Caracas, 18 Nov. AVN.- A las 4:00 de la mañana aún no sale el sol en el sector El Pagüi, ubicado en la carretera Caracas-La Guaira. Pero a esa hora, ya Gladys Pérez está en pie para cumplir la tarea que desempeña desde hace ocho años: preparar almuerzos para más de cien personas de su comunidad que viven en condiciones de pobreza.
Gladys es responsable de una Casa de Alimentación, impulsada por la Fundación Programa de Alimentos Estratégicos (Fundaproal), creada en marzo de 2004 como parte de las políticas del Gobierno Nacional, orientadas a disminuir los índices de pobreza extrema y a reducir los problemas en el acceso a los alimentos.
"Nosotras somos una guerreras que nos encargamos no sólo de hacer comida y alimentar a las personas más necesitadas, sino que ayudamos a nuestra comunidad, nos involucramos con sus problemas y celebramos sus victorias. Aquí estamos para ayudar", comenta Gladys, mientras los olores de su sazón llenan la cocina donde labora con sus compañeras.
Como esa Casa de Alimentación, hay otras seis mil en todo el país que proporcionan, de lunes a viernes, almuerzos balanceados a personas en situación de pobreza y vulnerabilidad social. Atienden principalmente a mujeres embarazadas, niños, niñas, adolescentes, adultos mayores y personas en situación de calle.
"Cuando comenzamos a trabajar en la Casa de Alimentación hace ocho años, para mi era un gran reto y una gran responsabilidad. Tener que dejar las cosas listas en la noche, levantarme a las 4:00 de la mañana, preparar comida buena y sabrosa para 150 personas, muchos de ellos, vecinos míos, era así como una tarea. Ahora es diferente, para mí eso se convirtió en una gran satisfacción", cuenta Gladys.
Otra de las elaboradoras de la Casa de Alimentación es Josefina Rodríguez. Ella comenta que a sus 74 años de edad ya no se levanta tan temprano para la preparación de la comida, pero se incorpora un poco más tarde para colaborar con el chequeo los almuerzos, también lleva la agenda de los menús preparados y el inventario de los alimentos.
"Yo tengo siete hijos, 22 nietos, 16 bisnietos y cuatro tataranietos. Todavía me siento útil, quizás no con tanta fuerza como antes, pero puedo servir a mi familia y a mi comunidad. Esta Casa de Alimentación es una bendición, un programa hermoso. Yo he pasado por varios gobiernos y ninguno había hecho nada por los más pobres", dice la abuela, orgullosa.
Angelmino Mota, de 75 años de edad, acude diariamente a recibir su almuerzo. Cuenta que en su juventud trabajó "como policía, como mecánico, como taxista y como camionero". Hoy tiene discapacidad visual a causa de un Glaucoma y vive con una de sus hijas en la comunidad.
Angelmiro generalmente llega a la Casa de Alimentación con la ayuda de algún vecino y lo que sí deja claro, con la autoridad que le confieren los años, es que vivió "desde la dictadura de Marco Pérez Jiménez y los gobiernos de los adecos y copeyanos y jamás vi un programa alimenticio como este".
Guerreras de la patria
Tania Pérez, maestra integral egresada de la Universidad Bolivariana de Venezuela y también elaboradora de la Casa de Alimentación, afirma que el el rol de la mujer ha trascendido las paredes de su hogar, para llevar a cabo importantes proyectos profesionales, personales y comunitarios.
"Anteriormente las mujeres estaban destinadas a cumplir con las labores del hogar, del marido y de los niños. Ahora las cosas han cambiado, porque hacemos todo eso y, de paso, trabajamos colaboramos en buscar soluciones de los problemas que aquejan nuestra comunidad".
Ella se incorpora a la Casa de Alimentación a partir de las 6:00 de la mañana. Su responsabilidad es fregar las ollas y demás utensilios de cocina, servir el almuerzo, recoger y limpiar las instalaciones, así como guardar en la despensa los productos que les proporciona la red de Mercados de Alimentos (Mercal).
"Antes de que mi mamá asumiera la responsabilidad de la Casa de Alimentación yo no hacía nada. Luego, comencé ayudar a mi mamá con este programa y gracias a la gente del Ministerio de Alimentación logré estudiar y ahora soy maestra".
Debido a las responsabilidades adicionales que tienen las elaboradoras, quienes también estudian o ejercen sus profesiones, los almuerzos gratuitos se entregan de lunes a viernes, muy temprano, entre las 7:00 y 9:00 de la mañana.
"Una de ellas es vocera un consejo comunal, mi hija que es maestra y otra de las compañeras es integrante de una cooperativa textil", detalló Gladys Pérez.
De acuerdo a información de Fundaproal, la red Mercal abastece semanalmente a las Casas de Alimentación con productos de la canasta alimentaria como pollo, carne, hortalizas y víveres, lo que se traduce en unas 124 mil toneladas de alimento al año.
Sensibilidad Social
En cada punto de atención alimentaria laboran cinco personas en promedio, lo que significa que en el ámbito nacional trabajan alrededor de 30 mil voluntades.
Los colaboradores ahora reciben un incentivo de 670 bolívares y tienen la posibilidad de incorporarse a las misiones educativas promovidas por la Revolución, sin embargo, cuando arrancaron el programa lo hacían de manera gratuita.
"Nosotras no estamos trabajando por el incentivo, porque cuando comenzamos el programa de la Casa de Alimentación era por voluntariado, lo hacemos porque queremos ser parte de la solución en el problema de la pobreza extrema y no sólo sentarnos y quejarnos", comentó Glady Pérez.
Gladys se siente satisfecha porque la Casa de Alimentación ha prestado ayuda a madres solteras de menos de 30 años, adultos mayores, discapacitados y personas con algún tipo de adicción. Para esa labor, enfatiza, se requiere amor.
"Para tener una Casa de Alimentación, además del espacio físico y las elaboradoras, se necesita sensibilidad. A veces pasa un niño un fin de semana a pedir comida o un viejito en la tarde. ¿Cómo le digo que no tengo? Así sea una arepita o un pancito relleno con huevo le doy. No tengo corazón para negarle la comida a alguien necesitado".
Cada seis meses, los coordinadores de Fundaproal, consejos comunales y elaboradoras revisan la lista de personas que acuden a las Casa de Alimentación. Gladys cuenta que muchos han dejado de asistir porque ya cuentan con un trabajo o estudian, y eso la hace feliz porque es señal de que la batalla contra la pobreza tiene sus frutos.
"Cuando nosotros comenzamos en la Casa de Alimentación acudían diariamente unas 150 personas, actualmente vienen sólo 120, esperemos que para el próximo semestre sean menos, hasta que derrotemos por completo la pobreza y la desnutrición".
Gladys es responsable de una Casa de Alimentación, impulsada por la Fundación Programa de Alimentos Estratégicos (Fundaproal), creada en marzo de 2004 como parte de las políticas del Gobierno Nacional, orientadas a disminuir los índices de pobreza extrema y a reducir los problemas en el acceso a los alimentos.
"Nosotras somos una guerreras que nos encargamos no sólo de hacer comida y alimentar a las personas más necesitadas, sino que ayudamos a nuestra comunidad, nos involucramos con sus problemas y celebramos sus victorias. Aquí estamos para ayudar", comenta Gladys, mientras los olores de su sazón llenan la cocina donde labora con sus compañeras.
Como esa Casa de Alimentación, hay otras seis mil en todo el país que proporcionan, de lunes a viernes, almuerzos balanceados a personas en situación de pobreza y vulnerabilidad social. Atienden principalmente a mujeres embarazadas, niños, niñas, adolescentes, adultos mayores y personas en situación de calle.
"Cuando comenzamos a trabajar en la Casa de Alimentación hace ocho años, para mi era un gran reto y una gran responsabilidad. Tener que dejar las cosas listas en la noche, levantarme a las 4:00 de la mañana, preparar comida buena y sabrosa para 150 personas, muchos de ellos, vecinos míos, era así como una tarea. Ahora es diferente, para mí eso se convirtió en una gran satisfacción", cuenta Gladys.
Otra de las elaboradoras de la Casa de Alimentación es Josefina Rodríguez. Ella comenta que a sus 74 años de edad ya no se levanta tan temprano para la preparación de la comida, pero se incorpora un poco más tarde para colaborar con el chequeo los almuerzos, también lleva la agenda de los menús preparados y el inventario de los alimentos.
"Yo tengo siete hijos, 22 nietos, 16 bisnietos y cuatro tataranietos. Todavía me siento útil, quizás no con tanta fuerza como antes, pero puedo servir a mi familia y a mi comunidad. Esta Casa de Alimentación es una bendición, un programa hermoso. Yo he pasado por varios gobiernos y ninguno había hecho nada por los más pobres", dice la abuela, orgullosa.
Angelmino Mota, de 75 años de edad, acude diariamente a recibir su almuerzo. Cuenta que en su juventud trabajó "como policía, como mecánico, como taxista y como camionero". Hoy tiene discapacidad visual a causa de un Glaucoma y vive con una de sus hijas en la comunidad.
Angelmiro generalmente llega a la Casa de Alimentación con la ayuda de algún vecino y lo que sí deja claro, con la autoridad que le confieren los años, es que vivió "desde la dictadura de Marco Pérez Jiménez y los gobiernos de los adecos y copeyanos y jamás vi un programa alimenticio como este".
Guerreras de la patria
Tania Pérez, maestra integral egresada de la Universidad Bolivariana de Venezuela y también elaboradora de la Casa de Alimentación, afirma que el el rol de la mujer ha trascendido las paredes de su hogar, para llevar a cabo importantes proyectos profesionales, personales y comunitarios.
"Anteriormente las mujeres estaban destinadas a cumplir con las labores del hogar, del marido y de los niños. Ahora las cosas han cambiado, porque hacemos todo eso y, de paso, trabajamos colaboramos en buscar soluciones de los problemas que aquejan nuestra comunidad".
Ella se incorpora a la Casa de Alimentación a partir de las 6:00 de la mañana. Su responsabilidad es fregar las ollas y demás utensilios de cocina, servir el almuerzo, recoger y limpiar las instalaciones, así como guardar en la despensa los productos que les proporciona la red de Mercados de Alimentos (Mercal).
"Antes de que mi mamá asumiera la responsabilidad de la Casa de Alimentación yo no hacía nada. Luego, comencé ayudar a mi mamá con este programa y gracias a la gente del Ministerio de Alimentación logré estudiar y ahora soy maestra".
Debido a las responsabilidades adicionales que tienen las elaboradoras, quienes también estudian o ejercen sus profesiones, los almuerzos gratuitos se entregan de lunes a viernes, muy temprano, entre las 7:00 y 9:00 de la mañana.
"Una de ellas es vocera un consejo comunal, mi hija que es maestra y otra de las compañeras es integrante de una cooperativa textil", detalló Gladys Pérez.
De acuerdo a información de Fundaproal, la red Mercal abastece semanalmente a las Casas de Alimentación con productos de la canasta alimentaria como pollo, carne, hortalizas y víveres, lo que se traduce en unas 124 mil toneladas de alimento al año.
Sensibilidad Social
En cada punto de atención alimentaria laboran cinco personas en promedio, lo que significa que en el ámbito nacional trabajan alrededor de 30 mil voluntades.
Los colaboradores ahora reciben un incentivo de 670 bolívares y tienen la posibilidad de incorporarse a las misiones educativas promovidas por la Revolución, sin embargo, cuando arrancaron el programa lo hacían de manera gratuita.
"Nosotras no estamos trabajando por el incentivo, porque cuando comenzamos el programa de la Casa de Alimentación era por voluntariado, lo hacemos porque queremos ser parte de la solución en el problema de la pobreza extrema y no sólo sentarnos y quejarnos", comentó Glady Pérez.
Gladys se siente satisfecha porque la Casa de Alimentación ha prestado ayuda a madres solteras de menos de 30 años, adultos mayores, discapacitados y personas con algún tipo de adicción. Para esa labor, enfatiza, se requiere amor.
"Para tener una Casa de Alimentación, además del espacio físico y las elaboradoras, se necesita sensibilidad. A veces pasa un niño un fin de semana a pedir comida o un viejito en la tarde. ¿Cómo le digo que no tengo? Así sea una arepita o un pancito relleno con huevo le doy. No tengo corazón para negarle la comida a alguien necesitado".
Cada seis meses, los coordinadores de Fundaproal, consejos comunales y elaboradoras revisan la lista de personas que acuden a las Casa de Alimentación. Gladys cuenta que muchos han dejado de asistir porque ya cuentan con un trabajo o estudian, y eso la hace feliz porque es señal de que la batalla contra la pobreza tiene sus frutos.
"Cuando nosotros comenzamos en la Casa de Alimentación acudían diariamente unas 150 personas, actualmente vienen sólo 120, esperemos que para el próximo semestre sean menos, hasta que derrotemos por completo la pobreza y la desnutrición".


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