Disturbios en Reino Unido: el precio de la frustración

Disturbios en Reino Unido: el precio de la frustración
Por: Pablo Osoria RamĆ­rez*


La Habana (PL) Tras recientes disturbios violentos registrados en Londres y otras ciudades inglesas, las autoridades britÔnicas abogaron por la imposición de mano dura contra los participantes, lo cual conlleva a la aplicación de desproporcionadas sanciones contra detenidos.

Durante cuatro dƭas ocurrieron las revueltas en la capital y en otras urbes, principalmente en Birmingham y Manchester, cuyo punto inicial tuvo por escenario el barrio multiƩtnico de Tottenham, luego de la muerte de un hombre de 29 aƱos, abatido por la policƭa.

Esos hechos se saldaron con cinco muertos y cerca de tres mil detenidos, de los cuales mÔs de mil ya pasaron por algún tribunal.

Activistas de derechos humanos critican la decisión de algunos jueces en tribunales capitalinos contra detenidos durante y después de los disturbios, vistos por muchos como el resultado de la frustración y la falta de asistencia a los barrios pobres en el Reino Unido.

Las primeras censuras fueron formuladas como consecuencia de una sanción de cuatro años de cÔrcel a dos jóvenes por haber incitado a participar en hechos violentos a través de Internet, que ni si quiera llegaron a consumarse.

Los activistas consideran desproporcionadas las sanciones dictadas contra Jordan Blackshaw, de 20 aƱos, y Perry Sutcliffe-Keenan, de 22, solo por situar anuncios en Facebook a pesar de carecer de seguimiento por parte de internautas.

Para Andrew Nelson, director de campañas de la organización Howard League por Penal Reform, la prisa por demostrar mano dura conduce a sentencias desmedidas que serÔn anuladas en caso de apelación.

Días después de los disturbios, el viceprimer ministro britÔnico, Nick Clegg, anunció que participantes en los hechos, especialmente los mÔs jóvenes, deberÔn limpiar y reparar los barrios afectados a través de programas específicos que se pondrÔn en marcha en cada comunidad.

El conflicto: puntos de vista

El hecho en sí, sostienen analistas, es tal vez expresión de la desesperanza y frustración de las personas pobres, jóvenes en su mayoría, por desear una realidad socioeconómica diferente, mÔs inclusiva y menos elitista.

Desean que aquellos que hoy les acusan de violencia descerebrada intentaran ver mƔs allƔ de lo que pasa para descubrir el origen de tales actuaciones, subrayan los expertos.

Para Jake Manu, un estudiante universitario de Tottenham, las tensiones entre jóvenes y policías, incluyendo las raciales, han estado fermentando el conflicto durante meses.

Los agentes nunca nos hablan, nos ignoran, no nos consideran seres humanos, señaló Manu.

Anteriores actividades criminales de la PolicĆ­a Metropolitana convierten a la reciente muerte de Mark Duggan en un hecho recurrente.

En ese sentido, vale recordar una larga lista de vƭctimas de homicidios cometidos por agentes del orden, entre ellos, el del inmigrante brasileƱo Jean Charles de Menezes, en el metro de Londres en 2005; y el del britƔnico Ian Tomlinson, durante la protesta contra una cumbre del G20 en 2009.

Durante un discurso de castigo criminal, el primer ministro britĆ”nico, David Cameron, ordenó el aumento de las fuerzas policiales en las calles londinenses y, luego, pidió tolerancia cero contra personas implicadas en los Ćŗltimos incidentes. Los movimientos sociales se preguntan: ¿QuiĆ©n es el mayor criminal, el que comete el crimen o el que puede evitarlo, pero lo provoca con recortes a proyectos que ofrecen alternativas y espacios a los jóvenes para mantenerlos alejados de las calles y la cultura de bandas callejeras?

Criticas al Gobierno

Desde el primer momento, el jefe del Gobierno condenó los disturbios y los calificó de delincuencia, mientras aseguró que adoptaría mano dura para restablecer el orden en el país.

El Ejecutivo describe los hechos como una ola de delincuencia espontÔnea, masiva y descontrolada, mientras desde la oposición son vistos como consecuencia de males sociales mÔs profundos, arreciados por los recortes al gasto público frente a la deuda fiscal.

Tras el discurso de Cameron, el líder del opositor Partido Laborista, Ed Miliband, tachó de simplistas las soluciones dadas por la administración de conservadores y liberaldemócratas sobre las revueltas.

Culpar a los demÔs, como se limita a hacer el Gobierno, es un error, afirmó Miliband, quien solicitó la apertura de una investigación que esclarezca lo ocurrido. Por su parte, el exalcalde de Londres, el laborista Ken Livingstone, vinculó el conflicto con la situación económica que atraviesa el Reino Unido, donde el número de desempleados asciende a dos millones 494 mil personas.

Creo que las autoridades desconocen los problemas a los que se enfrentan los jóvenes. Si eres mayor y tienes una casa y un auto, todo estÔ bien. Pero hay toda una generación que se enfrenta al futuro mÔs incierto en quizÔ 100 años, aseveró Livingstone.

El estancamiento económico y los recortes impuestos por el gobierno conservador, inevitablemente generan división social, como cuando en los años 80 del pasado siglo la ex primera ministra Margaret Thatcher impuso esas políticas en respuesta a la recesión, agregó.

Tanto en la actualidad como en la época de Thatcher, persisten las mismas variables: discriminación, abandono, y políticas de clase donde los mÔs vulnerables constituyen la última carta de la baraja.

* Periodista de la Redacción Europa de Prensa Latina.

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