
Acercarse a las enseƱanzas de Lenin
Por: VĆctor Flores Olea
Aunque no se crea, a veces resulta ilustrativa la televisión. VeĆa una mediocre pelĆcula sobre la reina MarĆa Antonieta, vĆsperas de la revolución de 1789, y la alternaba con un par de programas informativos” sobre la actualidad mexicana.
De esa visión superpuesta, de situaciones tan alejadas, fue surgiendo, sin embargo, un inevitable paralelo: ambos “programas” apuntaban a la abismal distancia entre el “discurso” y la “realidad”, entre la cĆnica proclama de quienes dominan (con las armas en la mano) y la situación de los dominados, una tenebrosa patraƱa que sostienen los derrochadores de entonces y ahora, y la dura vida de las legiones que carecĆan y carecen de pan y de todo lo demĆ”s.
En Francia fue muchedumbre la de los miserables que tomaron la Bastilla e impulsaron la creación de otro mundo. En MĆ©xico las multitudes no han tomado ninguna Bastilla, pero es alarmante el nĆŗmero de sus carencias y exclusiones: los pobres han dejado de recibir ayuda de sus hijos, padres y maridos que cruzaron la frontera, y ahora les envĆan dinero para que sobrevivan a las crueldades de la crisis; las familias de la tragedia de la guarderĆa de Hermosillo todavĆa deambulan sin lograr ayuda ni justicia; los peregrinos-deudos de los acribillados en una decena de estados de la RepĆŗblica y la violencia rampante en todo el paĆs; los excluidos de las urbes sin vivienda ni agua ni trabajo ni transportes ni escuela ni salud; los desocupados en aumento y la parĆ”lisis del gobierno para enfrentar la crisis; las maniobras oficiales para acabar con el sindicalismo en MĆ©xico, es verdad, corrupto demasiadas veces, pero que ahora se pretende echar por el caƱo barriendo con lo mejor de nuestras leyes laborales.
Es el caso concreto del Sindicato Mexicano de Electricistas, que recibe zarpazos “legales’” y una concertada campaƱa de medios como prolegómenos de la inocultable intención privatizadora del gobierno, que tambiĆ©n se propone “una reforma laboral” que nos situarĆa en esta materia cien aƱos atrĆ”s. Y asĆ podrĆamos seguir indefinidamente.
Y sobre esta suma de tragedias la retórica inadmisible: hace dos siglos, sosteniendo los aristócratas que su sistema estaba “ordenado” por Dios. AquĆ y ahora la retórica de los seƱores del dinero y de sus difusores en los medios sosteniendo que el actual sistema, el que les favorece, es el mejor posible y que cualquier protesta o movilización atenta contra el “orden natural”. Lejanos los tiempos, pero idĆ©nticas los embustes sobre la “eternidad” de lo establecido, siempre reflejĆ”ndose el interĆ©s de clase y sus privilegios. ¿Hasta cuĆ”ndo?
La cuestión regresa a lo elemental: vivimos en un mundo intolerable para las grandes mayorĆas, aunque los medios y las clases del poder insistan en la “eterna” validez del “capitalismo salvaje” o “capitalismo global”, cuyos resultados desastrosos se ven y sienten de manera próxima y desgarradora, postulando cada vez mĆ”s seres humanos la necesidad de transformaciones profundas que hagan posible su bienestar.
Pero, ¿quĆ© significa esto? Como recuerda Slavo Zizek, hay siempre a mano una parvada de “comunistas liberales”, del tipo Robert Murdoch-Bill Gates, o Bill Clinton-Tony Blair, que “comprenden” e inclusive “apoyan” ciertos objetivos de los nuevos movimientos sociales: feminismo, derechos humanos, ecologismo, derechos de los inmigrantes, antirracismo, protección al consumidor. Pero el establishment, hasta ahora, ha absorbido hĆ”bilmente estos reclamos exhibiendo su impotencia transformadora, en tanto los “comunistas liberales” siguen ganando en “esas luchas” mĆ”s dinero colateral… (Zizek)
Vivimos en un mundo profundamente irracional (“Ćŗnicamente quien gana vive, sólo unos cuantos viven”), en que al sinsentido se le hace pasar como “lo Ćŗnico posible”, y en que los proyectos transformadores se satanizan como crĆmenes en contra de lo establecido. Tal es nuestra situación polĆtica real (represiva), en la cual los partidos han hecho y hacen un lamentable papel.
Zizek agudamente sostiene que hoy no es suficiente la vuelta a Marx, sino que ha de regresarse al Lenin del “anĆ”lisis concreto de la situación concreta”, sobre todo al Lenin que arrojó una nueva constelación de posibilidades dentro de la catĆ”strofe, en la que las viejas coordenadas demostraron ser inĆŗtiles… En este sentido la idea de retornar a Lenin consistirĆa en recobrar su impulso transformador en la constelación de hoy, y no considerarlo un simple repertorio de dogmas. No se trata de apuntar nostĆ”lgicamente a los “viejos buenos tiempos revolucionarios” ni al ajuste oportunista-pragmĆ”tico del viejo programa de las “nuevas condiciones”, sino de repetir, en las presentes condiciones, el gesto leninista de reinventar el proyecto revolucionario, el choque de la transformación, dentro de la globalización imperialista actual.
Se trata de reconocer el campo de las posibilidades que Lenin abrió para la humanidad. Reconocerlo no significa repetir lo que Lenin hizo, sino lo que no hizo: sus oportunidades abiertas, pero que se quedaron cortas por los tiempos. En el fondo, se trata de imaginar las novedades que surgirĆan de una fusión del anticapitalismo radical teórico y de la sustancia activa de los movimientos sociales, inclusive con lo rescatable del rĆ©gimen de los partidos. Y, por supuesto, con la contribución de los sectores asalariados radicalizados, hoy mĆ”s numerosos que nunca. Y dirĆamos permanentemente con la presión de las masas. Tal vez por allĆ se encuentre la causa de que AmĆ©rica Latina no estĆ© tan atrasada en este terreno, sino mĆ”s bien adelantada.
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