Largas filas de respeto y tristeza despidieron a Carlos Escarrá
Caracas, 27 Ene. AVN.- A cada minuto llegaban mucho más personas. Las filas para entrar este jueves a la Asamblea Nacional (AN) eran tan grandes como el respeto y la tristeza que embargaba a cada uno que conoció, supo, vio, habló o escuchó del fallecido Carlos Escarrá, “el abogado de la Revolución”, cómo él mismo se llamó en una de sus últimas intervenciones como diputado en el Parlamento.
“Carlos (Escarrá) no era necesario, era imprescindible para la Revolución”, dijo visiblemente afligida la señora Inés García, quien hacía fila desde hace una hora con su hija Marian para despedir al Procurador de la República, cuyos restos fueron velados en capilla ardiente.
“Es un pérdida profunda, muy dura de verdad. Cuando lo supe no podía creer. Hemos venido a rendirle un hasta luego, porque su legado siempre estará vigente. Así lo creemos”, manifestó por su parte Edgar Clemente, luchador social de la parroquia 23 de Enero, quien junto a su vecino Iván Morales asistieron a la sede de la AN.
En el Partido Comunista de Venezuela, donde Escarrá militó por más de 20 años, lo recuerdan como un hombre de firme compromiso revolucionario y con un espíritu valiente que lo llevó a defender con vehemencia la liberación, independencia y soberanía del país durante los gobiernos de la cuarta República.
“Cuando fue militante de la juventud comunista estuvo en periodos muy complicados donde levantar las banderas del socialismo significaba ser perseguido por el Estado. Por eso lo recordamos y lo enaltecemos como un hombre con firmeza de principios, de no cesar ni un día en el combate que apuntó siempre a la profundización revolucionaria”, dijo Carlos Aquino, integrante del buró político del partido del gallo rojo.
Para el diputado Calixto Ortega, del Partido Socialista Unido de Venezuela, donde también militó Escarrá, el Procurador era un hombre con un gran capacidad de trabajo “y no lo digo por decir palabras de benevolencias”.
“Era un hombre carismático, amigo de los amigos. Tenía muchas cualidades políticas y académicas. Eso lo hizo destacarse como abogado y dirigente político por mucho tiempo, incluso antes de ser diputado a la Asamblea Nacional”, manifestó Ortega.
Escarrá fue magistrado del Tribunal Supremo de Justicia, poseía los títulos de politólogo, egresado de la Universidad Central de Venezuela, y de abogado egresado de la Universidad Católica Andrés Bello, en esta última con mención Cum Laude. Y además fue profesor durante 33 años en ambas casas de estudios.
En su trabajo legislativo como diputado, durante dos períodos electo por el estado Aragua, ofreció un aporte indispensable para concebir instrumentos jurídicos como la Ley de Consejos Comunales, Ley del Consejo Federal de Gobierno, Ley de Jurisdicción Contencioso Administrativo, así como la Reforma de la Ley del Tribunal Supremo de Justicia.
“Es un golpe muy duro del destino, de esos que uno no logra entender”, confiesa María de los Ángeles Ramírez, mientras retumbaba en los rincones del Parlamento la estrofa de Alí Primera: “Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos y a partir de ese momento es prohibido llorarlos”.
Caracas, 27 Ene. AVN.- A cada minuto llegaban mucho más personas. Las filas para entrar este jueves a la Asamblea Nacional (AN) eran tan grandes como el respeto y la tristeza que embargaba a cada uno que conoció, supo, vio, habló o escuchó del fallecido Carlos Escarrá, “el abogado de la Revolución”, cómo él mismo se llamó en una de sus últimas intervenciones como diputado en el Parlamento.
“Carlos (Escarrá) no era necesario, era imprescindible para la Revolución”, dijo visiblemente afligida la señora Inés García, quien hacía fila desde hace una hora con su hija Marian para despedir al Procurador de la República, cuyos restos fueron velados en capilla ardiente.
“Es un pérdida profunda, muy dura de verdad. Cuando lo supe no podía creer. Hemos venido a rendirle un hasta luego, porque su legado siempre estará vigente. Así lo creemos”, manifestó por su parte Edgar Clemente, luchador social de la parroquia 23 de Enero, quien junto a su vecino Iván Morales asistieron a la sede de la AN.
En el Partido Comunista de Venezuela, donde Escarrá militó por más de 20 años, lo recuerdan como un hombre de firme compromiso revolucionario y con un espíritu valiente que lo llevó a defender con vehemencia la liberación, independencia y soberanía del país durante los gobiernos de la cuarta República.
“Cuando fue militante de la juventud comunista estuvo en periodos muy complicados donde levantar las banderas del socialismo significaba ser perseguido por el Estado. Por eso lo recordamos y lo enaltecemos como un hombre con firmeza de principios, de no cesar ni un día en el combate que apuntó siempre a la profundización revolucionaria”, dijo Carlos Aquino, integrante del buró político del partido del gallo rojo.
Para el diputado Calixto Ortega, del Partido Socialista Unido de Venezuela, donde también militó Escarrá, el Procurador era un hombre con un gran capacidad de trabajo “y no lo digo por decir palabras de benevolencias”.
“Era un hombre carismático, amigo de los amigos. Tenía muchas cualidades políticas y académicas. Eso lo hizo destacarse como abogado y dirigente político por mucho tiempo, incluso antes de ser diputado a la Asamblea Nacional”, manifestó Ortega.
Escarrá fue magistrado del Tribunal Supremo de Justicia, poseía los títulos de politólogo, egresado de la Universidad Central de Venezuela, y de abogado egresado de la Universidad Católica Andrés Bello, en esta última con mención Cum Laude. Y además fue profesor durante 33 años en ambas casas de estudios.
En su trabajo legislativo como diputado, durante dos períodos electo por el estado Aragua, ofreció un aporte indispensable para concebir instrumentos jurídicos como la Ley de Consejos Comunales, Ley del Consejo Federal de Gobierno, Ley de Jurisdicción Contencioso Administrativo, así como la Reforma de la Ley del Tribunal Supremo de Justicia.
“Es un golpe muy duro del destino, de esos que uno no logra entender”, confiesa María de los Ángeles Ramírez, mientras retumbaba en los rincones del Parlamento la estrofa de Alí Primera: “Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos y a partir de ese momento es prohibido llorarlos”.


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