Venezuela y Cuba como munición
Por: PASCUAL SERRANO
Dos asuntos han protagonizado la actualidad informativa y el debate polĆtico durante los Ćŗltimos dĆas: la muerte de un preso cubano en huelga de hambre y el auto de un juez de la Audiencia Nacional implicando al Gobierno venezolano con el terrorismo. Es evidente que se trata de temas claramente alejados de la vida cotidiana de los espaƱoles y que cualquier criterio mĆnimamente serio de valoración de la actualidad los ubicarĆa en segundo plano.
Hemos comprobado cómo estas dos noticias han desplazado de la actualidad no solamente el debate sobre la crisis económica, sino tambiĆ©n a terremotos con cientos de muertos en HaitĆ y Chile. Mientras aquĆ todo giraba en torno al deceso cubano y la acusación contra ChĆ”vez, en Colombia se descubrió la mayor fosa clandestina de la historia latinoamericana (2.000 cadĆ”veres) y los paramilitares admitieron haber asesinado a 30.000 personas, cifra que la fiscalĆa estimó en al menos 120.000. En MĆ©xico, las decapitaciones y matanzas de jóvenes por el crimen organizado estĆ”n a la orden del dĆa y en Honduras el goteo de lĆderes sociales asesinados no cesa: ya van por mĆ”s de un centenar desde el golpe de Estado. Igualmente las masacres de civiles en AfganistĆ”n e Irak no despiertan comentario alguno en los debates polĆticos.
Como seƱalaba JosĆ© Steinsleger en el diario mexicano La Jornada, “de las tragedias acontecidas en el primer bimestre del aƱo en curso, ninguna mĆ”s ruidosa que la muerte por inanición voluntaria del ciudadano cubano Orlando Zapata Tamayo, preso polĆtico, de conciencia, disidente, opositor, delincuente comĆŗn”. El analista francĆ©s Salim Lamrani se permitĆa recordar que, en Francia, entre el 1 de enero y el 24 de febrero de 2010, hubo 22 suicidios en prisión, entre ellos el de un adolescente de 16 aƱos. Un dato al que nadie ha dado la mĆ”s mĆnima importancia.
El caso de la acusación del juez Eloy Velasco contra Remedios GarcĆa Albert y el Gobierno de Venezuela es un claro ejemplo de prostitución de la instrucción judicial con alevosĆa mediĆ”tica con fines de agresión polĆtica. Un auto que por ley deberĆa ser secreto se filtra a los medios para presentar a una ciudadana como cómplice de ETA y miembro de las FARC, ambas cuestiones discutibles si seguimos defendiendo el principio de la presunción de inocencia. Como ha recordado su abogado, siete meses despuĆ©s del procedimiento no ha sido citada judicialmente y en las fechas en que juez y prensa afirman que se encontraba nada menos que organizando un curso de explosivos de ETA a las FARC en la selva colombiana, veraneaba en la costa espaƱola.
En realidad, Remedios GarcĆa sólo es un daƱo colateral en los ataques contra el Gobierno venezolano, pero el atropello es sólo una muestra de la vileza y miseria que domina la agenda informativa y el debate polĆtico espaƱol. En cuanto a la implicación del Gobierno venezolano, segĆŗn el auto judicial, se fundamenta –es un decir– en declaraciones de testigos sin identificar, pero no se concreta exactamente quĆ© es lo que dijeron, y en un ciudadano vasco que reside en Venezuela, cuya relación con el Gobierno de ese paĆs se establece porque estĆ” casado con una ciudadana venezolana que es funcionaria pĆŗblica. Todo ello sin olvidar que el juez que firma y, al parecer, filtra autos en los medios de comunicación, durante ocho aƱos estuvo al servicio del Partido Popular de la Generalitat Valenciana como director general de Justicia.
Si los asuntos que golpean a los gobiernos de Cuba y Venezuela han logrado este protagonismo en la agenda informativa y polĆtica de nuestro paĆs es porque se han dado dos circunstancias curiosas. Por un lado, su uso por parte de polĆticos y lĆderes de opinión de la derecha (y ultraderecha) para embestir contra el Gobierno de RodrĆguez Zapatero y, por otro, una implicación ya habitual de los medios en todo suceso que pueda servir para desprestigiar a los gobiernos venezolano, cubano y cualquier otro latinoamericano que muestre independencia y soberanĆa frente a las polĆticas neoliberales.
La presión es tanta que cualquiera que no se sume a la indignación por la muerte voluntaria de un preso que los servicios mĆ©dicos del Estado cubano hicieron todo lo posible por evitar o a la ola de criminalización de todo a lo que se le cuelgue la etiqueta de terrorista, se convierte en enemigo pĆŗblico y cómplice de dictaduras y terrorismos. Basta observar el linchamiento al que se ha sometido al actor Willy Toledo sólo porque, tras expresar su dolor y condena por la muerte de Orlando Zapata, entre la versión mediĆ”tica de que el huelguista era un preso polĆtico y la versión del Gobierno cubano de que se trataba de un delincuente comĆŗn, optó por la segunda.
Lo preocupante de todo ello es que se desarrolla en una dinĆ”mica judicial que en Madrid procesa a los jueces que investigan los crĆmenes del franquismo en un paĆs donde los asesinos de la dictadura dan nombre a las vĆas pĆŗblicas. Y, mientras tanto, en la Comunidad Valenciana se archiva la causa contra Francisco Camps obviando informes de la FiscalĆa Anticorrupción y de la policĆa y se abren diligencias penales contra una diputada de Izquierda Unida que difunde unas pegatinas pidiendo prisión para Carlos Fabra, el presidente de la Diputación de Castellón cuyos procesos por trĆ”fico de influencias y delito fiscal llevan siete aƱos y nueve jueces paseando por los tribunales.
La conclusión no puede ser mĆ”s preocupante, asistimos al acoso y sitio de medios de comunicación y sectores de la judicatura a gobiernos y ciudadanos que no forman parte de su ideario, mientras la impunidad se instala para otros. Para ello arrollan presunciones de inocencia en acusados de terrorismo, criterios de rigor periodĆstico y principios de relaciones respetuosas con paĆses amigos. No podemos permitir que este funcionamiento continĆŗe para conseguir munición en la reyerta polĆtica espaƱola.
Pascual Serrano es periodista. Su Ćŗltimo libro es ‘Desinformación’
Ilustración de Javier Olivares
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