SOCIEDAD CLOACAL

Piedra de Tranca
SOCIEDAD CLOACAL
MARCIANO

En Colombia entre el delito y la política no hay fronteras, ni límites. La ética y la moral se desvanecieron y lo que impera es el Estado delincuente; la sociedad forajida. Con la cual el pueblo colombiano honesto y trabajador nada tiene que ver. Por el contrario, es su víctima privilegiada


LA OLIGARQUÍA COLOMBIANA QUE MATA con la misma facilidad que tiene para deforestar los bosques y excluir socialmente a millones de colombianos -tan sólo en Venezuela hay más de cinco millones de emigrados, desplazados, humillados y ofendidos-, siempre se ha revolcado en el delito. O mejor, siempre ha hecho llave con las más variadas maneras de delinquir: Tráfico de esmeraldas (los famosos esmeralderos, antecesores de los narcos), delincuencia común, contrabando, droga, paramilitarismo y otros de la misma naturaleza. Nada le ha sido ajeno en el campo de la delincuencia. La sangre azul se mezcla con facilidad con la otra. Detrás de cada delincuente siempre hay un multimillonario o un dirigente político.


ESA OLIGARQUÍA QUE GOBIERNA al vecino país con impunidad absoluta, que hace lo que le da la gana con las instituciones, que logró el milagro de institucionalizar el delito, que pone presidentes en la Casa de Nariño, que designa gobernadores y alcaldes, que controla el Congreso y la Judicatura, es el verdadero poder en Colombia. Las instituciones de la democracia son totalmente formales y se le rindieron, o simplemente ofician para la galería. En la trastienda ejecutan las órdenes que reciben de los mafiosos de todo tipo y color, liberales, conservadores, uribistas, y no pare usted, apreciado lector, de contar.

URIBE DEBE SU PODER AL NARCOTRÁFICO. Desde la época en que, por ejemplo, Pablo Escobar lo llamaba "Uribito". El diminutivo no era tanto por su baja estatura como por su entrega complaciente en Antioquia al más poderoso hombre de la droga en aquellos tiempos. Su primo Mario, ex senador y asesor de cabecera, hoy preso en la cárcel de La Picota, viene del mismo tronco criminógeno. Otro es el famoso José Obdulio Gaviria, consejero privilegiado del señor de la sombra y primo del capo asesinado.

PERO NO SE TRATA DE EXCEPCIONES. Es que todos tienen algún compromiso con el delito en Colombia. Cualquier empresario, banquero, fabricante de cerveza, textilero y, por supuesto, dirigente político, no pasa el detector de mentiras a la hora en que le pregunten sobre el tema. A cualquier dirigente del sector empresarial o político al que usted, querido lector, le raspe un poco la piel, le hallará la relación con algún narco, con algún para, con algún contrabandista, con algún lavador de dinero.

PARA MUESTRA UN BOTÓN. Más de ochenta parlamentarios son hoy procesados o están presos por lo que allá llaman, eufemísticamente, la parapolítica o la narcopolítica. Y para completar el cuadro, en la elección parlamentaria que se acaba de realizar, el Partido de Integración Nacional (PIN) conocido por todo el mundo como refugio e instrumento de la narcopolítica y de la parapolítica, acaba de sacar ocho senadores y nadie se inmuta. Semejan aberración como algo normal; semejante escupitajo a la moral, luce normal.

DESDE LUEGO QUE ES NORMAL. Es la confirmación de que en Colombia entre el delito y la política no hay fronteras, ni límites. La ética y la moral se fueron al carajo y lo que impera es el Estado delincuente; la sociedad forajida. Con la cual el pueblo colombiano honesto y trabajador nada tiene que ver. Por el contrario, es su víctima privilegiada.-

(Publicado Diario Vea)

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