Un suceso "lamentable" en Jerusalén Oriental

Un suceso "lamentable" en Jerusalén Oriental
Por: Noam Chomsky
La Jornada

Una vez más, el lugar conflictivo es JerusalĂ©n Oriental, ocupado por Israel en la guerra de 1967 –en esta ocasiĂłn se ha propuesto un complejo de 1.600 apartamentos en el barrio Ramat Shlomo. Y una vez más, a raĂ­z de ello, la muerte de palestinos por fuego israelĂ­.


El 9 de marzo el Ministerio del Interior anunciĂł el nuevo proyecto durante la visita del vicepresidente de Estados Unidos, Joseph R. Biden, a Israel. El presidente Obama habĂ­a exhortado a frenar la expansiĂłn de los asentamientos en territorio ocupado.

La reacción fue inmediata e intensa. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se disculpó públicamente por la lamentable falta de oportunidad del anuncio, pero insistió en que Israel podía construir libremente en Jerusalén Oriental y en otros lugares de los territorios que tiene la intención de anexar.

Biden tuvo un intercambio privado y tenso con Netanyahu, invocando preocupaciones militares por el fracaso en cuanto a resolver el conflicto israelĂ­-palestino, segĂşn la prensa israelĂ­.

Lo que usted está haciendo socava la seguridad de nuestras tropas que están combatiendo en Iraq, Afganistán y Pakistán, dijo Biden a Netanyahu, según las fuentes. Eso nos pone en peligro y pone en riesgo la paz regional.

El 16 de marzo, el general David H. Petraeus, jefe del Comando Central de Estados Unidos, se hizo eco de esas preocupaciones ante el Comité senatorial de los Servicios Armados: El conflicto fomenta el sentimiento antiestadunidense, debido a la percepción de un favoritismo de Estados Unidos hacia Israel.

Una semana después, Netanyahu y Obama se reunieron en la Casa Blanca para mantener conversaciones calificadas posteriormente de contenciosas.

Netanyahu mantiene una lĂ­nea dura sobre los asentamientos y no da indicaciones en absoluto de reconocer la viabilidad de un Estado palestino. Esta intransigencia se refleja muy mal en la credibilidad de Estados Unidos.

Un contratiempo similar, relacionado con los asentamientos, hizo erupción hace 20 años, llevando al ex presidente George H. W. Bush a imponer sanciones limitadas a Israel en reacción al descarado e insultante comportamiento del primer ministro Yitzhak Shamir, quien fue rápidamente remplazado. La cuestión continúa siendo si la administración Obama está dispuesta a adoptar siquiera las suaves medidas aplicadas por Bush padre.

La situación es más seria ahora. Dentro de Israel, los sectores ultranacionalistas y religiosos han surgido con una perspectiva parroquial estrecha. Y las fuerzas de Estados Unidos están comprometidas en guerras impopulares en la región.

El pasado mayo, en Washington, Obama se reuniĂł con Netanyahu y Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina. Esos encuentros y el discurso de Obama en El Cairo en junio han sido interpretados como punto de inflexiĂłn en la polĂ­tica estadunidense en Oriente Medio.

Una mirada más atenta, sin embargo, sugiere ciertas reservas.

Las interacciones entre Estados Unidos e Israel –con Abbas entre bambalinas– se centraban en dos frases: Estado palestino y crecimiento natural de los asentamientos. Analicemos cada una sucesivamente.

Obama efectivamente pronunció las palabras Estado palestino, haciéndose eco del presidente George W. Bush. En contraste, la plataforma (no revisada) del partido gobernante de Israel en 1999, el Likud de Netanyahu, rechaza rotundamente el establecimiento de un Estado palestino árabe al oeste del río Jordán.

Es Ăştil tambiĂ©n recordar que el gobierno de Netanyahu de 1996 fue el primero en Israel que usĂł la frase Estado palestino. El gobierno accediĂł a que los palestinos puedan llamar a cualesquiera fragmentos de Palestina que les queden un Estado, si eso quieren –o pueden llamarlos pollo frito.

El pasado mayo la posiciĂłn de Washington se presentĂł con mayor fuerza en el muy citado discurso de la secretaria de Estado Hillary Clinton rechazando excepciones de crecimiento natural a la polĂ­tica oficial estadunidense que se opone a nuevos asentamientos.

Netanyahu y prácticamente todo el espectro político israelí insisten en permitir tal crecimiento natural, quejándose de que Estados Unidos está dando marcha atrás a la autorización de Bush para tal expansión dentro de su visión de un Estado palestino.

La fĂłrmula Obama-Clinton no es nueva. Repite las palabras de la hoja de ruta de Bush para un Estado Palestino, el cual estipula que en la fase uno Israel congele toda actividad de los asentamientos, consistente con el reporte del (ex senador estadunidense George J.) Mitchel, incluyendo el crecimiento natural de asentamientos.

En El Cairo, Obama empleĂł su familiar estilo de pizarrĂłn limpio –con poca sustancia, pero presentado de forma agradable, que permite a la audiencia escribir en el pizarrĂłn lo que desea escuchar.

Obama se hizo eco de la visiĂłn de Bush de un Estado palestino, sin detallar lo que querĂ­a decir. Obama expresĂł: Estados Unidos no acepta la legitimidad de continuados asentamientos israelĂ­es. Las palabras clave son legitimidad y continuados.

Por omisión, Obama indicó que acepta la visión de Bush: los vastos asentamientos israelíes existentes y proyectos de infraestructura en Cisjordania son, implícitamente, legítimos, con lo cual se garantiza que la frase Estado palestino, refiriéndose a los fragmentados restos que quedan, significa pollo frito.

El pasado noviembre Netanyahu declaró una suspensión de 10 meses de nuevas edificaciones, con muchas excepciones, excluyendo totalmente a la Gran Jerusalén, donde la expropiación en áreas árabes y construcción para colonos judíos, como en el proyecto Rabat Shlomo, continúan a ritmo acelerado.

Estos proyectos son doblemente ilegales. Como todos esos asentamientos, violan la ley internacional –y en JerusalĂ©n-, resoluciones especĂ­ficas del Consejo de Seguridad.

En Jerusalén, en ese entonces, Hillary Clinton elogió las concesiones sin precedentes de Netanyahu sobre construcciones (ilegales), generando cólera y ridículo en buena parte del mundo.

La administración Obama promueve una reconceptualización del conflicto de Medio Oriente, detallado más claramente el pasado marzo por John Kerry, presidente del Comité senatorial de Relaciones Exteriores.

Israel será integrado a los Estados árabes moderados que son aliados de Estados Unidos enfrentando a Irán y permitiendo el dominio estadunidense sobre las regiones vitales productoras de energía. Dentro de ese marco tendrá lugar algún acuerdo no especificado entre Israel y Palestina.

Mientras tanto, los vínculos entre Israel y Estados Unidos se profundizan. La cooperación estrecha de inteligencia se remonta a más de medio siglo.

Las asociaciones de empresas de alta tecnología de Estados Unidos e Israel están incrementándose. Intel, por ejemplo, está añadiendo una construcción gigantesca a sus instalaciones en Kiryat Gat para lograr una reducción revolucionaria en el tamaño de los chips.

Las relaciones entre la industria militar israelí y estadunidense se mantienen particularmente cercanas, al grado de que Israel ha desplazado instalaciones de desarrollo y manufactura a Estados Unidos, donde el acceso a los programas estadunidenses de ayuda castrense y desarrollo es más fácil. Israel también está considerando la transferencia a Estados Unidos de producción de vehículos blindados, pese a las objeciones de miles de trabajadores israelíes que perderán sus empleos.

Las relaciones tambiĂ©n benefician a los productores estadunidenses –doblemente, de hecho, porque el abastecimiento de armas a Israel, financiado por el gobierno estadunidense, que es en sĂ­ muy rentable, tambiĂ©n funciona como carnada, que induce a las ricas dictaduras árabes (moderadas) a comprar grandes cantidades de equipo castrense menos sofisticado.

Israel tambiĂ©n sigue proveyendo a Estados Unidos con una base militar estratĂ©gicamente localizada para instalar armas y para otras funciones –en fecha más reciente, en febrero, cuando el ejĂ©rcito estadunidense actuĂł para duplicar el valor de equipo militar de emergencia en reservas en territorio israelĂ­, elevando el nivel a 800 millones de dĂłlares.

Misiles, vehículos blindados, municiones aéreas y equipo de artillería ya están acumulados en el país, informa Defense News.

Estos son algunos de los servicios sin paralelo que Israel ha estado proporcionando para el militarismo y dominio global de Estados Unidos, asĂ­ como para su economĂ­a de alta tecnologĂ­a.

Esto permite a Israel un cierto margen para desafiar las Ăłrdenes de Washington –aunque Israel corre un riesgo muy grande si trata de abusar de su suerte, como ha mostrado repetidamente la historia. La arrogancia de Ramat Shlomo claramente causĂł enojo.

Israel sĂłlo puede ir tan lejos como Estados Unidos lo permita. Washington ha sido, desde hace tiempo, participante directo en los crĂ­menes israelĂ­es que oficialmente condena –pero cerrando el ojo. Falta ver si esa charada continĂşa.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/04/04/index.php?section=mundo&article=017a1mun

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