Lo Último

Una luz se apaga y se recrea la oscuridad, paz a tus restos Gabriel


Por: Ricardo Abud
Malas manos tomaron tu vida desde el día
en que, a una señal de astros, dejara su plantel
nevado de azucenas. En gozo florecía.
Malas manos entraron trágicamente en él.
Gabriela Mistral
Una vez más la inseguridad cobra una nueva vida inocente, vilmente emboscado, sin mediar palabras, sus asesinos enlutan a una familia venezolana.
La estructura delictual en nuestro país tiene visos de culturas ajenas a nuestra idiosincrasia, que bajo la promoción de intereses mezquinos y coadyuvados por la irracionalidad de algunos connacionales día a día ciegan esperanzas y vidas de jóvenes que con mucho sacrificio y voluntad, se labran un futuro gracias a la recuperación de espacios que la revolución bolivariana y nuestra constitución garantizan, ellos no emigran a tierras lejanas y más seguras, su compromiso inquebrantable de construir un mejor país es su norte.
A Gabriel Pérez no lo conocí en persona, más si por referencias  de personas muy cercanas a él, hace algunos meses leía un artículo de su autoría en el portal de APORREA,http://www.aporrea.org/trabajadores/a180518.html, El nacimiento de lo Imposible, coincidía con él en algunos aspectos de su artículo, pero sin ahondar en el tema, que por cierto tiene muchas aristas, era gratificante saber que nuevos actores salían a la palestra pública y tomaban el camino de un sindicalismo verdadero con la premisa de unificar al  sector de los trabajadores  del Poder Judicial, hecho relevante que  desmitificaba la otrora forma adeco-copeyana de hacer sindicalismo en este país.
Más allá del móvil de su asesinato, la reflexión que debemos hacer está supeditada a formas de delincuencia promovidas por sectores a los cuales les conviene que la mayoría de los venezolanos vivamos cargados de miedo, donde los espacios están tomados por depredadores propios e importados que actúan de manera impune y financiados por la actitud antinacional de aquellos que hoy pretenden levantar la bandera de salvación. Han llenado nuestros barrios de basura importada, los cuales financian para mantenernos en zozobra, lamentablemente con leyes que amparan al delincuente, organizaciones de derechos humanos que velan sólo por los derechos de quienes delinquen,  una forma de hacer política y contribuir al desmoronamiento moral de la sociedad.
El estado venezolano sin lugar a dudas tiene una cuota de responsabilidad alta en la ineficiente práctica y promoción de políticas que contribuyan a bajar los índices delictivos en el país. La permisividad y pasividad es una de la mayores perversiones que hay que atacar y con leyes que permitan castigar a todos aquellos que delinquen,  así como cerrarle el paso a mercenarios y mercaderes que tienen como norte la muerte y el caos. El gobierno nacional debe ser implacable en sus políticas públicas que contribuyan a devolvernos la paz y hoy, lamentablemente, no es así.
El asesinato de jóvenes venezolanos, así como la inseguridad, es una aberración de nuestra sociedad, sociedad  que ha querido marchar hacia un proceso de socialización de la vida pero que no termina de entender el camino a seguir. La pérdida de valores éticos y morales no están fundamentados en el aprendizaje racional y la toma de conciencia. El proceso unitivo se descompone y se trasforma en leyendas urbanas. La implicación de asunción íntima y la vivencia de normas, procedimientos y emociones conjugados en la interpretación más legitima de lo que debe ser una sociedad revolucionaria la cual lucha en el plano teórico por devolvernos todo lo que se nos ha quitado, incluso los sueños.
El gobierno nacional está obligado constitucionalmente a garantizarnos la vida a todos los venezolanos. Debe ser un proceso activo y de mucho aprendizaje, la promoción de leyes que hagan pensar dos veces al que quiera delinquir. A cuántos compañeros o familiares debemos despedir, cuántas familias venezolanas deben aun  llorar a sus afectos,  cuántos crímenes más quedarán impunes y en el olvido. Con mucho pesar hoy los familiares de Gabriel deberán darle el último adiós a un joven que de asistente judicial y gracias a su visión de país en revolución, se graduó de Abogado, y hoy, por méritos propios, ocupaba la Dirección de Regiones de la Dirección Ejecutiva de la Magistratura. Hasta cuándo debemos llorar a nuestros seres queridos.
A la familia de Gabriel mis más sinceras condolencias, al igual que a sus afectos. No queda más que seguir luchando para desmontar el aparato delincuencial y podrido que hoy mantiene a los venezolanos contra la pared. Seguimos siendo mayoría y como tal debemos comportarnos para derrocar la maldad que hoy nos agobia y pretende robarnos la esperanza.
NO HAY NADA MÁS EXCLUYENTE QUE SER POBRE.
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About Ricardo Abud (Chamosaurio)

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