciaron la realización de los Ejercicios de Acción Integral "Ana Karina Rote" para la protección del pueblo y los servicios estratégicos de la Nación que se ejecutarán los días sábado y domingo, para afinar la línea de defensa integral al sistema eléctrico y de aguas, previendo las posibles repeticiones de la agenda internacional contra Venezuela, en su modalidad de ciberguerra.

El balance oficial del día miércoles presentado por el ministro Jorge Rodríguez era favorable, a pesar de que el ciberataque al centro de generación eléctrica ocasionó pérdidas de 877 millones de dólares a la nación venezolana.

De esto no escapó la clase empresarial que confesó la pérdida económica que les ocasionó el plan antipolítico de cambio de régimen al que apoyan. La Federación Nacional de Ganaderos de Venezuela (Fedenaga) registró que el costo por el apagón fue de 1,4 millones de dólares.

1 millón de kilogramos de queso y 900.000 kilogramos de carne se descompusieron por la falta de refrigeración. Otros 6 millones de litros de leche se dañaron en la espera de la restitución eléctrica.

Por su parte, la firma Ecoanalítica aseveró que las pérdidas para el país fueron de 875 millones de dólares, contabilizando casi 100 millones de dólares de daños diarios, lo que redujo en 1% del Producto Interno Bruto.

Locales comerciales también fueron objetivo de actos vandálicos, sobre todo en el estado Zulia y en menor proporción en Lara, Monagas, Miranda y Barinas. Mientras que la agenda de la oposición nacional era blanquear estos actos delictivos para exponerlos al mundo como consecuencias de la crisis social que desencadenó el apagón, las fuerzas de seguridad nacional se encargaban de proteger también al sector de pequeños comerciantes.

Horas alargadas de esfuerzo intensivo de la mayoría de la población venezolana, en conjunto con las autoridades, consolidó una respuesta efectiva. Cumpliéndose una semana del ataque, las actividades laborales pública y privada, de comercio, producción e industriales (propias de un país estable) han sido reanudadas.

En las calles, quedó el rastro de gente que se sobrepone al agotamiento inducido y el registro en la memoria colectiva de cómo actuar ante un escenario parecido al que viven países en enfrentamiento militares, con ausencia de las bombas.

Fuente: http://misionverdad.com/investigaciones/reconstruyendo-la-historia-del-sabotaje-electrico-en-venezuela-informe-especial
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