La educación universitaria es un pilar de nuestro desarrollo sustentable

El futuro de Venezuela depende del presente en las aulas
Por: Luis Alberto Matos


“La Universidad sólo podrá obtener respuestas integradas y críticas a las interrogantes, a las que está sometida por su permanente búsqueda de la verdad, cuando logre eliminar el enclaustramiento y cuando participe y sea factor determinante en el permanente cambio histórico social.”

Ontiveros y Elberg, 1970


Leemos y oimos por determinada prensa escrita, cierta televisión y radio, algunos portales de internet y redes de correos electrónicos, de muy diversos formatos pero todos de una única procedencia, que en Venezuela “se ataca a la autonomía universitaria”, “se restringen las libertades políticas estudiantiles” y que “el Gobierno aspira pasarle una aplanadora a los universitarios”.

Salvo los cláustricos mensajeros de siempre, tales notas provienen de redacciones donde los textos originales pudieran ser escritos en inglés. Los delata el reiterado uso de modismos idiomáticos. Sustantivos comunes en plural, iniciando oraciones sin el correspondiente artículo, es apenas un ejemplo de su procedencia.

Eso importaría menos si sus deseos fueran lo que pregonan. ¿Cuál es el verdadero objetivo de sus ataques? ¿Son realmente unos defensores “a capa y espada” de la autonomía universitaria? Si así fuera, estarían ejerciendo el legítimo derecho a oponerse. Pero es otra su verdadera meta.

La tecnología aceleró en progresión logarítmica la difusión de conocimientos y la generación de profesionales. Y al neoliberalismo internacional, su verdadero “Rector”, no le conviene la presencia de nuevos profesionales que aporten conocimientos y esfuerzos al Proyecto Nacional Simón Bolívar y al Socialismo del Siglo XXI.

Primero el conocimiento; ¡después también!

¡Bienvenida la participación universitaria en las actividades de la Patria! No sólo es deseable: ¡es necesaria! El enclaustramiento, del cual parecieran hacer algunos integrantes de la comunidad universitaria el único objetivo de las casas que se suponen deberían vencer las sombras, ha sido la eterna excusa para acumular tiras multicolores en las togas a espaldas de los problemas de la mayoría.

Su profesorado, alumnado, autoridades y afines están obligados a convivir diariamente con el pueblo venezolano. Su principal obligación, motivo de existencia, justificación de recursos y objetivo principal no puede ser otro que la difusión del conocimiento.

Y es el conocimiento por sí mismo, antes, ahora, después y siempre. La utilidad posterior, el trabajo que el profesional haga cuando tenga el título, la satisfacción de las necesidades laborales del llamado “mercado de trabajo”, aunque pudieran incidir en algunos aspectos, no pueden en ningún caso ser guía de carreras en la Universidad.

Su misión no es “preparar profesionales para engrosar nóminas”. Y aunque van en línea con el desarrollo sustentable de la Patria, su verdadera obligación es con el conocimiento, la ciencia, la filosofía, el saber, la convivencia humana, la verdad y el futuro.

Actualización de planes y currículos

Ese ineludible compromiso con el saber, en todas sus acepciones y variantes, incluye su autoexigente, continua y permanente actualización.

Quienes han estudiado el crecimiento del saber en nuestros tiempos, donde la cibernética nos conecta al instante con personas e instituciones en cualquier lugar del planeta, nos aseguran que el conocimiento se duplica en apenas cuatro años. No sería exagerado deducir que, si tal cifra es correcta, el saber estrictamente tecnológico lo hace en apenas 30 meses. ¡Basta ver con qué frecuencia la gran mayoría de usuarios cambia de celular!

En consecuencia, nuestras Universidades están obligadísimas a revisar sus planes de estudios, analizar currículos, leer con detenimiento sus pensa y actualizarse para poder enseñar. Hoy ya no es el “doctor” que dicta cátedra unipersonal tiza en mano. Ahora el alumno está más al día que él en cuanto a búsquedas por internet e intercambio de novedades. Ambos, profesor y currículos, deben actualizarse. Y por si alguno de ellos no lo recuerda: estamos en el Siglo XXI. ¿Desde cuando son esas guías? Y esos conceptos que allí invocan: ¿aún son válidos?.

Investigaciones e “investigadores”

Desde siempre y en todas las latitudes, las universidades deben ser el principal timonel de la investigación. Y no sólo en aquellos espacios antes relacionados con la ciencia y hoy con la tecnología. El pensamiento, la política y el comportamiento humano también deben ser objeto y sujeto de penetración, desarrollo y profundización para su posterior enseñanza, difusión, comprobación y debate.

Las universidades tienen que incluir, en sus tareas cotidianas, apropiados estímulos, facilidades, estructuras y recursos dirigidos hacia las labores investigativas. Es su obligatoria contribución al mundo externo. Nó es simplemente una fórmula a llenar, ni mucho menos un manantial de admiraciones, felicitaciones, reconocimientos y diplomas. Sus frutos deben ser reales y no testimonios del pasado que muchas veces hasta se ignora que no funcionaron nunca, aunque se usen como base de un supuesto trabajo actual.

Y el profesor investigador debe tener su espacio; pero igualmente su obligación “local”. Ya basta de pagar costosas “becas” en el Norte para analizar metalurgia criolla. Y por supuesto, si no es tecnológica sino “humanística”, la comparación siempre es bienvenida, pero la investigación debe ir un poquito más allá de wikipedia, googles y televisión por cable.

Autonomía constructiva

Todo ese sublime trabajo de las instituciones de mayor jerarquía académica, amplio, generoso, científico, humanístico y pedagógico, requiere absoluta autonomía. El docente, el investigador, el alumno, el ductor, el tesista, la autoridad y el trabajador que los hace posible, necesita realizar su trabajo libre de presiones externas que pudieran distraer su rumbo, asignar prioridades, generar desvíos o influir resultados.

Pero la Universidad tampoco puede, izando tales banderas, pretender convertirse en un “estado dentro de otro estado”. Su comunidad no puede olvidar que tiene obligaciones con su Nación y con su pueblo. Y ese enlace lo obliga a rendir cuentas por ese “presupuesto” que en ocasiones se usa para politiquear barato y hasta para financiar “investigaciones” inútiles.

La autonomía tiene que ser un factor constructivo de ese óptimo modelo universitario que busca el pensamiento desde Platón. Y sus lógicos escalones son para que ascienda la verdad, no simplemente quien se aferre a la escalera.

Profesionales para la Patria

Nuestras Universidades, de cualquier tipo, ubicación, antigüedad y tamaño, deben tener, como único objetivo, la preparación de profesionales para el desarrollo sustentable de la República Bolivariana de Venezuela. Son nuestros intereses, los de todo el pueblo venezolano, los que tienen que ser la única prioridad de esas casas que están obligadas, no sólo de letra, proclama y propaganda, sino de fondo, contenido, investigación y docencia, a ser luz para el camino del iletrado.

Y esas luces no pueden ser dirigidas desde donde siempre han venido, bajo distintos ropajes desde hace cinco siglos, a tranportar nuestras riquezas naturales a otros destinos foráneos. Y eso incluye el talento natural del venezolano que ahora, por millones y como nunca antes, copa las aulas universitarias.

jaquematos@cantv.net

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