El Acta Final Helsinki fue un acontecimiento crucial en la historia de la Europa posbélica
Por: Nikolai Troitski,
RIA Novosti
Hace exactamente 35 años, el 1 de agosto de 1975, casi todos los paĂses del Viejo Continente junto con los Estados Unidos y Canadá consiguieron un consenso polĂtico en temas clave. Como muestra de ello, en la ciudad de Helsinki fue firmada el Acta Final de la Conferencia para la Seguridad y la CooperaciĂłn en Europa.
SĂłlo Albania, que voluntariamente habĂa optado por el aislamiento internacional, no participĂł en aquel evento histĂłrico. El resto de los paĂses europeos, tanto aquellos denominados capitalistas, como los socialistas prefirieron pactar una fĂłrmula de compromiso frente a la confrontaciĂłn.
La Conferencia misma y el Acta fueron fruto de la iniciativa de los paĂses socialistas encabezados por la UniĂłn SoviĂ©tica. Era parte de la polĂtica de "distensiĂłn internacional", en palabras en los medios de comunicaciĂłn de la URSS, uno de los más importantes retos de la Ă©poca de Leonid Brezhnev. Los años de su gobierno recibieron el nombre de "estancamiento", pero la polĂtica exterior del paĂs, lejos de estar estancada, se caracterizĂł por su dinamismo.
El Acta Final de la Conferencia de Helsinki distĂł de poner fin a la Guerra FrĂa, el agudo enfrentamiento entre dos sistemas polĂticos. DespuĂ©s de su firma, tuvo lugar la invasiĂłn de las tropas estadounidenses a la isla de Grenada, estallĂł la guerra civil en Nicaragua, en la que a distancia participaron la URSS y los EE.UU. y se produjo la agresiĂłn soviĂ©tica contra Afganistán. No obstante, se logrĂł fijar el status quo en Europa, es decir, la situaciĂłn polĂtica que existĂa realmente.
Con la firma del Acta Final todos ganaron algo: por ejemplo, se fijaron de manera definitiva las fronteras europeas de la Ă©poca posguerra, cosa que convenĂa a la URSS y a los miembros del Pacto de Varsovia. La divisiĂłn de Alemania en la RepĂşblica Federal y en la RepĂşblica Democrática, que ya firmaron el documento por separado, asĂ como la integraciĂłn de los paĂses bálticos en la URSS adquirieron un carácter permanente. O asĂ parecĂa, por lo menos.
Los paĂses de Europa Occidental a su vez pudieron sentir una mayor tranquilidad al ser fijado por el Acta el principio de la no intervenciĂłn en los asuntos internos de otros paĂses, siendo descartado el uso de la fuerza militar.
Además, se ponĂan muchas esperanzas en que de esta manera se lograra evitar la repeticiĂłn de los acontecimientos que tuvieron lugar en el año 1965 en HungrĂa y en 1968 en Checoslovaquia, adonde la URSS habĂa mandado sus tropas para apoyar los regĂmenes pro-soviĂ©ticos.
No obstante, cuando Polonia viviĂł una fuerte crisis polĂtica, no fue el Acta Final lo que le impidiĂł introducir en el paĂs sus tropas a la URSS, dispuesta a olvidarse de la Conferencia de Helsinki. Fue Ăşnicamente la firme postura del Primer ministro de la RepĂşblica Popular de Polonia, general Wojciech Jaruzelski, quien se habĂa precipitado a imponer la ley marcial.
Los representantes de los paĂses occidentales tambiĂ©n se marcharon de Helsinki llenos de satisfacciĂłn por los Ă©xitos que habĂan logrado, tras haber asegurado los EE.UU. y sus aliados prometedoras perspectivas a largo plazo, a diferencia de las momentáneas ventajas de los paĂses socialistas. HabĂan conseguido sembrar semillas de la futura discordia, que acabarĂa por reducir a la nada a la URSS y al bloque de paĂses socialistas en general.
Dichas semillas estaban contenidas en el sĂ©ptimo capĂtulo del Acta Final, titulado "Respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, incluida la libertad de pensamiento, conciencia, religiĂłn o creencia".
Leyendo este capĂtulo, los lĂderes del Partido Comunista y del Gobierno SoviĂ©tico bien podĂan haber repetido las palabras del protagonista de una de las fábulas del poeta clásico ruso Alexander Pushkin: "He aquĂ dĂłnde, escondido estaba, mi funesto destino". Todo parece indicar que los miembros de la delegaciĂłn soviĂ©tica lo intuĂan ya, a juzgar por la interminable negociaciĂłn entre bastidores para determinar el texto de este capĂtulo.
A pesar de ello, resultĂł imposible no firmar el documento que contenĂa las siguientes declaraciones:
"Los Estados participantes respetarán los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos, incluyendo la libertad de pensamiento, conciencia, religión o creencia, sin distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión.
Promoverán y fomentarán el ejercicio efectivo de los derechos y libertades civiles, polĂticos, econĂłmicos, sociales, culturales y otros derechos y libertades, todos los cuales derivan de la dignidad inherente a la persona humana y son esenciales para su libre y pleno desarrollo."
Estas frases, tan bien formuladas e inofensivas, acabaron minando el sistema socialista. Era evidente que el Acta Final era un documento meramente declarativo y algo hipĂłcrita: ningĂşn Estado se proponĂa en serio cumplir todos sus postulados. Cosa que afectaba, en primer lugar, a la URSS y a los derechos y libertades de sus ciudadanos.
Pero el hecho es que, con el mencionado documento, los disidentes soviĂ©ticos recibieron un serio fundamento de derecho internacional para sus actividades y los gobiernos occidentales, un mecanismo de presiĂłn sobre MoscĂş y sobre los paĂses de la Europa del Este.
El organizador y lĂder del grupo de disidentes de MoscĂş Yuri Orlov escribiĂł al respecto lo siguiente: "El Acta pasaba formalmente el problema de los derechos humanos de la esfera de las meras declaraciones y los asuntos internos a la esfera de la polĂtica internacional, aunque el rĂ©gimen soviĂ©tico no pensara admitirlo ni los paĂses occidentales se animaran a aprovecharlo.
TenĂa muy claro que ningĂşn llamamiento a la opiniĂłn pĂşblica occidental tendrĂa efecto. HabĂa que formar nuestra propia comisiĂłn, encargada de mandar a los gobiernos interesados resultados de los informes sobre violaciones por parte de las autoridades soviĂ©ticas de los compromisos internacionales por ellas asumidos".
Poco a poco, como si de pequeños topos se tratara, los disidentes empezaron a minar los fundamentos de una de las superpotencias. Sin duda este fue Ăşnicamente un factor entre otros muchos de la caĂda de la UniĂłn SoviĂ©tica: no conviene exagerar su importancia. Pero tampoco hay que despreciarla. Se puede decir, de hecho, que en 1975, en la capital finlandesa, empezĂł a funcionar la "comisiĂłn para la liquidaciĂłn" de la URSS.
Las lĂneas maestras de lo acordado en Helsinki pudieron mantenerse en Europa sĂłlo durante 15 años. DespuĂ©s, no quedĂł prácticamente nada del principio de la intangibilidad de las fronteras nacionales.
El orden establecido allĂ fue violado tantas veces que se prefiriĂł olvidar los principios fundamentales que lo inspiraban. Formalmente, se considera que el Acta Final sigue vigente hoy en dĂa. Sin embargo, se trata de uno de esos formalismos que no tiene ninguna traducciĂłn en la vida polĂtica real.

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