LOS TRES ASPECTOS DE NUESTRA VIDA SOCIALISTA

LOS TRES ASPECTOS DE NUESTRA VIDA SOCIALISTA
Por: José A. Rangel


Con la llegada al poder de las ideas socialistas en Venezuela y el comienzo del protagonismo de los más excluidos y su dirigencia, se impone la necesidad de una nueva moral. Esa nueva moral se puede concebir como el ejercicio de un humanismo primordial en todos los órdenes de la sociedad venezolana.
Frente a la moral sembrada por los gobiernos de cuarta república debemos oponer la nueva moral socialista, que muy bien podría entenderse como la de un humanismo radical.

Es posible que esa nueva moral humanista no esté formada. Puede que incluso esté comenzando a despertar al paso del proceso que viene realizando la Revolución Bolivariana. A pesar de todas estas consideraciones, debemos insistir en esclarecerla, preocuparnos por crearla, definirla y tratar de aplicarla, porque todo el proceso descansa en ese nuevo precepto moral que nos urge conocer. De la misma manera opinaba el Che: “El socialismo económico sin la moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo contra la enajenación. Si el comunismo pasa por alto los hechos de conciencia, podrá ser un método de repartición, pero deja de ser una moral revolucionaría”.

El humanismo radical correspondería a la esencia de la moral revolucionaria contemporánea, que debe ser el guardián de los tres aspectos de nuestra vida socialista que son: las ideas y teorías con las que simpatizamos; nuestra práctica social diaria y por último, un observador de nuestro fuero interno.

Porque las ideas y teorías por más avanzadas que sean pueden estar alejadas del corazón humano. Porque la práctica en nuestro trabajo diario puede ser una traba y retraso para el desarrollo de la sociedad si no va eliminando los obstáculos del pasado que van desde el ausentismo laboral, la falta de amor en el trabajo hasta el burocratismo y, por último, porque el egoísmo y la maldad renacen en nuestra interioridad con ropaje de sentimientos buenos, siendo realmente dañinos, a la familia, vecinos y compañeros de trabajo. En este último aspecto Fidel Castro dice: “…yo soy severo conmigo mismo y autocrítico conmigo mismo. Cuando digo una palabra demás o se me escapa algo que pudiera parecer un poco de vanidad, oiga, créame que soy duro, pero bien duro. De todas maneras uno tiene que estarse vigilando. También soy testigo de que, a lo largo de los años, la influencia, el poder, en vez de irme convirtiendo en un fatuo, en un vanidoso y todo eso, cada día soy menos vanidoso, menos pretencioso, menos autosuficiente” (“Cien horas con Fidel”, de Ignacio Ramonet - 2006)

Debemos optar por el humanismo radical sin alejar la mano de la empuñadura de la espada, porque no todos quieren el bien para la sociedad. Hay grupos sociales como la burguesía y grupos afectos a su deshonrosa causa, que busca coyunturas para descarriar la sociedad de su buen camino. Actúan sin piedad, pisoteando los derechos y necesidades humanas. Carecen de humanismo el cual sólo usa por conveniencia o como engaño en casi toda circunstancia.

El humanismo radical debe guiar a las ideas socialistas. Ayuda a maniobrar entre los fenómenos sociales y hasta científicos. El avance de la ciencia creó la bomba atómica usada contra Japón. Y así un sinfín de inventos carentes de la dirección humanista ha conllevado al ser humano a una ilusión de creerse infalible y vanidoso. El golpe militar en Chile y el asesinato del presidente constitucional Salvador Allende, fue una bomba atómica contra la sociedad humana de manufactura norteamericana. O el desmembramiento del movimiento popular en Honduras tras el golpe burgués-militar contra el presidente Zelaya, que aún hoy continúa.

Sabemos que es la práctica la que abandera nuestro actual proceso revolucionario, pero nos va faltando la teoría de este sendero como si nos faltara el aire. La teoría debe guiar el proceso. Se hace necesario que en el cúmulo de experiencias vividas y por vivir, en la creación del socialismo, se erija un faro de orientación. Que las grandes ideas se hagan palpables para la acción y la reflexión concretas. Los excluidos tenemos el deber y el derecho del protagonismo práctico, pero también el teórico. Todos debemos convertirnos en faro de orientación. Se debe ir pensando en ideas que nos faciliten el avance. Y el humanismo radical o la moral socialista contemporánea y su influencia benéfica en los tres aspectos de nuestra vida socialista es producto de ese intento.


José A. Rangel - josearach@hotmail.com - 20septiembre2010

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