Por: Marc Vandepitte
Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales
Bastos
La tensión aumenta en Venezuela desde hace unos días. El 23
de enero el presidente del Parlamento se autoproclamó presidente del país.
Inmediatamente fue reconocido por Estados Unidos, Brasil y otros países del
continente gobernados por la derecha. Se teme que sea el inicio de un largo
periodo de confrontación y desestabilización.
Ciclos de violencia
El intento de derrocar al presidente Maduro no pilla de
sorpresa. Desde que Maduro se convirtió en presidente tras la muerte de Chávez
en 2013 Estados Unidos ha seguido una clara estrategia de cambio de régimen. Estados
Unidos trata de persuadir a determinados sectores del ejército de volverse
contra Maduro, pero sin lograrlo, por lo que Washington depende principalmente
de la oposición interna y de las presiones diplomáticas.
Estados Unidos apoya a la oposición política y trata de
unirla todo lo posible. Según el manual de las revoluciones de colores, se
financia, forma y asesora a las ONG, las organizaciones de estudiante s y las organizaciones locales para
que organicen lo más eficazmente posible los altercados en las calles. El
objetivo de la violencia en las calles es desestabilizar el país hasta el punto
de que el gobierno se vea obligado a dimitir o de que intervenga el ejército.
Desde 2013 la oposición ya ha provocado d os veces ciclos de
violencia a gran escala. En 2014 perdieron la vida 43 personas y 800 resultaron
heridas. En 2017 murieron 131 personas.
Mientras tanto, la situación económica se ha deteriorado enormemente.
Sobre todo es el resultado de un modelo extremadamente dependiente de los
precios del petróleo, pero también de una guerra económica pura y simple contra
el gobierno, que tampoco ha logrado superar las dificultades financieras,
sociales y económicas, ni tampoco la mala gestión, la burocracia y la
corrupción.
Una nueva ofensiva
En mayo de 2018 Maduro ganó las elecciones presidenciales
con el 68 % de los votos, lo que desmoralizó un tanto a la oposición que se
tuvo que recuperar. Pero cuando el 10 de enero Nicolás Maduro prestó
juramento para un segundo mandato de seis años aprovechó la oportunidad para
una nueva ofensiva. L a Organización de
Estados Americanos, que está bajo la influencia de Estados Unidos, declaró
inmediatamente que no reconocía a Maduro como presidente. Y cinco días más
tarde Trump anunció que pensaba reconocer a Juan Guaidó como presidente.
Guaidó es el presidente del Parlamento. Tiene 35 años. Es
muy cercano a Leopoldo López, con quien está en contacto diario, a pesar de
estar en arresto domiciliario. Juntos fundaron el partido de extrema derecha
Voluntad Popular. En el pasado el partido organizó piquetes armados que asesina
ron a varias personas, quemaron edificios públicos y hospitales, atacaron Ministerios,
etc.
Avalada por el apoyo de Trump la oposición salió a la calle
el mismo día con el objetivo de expulsar al presidente Maduro y formar un
gobierno provisional. Se prometió la amnistía a los soldados que se sublevaran.
Seis días después, el 21 de enero , varios soldados rebeldes colgaron en
internet un mensaje en vídeo en él se declaraban leales al jefe de la oposición
.
La tensión aumentó aún más. El 22 de enero el vicepresidente
de Estados Unidos Michael Pence lanzó un llamamiento por vídeo a las y los
venezolanos para que salieran a la calle y se libraran de Maduro. Un día
después la oposición salió en masa a la calle, donde también hubo grandes
contramanifestaciones de personas partidarias del gobierno. Guaidó se
autoproclamó presidente interino. Inmediatamente fue reconocido por los
gobiernos de Estados Unidos, Brasil y Canadá. Rus ia , Chin a , Turquía y México
, un país grande e importante de la zona, siguen reconociendo a Maduro. Europa
adoptó primero una postura prudente, pero ahora también opta sin ambigüedad
alguna por el cambio de régimen.
¿Y ahora?
Es poco probable que el hecho de que Estados Unidos y otros
países hayan reconocido a Guaidó haga caer al presidente Maduro, aunque puede
provocar una desestabilización aún mayor del país. La Casa Blanca opta por la
estrategia del caos, como ya ha hecho en tantos otros lugares.
El reconocimiento de Guaidó animará y reforzará a la oposición.
Si no se permite a Guaidó ocupar la presidencia, eso podría provocar otras
sanciones económicas occidentales. Esta d os Unidos valora actualmente prohibir
las importaciones de petróleo , lo que tendría graves consecuencias para la
situación financiera de Venezuela y reduciría aún más la producción de petróleo
.
Tampoco se excluye una intervención extranjera. Con la
reciente elección del belicoso Bolsonaro, se podría subcontratar esta
intervención de Estados Unidos a Brasil, junto con Colombia, Perú y otros
países de la zona.
En cualquier paso, la injerencia en los asuntos internos de
un país soberano como hace hoy Estados Unidos se hace sin vergüenza y a vista
de todos, lo que va en contra de los principios más elementales de las Naciones
Unidas.
El callejón sin salida en Venezuela solo se puede resolver por
medio del diálogo nacional. Maduro, por su parte, apoya el llamamiento al
diálogo lanzado por los gobiernos uruguayo y mexicano. Lo único que hará
cualquier interferencia extranjera será aumentar la polarización y la desestabilización.
Traducido del neerlandés al francés por André Crespin.


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