"El peor enemigo de la Revolución es la ignorancia"


Entrevista con Alfredo Guevara
Por: Leandro EstupiƱƔn Zaldƭvar
CalibƔn

Concedí al compañero Leandro EstupiñÔn una entrevista formal y que debió, en consecuencia, ajustarse a temas y términos. Es tal la indignación que me producen ciertos senderos trazados e impuestos que ante este talentoso periodista, presentado con el aval de Graziella Pogolotti, estallé en torrente a veces inconexo, pero siempre retornando a ciertas ideas, concepciones y experiencias.
Quedaron así violadas las reglas del juego y la entrevista desbordó su propósito. Releída en bruto decidí revisarla y ordenarla y se produjo este texto no-texto y tampoco entrevista que adelanta seguramente otro texto-memoria que debo redactar con urgencia por razones obvias. No hay que olvidar, pero sólo para ser mejores.

Creo que Leandro EstupiƱƔn es y serĆ” un magnĆ­fico periodista; me sacó de esas casillas en que algunas personas, y en mi caso temas, quedan abroquelados. Los reservaba para abordarlos a mi manera, frase a frase pensada y pensada. Salió asĆ­, pues adelante. El periodista-entrevistador debe, para serlo de veras, respetar al interrogado y sus opciones, pero ser incisivo, provocador y acorralador. Lo grave e inadmisible es cuando la provocación y el acorralamiento resultan de la vulgaridad y la ignorancia o de la muy comĆŗn falta de gentileza y pobre educación ¡QuĆ© magia desarmadora se produce cuando el interrogado enfrenta inteligencia fina y estilete bien graduado! Esa fue la experiencia. Y la agradezco.
Alfredo Guevara

------

Entrevista con Alfredo Guevara

El encuentro con Alfredo Guevara (1925) en mayo de 2007 fue extraƱo, pero mucho mĆ”s raro ha sido el resultado de aquella conversación fraccionada, por cuestiones inexplicables, en dos secciones. Una transcurrió en su oficina del Festival de Nuevo Cine Latinoamericano. La otra, en el recibidor de su casa en el Vedado. Entablamos el diĆ”logo entre cuadros de los mĆ”s notorios artistas (coleccionarlos es una de sus pasiones) que ofrecen un fresco de lo que entendemos por Cuba, la Revolución y estos aƱos que le han convertido en una figura polĆ©mica. AquĆ­ transcrito, apenas podrĆ­amos llamarlo entrevista. Luce mĆ”s como un testimonio. Y, por supuesto, lo es. Ambos encuentros, de los cuales nos separan dos aƱos en los que Alfredo Guevara ha tenido tiempo para reflexionar sobre lo dicho allĆ­, y sobre la vida en general, fueron un descenso a la memoria. Quisimos traer de vuelta algunos temas, “romper ciertos silencios”, le llama Ć©l. Esos silencios que abrazan la realidad cual animal inhóspito que aquella noche nos acechaba.

------

Creo que a mi generación, es decir, la de Fidel —generación que tiene la responsabilidad de haber pensado y echado a andar, con el sacrificio suyo y de otros que han desaparecido- la Revolución, no la ha defendido como debĆ­a. Ha habido demasiado silencio, demasiado hablar hacia el exterior y no sĆ© por quĆ© razón, entre nosotros, se ha esquivado la polĆ©mica, se ha esquivado la refutación.

Hace una cierta cantidad de aƱos planteĆ© a Fidel que no querĆ­a seguir en los cargos, renunciĆ©. No cómo se renuncia en otros lugares, sino que le pedĆ­ que me liberara de todo lo que se pudiera menos del Festival —querĆ­a seguir en el trabajo latinoamericano—. QuerĆ­a tener tiempo para escribir y para seleccionar documentos y publicarlos. Me dio esa autorización y es lo que estoy haciendo. En estos Ćŗltimos tiempos, con esa polĆ©mica que tĆŗ sabes que se armó, ha quedado muy claro que este pensamiento que tengo es mĆ”s que correcto. Los protagonistas tenĆ­amos que hablar.

Yo me horroricĆ© hace unos aƱos con la muerte de Bilito Castellanos. Me di cuenta que de aquel grupito que nos conocimos en nuestro primer aƱo de la Universidad y que, poquito a poco, incluso turbulentamente, fuimos intimando y acabamos por ser un grupo de amigos para siempre, habĆ­a desaparecido casi todo el mundo. Pero, Bilito me interesaba mucho, no solo por el cariƱo, casi amor, que le tenĆ­a, sino porque era uno de los que podĆ­a escribir. Y dije, bueno, quĆ© es lo que queda…

Creo que de aquellos primerĆ­simos aƱos, los aƱos en que se preparó la Revolución y en que se gestaron otros momentos —momentos decisivos como el Moncada y, despuĆ©s, el Granma, la Sierra…—, los protagonistas que podĆ­an reseƱar, con conocimiento verdadero, profundo, detallado de las cosas, ya casi no existen. Es por eso por lo que estimulĆ© hasta donde pude —porque en estas cosas Fidel toma sus decisiones Ć©l— la entrevista con [Ignacio] Ramonet. En realidad, ya habĆ­a habido un intento hace muchos aƱos; pero, y sĆ© que no le gustarĆ­a esto a quien queda de entonces…, me alegro que no haya sido en la Ć©poca. Giangiacomo Feltrinelli intentó que se hiciera una entrevista en forma a Fidel, pero era muy temprano. Realmente, esta entrevista de Ramonet ha llegado en el momento oportuno, en el momento en que ya habĆ­amos tenido la experiencia de la Revolución, un proceso que querĆ­a construir una sociedad mĆ”s justa, que ha soƱado con ser socialista.

El socialismo, en realidad, nadie sabe quĆ© es hasta ahora, puesto que no hay ninguna experiencia vĆ”lida de socialismo, ni siquiera la nuestra. En realidad, sigue siendo una utopĆ­a. Una utopĆ­a en la cual todavĆ­a creo, y en la cual ya muchos no creen. Muchos dicen que sĆ­, pero tĆŗ, que eres joven, sabes muy bien que hay mucho escepticismo y muchas preguntas que se hace la gente, los que siguen queriendo que exista, pero se hacen preguntas. Entonces, como yo sĆ­ creo que vamos a llegar, llegarĆ” una generación, no sĆ© si esta u otra, pero llegarĆ”…, sigo queriendo hacer una contribución a esta edad ya avanzada que tengo. Y en este caso, aceptar tu entrevista, sin conocerte, sabiendo que me expongo a que me utilices, aceptĆ© correr el riesgo. Para mĆ­, lo peor es no correrlo. Por eso, estoy haciendo esta introducción. No sĆ© si tĆŗ vienes con preguntas, pero yo quiero hacer una pequeƱa exposición.

Yo creo que la época a la que tú te quieres referir, puntualmente a Lunes de Revolución, no puede ser comprendida sin un anÔlisis político, que es también histórico. Es decir, de cómo se construyó la Revolución.

Al triunfo de la Revolución, el Movimiento 26 de Julio, al que pertenecĆ­a ya en ese momento, no tenĆ­a una influencia marcada —sĆ­ emocionalmente, pero no estructuralmente desde el punto de vista ideológico— sobre la generación intelectual. No tenĆ­a a las capas de la intelectualidad artĆ­stica. El Partido Socialista Popular habĆ­a hecho un buen trabajo en esa dirección, porque no habĆ­a manejado la tesis soviĆ©tica del realismo socialista. HabĆ­a sido inteligente su polĆ­tica con los intelectuales. MĆ”s bien, se habĆ­a centrado en la identidad. En lo que a mĆ­ me tocó conocer, con la edad que tenĆ­a entonces. El PSP fue beneficiado para desarrollar esa influencia por el hecho de que el final de la Guerra Mundial, antes de que empezara le Guerra FrĆ­a, que empezó casi enseguida, desarrolló un clima de esperanza en el mundo. La Unión SoviĆ©tica habĆ­a jugado un papel muy importante en la derrota del nazi-fascismo y tenĆ­a la simpatĆ­a mundial. La tenĆ­a tambiĆ©n de los judĆ­os y de la intelectualidad judĆ­a del mundo, que era mĆ”s que importante. Una parte de ella, la que se salvó, se habĆ­a refugiado en los Estados Unidos. El viejo Partido, el Partido Socialista Popular que, confeso o no confeso, seguĆ­a los lineamientos de los restos mĆ”s o menos encubiertos de la Internacional —que, en definitiva, era Stalin y el estalinismo—, y que perjudicó su imagen por su alianza con Batista, se benefició en imagen porque la Alianza Mundial Antifascista se creó para apoyar a los paĆ­ses en lucha; pero, en realidad y en particular a la Unión SoviĆ©tica, y condujo al Partido Comunista Norteamericano, bajo la dirección de Earl Browder, a suavizarse. Y mientras Stalin no cambiaba su polĆ­tica interna respecto a los intelectuales, hacĆ­a afuera desarrollaba una forma de apertura, de alianza, de frente Ćŗnico. Por lo tanto, la polĆ­tica del Partido Comunista cubano, con nombre de PSP, fue la del frente Ćŗnico. Y el frente Ćŗnico no se logra nada mĆ”s que haciendo concesiones. Roosevelt estaba en los Estados Unidos. Earl Browder era el dirigente del Partido y marcó ciertas lĆ­neas, esas lĆ­neas tambiĆ©n se adoptaron aquĆ­. Estas cosas aunque las seguĆ­a en la Ć©poca, era tan joven que no quiere decir que las comprendĆ­a bien. Fui comprendiĆ©ndolas mĆ”s tarde, cuando me tocó vivirlas conflictualmente.

Hace dos aƱos, mĆ”s o menos, alguien hizo un estudio en Francia sobre esa Ć©poca y las cosas relacionadas con la vida intelectual, basado en correspondencias, etcĆ©tera, de las que dispone y de las que no dudo. Casi al mismo tiempo, recibĆ­ una llamada extraƱƭsima de una persona que decĆ­a —puedes fijar la fecha, pues fue exactamente con la muerte de Guillermito Cabrera Infante— que querĆ­a lograr que alguien, al que yo conocĆ­, se reconciliara conmigo. Resulta que ese alguien que querĆ­a reconciliarse conmigo era GermĆ”n Puig. Ɖl querĆ­a reconciliarse conmigo ahora que habĆ­a muerto Guillermito. Yo me quedĆ© asombrado.

En el aƱo 49, parcialmente, estuve por Europa. El 50 y 51 me lo pasĆ© en Europa, bĆ”sicamente en ParĆ­s, Praga y Roma. Entonces, para mĆ­ era… HabĆ­a conocido a GermĆ”n Puig en Cuba, pero lo reencontrĆ© en la Ciudad Universitaria de ParĆ­s y me pareció muy simpĆ”tico. Entonces, resulta que yo he tenido enemigos que no sabĆ­a quiĆ©nes eran. No sabĆ­a que tenĆ­a un enemigo. Un muchacho que habĆ­a conocido aquĆ­, que me parecĆ­a simpĆ”tico tambiĆ©n y que le gustaba mucho el cine. A mĆ­ me gustaba mucho el cine tambiĆ©n, mĆ”s nada. Pero, Ć©l habĆ­a tratado de organizar cine-clubs y cinematecas, habĆ­a tratado de organizar cosas, etcĆ©tera, y habĆ­a tenido un conflicto con Titón [TomĆ”s GutiĆ©rrez Alea], a quien excluye de este conflicto, en este lĆ­o del que me enterĆ© yo tarde. Es decir, me he enterado, ahora que tengo ochenta, no antes, de que yo habĆ­a tenido un enemigo hace cuarenta o cincuenta aƱos, no sĆ© cuantos. Yo no sabĆ­a que tenĆ­a un enemigo con el que tenĆ­a que reconciliarme. Y de las cosas que habla el estudioso de Francia, que me parece una persona honesta, limpia, que estĆ” trabajando con papeles… Hago un parĆ©ntesis para decirte que por eso estoy haciendo esto, porque sĆ© que a quien trabaja con papeles puede armĆ”rsele una confusión tremenda. Los papeles dan pistas, pero hay que hablar con los protagonistas, y ya no tienes cómo hablar con casi ningĆŗn protagonista. Hay unos cuantos protagonistas aquĆ­ con los que tal vez ya hayas hablado, pero no van a decirte lo que yo te voy a decir ahora. Es decir, tengo experiencias extraƱƭsimas de esas cosas. He descubierto que tenĆ­a un enemigo, con el cual tenĆ­a que reconciliarme. Voy a aceptar, pero necesito tiempo para hacerle una carta diciĆ©ndole que vivo asombrado de que hayamos sido enemigos. Esto, para decirte cuĆ”n complejas son estas cosas.

Cuando conocĆ­ a Fidel tenĆ­amos 19 aƱos. Ya yo habĆ­a empezado a caminar hacia el marxismo rĆ”pidamente; pero, yo venĆ­a de la anarquĆ­a. La imagen del anarquismo es de un tipo loco con cuatro bombas en el bolsillo, sembrando el terror por todas partes. Mi anarquismo y mis ideas no estuvieron exentas de eso, pero eran ante todo libertarias. Fui formado por mis profesores en la Universidad, bĆ”sicamente, y bajo la influencia tambiĆ©n de algunos… Fernando Ortiz no fue mi profesor y MarĆ­a Zambrano fue profesora en la medida en que asistĆ­a a sus conferencias… la admiraba mucho. TambiĆ©n, por ciertos profesores republicanos. PertenecĆ­a a una organización anarquista del puerto. Nada mĆ”s que habĆ­a negros, ademĆ”s, estibadores. Fue una experiencia. Si alguien, algĆŗn dĆ­a cuando yo muera, empieza a indagar en mĆ­, dirĆ”: este es un cambia casaca que no tenĆ­a nombre. Porque pertenecĆ­ a la Juventud AutĆ©ntica, a la Juventud Ortodoxa y pertenecĆ­ a la Juventud Socialista. Y mientras era de la Juventud Ortodoxa y de la Juventud AutĆ©ntica, pertenecĆ­ a la Alianza Revolucionaria, que era la organización anarquista. Pero lo que cualquier investigador tendrĆ” que aprender es que la realidad no es monolĆ­tica, ni en las personas ni en la sociedad. EstĆ” llena de conflictos y mi caso era el caso de alguien que estaba buscando y que a esa edad eso es lo Ćŗnico que puede hacer alguien: buscar. Estaba buscando un asidero intelectual, ideológico, polĆ­tico. Finalmente lo encontrĆ© en el marxismo. Pero, no encontrĆ©, salvo raras excepciones, idóneas personalidades del marxismo que representaran el marxismo que empezó a adentrarse en mĆ­.

¿Por quĆ© te digo todas estas cosas que no es lo que te interesa? Llega el triunfo de la Revolución. Yo me he ido del Partido, en medio de la clandestinidad. Lo discutĆ­ con el Partido. Me pasaron algunas cosas que me decidieron a romper. Primero, el grupo mĆ­o, de amigos, no estaba en el Partido. Eran los que rodeaban a Fidel. Eran Pedrito Miret, LĆ©ster RodrĆ­guez, Melba [HernĆ”ndez], YeyĆ© [HaydeĆ© SantamarĆ­a] menos, aunque estuve bajo el mando de YeyĆ© despuĆ©s. Y Fidel y RaĆŗl. Fidel y RaĆŗl estaban en las mismas ideas. Pero, como yo era el que estaba mĆ”s lanzado, nunca en pĆŗblico, pero ellos, en relajo, porque Ć©ramos unos jovencitos —no pienses en Fidel el estadista de ahora, ni en la figura histórica, ni en nada de eso—, me decĆ­an Guevaroski y Alfredoski; nunca en pĆŗblico, porque entonces se rompĆ­a la unidad que tenĆ­amos, el papel que jugĆ”bamos en la Universidad. Cuando estĆ”bamos solos me decĆ­an esas cosas, porque yo era el que estaba mĆ”s lanzado.

Salgo del Partido, porque en una reunión del Partido, que era una reunión de Nuestro Tiempo, donde yo estaba militando, planteĆ© que estaba de acuerdo con la invasión de HungrĆ­a, que estaba de acuerdo con la actitud del Partido de HungrĆ­a, que habĆ­a llamado a las tropas soviĆ©ticas, pero que no lograba entender cómo al dĆ­a siguiente, una vez dominada la insurrección, la dirección del Partido no se habĆ­a suicidado. Yo, si hubiera sido dirigente del Partido hĆŗngaro, probablemente hubiera estado de acuerdo en parar la insurrección, pero despuĆ©s me hubiera cuestionado: «he disparado contra el pueblo, no puedo vivir». Me hubiera tenido que pegar un tiro. Entonces, Mirta Aguirre, pidió mi expulsión. Y su hermano, que tambiĆ©n estaba allĆ­, Sergio Aguirre, ellos dos, me expulsaron. No te dirĆ© los otros que estaban militando allĆ­, porque te quedarĆ­as patidifuso si dijera los nombres. Solo que no soy hombre de odios y fueron mis compaƱeros despuĆ©s hasta que murió cada uno. Creo que se confundieron entonces, y se confundieron mĆ”s tarde. AllĆ­ estaba militando MarĆ­a Antonieta EnrĆ­quez, una musicóloga que era la esposa, en ese momento, de Carlos Rafael RodrĆ­guez, que ya se habĆ­a separado de Edith GarcĆ­a Buchaca. MarĆ­a Antonieta, no sĆ© cómo, pudo avisarle a Carlos Rafael. Esto era en plena clandestinidad. Y Carlos Rafael, violando las normas de la clandestinidad, se presentó e impidió mi expulsión. Y ademĆ”s Carlos Rafael se preguntó en pĆŗblico, un pĆŗblico de 15 personas mĆ”s o menos, un pĆŗblico clandestino, se preguntó cómo yo habĆ­a aguantado aquella reunión. AceptĆ© que no me expulsaran. AgradecĆ­ a Carlos Rafael muchĆ­simo, pero Carlos Rafael tenĆ­a sus razones para hacerlo. Yo me habĆ­a convertido para Carlos Rafael, por todos estos antecedentes mĆ­os, en el contacto con [Carlos] PrĆ­o, con la Triple A, con Aureliano SĆ”nchez Arango, que estaba clandestino en un yate, y despuĆ©s en un supersótano en lo que es hoy Siboney. Yo era el contacto de Ć©l con las organizaciones, con el 26, con los Ortodoxos, pues en la dirección Ortodoxa estaban mis profesores de FilosofĆ­a y Letras de la Universidad.

A mi regreso de Europa me tocó vivir otra experiencia. Flavio Bravo, el lĆ­der de la Juventud Comunista, me puso a vender el periódico Hoy, voceado por las calles. Lo aceptĆ© porque, precisamente, soy tan engreĆ­do, tan seguro de mĆ­ mismo, que me daba lo mismo vocearlo que hacer otra cosa. Eso no cambiaba nada en mĆ­, pero en un momento dado me sentĆ­a viviendo el absurdo. Me encontrĆ© con un bedel de la Universidad en el parque Maceo. Yo estaba voceando el periódico y me dijo: «ay, Alfredo, no sabĆ­a que estabas tan jodido». Entonces, me dije: «esto es demasiado ridĆ­culo», y se acabó la experiencia. Les dije: «si quieren utilizarme, a partir de ahora las condiciones las pongo yo». En la Universidad puse por condición que seguĆ­a las lĆ­neas de la Juventud, pero se discutĆ­a conmigo directamente y no formaba parte de nada. Por eso no militĆ©. En Nuestro Tiempo lleguĆ© a militar entre intelectuales, pero ya no militĆ© nunca mĆ”s.

Algo similar, o peor, sucedió con Carlos Franqui, quien fue expulsado del PSP. Franqui había trabajado en el periódico del PSP antes del triunfo de la Revolución. El PSP había sido con él tan injusto como conmigo. Franqui se confundió conmigo, pensando que tendríamos las mismas reacciones. Es decir, él había salido con odio, pero con razón. Su odio era justo. Había sido maltratado de verdad. Lo menciono porque ese es el origen de muchos problemas futuros, a los cuales me referiré mÔs adelante.

DespuƩs encontrarƔs el nexo de todas estas cosas. Decidƭ, en mi alma, salir del Partido. EmpecƩ a caminar, para no salir abruptamente, y en la primera oportunidad que pude considerar oportuna, planteƩ mi desacuerdo con la polƭtica del Partido.

La política del Partido seguía siendo el frente único, el movimiento de masas, no la insurrección. En realidad, estaba convencido, desde el Moncada, que después de la sangre del Moncada se había acabado esa política. Pero me era muy difícil, porque yo seguía siendo un marxista. Yo salí del Partido y al día siguiente ya estaba militando junto a Fidel; no digo junto a Fidel persona, sino en la misma línea, en el 26.

El problema es que estaba militando virtualmente desde antes y conocía todo. Estuve en el entrenamiento del Moncada, siempre estuve con ellos. Cuando el asalto al Moncada, quien limpia las casas, porque tenía acceso a ellas, soy yo. Me detienen unos días después, pero alcancé a limpiar las casas, porque allí había textos marxistas. Ellos estaban estudiando el marxismo. No quiere decir que todos los asaltantes al Moncada supieran esto, pero era parte de la evolución intelectual de Fidel, de Raúl, de Pedrito, de Léster...

—… de Abel. En su casa tambiĆ©n habĆ­a libros marxistas.

De Abel [SantamarĆ­a] tambiĆ©n, pero yo no tenĆ­a el acceso para llegar allĆ­ y hacer lo que me diera la gana. Pero, en todas las demĆ”s casas yo “acabĆ©”. Incluso, en el cuarto en que vivĆ­an RaĆŗl y Pedrito, una casa de huĆ©sped, entrĆ©, me llevĆ© las cosas, llegó el SIM y yo, que ya estaba un poquito lejos, me acordĆ© de que habĆ­a un travesaƱo en el que RaĆŗl a veces tenĆ­a cosas. Me dije, «ay mi madre». VolvĆ­ a la casa. Ya se habĆ­a ido el SIM. Me llevĆ© lo que estaba en el travesaƱo. Yo logrĆ© limpiar todas las casas a las que tenĆ­a acceso. Unos dĆ­as despuĆ©s me detuvieron. Esto, para decir que yo salĆ­ del PSP directo para las acciones del 26. SalĆ­ del PSP para correr mĆ”s riesgos todavĆ­a. La pasĆ© peor en la clandestinidad urbana que si hubiera estado en el monte. Yo no me veo en el monte. Pertenezco al asfalto. CorrĆ­ riesgos en La Habana, pero no vivĆ­a en un sótano, vivĆ­a en las casas burguesas mĆ”s ricas de Cuba, aunque igual podĆ­an matarme al dĆ­a siguiente. En otro medio me habrĆ­an agarrado a los tres minutos. TĆŗ tienes que ser pez en tu agua y ahĆ­ debes actuar hasta donde puedas. Yo me sentĆ­a mĆ”s seguro en la inseguridad de La Habana que en un medio en el que me sintiese un extraƱo. Al final, me detuvieron y me torturaron.

Me salvó mi padre. Ɖl era Gran Maestro de la masonerĆ­a. El movimiento estudiantil estaba protestando: yo estaba desaparecido. La palabra desaparecido, como se usa hoy, no existĆ­a entonces, pero lo estaba. Me habĆ­an detenido CarratalĆ” y PeƱate. CarratalĆ” me habĆ­a entregado a este Ćŗltimo. Estuve en la estación de Zapata y C, una estación de policĆ­a. Cuando paso por ahĆ­ me horrorizo nada mĆ”s de mirarla, porque fue donde acabaron conmigo. LogrĆ© avisar gracias a un policĆ­a. Yo era un guiƱapo, un hematoma viviente. El policĆ­a se pone de espaldas, porque no podĆ­a hablarme, y me susurra: «¿tĆŗ sabes que te van a matar?» Le digo «sĆ­». Dice: «si me das un telĆ©fono aviso, porque la clave es que te vean». Todo esto sucedió en medio segundo. Se me ocurre la idea salvadora: llamar a un primo mĆ­o, que era cónsul en Buenos Aires, y que era de la carrera diplomĆ”tica formal, porque era premio SĆ”nchez Bustamante en Derecho Internacional en la Universidad, y se logró colar en el Ministerio de Estado desde la Ć©poca de PrĆ­o. Y recordĆ© tambiĆ©n a Alicia, su esposa, que todavĆ­a vive con noventa y tantos aƱos. Ellos estaban fuera de la lucha y yo no tenĆ­a por quĆ© recordar el telĆ©fono, pero me vino a la memoria el nĆŗmero, lo dije y se avisó. Mi familia se comunicó con mis contactos, muchos de ellos bien colocados entre la burguesĆ­a habanera que ayudó a la Revolución.

Varias mujeres de esa burguesía se aparecieron en Cadillacs, rodearon la estación de policía con sus chóferes uniformados, y se colaron dentro. Desde luego, a un individuo le podían dar una pateadura, pero con esas mujeres no era lo mismo. A mí no me torturaron exactamente con instrumentos de tortura, si no a culatazos. Todavía tengo problemas, lo que pasa es que ya no tienen importancia. Aquella acción impidió el asesinato inmediato. Después, mi padre, sabiendo lo que pasaba, me salvó con la presión de la masonería, que en la época era archipoderosa.

Como podrÔs apreciar, hice entonces una clandestinidad de riesgo, no una clandestinidad escondido debajo de una piedra. El tiempo de un combatiente urbano estÔ limitado siempre. O muere o se salva, pero si se salva no puede seguir en la ciudad. Al final, salí clandestino de Cuba. Se decidió la salida clandestina, porque yo estaba condenando los asilos fÔciles, y no podía salir asilado.

No voy a contar la historia completa, es sólo para llegar al triunfo de la Revolución.

Llega el triunfo de la Revolución. En aquellos primeros dĆ­as del 59, Fidel cuando llegó a Matanzas le dijo a Lidia, su hermana mayor, que me localizara. Yo considero que no me lo merecĆ­a, Ć©l me recordaba como el habanero que sabĆ­a de su confianza y que podĆ­a hacer cosas. Creo que Ć©l, entre la cĆ”rcel… nosotros nos vimos despuĆ©s de la cĆ”rcel; el exilio en MĆ©xico, donde no nos vimos; el Granma; la Sierra, etcĆ©tera, dejó en su memoria algunas personas que le podĆ­an ser Ćŗtiles en los proyectos no confesos que tenĆ­a. Creo que por eso enseguida me quiso llamar. Yo, en su memoria, era alguien del grupo, estudioso, preparado, cultivado, de principios, decidido, que no habĆ­a fallado en nada y que habĆ­a estado en la clandestinidad, habĆ­a resistido la cĆ”rcel, la tortura y me habĆ­a mantenido firme.

Acaba de triunfar la Revolución, acaba de llegar Fidel. Me pidió que no me ocupara del cine, sabĆ­a que era mi vocación, que tenĆ­a que ayudarlo y que me tenĆ­a que ocupar de las leyes revolucionarias. Me dijo que tenĆ­a trabajar en eso y que coordinara las reuniones… Ć©ramos el Che, Vilma [EspĆ­n], [Antonio] Núñez JimĆ©nez y tambiĆ©n sugirió asesores, que podĆ­amos tener, pero externos. Empezamos a hacer las leyes revolucionarias. FĆ­jate a quienes escogió. DespuĆ©s se produjo la unión en las ORI [Organizaciones Revolucionarias Integradas] de las tres organizaciones: el PSP, el 26 y el Directorio [Revolucionario]. Las situaciones, mĆ”s o menos, conflictuales se fueron resolviendo. No voy a desarrollarlas. Pero, uno de los acuerdos fue disolver todas las estructuras internas de esas organizaciones, si las tenĆ­an. El que las tenĆ­a mĆ”s elaboradas era el PSP. Entre otras cosas, y es a lo que me voy a referir y por lo que he hecho toda esta historia, tenĆ­a una Comisión de Cultura. Una comisión de influencia en plan de frente Ćŗnico sobre la intelectualidad, y que era la mano que estuvo detrĆ”s de Nuestro Tiempo. Fui uno de los instrumentos de los que se sirvió el PSP para dominar Nuestro Tiempo, en realidad era el que daba la cara hacia fuera, pero los importantes eran Carlos Rafael y Mirta.

En esa situación de integración de las organizaciones y sus conflictos a inicios de la Revolución, Franqui le teme mucho a la influencia creciente del Partido. Franqui tenĆ­a suficientes redes para no ignorar que por todas partes el PSP estaba diciendo que le estaban pasando el poder. Y, si ademĆ”s de eso, se iba produciendo un acercamiento a la Unión SoviĆ©tica, entiendo su terror. Se han aliado las fuerzas polĆ­ticas, pero Ć©l es un personaje del 26. Voy a decir lo que considero clave para entender la historia de alguna de las polĆ©micas de los aƱos sesenta. Ya dije que el Partido tenĆ­a influencia sobre una parte de la capa intelectual. El Movimiento 26 de Julio no tenĆ­a intelectuales artistas militantes en sus filas. Entonces, Franqui abre en el periódico la posibilidad de que una capa de jóvenes echen a andar rĆ”pidamente, se destaquen en todo, porque tienen el instrumento de la Revolución. AquĆ­ entra Lunes de Revolución. ¿Hace esto «malo» a Lunes? No. No es un juicio sobre la calidad estĆ©tica de Lunes de Revolución. Es un juicio sobre por quĆ© se producen los conflictos. Se producen, no contra Lunes, se producen alrededor de la voluntad de poder, justa por otra parte, peligrosamente justa, de Carlos Franqui.

En ese momento yo estaba muy cerca del dĆ­a-dĆ­a de Fidel. No es que fuĆ©ramos de igual a igual, pero Ć©ramos dos amigos de la misma edad y desde fecha muy temprana. Estaba al lado de Fidel siempre, manejĆ”ndolo todo y sabiĆ©ndolo todo. ¿QuĆ© es lo que pasa? Que Franqui no cree en el talento y en la habilidad de Fidel. En esencia lo subestima. Carlos Franqui no estaba predestinado por la historia a ser contrarrevolucionario. Fue que se creyó o llegó a la convicción de que el PSP sumergĆ­a a Fidel en sus posiciones, y eso no podĆ­a aceptarlo. Ɖl se sentĆ­a superior o mĆ”s inteligente y hĆ”bil, o mĆ”s sutil que Fidel. O mĆ”s previsor. No sĆ©…

En efecto, fue necesario contar con los cuadros del PSP —no estoy hablando de los cuadros intelectuales, sino de los cuadros polĆ­ticos— en la alianza que habĆ­amos hecho. Ahora, puedo decirte que el PSP, en mi convicción, no fue leal. No disolvió sus Comisiones. Entre ellas, no disolvió la ya mencionada Comisión cultural, manejada por Edith, pero tambiĆ©n por Mirta. DespuĆ©s ellas entraron en conflicto.

¿TĆŗ sabĆ­as estas cosas?

—Algunas.

No se disolvió la Comisión cultural. Y RaĆŗl, el Che y Ramirito [Ramiro ValdĆ©s], y yo trabajando juntos, observĆ”bamos —Fidel lo sabĆ­a todo desde luego, pero Ć©l estaba dedicado a otras cosas—, cómo Franqui avanzaba y se iba apoderando de espacios, de medios. Estos muchachos que se nuclearon en torno a Lunes, que vieron el gran chance, no eran parte del juego de Franqui del que estamos hablando.

—Tampoco eran eso que usted llamó “intelectuales combatientes”.

Ese no es el problema. El problema concreto, para mĆ­… no me gustan los calificativos. 47 aƱos despuĆ©s y los adjetivos no hacen bien. EstĆ”bamos en un momento, en aquella Ć©poca quiero decir, en el que habĆ­a que definir las opciones de la Revolución. El plan de Fidel es la opción socialista. Simplemente, estĆ” ganando tiempo. Me acuerdo que paso por ParĆ­s y la Inteligencia francesa… —yo era amigo de alguien que era de la familia [ValĆ©ry] Giscard d'Estaing— y la Inteligencia a travĆ©s de esa persona me hace la proposición de dejarse robar unos documentos del Estado francĆ©s para que le llegaran a Fidel. Esos documentos probaban que los negociadores de la zafra azucarera cubana estaban traicionando a Cuba. Pero los franceses estaban interesados en que se supiera por una razón: hoy Francia no necesita azĆŗcar de caƱa, porque tiene una producción remolachera, pero en aquella Ć©poca endulzar el cafĆ© o cualquier otra cosa dependĆ­a de la zafra azucarera cubana. Cuba era el gran abastecedor de Europa, y lo seguĆ­a siendo al triunfo de la Revolución. En esa Ć©poca Julio Lobo seguĆ­a secretamente asesorando a Fidel, pero habĆ­a una fuerza aquĆ­, que estaba en el Banco Nacional, que estaba saboteando. Y Fidel me dice cuando yo llego… Bueno, antes bebo aclararte que yo no aceptĆ© los documentos de esa forma, dije: «si me los entregan los tomo, robĆ”rmelos no». PodĆ­a ser una trampa. Pero me los entregaron. Se los entrego a Fidel y Ć©l me dice: «no te preocupes, pĆ”saselos al Che, que el Che estĆ” manejando este asunto». Estamos hablando del Consejo de Ministros en el que, ademĆ”s, yo participaba; y Fidel me dice: «mira, Fulanito nos traiciona a mĆ”s tardar en julio; Menganito, no llega a noviembre; Ciclanito, cualquiera sabe si maƱana». Ese Consejo de Ministros era por lo tanto un entretenimiento, pero lo necesitĆ”bamos. Fidel estaba ganando tiempo.

Este era el clima de la Ć©poca… Un clima muy convulso y muy inseguro porque estaban todas las fuerzas ahĆ­ presentes. AcuĆ©rdate que ponĆ­an bombas, una detrĆ”s de la otra… bombitas. Por ejemplo, las bombas que ponĆ­an en los cines eran unas cajetillas de cigarros que se llamaban EdĆ©n, que tiraban las cajetillas con un petardillo. DespuĆ©s cuando el ICAIC asume los cines, decidĆ­ que el Ćŗnico modo de parar las bombas era llamar a todos los bombistas, viejos amigos mĆ­os de La Habana, y ponerlos de administradores de todos los cines. En cuanto veĆ­an un tipo ya sabĆ­an que iba a poner una bomba. Ese era el clima. AcuĆ©rdate que hubo atentados… es decir, nosotros en realidad no estĆ”bamos en lucha contra Lunes de Revolución, despuĆ©s dirĆ© otras cosas. Otro era el combate. Y sigo.

Esta historia estĆ” en el silencio, pero no es por culpa de la “ignorancia”. Es toda una voluntad. Una voluntad marcada por intereses de algunos que estĆ”n afuera, con el silencio cómplice de algunos de adentro, a los que interesa esa imagen, y de otros, ciertos pre-post-castristas. Sin obviar nuestros silencios propios en medio de tanto bregar. Por eso te lo digo de una vez: no me enfrentĆ© a Lunes, sino a Franqui.

Las palabras de Fidel a los intelectuales comienzan por este conflicto. Yo hago mi intervención en la televisión, en la cual tenĆ­a el poder que no me pudo quitar Franqui. TodavĆ­a existĆ­a aquel espacio que hacĆ­a [Jorge] MaƱach, la Universidad del Aire. Un dĆ­a en la Universidad del Aire, estĆ” Fidel y va Franqui y me denuncia, en mi cara. Y Fidel me pide cuentas, me dice: «¿por quĆ© todo esto?» Y le digo, «Fidel, en este ambiente no quiero contestarte, si me lo permites te hago un resumen de todo para que esto se pueda ver con sosiego». Fidel lo acepta y no por gusto, sino porque se las sabĆ­a todas. Yo le hago la carta que ya se ha editado, tambiĆ©n dirigida a [Osvaldo] Dorticós, el Presidente. Celia [SĆ”nchez] me llama no sĆ© desde dónde y me dice: «Fidel lo ha leĆ­do todo y estĆ” de acuerdo contigo, ya hablaremos».

Me quedĆ© entonces tranquilo con aquel mensaje de Fidel. Ɖl empezó a pensar cómo arbitrar entre todos. No eran solo dos grupos, eran muchos y diferenciados incluso en las mismas organizaciones. Fidel comprendió muy bien que tenĆ­a que actuar y que tenĆ­a que unir porque se habĆ­a dividido demasiado el ambiente. DespuĆ©s, al no hablarse de estas cosas, y quedarse nada mĆ”s el discurso de Fidel, y apenas esa sola frase de “con la Revolución todo, contra la Revolución nada”, se ha limitado muchĆ­simo la posibilidad de comprender toda la trama.

Y es que Franqui querĆ­a controlar tambiĆ©n el ICAIC. Ɖl se apoderó parcialmente de CMQ, pero me le adelantĆ© a su vez con el cine La Rampa. El cine La Rampa lo habĆ­a construido, casi lo habĆ­a acabado de construir, en el momento del triunfo de la Revolución, Ventura DellundĆ©, un diputado, un representante de la Ortodoxia, amigo de [Eduardo] ChibĆ”s. Yo era muy amigo de ChibĆ”s y de alguien que era el Secretario General de la Juventud Ortodoxa, Max Lesnik. Para mĆ­, incluso, fue duro eso, porque yo habĆ­a andado con Ventura DellundĆ© hacia el final ya de la construcción del cine, que era un cine modelo. Cuando DellundĆ© emigra sorpresivamente y me toca revisar los papeles en su oficina, me corresponde a mĆ­ tenerlos en la mano, y resulta que DellundĆ© era accionista de CMQ. Entonces, me vuelvo accionista de CMQ y por lo tanto, me vuelvo un rival de la ambición de Franqui dentro de esa empresa. —A propósito, tratamos de conservar todo lo que Goar Mestre no pudo llevarse, porque lo que se llevó de grabaciones ese seƱor no tiene nombre—. HabĆ­a otra empresa de televisión, la rival, la de [Gaspar] Pumarejo, que estaba en Prado, donde estĆ”n hoy los Estudios de Sonido del ICAIC, por eso estĆ”n ahĆ­. Un dĆ­a me reĆŗno con RaĆŗl, con el Che y con Ramirito y me dicen que hay que apoderarse de eso antes de que Franqui lo agarre. Les dije: «yo lo tomo, pero cómo». Me dieron una tropa, que rompió las puertas de aquello. Yo entrĆ© allĆ­ y me apoderĆ© de esa Televisión. Por lo tanto, esa Televisión fue por un tiempito parte del ICAIC, acabado de fundar. En fin, Ć­bamos cerrando el camino asĆ­.

EstÔbamos en un momento en el que había que definir las opciones de la Revolución. El plan de Fidel era la opción socialista. Estaba ganando tiempo.

Pero, todas estas batallas que no tienen nada que ver con la vida intelectual afecta el papel que juega Lunes de Revolución. ¿Por quĆ© Lunes de Revolución tambiĆ©n entra en el problema de la lucha intelectual? Me imagino que esto que te voy a decir ya lo tienes muy claro.

Antes del triunfo de la Revolución hay un desprendimiento de OrĆ­genes y se funda Ciclón. Y no los que vinieron despuĆ©s, porque muchos de los que estĆ”n en Lunes de Revolución son muchachos que estĆ”n en Nueva York, ParĆ­s, fuera…; vienen y ven la oportunidad tremenda. Es justo que hagan lo que hicieron, que se metan ahĆ­. Ellos no saben de estas luchas polĆ­ticas, ni de cosas parecidas. Pero, no es el caso de los que vienen de Ciclón, que no saben tampoco que hay un conflicto hacia el socialismo, de las opciones, pero sĆ­ saben de por quĆ© desde el periódico se le cierra el camino a Alicia Alonso, se le cierra el camino a [Alejo] Carpentier, se le cierra a [JosĆ©] Lezama [Lima]. Hoy todo el mundo dice soy lezamiano, pero no es verdad. En aquel primer momento cerraron a todo el grupo OrĆ­genes y a todo el grupo católico. Entonces, paradójicamente, la defensa del grupo católico nos toca a nosotros. No debĆ­a haber sido asĆ­. No tenĆ­a lógica, pero fue. Y fue por eso. Porque se habĆ­a formado una situación verdaderamente de choque entre Ciclón y OrĆ­genes. Hay un pequeƱo libro olvidado en el que los que salieron en Ciclón analizan sus propias posiciones. Es muy interesante ver cómo ellos veĆ­an las cosas. No hablo de Lunes, sino de Ciclón. Eso explica todo aquel instante en que habĆ­a tanta radicalidad con las viejas figuras. La gente debe comprender que casi cincuenta aƱos despuĆ©s, estamos revisando un proceso. Diez aƱos despuĆ©s somos un poquito mejores o peores; y veinte aƱos mĆ”s tarde, mĆ”s mejores o mĆ”s peores, y asĆ­ y asĆ­, porque asĆ­ es la vida: un cambio perpetĆŗo. Lo interesante de agarrar un librito como ese…

Cuando estaba en Nuestro Tiempo, por lo tanto era muy joven, no tenĆ­a mucha experiencia en el movimiento intelectual. HabĆ­a vivido experiencias polĆ­ticas, pero me faltaban experiencias del movimiento intelectual. Aunque, la FEU que yo dirigĆ­ fue una FEU volcada tambiĆ©n a la vida intelectual, pero Ć©ramos animadores culturales, no protagonistas de la creación. DefendĆ­amos a los artistas, hacĆ­amos exposiciones. Una de las mĆ”s importantes exposiciones de Carlos EnrĆ­quez fue en la FEU. Pero, eso no nos hacĆ­a intelectuales, Ć©ramos luchadores polĆ­ticos. Hay ciertas cosas que en realidad las veĆ­amos distintas. Al triunfo de la Revolución Ć©ramos guerrilleros, simplemente. Yo me acuerdo que cuando empezamos a hacer la Ley de la Reforma Agraria, no hablo de mĆ­ sólo, hablo del Che y de Vilma, te aseguro que era la misma situación. Nos vimos mal, porque no sabĆ­amos quĆ© cosa era la Ley de la Reforma Agraria. SabĆ­amos que estĆ”bamos defendiendo uno de los principios fundamentales; sabĆ­amos que habĆ­a que reformar el rĆ©gimen de la tierra; sabĆ­amos que habĆ­a que liberar al campesino; sabĆ­amos que habĆ­a que liquidar, no a los terratenientes, sino a los latifundios; sabĆ­amos quĆ© era la United Fruit; pero, cómo organizarlo mejor. RĆ”pidamente hubo que estudiar muchĆ­simo y que discutir muchĆ­simo. Puedo decirte que nos pasĆ”bamos el dĆ­a discutiendo y llegaba Fidel, por no variar, a las tres de la maƱana, y lo cambiaba todo. Y tenĆ­amos que empezar de nuevo. Realmente dirigir un Estado, reorganizar un paĆ­s, no es ninguna tarea facilita. Fidel un dĆ­a nos dijo: «a partir de ahora, los jueves al Banco Nacional». Y todos nos preguntamos: «¿y…?» El Che terminó dirigiendo el Banco Nacional. Fidel, cuando vio nuestras caras, dijo: «no podemos dirigir un paĆ­s sin saber lo que es un Banco Nacional». En el Banco Nacional encontrĆ© a uno de los hombres de la PentarquĆ­a, uno de los asesores de Guiteras, por casualidad. Me salió en un pasillo y se puso a disposición nuestra. Misteriosamente el guiterismo entró en nuestro mundo y en nuestra tarea de transformar la estructura jurĆ­dica de la sociedad. La prioridad nuestra era quĆ© camino va a tener la Revolución, cómo organizar esto, y no las lĆ­neas del trabajo intelectual. SĆ­ detectĆ”bamos que Franqui obstaculizaba el camino hacia esa sociedad. No lo obstaculizaba de mala fe, ya lo he dicho en las reuniones internas. Ahora es contrarrevolucionario, pero no lo estaba obstaculizando de mala fe. Es que no podĆ­a soportar la idea de que el PSP tuviera… y era lógico que temiera que el PSP tuviera un peso especĆ­fico excesivo, porque era portador del stalinismo. Esto es un enredo de esos que hay que analizar con mucho cuidado para no ser injustos con nadie, aunque cuando alguien ya estĆ” en la contrarrevolución estĆ” en la contrarrevolución. Pero para comprender el proceso y la complejidad del proceso… se atravesaron varias cosas en el caso de Lunes de Revolución: ser ellos un instrumento involuntario de la polĆ­tica de Franqui y al mismo tiempo que adentro de Lunes estaba todavĆ­a presente la lucha entre OrĆ­genes y Ciclón, y generacional. Todo esto para decirte que es mi opinión —yo tampoco soy el Papa ni cosa por el estilo, aunque el Papa tampoco es infalible—; creo que fue una gran revista, que muchas veces fue injusta, pero que merece ser estudiada como tĆŗ lo estĆ”s haciendo y, ojalĆ”, que lo hagas con suficiente equilibrio. No es la Biblia, pero merece ser estudiada y reconocida, verse en toda su complejidad y con estos factores. Salió perdiendo en la lucha polĆ­tica, pero lo que la perdió fue una vocación errónea que tuvo de ser papal.

En una reunión que tuvimos hace pocos días en el Instituto Superior de Arte, en la que se estaban viendo otras cosas, pero tangencialmente se habló de esto, me decía hablo o no hablo, pero yo me estoy reservando, hoy estoy rompiendo la reserva. Yo quiero escribir todo esto a mi manera. He dicho ya muchas cosas de la época, pero otras no. Sin volver a Orígenes o a Ciclón no hay modo de entender las actitudes que se manifestaron. En la reunión que se celebró hace unos días, Arturo Arango hizo una intervención en la que recogió las ideas que fueron conformando la Unión de Escritores y Artistas y las revistas Unión y La Gaceta, etcétera. A mí me ha estimulado a profundizar en aquello. Esa fue la solución que dio Fidel. Efectivamente ese grupo que estaba allí estaba siendo utilizado, pero no sabía que estaba siendo utilizado porque no eran políticos, salvo dos o tres. Guillermito sí sabía, sí sabía lo que estaba haciendo.

Guillermito era muy inteligente, era de nuestro grupo originalmente: Titón, Guillermito y yo; ocasionalmente, Lisandro Otero. Cuando Ć©ramos jovencitos nos pasĆ”bamos la vida en los toques de santo, con los espiritistas, en todas las cosas habidas y por haber. Para Titón y para mĆ­, y para Ć©l tambiĆ©n, aquello era entrar a un mundo extraƱo, distinto. ƍbamos en busca de algo que nos enriquecĆ­a, pero que no sabĆ­amos quĆ© era y que yo creo que estĆ” detrĆ”s de otras muchas cosas. DespuĆ©s nos separó la vida, las convicciones.

El dĆ­a en que rompĆ­ con Guillermito me quedĆ© aliviado. Fue al principio, antes de todos estos conflictos. Guillermito trabajaba conmigo en el ICAIC. Era asesor mĆ­o. VenĆ­a y, un dĆ­a le digo: «oye, que maravilloso tu articulo, quĆ© bueno», quĆ© sĆ© yo... Y me dijo: «me avergüenzo de haberlo escrito». Era un elogio de Fidel, ¿eh? Me dijo: «tu amigo es Mussolini». Ese dĆ­a nos dimos una fajada tremenda y se acabó la amistad. Ɖl la habĆ­a escrito… pero yo no soportaba esas cosas. En una ocasión anterior hizo una crĆ­tica a una pelĆ­cula…, claro que cuando la hizo nos reĆ­mos, porque la caracterĆ­stica fundamental de Guillermito era en la vida personal la amargura y en la vida intelectual el ingenio. Era una mezcla tremenda, rarĆ­sima. Escribió una crĆ­tica de una pelĆ­cula en Carteles y dice todo lo contrario en Bohemia. Le pregunto: «cómo es posible esto», y me responde, «quĆ© tu crees, que voy a hacer el mismo artĆ­culo para dos publicaciones distintas». El problema de Ć©l no era el criterio, sino el ingenio: el juego de la frase, la contradicción, desconcertarte con el dato. Su literatura, no sus novelas, su literatura crĆ­tica es asĆ­. No creo que sea un enorme aporte, pero es un goce leerlo. Es un goce leer la parte de crĆ­tica de cine, por ese juego tremendo que hace con el idioma. Ese dĆ­a que rompimos, yo sentĆ­ una sensación extraƱƭsima, cosa que no me ha pasado jamĆ”s, y mĆ”s de una vez he tenido problemas con los amigos. No sentĆ­ dolor, sentĆ­ alivio, porque Ć©l trasmitĆ­a amargura. Todo era retorcido… bueno, dije que no querĆ­a hablar de psicologĆ­a.

Lo único que quería, y por lo que acepté la entrevista, es porque temo que no nos dé tiempo de escribir un poco, a mí y a otros, que tal vez lo estén haciendo. No veo a mÔs nadie, salvo lo que hizo Fidel. Lo digo por mí mismo. Ya yo no soy el mismo. Ambos tenemos la misma edad. Aunque pasé un infarto cerebral hace poco, y conservo la lucidez, sigo escribiendo, etcétera, evidentemente hay cosas que ya no puedo hacer. OjalÔ que Fidel, que es quien tiene mÔs autoridad, escriba, que se ocupe de la historia de la Revolución, dé testimonio de algunas cosas que hacen falta porque si no se van a quedar en la oscuridad. Yo intentaré todo lo que pueda en lo que me queda de vida; mi autoridad no es poca pero es limitada. La de él es inmensa. Podía influir sobre las generaciones jóvenes de Cuba y de fuera de Cuba, de América latina y mÔs allÔ. Tiene esa tarea. Lo que se logró con la entrevista a Ramonet es mucho, pero todavía tiene muchísimo por contar. Es lo fundamental que te quería contar. Es bien complejo y no es solo un problema literario, ni un problema de sí y no.

Estas cosas yo las he dicho de algún modo, pero quisiera estructurarlas. Sabes que cuando uno escribe también estructura y mide mejor que cuando habla. Y sobre estos temas quisiera medir cada frase, medir cada palabra.

—No obstante, a mĆ­ me queda la duda porque en una entrevista que le hace Fausto Canel y que publica Lunes… en el nĆŗmero 71, usted arremete contra la lĆ­nea estĆ©tica de Revolución y Lunes de Revolución.

Y no sólo ahí. En algo que se acaba de publicar que es mi carta a Fidel y Dorticós yo uso la palabra estética, pero no es la estética de la vanguardia. Lo que pasa es que no había aprendido yo a medir el lenguaje. Hoy no me equivocaría en las medidas del lenguaje. No había aprendido yo que en materia de estética cada palabra hay que cuidarla mucho. El enfrentamiento es porque Lunes de Revolución no era justo con algunos escritores y figuras paradigmÔticas de la cultura nacional. No era un problema estético era ético.

Si has leĆ­do la colección de Cine cubano te darĆ”s cuenta que en Cine cubano yo me atrevĆ­, y vivo avergonzado de ello, a hacer balance de nuestro trabajo, del ICAIC, lo que hemos logrado y lo que no hemos logrado. Por lo tanto, hacĆ­amos anĆ”lisis de pelĆ­culas, hasta dónde hemos llegado… claro, el sustento de mi pensamiento entonces era si las pelĆ­culas son vĆ”lidas culturalmente —entendida la cultura en su sentido muy amplio— o si son banales. Creo que eso no habĆ­a que hacerlo. No habĆ­a que hacer balance, ni hacer juicio. Es una de las cosas en las que me siento mĆ”s liberado desde que dejĆ© el ICAIC… No pensĆ© nunca volver al ICAIC. Fue resultado de las circunstancias. HacĆ­a 10 aƱos que estaba en la UNESCO. HabĆ­a un conflicto aquĆ­ y sabĆ­a que yo tenĆ­a un nivel de autoridad sobre la gente que me permitĆ­a abordar la situación que se habĆ­a planteado, pero yo nunca pensĆ© volver al cine. Y tuve que volver. Pero, ¿sabes lo mĆ”s triste que ha pasado en mi vida en ese volver y que cuando salĆ­ fue la liberación mĆ”s grande? No es la del trabajo, es la de decidir sobre los demĆ”s. Esa es la responsabilidad mĆ”s horrible que existe. TambiĆ©n es una responsabilidad, no cuando decides si un guión se hace o no se hace, sino cuando emites un juicio estĆ©tico. Cuando dices esto sĆ­, esto no; esto es mejor que aquello. Creo que todo es vĆ”lido. Lo que no es vĆ”lido es golpear a las personas. Lo que yo tratĆ© de decir y no dije bien no era una lĆ­nea u otra. Por eso te dije lo del surrealismo, porque he hablado de eso en otro ensayito. El problema no es una lĆ­nea u otra, porque para mĆ­ todas son vĆ”lidas. El problema es querer imponerse a las personas. Eso es lo que sĆ­ creo que quisieron tener voluntad papal. Una cosa es enfrentarse al realismo socialista, que tambiĆ©n lo he hecho. Y tambiĆ©n creo que quien quiera hacer realismo socialista que lo haga.

En la reunión del otro dĆ­a hice un elogio muy grande de [Eduardo] Heras León. Y te quiero decir que Ć©l era un poquito realista socialista, Ć©l no lo cree. ElogiĆ© la calidad de su persona, la calidad de su testimonio, el comportamiento que tuvo frente al abuso, y que haya conservado su espĆ­ritu revolucionario. El testimonio que dio el otro dĆ­a era desgarrador. Pero, cuando Ć©l sale de la fĆ”brica esa y escribe, realmente yo dije: «lo amansaron». Me quedĆ© horrorizado. No las primeras cosas, pero esas, Acero. DespuĆ©s de oĆ­r el testimonio del otro dĆ­a, que era desgarrador, escrito de una manera preciosa ademĆ”s. A mĆ­ me conmovió. No se puede oĆ­r un testimonio asĆ­ y decir, «ay, quĆ© bien», y doblar la pĆ”gina y dedicarse a otra cosa. TodavĆ­a no sĆ© lo que va a producir en mĆ­ ese testimonio. Lo que pasa es que todo lo encasillamos. Si no es surrealista, es realista socialista, si no es dadaĆ­sta. Todo tiene que tener un nombre. En Acero, que cuando vi que se habĆ­a metido en ese tema y cómo lo estaba abordando, y con tanta pasión aceptadora, pensĆ© que era realismo socialista. DespuĆ©s del testimonio del otro dĆ­a pienso que simplemente la experiencia que vivió lo conmovió. Convivir con aquel tipo de trabajador y con aquel tipo de vida lo golpeó a fondo. Yo no sĆ© quĆ© serĆ­a de mĆ­ si tuviera que vivir en una fragua. Me morirĆ­a. No lo hubiera resistido.

—De algĆŗn modo hemos hablado de las circunstancias que lo llevaron a escribir “Catedrales de paja”, un texto que sigo creyĆ©ndolo agresivo hacĆ­a la gente de Lunes. Usted los define como “terroristas intelectuales”.

Es que lo eran. Juzgaban a los demƔs. Y Ʃsos demƔs eran demasiado grandes. Era Orƭgenes, era Carpentier, era Alicia Alonso, eran grandes figuras de nuestra cultura. Yo parto de los paradigmas.

Estoy por abrir el camino a los jóvenes. Incluso en lo que estoy haciendo ahora, “Persona y Pensamiento”, no sĆ© si conoces, nada mĆ”s que trabajo con jóvenes en ese proyecto. No le propongo a los jóvenes considerarse sabios. Hay que proponerse ser mejor que Carpentier, que Lezama, que Alicia. Hay que proponerse ser mejor que los mejores, que Harold [Gramatges], que Leo [Brouwer]. Hay que ser mejor que ellos; pero, hay que partir de ellos. Ahora mismo, no sĆ© si lo sabes tambiĆ©n, porque parece que no vas a las cosas pero las sabes, en la reunión en la que se eligió el ComitĆ© Organizador del Congreso [de la UNEAC] se insistió mucho en los jóvenes. Yo estuve en los encuentros donde se prepararon todas estas reuniones. Pero, como en la presentación no se aclararon ciertas cosas, la Ćŗnica intervención mĆ­a fue para decir: «estoy de acuerdo con abrirle el camino a los jóvenes, pero a los jóvenes con talento».

Si tú reclutas jóvenes talentosos y los vas empujando a que se ganen el derecho a ser de la juventud o de la Legión de Honor, estÔ bien. El reclutamiento es entre el talento. No entre los que tienen la banderita roja.

—Eso es peligroso.

Eso es suicidio. Franqui lo hizo cuando él era joven todavía, relativamente, porque era un hombre maduro, y lo hizo en circunstancias en que era su salida. Benefició a esos jóvenes que tuvieron un chance a mano y que lo aprovecharon. Pero, por ese clima que había en el país...

Mira, cuando terminó la reunión de la Biblioteca, Edith GarcĆ­a Buchaca era la secretaria del Consejo Nacional de Cultura, era la que dominaba y ¿quĆ© hizo? Algunos de los jóvenes que habĆ­an estado en medio de todas las discusiones salieron como Consejeros culturales, attaches culturales. Ella fue la culpable. FĆ­jate que digo culpable, porque los separó de la Revolución. TenĆ­an que haber seguido viviendo la Revolución, con igualdad de derecho, y al hacerse La Gaceta haber ido allĆ­ a jugar un papel. Y no los Ćŗnicos. Yo pienso mĆ”s… por eso quiero hablar o escribir sobre este mismo tema… creo que en realidad la solución de Fidel fue la posible, pero creo que la mejor solución en otras condiciones ahora, y maƱana, y siempre, es que hayan cuatro revistas literarias, o cuantas se puedan, que representen todas las tendencias que puedan surgir. No una. Una sola, no. Ni tampoco avalada por el periódico del ComitĆ© Central. Tienen que haber varias. Es mĆ”s, yo creo que los periódicos… el Granma, por ejemplo, dirĆ­a: una pĆ”gina editorial y una columna internacional que representen al Partido, lo demĆ”s no. Eso de representar al Partido en el plano de la cultura… ni en la cultura, ni el deporte, ni en nada. Esas son otras cosas. Son otros terrenos de la vida.

—Y aquellos ataques que se hacĆ­an desde el propio Lunes…, ¿en quĆ© medida afectaban la relación entre la intelectualidad y la Revolución?

No creo que afectaran. Era un período de lucha. Cuando hay turbulencia la gente inteligente sabe que hay que esperar y que un día se liberarÔn. No creo que los intelectuales que fueron afectados por los ataques de Lunes creyeran que eso era permanente. Sabía que había una lucha. No creo en monolitos, en ninguna época; ni entonces, ni ahora. Creo que siempre hay corrientes, personas, individualidades, grupos, etcétera, que tratan de influir en una dirección u otra, que combaten o simplemente no combaten y tratan de marcar con su impronta una situación. Lo grave es cuando se cristaliza una posición. Es verdad que ha habido momentos en nuestra historia durante estos cuarenta y tantos años en los que ha habido cristalizaciones. Por suerte, son cristales frÔgiles y al final se rompen. Y hay momentos de discusiones. El libro de Graziella [Pogolotti: Polémicas culturales de los 60] revela una de esas. No sé si has tenido en tus manos el libro del Che, Apuntes críticos de la Economía política. Es muy interesante porque muy tempranamente ya estÔ planteando el problema de los manuales, que después discutieron en Cuba socialista, Teoría y prÔctica y otras publicaciones, Aurelio Alonso y Leonel Soto y otros. Discutieron sobre los manuales. Te recomiendo que le eches un vistazo para sentir la época. Algunas cosas mías estÔn saliendo ahora porque yo he hecho lo siguiente: en Cuba no existe la ley de que pasado 25 años eres libre de publicar las cosas, como en los Estados Unidos, donde se desclasifican; pero, yo no acepté una sola cosa en el Partido con la que no estuviera de acuerdo. Siempre me expresé. Ahora, no salían publicadas, pero las estoy metiendo en libros.

Acabo de publicar una carta que le mandĆ© a Blas [Roca] diciĆ©ndole todo lo que pensaba de ciertas cosas. Manolito PĆ©rez la conservó. Yo creĆ­a que estaba perdida porque cuando salĆ­ del ICAIC saquĆ© del archivo todo lo que me correspondĆ­a, pero esa carta nunca la encontrĆ©. Y Manolito PĆ©rez tenĆ­a una copia, que es algo importante. El criterio se resume a esto: yo creo que los partidos, el nuestro tambiĆ©n, no pueden ser correas de transmisión puras, tienen que ser nĆŗcleos pensantes (think tanks). Los americanos, el presidente puede ser un imbĆ©cil; pero, el think tanks que tiene al lado no es un imbĆ©cil, ni remotamente. TĆŗ puedes hacer lo que quieras, puedes equivocarte y rectificar, que era la posición del Che. El Che decĆ­a: «si nos equivocamos, lo cambiamos».

La verdad no es absoluta. La verdad es siempre una aproximación, constantemente cambiante. El Che era así. El problema es que el cambio no puede ser un acto frívolo, pero el cambio es necesario constantemente. Ante nuevas situaciones, nuevas soluciones. Eso es la revolución.

—Es como el concepto de Fidel de moda: “Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado”.

Pero, fíjate, tú haces así de buenas a primeras y es la revolución permanente. Entonces eres trotskista. Ya estÔs encasillando. La tendencia a encasillar es algo espantoso.

La historia no se escribe asĆ­. La historia es laberĆ­ntica. La historia no es lineal. Los acontecimientos se dan por intercepción de muchos factores y, en las personas, por cambios que se producen por la experiencia y porque las convicciones pueden evolucionar. Yo me pienso a mĆ­ mismo hoy anarquista converso al marxismo y me pregunto: «¿yo habrĆ© dejado de ser anarquista?» No encuentro contradicción entre el espĆ­ritu libertario y el marxismo, en su Ć©tica. Entre otras cosas, porque Marx no dijo cómo iba a ser el socialismo. Eso es mentira. Y yo, aunque te parezca mentira… claro, es mentira que la mayor parte de los marxistas se han leĆ­do El capital. Eso es una mentira. En primer lugar, porque no hay quien se lo empuje completo asĆ­ de un tirón. Pero yo, que ya me lo leĆ­, me acabo de releer El capital. ¿Sabes para quĆ©? Para poder polemizar. No me lo he leĆ­do de punta a cabo, me lo leĆ­ selectivamente; pero, hice una “maldad” mĆ”s, por si tengo que polemizar, hice esa relectura de la obra en la Ćŗnica versión en la que Marx revisó las pruebas de galera. Estos son tiempos que vuelven a ser de polĆ©mica.

—Yo habĆ­a leĆ­do algo, creo que en una entrevista concedida Amir Labaki, donde usted al hablar del caso PM, que fue como el clĆ­max de los conflictos con Lunes de Revolución, dejaba entrever cierta inmadurez en su modo de actuar entonces. Usted decĆ­a: “acababa de salir de la clandestinidad. Me atacaron y respondĆ­ a puƱetazos”. ¿Si no hubiese sido por esta aparente inmadurez, ante la aparición de PM habrĆ­a reaccionando de otra manera?

Seguro hubiera reaccionado distinto, pero no aprobÔndola. En el momento en que salió PM, que ademÔs el tema de PM y las imÔgenes de PM no son mÔs que lo vivido por nosotros en el marco del hampa habanera, conviviendo precisamente, no exactamente con SabÔ [Cabrera Infante] y el fotógrafo [Orlando Jiménez Leal]; pero, sí con Guillermito, con Titón, con Lisandro, en ese grupo. Esto no era lo que había que hacer en el momento, pero tampoco creo que había que hacer un drama de eso. Hubiera estado en contra, hubiera hecho lo que hice. Yo no prohibí esa película, eso es mentira. Ellos se llevaron la película, se las entregué. Me negué a hacerme parte de esa película, a que la distribuyera el ICAIC. Ellos podían ponerla donde les diera su gana. Pero, parte de lo que quiero decir tiene que ver con esto.

En mi explicación anterior faltaron dos o tres puntos que tenĆ­a que haberte dicho. Uno, que estoy harto de que la historia de la cultura cubana sean PM, la UMAP y el Caso Padilla. La historia de la cultura cubana despuĆ©s del triunfo de la Revolución, en tanto que continuidad de lo anterior, continuidad y ruptura como es todo instante histórico, me parece que se ha empequeƱecido. Aunque tratĆ© de explicarlo diciendo que el silencio en el que habĆ­amos permanecido tantos aƱos, muchos, dejando que el Ćŗnico vocero de la Revolución fuera Fidel, claro, nuestro gran comunicador; y todo el mundo en el silencio, no abordando nada, aun sabiendo todo lo que se decĆ­a en el exterior. Y algunos del interior, revolucionarios, ademĆ”s, pero que se enredan en este hecho de que para ser escuchado hay que hablar de PM y de la UMAP, como si los procesos históricos no fueran altamente complejos, tuvieran etapas, se cometieran errores, se superaran, como lo hacen las personas. Hombre o mujer, nadie es igual diez aƱos despuĆ©s. Lo mismo pasó en la Ć©poca. Y han pasado tantas cosas de las cuales no se hablan. Entre otras, se resaltan todos nuestros defectos, nuestros fallos, los vacĆ­os que tiene todavĆ­a nuestra sociedad, de que el socialismo no haya podido ser lo que querĆ­amos, etcĆ©tera. Tenemos 800 mil universitarios. La riqueza mĆ”s grande de un paĆ­s es eso. Es una riqueza inoperante en este instante, pero al menor chance de que despegue de nuevo la sociedad cubana, que estĆ” estancada, hay algo que ya no hay que construir y es el tesoro mĆ”s grande. No lo digo por gusto. Si ahora el Banco Mundial, el superbanco y el archibanco, todas esas cosas que existen por ahĆ­ y una concentración de millonarios que sigan queriendo aportar para el desarrollo de Cuba dieran 50 mil millones de euros para el desarrollo, podĆ­amos hacerlo. Pero si le dieran 50 mil millones a otro paĆ­s de la región, no pueden desarrollarse, ¿quĆ© te parece? No pueden hacer nada. Y, aunque yo vivĆ­ en MĆ©xico y agradezco muchas cosas a MĆ©xico, te dirĆ© lo siguiente: una de las cosas que ayudaron al desarrollo de MĆ©xico fue que entraran 300 mil personas preparadas de la RepĆŗblica espaƱola de un tirón, en un aƱo. Esa es la inversión mĆ”s importante siempre. En esta Ć©poca que vivimos, mucho mĆ”s. Sin el saber no hay desarrollo. Bien, tenemos esa inmensa cuenta en el banco y momentĆ”neamente no podemos hacer nada con ella, pero podremos hacer. Es mi confianza, yo soy un optimista.

Ahora, no dije otra cosa que es muy importante y que tiene que ver con la pregunta que me has hecho sobre mĆ­ mismo. Yo era alguien que habĆ­a participado en la lucha de un modo directo, habĆ­a sido torturado, que me hicieron salir de Cuba en esas condiciones. Me hicieron salir porque ya no podĆ­a resistir La Habana. Ya habĆ­a decidido participar de otro modo. Este es el momento en el que ya era del 26, no del Partido; pero, tenĆ­a la experiencia del Partido. Eso me permitió analizar muchas cosas. Tampoco hay que olvidar que habĆ­a vivido casi tres aƱos en Europa y habĆ­a alcanzado un nivel de información cultural, no sólo en la cultura, me interesĆ© mucho en la polĆ­tica cultural de la URSS. Todo lo que habĆ­a pasado antes del Congreso de intelectuales del 34 en el que se proclamó el realismo socialista. HabĆ­a leĆ­do una buena parte de la literatura y de los libros sobre arte que una editorial, que se llamaba Slavia, que funcionaba en Suiza. HabĆ­a estudiado a fondo lo que habĆ­a pasado en la URSS. Aunque no estaba seguro de que Ć­bamos a llegar al poder, estaba eso como un sedimento mĆ­o. Al triunfo de la revolución, no solo yo, todos los que participamos de un modo activo, nos mantenĆ­amos en algo asĆ­ como “alerta de combate”. Y cuando empezaron a pasar estas cosas, pasa que algunas gentes yo ni sabĆ­a quiĆ©nes eran. Quiero decir, de esos jóvenes de Lunes. Yo sabĆ­a quiĆ©nes eran las grandes figuras, y no puede olvidarse que ellos tambiĆ©n eran jóvenes que estaban empezando.

El otro dĆ­a se estaba hablando de El Puente, yo me acuerdo que yo conocĆ­a a gente de El Puente, pero porque me abordaban, porque iban a mi casa, incluso. Si llega a ser por la vida natural de las cosas, nunca hubiera sabido quiĆ©nes eran. Estaba atareado, en el equipo que redactaba las leyes de la Revolución, la Ley de la Reforma Agraria, no ocupĆ”ndome de las broncas entre El Puente y no sĆ© quiĆ©n o lo que habĆ­a pasado entre Ciclón y OrĆ­genes. No es que lo ignorara, es que no eran prioridades mĆ­as. Lo que pasa es que, de buenas a primeras, sentimos un grupo de nosotros, y ahora voy a llegar al otro aspecto, que el periódico Revolución estaba utilizando la cultura para apoderarse de los medios de comunicación, que eran los que le interesaban de verdad. Hay que decir lo siguiente: una parte de los participantes en toda esta Ć©poca que eran militantes del viejo Partido tenĆ­an la conciencia plena de apoderarse del poder. Te dirĆ©, para mencionar nada mĆ”s que en el campo de la cultura, que Ć©sta era la mentalidad de Edith GarcĆ­a Buchaca, que querĆ­a ser ministro de Cultura, y que puedo afirmarlo, porque me lo pidió a mĆ­, querĆ­a que se creara el Ministerio y ser Ministra; y arrastrada por el momento Mirta Aguirre, instrumentalizada primero, apartada despuĆ©s. Dos mujeres de talento, una de inmenso talento y de inmensa cultura Mirta; otra, culta y de talento, pero mĆ”s polĆ­tica y mĆ”s estalinista que Stalin. Bueno, eso es exagerar, mĆ”s que Stalin no podĆ­a serlo. Estoy hablando de la cultura. A su vez, el Movimiento 26 de Julio no era un monolito. El 26 no era un monolito porque algunos tenĆ­amos esa adopción marxista dentro del 26, pero otros, que eran tan revolucionaros como nosotros porque habĆ­an participado tambiĆ©n en la Revolución como acto y no como palabrerĆ­a —digo palabrerĆ­a y parece despreciativo, no es asĆ­; hay veces que palabrerĆ­a no significa despreciar—, los otros, que no voy a mencionar, porque no estoy dispuesto a mencionar gente que son mĆ”s que revolucionarios, los que estĆ”n vivos y los que estĆ”n muertos, que no habĆ­an aceptado todavĆ­a el marxismo. Todos Ć©ramos del mismo Movimiento. HabĆ­a gente que habĆ­a aceptado el marxismo, pero le tenĆ­a horror al PSP. Si fuera un monolito no hubiera habido tantas decepciones, tantos enredos y deserciones. Nosotros no estĆ”bamos discutiendo con conspiradores. Como ya dije: la naturaleza personal de Franqui no estaba predestinada a ser un contrarrevolucionario, aunque haya terminado en eso. Otros sĆ­, porque su pensamiento no podĆ­a evolucionar.

HabĆ­a tambiĆ©n dos PSP, uno mĆ”s joven, del que fueron parte esos compaƱeros que despuĆ©s se quedaron conmigo en el ICAIC, pero que un dĆ­a, en una reunión convocada por el PSP y presidida por Edith GarcĆ­a Buchaca… —esto estaba pasando en el mismo momento de PM, lo que pasa es que no lo sabe la gente—, se intentó ponerme un comisario. Y todos lo aceptaron, porque Edith les informó que Fidel le estaba pasando el poder al Partido. Se tragaron lo que le dijeron, porque era muy en serio, porque habĆ­a mucha confusión. Era una Ć©poca de entusiasmo desbordarte, de pasión revolucionaria, con banderas y amores y alegrĆ­a. TambiĆ©n de turbulencia inmensa, de cuĆ”l era el camino, de quĆ© es lo que se querĆ­a hacer. Yo no aceptĆ© y, cuando salĆ­ de ahĆ­, me fui directo a ver a Fidel. No estaba Fidel y se lo contĆ© a Celia —Fidel y Celia vivĆ­an a unas cuadras del ICAIC. Celia se indignó: «EstĆ” pasando en todo el paĆ­s. Nos tienen tomado el telĆ©fono». ¡A Fidel!, ¡Fidel vivĆ­a ahĆ­! Y yo, que nunca he hecho las cosas como me las indican, sino de acuerdo con mi filtro, botĆ© a los que tenĆ­a que botar y dejĆ© a los que tenĆ­a que dejar. Los que eran de verdad cineastas en potencia se quedaron conmigo. TomĆ© el mando como mi generación lo ha hecho siempre en circunstancias difĆ­ciles, de mandón.

En realidad, todo lo sabĆ­a desde antes. Porque Tony Briones —que era un muchacho que yo me habĆ­a encontrado en un campamento que tenĆ­amos en MĆ©xico, que fue Ć©l quien vigiló la construcción de los estudios en CubanacĆ”n y otras cosas que nosotros nacionalizamos, que nos ayudó cuando tomamos la televisión de Pumarejo y no se separó de mĆ­ hasta que lo mataron en Venezuela— levanta un intercomunicador para comunicarse con alguien (los intercomunicadores eran cosas estrafalarias, enormes) y se habĆ­a quedado del otro lado un intercomunicador mal colgado, y escucha una reunión de la que yo no estaba informado. Me dice, «ven acĆ”». Yo me acerco y escuchamos que se esta planeando lo del comisario. Es decir, que a la otra reunión yo voy ya preparado; pero, pensando que lo podĆ­a parar explicando a los compaƱeros, etcĆ©tera. Pero me encuentro que esa reunión la estaba dirigiendo Edith GarcĆ­a Buchaca, que a su vez encabezaba la Comisión de Cultura del PSP, que debĆ­a estar disuelta y que no lo estaba.

Entonces, toda esta convulsa situación es el marco de PM. Alguna gente, cuando maneja las cosas, a falta de suficiente información, cree que yo pude hacer lo de PM solo. Pero el PSP se metió tambiĆ©n, y se metió Blas, y se metió Mirta. La mejor prueba es que cuando… se produce la reunión de la Casa de las AmĆ©ricas, donde se discute el destino de PM, estoy ajeno. Es Mirta Aguirre y su equipo del PSP los que van allĆ­ y discuten, y hablan de que se ponga en las organizaciones y hacen de esto… lo que pasa es que SabĆ” y el otro muchacho se presentan en el quinto piso —todavĆ­a no estaba mi oficina en el sĆ©ptimo piso del ICAIC, y me llaman fascista. Entonces, les entrĆ© a piƱazos. Claro, tĆŗ ves ahora un personaje que no puede entrarles a piƱazos a nadie, pero en aquel momento yo era otro, fĆ­sica y mentalmente. TenĆ­a mezclada mi condición de combatiente y mi condición de intelectual, sin que todavĆ­a no depurara el lenguaje y las actitudes de una cosa y de la otra. Por eso es que yo digo que hubiera actuado posiblemente distinto.

Hoy hubiera sido mÔs maquiavélico, es decir mÔs diabólico. No vamos a decir maquiavélico porque Maquiavelo en definitiva no merece todo lo malo; vamos a decir diabólico, el diablo sí se lo merece. Creo que la inteligencia cuando es madura tiene un Ôngulo de diabolismo; si no, no es inteligencia. Yo debía haber comprendido que les estaba poniendo en bandeja un martirologio ridículo. No valía la pena aquello. Ahora, se callan muchas cosas. Primero, yo no me quedé con PM, yo se la entregué. Después se discutió cómo se usaba PM, etcétera, etcétera. Y le dejé esa misión a otros. SabÔ se quedó en Cuba y fue funcionario de Cubarteimpex, y viajó hacia adentro hacia afuera. Pasaron años antes de que ellos decidieran convertirse en mÔrtires. No sé si esto tú lo sabes, porque ahora tú pasaste de Lunes de Revolución a PM. Ellos se quedaron en Cuba, fueron funcionarios, y Padilla fue el dirigente de Cubarteimpex. Iba y venía y compraba libros. Las cosas no son tan simples. Guillermo Cabrera Infante tampoco se fue enseguida. Fue Consejero cultural en Bélgica, mala apuesta de Edith García Buchaca, que tenía poder para hacer esas cosas en su momento, y el embajador era nada menos que Gustavo Arcos, hasta el final jefe contrarrevolucionario, mÔs bruto que una piedra, mÔs salvaje que una piedra, racista, la negación de un revolucionario.

Ese era el Alfredo que estaba actuando en aquel momento. Pero, podía actuar hasta cierto punto, porque estaba la fuerza del PSP ahí. Yo no era todo lo lúcido que puedo ser hoy. No me había dado cuenta de que estaba poniéndoles en bandeja el martirologio, que ademÔs no se dio enseguida. Pasaron años. Después ha sido utilizado, es utilizado por los de afuera y también por los de adentro. La mejor prueba es que seguimos discutiendo lo mismo y no lo que hay que discutir.

—Los acontecimientos se quedan convertidos en mitos.

Se quedan como un mito, y el poder de un mito hay que saberlo. En determinadas ocasiones… por ejemplo, en el caso de dos cineastas que detuvieron porque uno hizo un documental masturbĆ”ndose y hablando de la Revolución al mismo tiempo… los detuvieron. Yo no te voy a decir lo que hice, pero planteĆ© que eso era un disparate. QuĆ© mĆ”s da que se masturben. Que hagan lo que les de la gana. Lo mejor serĆ­a sacarlos de la cĆ”rcel y dejarles en libertad. AsĆ­ se hizo, y quĆ© ha pasado, ¡nada!

Cuando Reinaldo Arenas salió de Cuba, ya se le habĆ­a abierto el camino para que trabajara en la revista Cine cubano, a petición de la Inteligencia, porque otros organismos no lo quisieron aceptar y era el general ArquĆ­medes quien estaba gestionando ponerlo en algĆŗn lugar para que pudiera repuntar. Reynaldo llegó a Miami. ¿TĆŗ sabes lo que le pasó? Ɖl nunca lo narró pero te juro que es asĆ­, y si un dĆ­a estĆ”s presente y coincides te presento a mis amigos cubano-americanos, a la gente a la que tuvo que acudir Reynaldo para alquilar un apartamento en Miami. Porque no le querĆ­an alquilar allĆ­ un apartamento por ser homosexual.

Si en Cuba la homofobia estaba calientica, y es verdad, que no me digan que los cubanos en Miami aceptaban a los homosexuales. El macherío no surgió con la Revolución. El macherío existía antes. Existe en el trópico, existe en el mundo latino, existe en el mundo católico, existe en el mundo santero y existe en el hampa y existe en la burguesía. Ahora la gente se estÔ civilizando, estÔ aceptando la diversidad en el mundo. Eso no surgió en Cuba, ni cosa parecida. Es normal que entre el machismo, la vida guerrillera de una época, las condiciones de convivencia en la clandestinidad y la ignorancia, la homofobia era inevitable. El peor enemigo de la diversidad de criterios es la ignorancia. Por lo tanto, el peor enemigo de la Revolución es la ignorancia. Y éramos ignorantes. Esa es la verdad. Todo esto para decirte, que había demasiadas fuerzas encontradas. Todas, en el fondo, luchando por el poder.

Ahora, hay que comprender que la lucha que había era muy confusa. Franqui y lo que él tenía a su alrededor no estaban contra la idea socialista, tenían el terror de que la idea socialista fuera decomisada por el PSP. Pero yo tenía la convicción de que Fidel no iba a ser manipulado por nadie, ni por el PSP, ni por quien mÔs influencia tuviera en él, ni por mí tampoco. Fidel no era manipulable. Fidel tenía su diseño, y yo acepté el suyo. Contrario a lo que hizo Franqui y lo pagaron los de Lunes de Revolución, sin ser culpables y sin saber lo que estaba pasando.

—Pero, lo ocurrido luego de las “Palabras a los intelectuales”, que fue en lo que desembocó todo esto, ¿hizo bien o hizo mal a la intelectualidad?

Fidel no podía hacer otra cosa. Supo lo que hacía, acertó y fue para bien.

—Pero, ¿se mal interpretaron las palabras?, aquello de “Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada”.

Creo que para el trabajo intelectual fue mĆ”s que positivo. Eso no quiere decir que unos aƱos despuĆ©s en el Congreso de Educación y Cultura no haya pasado lo que pasó. Son dos cosas distintas. Se tergiversaron, pero no las palabras. Fue violada la lĆ­nea. Incluso, el discurso de Fidel no tiene nada que ver con lo que se acuerda allĆ­. El discurso de Fidel es una pasión latinoamericana. Y cuando Fidel se vuelca sobre LatinoamĆ©rica se estĆ” separando de la Unión SoviĆ©tica. Hay que saber leer. Aunque sea aliado, la tenga y la necesite. Y cuando hace la Zafra de los 10 millones, que ya yo estoy hasta lo Ćŗltimo con la interpretación de la Zafra de los 10 millones. Es verdad que fracasa, pero hay que reconocerle otra cosa: Fidel hace la Zafra de los 10 millones porque estĆ” desesperado por no caer en manos de la Unión SoviĆ©tica. EstĆ” desesperado por encontrar un asidero para poder desarrollar su propia polĆ­tica. Ese es el carĆ”cter no lineal de la historia. ¡Es todo tan complejo, inciden tantas fuerzas! El papel de las circunstancias… ¿cómo podĆ­amos nosotros cuando tenĆ­amos 19, 20, 21 aƱos? Los que Ć©ramos en esa Ć©poca no somos los mismos despuĆ©s, y cuando llega el triunfo de la Revolución…

El primer problema para mí es pensar que jóvenes como ustedes tengan que escribir sobre temas que no vivieron. Tienen que encontrar un hilo por aquí, un hilo por allÔ, porque no hemos dicho nuestras verdades.

—Algunos de los entrevistados durante esta bĆŗsqueda para rehacer el tema de Lunes de Revolución me dicen que es necesario esperar mĆ”s tiempo, que ya de esto escribió un puertorriqueƱo y no lo hizo bien; que escribió una brasileƱa, y tampoco. Les digo, pero cómo ellos van hacerlo bien si nosotros, que somos cubanos no acabamos de entender cuanto ha pasado en este tiempo.

¡Cómo lo van entender!

—Alfredo, ademĆ”s de andar en estos asuntos organizativos junto a Fidel, en las leyes revolucionarias, usted era tambiĆ©n director del ICAIC. Entonces…

Las cosas no son asĆ­. El ICAIC se fundó el 24 de marzo del 59, pero Fidel me habĆ­a dicho meses antes: «no te puedes ocupar del cine». Pero, un dĆ­a me dijo: «prepara ahora la Ley del cine». ImagĆ­nate, yo estaba en la Ley de Reforma Agraria, estaba en algo tan descabellado para mĆ­ como la Ley de la Marina Mercante. Ɖl veĆ­a que yo hacĆ­a todo, y estaba con Ć©l, y me iba en los helicópteros a visitar lugares… yo dije «no puedo perder la oportunidad». FormĆ© un grupo entre los que estaban Titón, Julio [GarcĆ­a-Espinosa], Humberto Ramos que era el jurista... Un grupito pequeƱo, que se metió a prepararlo todo conmigo. Preparamos la ley. QuerĆ­a que en la Ley aparecieran determinadas frases. Sobre todo me interesaba la primera frase: “el cine es un arte”, que fuera el primer paĆ­s del mundo en que su ley del cine recordara que el cine es un arte. Eso no quiere decir que pude dedicarle todo el tiempo. Lo que pasa es que cuando uno tiene esa edad se multiplica, no duerme, hace locuras. Lo hacia todo y no pasaba nada, seguĆ­ viviendo y no me di cuenta de que paralizaba otras cosas de mi desarrollo. DespuĆ©s de 23 aƱos de estar al frente del ICAIC —tres aƱos habĆ­a sido mi pacto con Fidel, porque despuĆ©s iba a dedicarme a hacer cine yo— salĆ­ para la UNESCO. No salĆ­ contento, porque era el resultado de las broncas con Tony PĆ©rez [Herrero]. CreĆ­a que me habĆ­an derrotado, pero en realidad creo que me preservaron; Fidel hace eso. Y ¿tĆŗ sabes lo que hice los 10 aƱos que estuve en ParĆ­s? Reciclarme. Los pasĆ© estudiando. Porque aunque tenĆ­a funciones no es lo mismo que la locura de este paĆ­s.

—Yo le recordaba lo del ICAIC porque los estudiosos de la Ć©poca, quienes se han acercado al problema, insisten en que eso fue, efectivamente, una lucha por el poder, el poder cultural. Y de alguna manera usted representaba una parte de esas fuerzas…

Lo que no soporto es la idea de que era el PSP contra… mentira. En Revolución estaba una fracción, una parte del 26, reclutada por Franqui, como te expliquĆ©.

Cuando Graziella me dijo que le interesaba que te recibiera. Yo dije: «bueno, yo no sĆ© quiĆ©n es este; pero Graziella sĆ­ sĆ© quiĆ©n es». Y dije, «bueno, dĆ©jame jugĆ”rmela, porque esto es jugĆ”rsela, porque me pueden instrumentar». Me ha parecido que no eres de esa categorĆ­a, pero lo que quiero es, ya que hay alguien que se va a dedicar a esto, decirle un punto de vista que no acaba de aparecer y que en los libros mĆ­os empieza a aparecer. Creo que tiene que aparecer especĆ­ficamente. Quiero decirte que pasĆ© una parte de la maƱana de hoy escribiĆ©ndote una carta, que la voy a terminar algĆŗn dĆ­a y te la mandarĆ©. Es mi modo de decir estas cosas por escrito, organizadamente, etcĆ©tera. Yo me comunico con mis amigos por carta.

—QuerĆ­a retomar esto que usted mencionaba de la ignorancia y el mal que hace. Parece que ha sido, entonces, la ignorancia la que ha convertido su imagen en la de un anti-Lunes. Y si ha sido la ignorancia…

No ha sido la ignorancia. Es toda una voluntad. Una voluntad, que quienes desarrollan son los de afuera.

—¿De manera consciente?

Conscientemente. Es verdad que me enfrentĆ© a Lunes, pero no es a Lunes al que me enfrentĆ©, fue a Franqui. Como te he precisado antes. Incluso, las palabras de Fidel a los intelectuales comienzan de otro modo. Evidentemente Fidel empieza a pensar cómo arbitrar entre todos. Entre todos, no es dos grupos, son muchos y diferenciados incluso en las mismas organizaciones. Esto que me voy a atrever a decirte, aunque estĆ©s grabĆ”ndolo, no lo tomes como una convicción porque tengo dudas, pero debo decirte que ese instante que conduce a la reunión de Fidel con los intelectuales y todo este clima, fue el que creó que Fidel comprendiera muy bien que tenĆ­a que actuar y que tenĆ­a que unir porque se habĆ­a dividido demasiado el ambiente. Pero, despuĆ©s no hablar de estas cosas, y quedarnos nada mĆ”s que con el discurso de Fidel —discurso que no solo es la frase tan citada—, a veces dudo si fue una involuntaria decisión, falta de creatividad o debilidad de nuestra parte: toda idea grande y abarcadora merece ser continuada, afirmada y enriquecida, tambiĆ©n intelectualmente.

Yo empecĆ© a publicar mis textos hace diez aƱos nada mĆ”s. ¿Por quĆ©? Nadie ha contestado nada. QuĆ© orgullo tenĆ­amos de no dialogar con el enemigo. No era dialogar, era enfrentarnos. El Ćŗnico que se enfrentaba era Fidel. Pero, desde la Revolución hay pocas respuestas. Incluso, cuando el Caso Padilla, cuando pasa todo, Fidel dice horrores de la intelectualidad que nos empieza a condenar, pero me manda para Europa con esta instrucción: convencer, neutralizar, conquistar. Hay una posición que no es contradictoria, que es lo que siempre digo a nuestros embajadores, no es a los convencidos con los que hay que convencer. No es ese el trabajo. El trabajo de un Embajador es ir a los otros, es enriquecer, ampliar el Ć”rea de los que nos comprenden. Trabajar con las organizaciones de apoyo, que lo haga el segundo secretario. Pero tengo que trabajar precisamente con los que no quieren acercarse a mĆ­. Y hay algunos embajadores que actĆŗan asĆ­, que hablan con las organizaciones de solidaridad, almuerzan con las organizaciones de solidaridad, comen con las organizaciones de solidaridad, mandan recados a las organizaciones de solidaridad y mandan informes aquĆ­ sobre el trabajo con las organizaciones de solidaridad. Bueno, ¿y quĆ©? Si cuando yo voy a hacer un trabajo en el exterior no voy a consolidar lo que tengo, sino a ampliar el campo de acción. Es como yo veo la diplomacia y como veo tambiĆ©n la polĆ©mica. Y ¿cuĆ”l es el resultado de este silencio? Que no hay polemistas, que salen por ahĆ­ y no pueden enfrentar una conferencia de prensa, la Ć©poca de los RaĆŗl Roa se habĆ­a terminado. Ahora puede que algunos intelectuales lo puedan hacer, pero… ¿los periodistas por quĆ© no lo pueden hacer? PrĆ”cticamente no hay un periodista que sepa contestar a nadie. Temen que le den un palo despuĆ©s, cuyo chichón no se cura en 10 aƱos. Pienso que entonces, ahora y siempre no importa la condición, las posibilidades, etcĆ©tera. Hay que tener algunas otras cosas, pero tambiĆ©n hay que tener lo que no tienen… jugĆ”rsela. Y si le dicen que se equivocaron pues le digo para eso estoy. No hay modo de que en un combate siempre se gane, por quĆ© le aceptamos a los peloteros que pierdan un dĆ­a y yo polemista no puedo perder un dĆ­a. Ese es el problema.

Fuente: http://www.revistacaliban.cu/entrevista.php?numero=5

Publicar un comentario

0 Comentarios