CampaƱas Admirables


CampaƱas Admirables
Por: Arnulfo Poyer MƔrquez

He sido emplazado por algunos amigos, a escribir algo que mengüe las crĆ­ticas, desencantos y hasta rabietas que tengo sobre todo con la mediĆ”tica que yo denomino “procesal”. Pues bien, claro que tengo mis puntos a favor de lo que ahora vivimos, no habrĆ­a yo canalizado mi inclinación hacia los favores que desenvuelve.


Campaña Admirable al pie de la letra, es la denominada por estrategas y estudiosos militares, a la emprendida por el general Bolívar entre el 7 de mayo y el 7 de agosto de 1813, partiendo de Cúcuta hasta su llegada a Caracas. La denominación se la endosan, a la rapidez de su cumplimiento, a la asimilación de leales seguidores que obtuvo durante el avance, civiles y/o militares, que tras los pasos de su líder, serÔn fuego de la lucha que emprendían a favor de la república que se proponían.

La mayor parte de la diĆ”spora de sus seguidores estarĆ” muerta en menos de un aƱo. Pero todos sus actores dejarĆ”n una huella imborrable en la repĆŗblica anhelada, y una lealtad tal para con BolĆ­var que la mayor parte de sus sobrevivientes no serĆ”n aceptados a vivir en el territorio republicano a fundarse 17 aƱos despuĆ©s, en 1830, luego del periplo gigantesco fundacional en otras latitudes realizado por los valiosos ejemplos: Rafael Urdaneta, Atanasio Girardot, JosĆ© FĆ©lix Ribas, Vicente Campo ElĆ­as, Francisco Ponce, Francisco Conde, Antonio Ricaurte, Luciano D’Elhuyar, Pedro BriceƱo MĆ©ndez, Trinidad MorĆ”n, Ramón Escobar, JosĆ© de La Cruz Paredes, Jacinto Lara, Justo BriceƱo, Cruz Carrillo, Francisco Olmedilla, Cristóbal Mendoza, los hermanos Buroz, Manuel Gogorza, AndrĆ©s Linares, BartolomĆ© Salom figuran entre sus fautores.

Pese a ello, otras campaƱas han dado su brillo especƭfico, algunas muy superiores si se quiere, pero dado a la importancia de lo proyectado esta adquiere un brillo muy particular. A estas otras se refieren estas lƭneas.

Una segunda Campaña Admirable es la realizada por Santiago Mariño partiendo desde Güiria, habiéndola poseído con sólo 46 hombres con 6 fusiles. Se hizo del Oriente venezolano en seis meses pero superó a la de Bolívar por cuanto fue conquistado realmente ese territorio, en tanto que la del Libertador apenas cruzó el occidente y el centro con encuentros muy importantes, pero la de Mariño con su ejército fue tal que pudo pelear al lado del Libertador durante el año terrible de 1814, mientras estuvo pacificado el oriente. Los hermanos Bernardo y Francisco Bermúdez, Manuel Carlos Piar, Pedro Sucre, Francisco Azcue, Manuel Valdés, Jean Baptiste Bideau, Antonio María Freites, son sus agentes mÔs importantes aunque debido a la proyección que deseaba el comandante margariteño, de crear una república oriental, queda relegada a un segundo plano.

Una tercera Campaña Admirable fue la cumplida por Gregory Mac Gregor, en 1816 luego del desembarco en Choroní proveniente de Los Cayos de Haití. El noble oficial escocés no conocía la envergadura de la guerra a muerte que se libraba en nuestro suelo, y, contrario a las reglas, perdonaba a los soldados vencidos que le saldrÔn mÔs adelante en otros encuentros; a pesar de ello, su incursión resultó tan victoriosa que se hizo del centro del país, del sur del oriente hasta liberar a Barcelona. Encuentros mÔs importantes fueron Los Aguacates, Maracay, San Diego, Cabruta, varios encuentros inferiores contra guerrillas, Los Alacranes, y El Juncal, ésta última comandada por Piar, que en el encuentro fue derrotada su ala, que si no es porque el mismo Mac Gregor que hasta hizo de abanderado, se pierde el combate y la campaña misma. Fuertes diferencias con Piar lo obligaron a renunciar a pelear en nuestro territorio. Barcelona quedarÔ en manos republicanas por menos de 6 meses, lo que opacarÔ el brillo del itinerario.

Sin embargo es el mismo BolĆ­var que superarĆ” su “propia marca” con la CampaƱa de BoyacĆ”: el paso de Los Andes, GĆ”meza, Pantano de Vargas, Tunja, BoyacĆ” y liberación de BogotĆ” y por extensión liberación de Nueva Granada. La siguiente campaƱa, la de Carabobo, pareciera que la dirigiera desde el cielo puesto que fueron varias campaƱas a la vez para arrinconar y derrotar al ejĆ©rcito realista en Carabobo: Maracaibo, Barinas, Achaguas, CumanĆ”, por tierra, mientras que la armada se hizo de los mares territoriales (los margariteƱos en su trabajo corsario llegaron hasta el frente de CĆ”diz).

Y por supuesto, la CampaƱa de Ayacucho, la mĆ”s impecable de las campaƱas de AmĆ©rica, que realizó el lugarteniente Sucre, una maravilla de acción donde el ejĆ©rcito patriota fue perseguido por el enemigo en las montaƱas que provocó el triunfalismo realista, y arribó a la meseta con sus hombres totalmente cansados. El adalid venezolano sabĆ­a que todo su ejĆ©rcito –la mitad del realista- serĆ­a destruido y muerto si no triunfaba, pues 300 generales y altos oficiales peruanos se habĆ­an pasado a las filas realistas. Del triunfo nacen las repĆŗblicas del PerĆŗ y Bolivia. Envolviendo con la Admirable inicial, Jacinto Lara, BartolomĆ© Salom, Trinidad MorĆ”n, Paredes, Escobar, los mismos que acompaƱaron a BolĆ­var en 1813, estaban allĆ­ cerrando el circuito ultra heroico arrancado 11 aƱos atrĆ”s desde CĆŗcuta.

En el paso de la Federación, insuperable es la Campaña Admirable ejecutada por Ezequiel Zamora, que partió desde Coro y culminó con Santa Inés en Barinas. No tuvo mayor proyección por la vida que le arrancaron sus propios camaradas traidores. Lo admirable de todas ellas es sin dudas el pelear en territorio hostil, donde no existe sino una sola divisa, la de vencer o morir.

Pues bien, en el siglo XX para mí no hay una campaña mÔs admirable que la liderada por el presidente ChÔvez, con las armas de la democracia representativa, con un mundo alicaído por las luchas sociales, la visión del mercado triunfante, y con armas que no son vistas como tales: los votos. Como él mismo diría en algunas ocasiones, ni él mismo se lo creía.

El propio Bolívar tampoco, confesaría a Delacroix que de no haber muerto su Teresa, no llegaría mÔs allÔ de ser alcalde de San Mateo. No se puede medir con tiempos militares de invasión, incursión, pero sí de asimilación popular, tal cual la obtuviera Bolívar en 1820 cuando comenzaron a pasarse a sus filas las guerrillas realistas. Lo del presidente, tiene un parangón tan original que su proyección se extiende por el pueblo que tanto redimió la felicidad de pueblos y naciones, habiendo muerto varias veces y servido de atalaya sus cuerpos para resultar lo que hoy se divisa como esperanza de una nueva era.

Pero existe un error en la campaƱa de BolĆ­var, quizĆ”s porque fuese de tendencia mĆ”s girondina, que creĆ­a que los pueblos hay que encaminarlos antes de darles poder, dispuso el suyo a las Ć©lites republicanas de entonces –al contrario de la visión jacobina que opinaba que al pueblo no hay que enseƱarle cómo mandar, que Ć©l mismo sabe salir hacia delante-, lo que impulsó al enemigo realista hacerse dueƱo del paĆ­s despuĆ©s de innumerables encuentros, y en menos de un aƱo feneció la repĆŗblica que mandaba nuevamente la casta criolla ya derrotada en la Primera RepĆŗblica, montada en la segunda por el propio BolĆ­var. El error en el sĆ­mil, lo provoca la desconfianza del Presidente en colocar gente que no sea de su corrillo, que ha demostrado ser ineficiente en los cargos, en vez de disponer de gente que sea crĆ­tica a la vez que trabajadora y leal. No creo en que esto sea un “cesarismo democrĆ”tico” como lo define Vallenilla Lanz, que el paĆ­s funciona con mano dura con apariencia democrĆ”tica. Su campaƱa admirable se debe a la confianza y esperanza del pueblo depositada en su persona, es cierto, pero la vocación de la propuesta es entregar ese poder, y para ello debe conjugarse lo girondino y lo jacobino. Algunos consejos comunales no han servido para nada por la ignorancia de sus beneficiarios, otros son tomados por la lĆ­nea enemiga para el puro sabotear. Un partido no es la solución, las guabinas, zorros y hienas se hacen cargo de la situación sin importarle en nada el beneficio del comĆŗn.

Soy del particular que la solidaridad si no se enseƱa, no sale a flote ante tanto rodeo egoĆ­sta; desde las escuelas deben proyectarse los propósitos e ideales, pues la mente aĆŗn no estĆ” contaminada, a la vez que se ramifica la pedagogĆ­a a los padres y representantes sobre las necesidades a cumplir. AsĆ­ mismo, crece la responsabilidad y la lealtad a los fondos recibidos, a su objetivo por cumplir: Consejos comunales manejados por niƱos y adolescentes ¿por quĆ© no?. EnseƱar con la prĆ”ctica la contralorĆ­a, el ahorro desde la infancia escolar. La humildad no estĆ” en que se sea limpio en los actos, sino en disponer que tambiĆ©n el pueblo sea protagonista en la creación de Misiones.

No hay nada en los flancos de esta revolución, nada delante, su originalidad es solitaria, he ahĆ­ su grandeza, pero tambiĆ©n desaguarĆ­a con desaparecer el lĆ­der, el error de otras innumerables revoluciones. La cultura debe ser una plataforma no una encrucijada de tuberĆ­as. Es tan olvidado el flanco cultural, que aĆŗn el pueblo es inerme ante ataques, siempre a la espera de la estrategia del lĆ­der. Es limitada dado que sólo se ve la aplicación teórica desde el camino marxista, hay innumerables caminos que pueden ser tĆ”cticas para el objetivo a alcanzar, para mĆ­ veo que la observación desde la meditación es una cercanĆ­a con el todo tan hecha de lado, que no veo sino miedo a su ejecución, y lo peor, completos ignorantes los que la adversan, cuando es una CERCANƍA con Dios mismo, uniendo en un haz todas las creencias. Luego, revolución es escuchar, abrir puertas hacia sĆ­, un monstruo burócrata no permite la llegada del propio pueblo-atalaya a la mirada del lĆ­der: PeligrosĆ­simo. Una gran mesa de colaboradores que NADA tengan que ver con la burocracia mandante –tampoco que sea una mesa inquisitoria- pero leal a los principios y objetivos que se persigue, verdadera concatenación con el mismĆ­simo pueblo, llegue a los rincones del sentir del pueblo, secreta, ni siquiera conocida por los cercanos al ejecutivo, sea red de la sed del pueblo, active una acción profunda para que se arraigue la confianza depositada en el lĆ­der. Una mediĆ”tica popular que vaya desde el pueblo hacia el lĆ­der.

En conclusión, admirable que se haya abierto el bicentenario con esta denominación, pero, todas las campaƱas admirables, desde Espartaco, a las de BolĆ­var, Sucre, los guerrilleros de la Sierra Maestra, bueno, infinidades hasta nuestros dĆ­as, no son sino preĆ”mbulo del paso admirable que puede derivarse de lo que hoy construimos. Encaminar el hombre guevariano, que no es que vaya a fiscalizar obras por sorpresa, sino que vaya a crear callos con los que trabajan, a pegar bloques, a “zafrear”, barrer calles, tal cual el biznieto del Virrey La Serna derrotado por Sucre en Ayacucho, el doctor Ernesto Guevara de La Serna.

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