Candidatos presidenciales ucranianos se miden en comicios con incierto pronóstico

Candidatos presidenciales ucranianos se miden en comicios con incierto pronóstico
TeleSUR

Algunos analistas estiman que Yanukovich volverá a hacerse con la mayoría de los votos en las regiones orientales (las más pobladas y ricas), y recibirá el apoyo de los ochos millones de ucranianos de origen ruso. Otros opinan que Timoshenko será la más votada en Kiev, la capital, y en las regiones centrales y occidentales, vecinas de la Unión Europea (UE), aunque también espera sumar algunos votos en el Este del país, donde nació hace 49 años.


Este fin de semana, los candidatos presidenciales ucranianos, representados por la primera ministra, Yulia Timoshenko, y su opositor Víctor Yanukovich, se medirán en unos comicios que se caracterizan por tener un incierto pronóstico.

Al igual que cinco años atrás, este domingo los 47 millones de habitantes de Ucrania volverán a las urnas para elegir al sucesor del presidente saliente Víctor Yúschenko, aliado de occidente y declarado opositor a que su país posea vínculos estrechos con Rusia.

Yanukovich, apartado del poder hace un lustro, ganó el pasado 17 de enero con un 35,32 por ciento de los votos la primera vuelta de los comicios, frente a 24,36 por ciento que obtuvo Timoshenko.

Antiguo primer ministro apoyado por Rusia en 2004, Yanukovich se presenta a los comicios con ansias de revancha por aquella "derrota", cuando las protestas populares "espontáneas" contra un presunto fraude le arrebataron la victoria electoral.

Timoshenko, tras la ruptura de su alianza con Yuschenko, se postula como última representante de aquellos ideales de elecciones libres, democracia e integración en Europa que cautivaron al mundo.

Según los analistas, Yanukovich volverá a hacerse con la mayoría de los votos en las regiones orientales (las más pobladas y ricas), y recibirá el apoyo de los ochos millones de ucranianos de origen ruso.

Mientras, Timoshenko será la más votada en Kiev y en las regiones centrales y occidentales, vecinas de la Unión Europea (UE), aunque también espera sumar algunos votos en el Este del país, donde nació hace 49 años.

Ambos aspirantes han centrado sus esfuerzos estas tres semanas en cortejar al magnate bancario Serguéi Tiguipko, el tercer candidato más votado con un 13,05 por ciento de los votos.

Según algunos sondeos, en la segunda vuelta Yanukovich tendría entre cinco y diez puntos de ventaja sobre Timoshenko, que a su vez espera aglutinar el apoyo de todas las fuerzas liberales y pro-occidentales.

La primera ministra ha apelado al voto del miedo recordando el apoyo de Rusia a Yanukovich en 2004, y advirtiendo de que con su rival Ucrania volvería a estar bajo supuesta influencia de Moscú.

De producirse una victoria de Yanukovich, se espera que esta vez el líder opositor si pueda asumir la primera Magistratura del país, ya que en 2004 le fue negada esa oportunidad a través de la llamada Revolución Naranja, nombre otorgado a la maniobra impulsada por Estados Unidos para impulsar a Yuschenko hacia la presidencia ucraniana.

El de 2004 es el caso de un golpe de Estado más impulsado por Estados Unidos contra un gobierno no alineado a sus políticas hegemónicas, estrategias llamadas por algunos analistas políticos como "golpe de Estado suave".

Luego de esas elecciones de noviembre de 2004, en Ucrania se impidió que el triunfador de los comicios, Yanukovich, asumiera el cargo para el cual fue electo bajo el argumento de fraude, una matriz impulsada por Estados Unidos.

Pese a que la corte electoral ucraniana proclamó el triunfo de Yanukovich como presidente de Ucrania, Estados Unidos, a través de su entonces secretario de Estado, Colin Powell, amenazó a la ex república soviética con sanciones si no se revisaba el escrutinio que la oposición había descalificado por "fraudulento".


El pronunciamiento de Powell antecedió al comienzo de las protestas "no violentas" de un nuevo movimiento de oposición, el cual rechazó los resultados electorales y pidieron el recuento, cuyo resultado publicado un mes más tarde proclamaría a Víktor Yushchenko, candidato apoyado por Estados Unidos.

Aantes de las elecciones, Yushchenko ya había anunciado que no reconocería el resultado y, posteriormente, se autoproclamó vencedor e intentó construir una mayoría en el Parlamento, con el fin de declarar las elecciones como no válidas, pero no obtuvo los 226 diputados que requería para cumplir con sus objetivos.

Dado que las maniobras de Yushchenko no dieron resultados, se produjeron una serie de manifestaciones "pacíficas y espontáneas" a través de las cuales el nuevo movimiento opositor, Pora, solicitaba el un recuento de los escrutinios, lo que provocó que la corte electoral ucraniana, presionada por Estados Unidos, proclamara como nuevo presidente a Yushchenko.

Esta suceso ya tenía antecedentes en otros países como Serbia y Georgia, otra ex república soviética, donde, a través de las supuestas protestas "pacíficas", también se desarrollaron "golpes de Estado suaves".

Serbia, república surgida de la división de Yugoslavia (1999), fue en el año 2000 escenario de una serie de protestas "pacíficas y espontáneas", con las cuales se obligó a Slobodad Milosevic a renunciar a la presidencia de la nación.

Estas acciones fueron llevadas a cabo por el movimiento estudiantil Otpor (Resistencia), grupo ligado al Albert Einstein Institute, organización financiada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), que se convirtió en la alternativa de Estados Unidos para derrocar a Milosevic.

Por otro lado, en Tblilisi, capital de la nación euroasiática de Georgia, se formó, bajo gestiones del servicio secreto estadounidense, un movimiento al estilo de Otpor de Serbia: el grupo Kmara.

El grupo Kmara estaba formado por estudiantes de la Universidad de Tbilisi, y fue la herramienta con la que el Albert Einstein Institute, bajo directrices dictadas por la CIA, deslegitimó el triunfo en las elecciones parlamentarias del 2 de noviembre de 2003, de la coalición de partidos que apoyaban al presidente Eduard Shevardnadze.

Kmara protagonizó la llamada Revolución de las Rosas, que consistió, al igual que en Serbia y posteriormente en Ucrania, en acciones de protesta "no violentas" y un discurso prooccidental bajo el argumento de "fraude electoral", los cuales provocaron la dimisión de Shevardnadze el 23 de noviembre del 2003.


teleSUR-Efe/MFD

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